lunes, 6 de julio de 2026

OBRA COMPLETA DE SLICTIK XIV




A DE ANA-CECILIA II





LA DIRECTORA DE CORTOMETRAJES

En la isla del paraíso, centro del universo, los dioses están alegres, beben grandes copas de ambrosía, se les escapa la risa por todos los poros de su divinidad y se abrazan y besan como celebrando algo importante.

Y así es porque Almina, la bella les acaba de comunicar que ya no aguanta más la vida de hastío e inoperancia que se dan los inmortales, como si esta cualidad divina, la inoperancia, tuviera relación alguna con otra muy humana, la vagancia. Anuncia que sus vacaciones serán largas y muy productivas ya que su vida laboral ha consistido en el «dolce far niente» y demás cuchufletas de los dioses. No verán su divinidad en mucho tiempo, lo que sin duda hará que sus ojos se licuen, no en vano la llaman Almina, la bella.

Los dioses se carcajean de su sorprendente decisión y la animan a preparar rápidamente su equipaje. Así lo hace Almina, que no soporta el imperturbable pasotismo de los inmortales. Una vez cerrado el baúl, regalo de Pandora, se presenta al dios Cinematógrafo, dios protector del celuloide y de las artes plásticas, quien le pone en sus manos una diminuta cámara digital, poseedora de una magia especialísima que puede registrar los sentimientos humanos, los pensamientos ocultos y hasta los entornos más inaccesibles a la mirada de los dioses. Con ella podrá enfocar desde los ángulos más insólitos, realizar los travellings más sorprendentes y los zooms más impactantes. Con ella será capaz de registrar los diversos universos existentes fuera de la isla del paraíso que se convertirán en pequeñas obras maestras en la biblioteca de los dioses.

Aquí el dios Cinematógrafo guiñó el ojo a Almina y llamó a Hermes, para que se hiciera cargo del voluminoso equipaje. Una vez en la nave ésta salió disparada a la busca de nuevos mundos. Tiene la forma de un platillo volante, es monoplaza pero muy cómoda y sus motores, cuyo secreto solo los dioses conocen, permite alcanzar velocidades casi instantáneas.

Almina ordenó a la computadora de a bordo que eligiera un mundo al azar y cuando tras un merecido descanso fue despertada por la voz sumisa de Alondra -así llamaba la diosa a la inteligencia artificial que controlaba su nave- pudo ver allá abajo, a través de los amplios ventanales de su dormitorio, un planeta de un color azul-deshilachado, salpicado de grandes manchas de un color verde-charca. Cuando pidió informes Alondra resumió su base de datos sobre los humanos diciendo que eran unos seres, presuntamente inteligentes que se caracterizaban por su desenfrenada y estúpida actividad, cercana al surrealismo divino.

Algo muy adecuado, pensó Almina, para mis vacaciones y desde luego tanta actividad me permitirá aprender el manejo de mi cámara enfocando aquí y allá hasta alcanzar la maestría. La diosa se vistió con esmero y poniéndose a los mandos de su nave dio tantas pasadas por la órbita terrestre que luego, ya humanizada y terrestrificada, se quedaría de una pieza al saber que su vertiginosa actividad en órbita terrestre había dado lugar a la primera oleada de avistamientos de ovnis que ocuparían las primeras páginas de los diarios durante varios meses.

Pero fue un humano muy especial el primero en avistar un platillo volante u ovni. Almina se llevó una gran sorpresa al posarse en la cúpula de una montaña y contemplar la oronda figura de un humano que se afanaba en prender una hoguera para calentarse una fabada de lata. No pueden ser tan voluminosos los humanos, pensó Almina y se dispuso a preparar su cámara para rodar una escena tan pintoresca. Imaginaba que el humano saldría disparado montaña abajo al ver a una extraterrestre en su nave achaparrada, pero Hipo, ese dijo que era su nombre tras los primeros saludos, saludó con la mano muy jovial y trotó hacia la nave con la intención de invitar a la extraterrestre a la magra cena que estaba preparando.

Almina se lo pensó dos veces pero se dijo que necesitaba un productor, traductor, mánager de localizaciones, script y lo que se terciara. ¿Y quién mejor que un humano para superar las aduanas, fronteras, idiomas y trabas que opondrían los humanos a la actividad registradora de sus debilidades que iba a emprender con muy buen pie?. Oprimió el botón que encendía y apagaba las luces de la nave, produciendo al mismo tiempo sonidos de belleza divina, y se dispuso a establecer contacto con el terráqueo que jadeaba montaña arriba como un hipopótamo fuera del líquido elemento.