miércoles, 22 de julio de 2026

EL DETECTIVE

 



                        LA CASADA INFIEL

             No todas las aventuras de un detective privado en la vida real son tan sórdidas como las pintan en la novela negra. Esta historia en concreto comienza muy bien. No todos los días tiene un sórdido sabueso como yo el placer de contemplar a un sex symbol con un sex appeal que tira para atrás. El bombón entró por la puerta de mi despacho y se sentó muy descuidadamente en el único y viejo sillón de que dispongo para las visitas. Se sentó tan descuidadamente que su faldita subió unos centímetros y pude ver sus hermosos muslos enfundados en acariciadoras medias. ¡Quién fuera una de sus medias!. La mujer que tengo frente a mí está manoseando con sus dedos largos de uñas laaargas y muy pintadas un cheque en el que hay escrita una cantidad de la que aún no me ha hablado. No tiene nada que envidiar a cualquier sex symbol que ustedes recuerden o puedan echarse a la mirada en la pequeña o gran pantalla. Sus piernas son largas, muy laaargas, apenas cubiertas en su parte más alta, pero que muy alta, por una escueta faldita.

         La mujer parecía dispuesta a casi todo por disipar mis dudas, esa supuesta renuencia que pongo en mi rostro solo para que suban más y más... la cantidad del cheque, la faldita o lo que sea. Debió interpretar acertadamente mi expresión porque aún subió más su faldita de muñequita pizpireta y me dispensó una sonrisa embriagadora, realmente comprometedora si hubiera sido mía, pero era suya y eso no significaba mucho. Tuve que aceptar el cheque antes de que acabara por desnudarse en un mezquino aunque sin duda antológico streaptease.

 

      Con la lista de sus amantes en un bolsillo de mi cazadora recorrí todas las calles de la ciudad en mi viejo y destartalado coche. A pesar de mis esfuerzos solo encontré un único sospechoso, realmente el único que no tenía nada que perder, ni siquiera tenía familia ni una posición social, no tenía nada. Incluso su autoestima era baja como observé en cuento me lo eché a la cara.

 

      Le apreté las tuercas y cantó. Se trataba de un vividor sin escrúpulos que había conocido a mi clienta en una extraña fiesta donde él se había colado del brazo de su última amante chantajeada. Ignoro si en su vida existía alguna amante no chantajeada. El vividor dejó a su amante en brazos de cualquiera y se prendó de mi bombón con quien charló hasta que ella se cansó y le dejó tirado en cualquier rincón de la casa. El volvió entonces con su amante chantajeada y le sacó toda la información que necesitaba. Entonces regresó con mi bombón, digo cliente, y trató de seducirle con todos sus medios que por lo visto no eran muchos. Al fracasar en el intento acudió al chantaje monetario aunque en realidad sólo le interesaba su cuerpo. No me resultó difícil llegar a un acuerdo con él. A cambio de lo que mi bombón quisiera darle él se iría de la ciudad, muy, muy lejos, donde ni yo ni ella volviéramos a verle. Caso contrario le apretaría las tuerca un poco más hasta que rechinaran todos los engranajes de su cuerpo.

 

      Salí hasta una cabina y llamé a mi cliente, aceptó de inmediato. Llegó en un descapotable y me entregó un paquete envuelto en papel de periódico con una cantidad módica para ella, no para mí. Sentí la tentación de quedármelo, pero soy un honrado profesional a pesar de mi mismo. Al vividor le faltó tiempo para salir de estampida con el paquete debajo de los calzoncillos.

 

      Al día siguiente recibí una llamada en mi humilde despachito. Ella quería agradecerme mis redoblados esfuerzos por librarla de las garras de la maledicencia y el chantaje. Me invitó a cenar en un exquisito restaurante donde degustamos exquisiteces y hablamos como dos carreteros. A ella lo que más le preocupaba era que su marido se hubiera enterado. No quería hacerle daño. Se trataba de un matrimonio feliz a pesar de sus deslices debidos a que su horno calentaba demasiado, no podía encenderlo sin que se viera   precisada a meter algo en él, una pierna de cordero, una pierna de carnero, lo que fuera. Ella creía que su marido le era fiel hasta la adoración.   

 

   Ante su sentimiento de culpa me vi obligado a consolarla cogiendo su adorable manita y pidiendo otra botella de gran reserva. A la segunda copa ya se había consolado. Tanto que me invitó a pasar la noche en un hotel, yo sería el anfitrión y ella la invitada. Tengo que admitir que su cuerpo era mejor desnudo que vestido; aunque solo fuera una faldita y una blusita de nada pero hay que ver cómo cambia una sex symbol en cuanto se desnuda. Mejora mucho, muchísimo. En la cama era un horno aún más potente de lo que yo había imaginado. Casi acaba conmigo, me chamuscó hasta los pelos.

 

    Se despidió con un beso prometiendo volver a utilizar mis servicios, no dijo cuales, en cuanto se viera en otro problema. Aposté que sería pronto y me relamí los labios que sabían a carmín del caro.

 

     Pasó algún tiempo. La vi en la portada de una revista del corazón. Estaba muy guapa al lado de su rico marido. Hacían una pareja tan espléndida que a poco echo la lagrimita delante del quiosquero que se quedó mirándome fijamente y moviendo la cabeza de un lado a otro. Me pareció entenderle que se hacía cruces del poder de sugestión de la prensa rosa, hasta los hombres empezaban a llorar mirando las portadas.

 

      Una tarde un hombre elegante y de modales tan exquisitos que estuve a punto de levantarme y cederle mi propio sillón se coló por la puerta abierta como si hubiera confundido mi despacho con un meódromo. Tenía prisa por hacer sus necesidades. Tanta que me explicó de pie qué le picaba. Se había liado con la hija de uno de sus mejores amigos. Una lolita menor de edad que le iba a costar un serio disgusto si yo no conseguía librarle de un chantajista canalla y con muy malas pulgas. Le hubiera pagado cualquier cantidad pero no se fiaba de que algún día no volviera a templar gaitas. Necesitaba que lo puliera con lija y estropajo.

 

Antes de que pudiera recobrarme de la sorpresa de reconocer en el cliente del meódromo equivocado al fiel esposo de mi bombón ya tenía sobre la mesa un cheque grande, como los que usan los millonarios. Miré la cantidad y casi me caigo de espaldas. Por ese precio le quitaba los moscones a él, a la señora y a la lolita, todos juntitos y bien revueltos. Se sentó un minuto para explicarme con cara compungida que lo único que le interesaba era que su fiel esposa no se enterara de nada. Tenía que ser discreto como una tumba. Se lo prometí intentando controlar la risa. Sería tan discreto como la tumba donde estaba enterrando mi dignidad. Salió rápidamente, antes de que algún picha floja equivocara el chorro y le meara los pantalones.

 

     La vida de un detective real no es tan sórdida como la pintan en la novela negra...;no, a veces lo es aún más.

 

COMENTARIO DE UN TEXTO DE ANA-CECILIA

 




De odios, dice el título. Se ve a un numeroso grupo de mujeres aplaudiendo y aclamando algo que no aparece en el plano. Pienso en un mitin electoral, pero no, porque al instante una voz en off femenina, tan dulce y equilibrada que hace más llamativas sus palabras, expresa con rotundidad: odio los rituales. De pronto la secuencia se hace muy intimista y uno sabe que el corto va de amantes y de la búsqueda de puentes entre dos pieles que están cerca, aunque el abismo que separa a los individuos hará que surja el miedo a repetir viejos rituales.



Conforme se enlazan los planos uno se da cuenta que el odio al ritual es un odio feroz a la rutina que impide la magia mil veces repetida del primer encuentro. Un corto intimista que acaba cuando ya estoy royendo la piel de los dedos. Yo también odio los rituales y el fatum que me condena ciclicamente a la desgracia. No sé la razón pero cada vez que se estropea el ordenador y tengo que cambiarlo se acumulan todo tipo de desgracias. Es como un aviso de un viejo chamán, al que no conozco, pero que me cuida como a su discípulo predilecto. Entre nosotros hemos establecido un código. Cuando se te vaya a la porra el ordenador ¡cuidado! porque el rebaño de desgracias vienen a balar a tu puerta. Tu vida va a dar un giro. Ten cuidado y calma los nervios.



Con la palabra the end con puntos suspensivos, porque los cortos de mi directora favorita nunca terminan en la pantalla, salgo corriendo y regreso al hogar. Antes de abrir la puerta tengo que apartar al rebaño de ovejas-desgracias que siguen balando histéricas. Conserva la calma no hay oveja-desgracia que cien años dure. Puede que el chamán te esté diciendo que debes cambiar tu vida y lanzarte de cabeza a la corriente subterránea de tu subconsciente. Mientras las ovejas-desgracias siguen balando fuera pongo un poco de música y pienso que yo también odio los rituales porque acaban con la espontaneidad que poseía la vida hace mucho tiempo, cuando no se estropeaban los ordenadores. Hago señales de humo que dicen, un abrazo. Y pienso que, aunque las ovejas nunca vienen solas también es cierto que a toda oveja-desgracia le llega su San
Martín.

miércoles, 15 de julio de 2026

A DE ANA-CECILIA III


 




 

           EL SALUDO DE UN TERRAQUEO

 

Hipo fue abducido en el tiempo que duró su parpadeo de asombro. De pronto se encontró en el centro del salón-biblioteca de la nave-platillo volante de Almina que había sido despojada de todo su mobiliario. La diosa literalmente había tirado la casa por la ventana. Recordemos que la nave era monoplaza y que debido al volumen del terráqueo que era considerable por emplear una palabra gentil y considerada, la necesidad de conseguir espacio a cualquier precio se hizo angustiosa.

Almina la bella apareció en el dintel con un traje de cuero fosforescente y una capucha de mujer pantera. Saludó a Hipo con un beso en la frente que insufló en las meninges del terráqueo gran parte de la sabiduría divina y todos los conocimientos que poseía Almina sobre el rodaje de cortometrajes, que eran muchos, muchísimos. Lo que Hipo hiciera o deshiciera de ahora en adelante era de su única y exclusiva responsabilidad.

Como primer abducido de la historia Hipo no sentía miedo sino encantadora sorpresa y reverente admiración por la diosa. Buscó un lugar donde sentarse y como no lo encontrara se acuclilló hasta conseguir que su trasero rozara la superficie plateada de la nave. Cuando estuvo en reposo abrió su gran boca para expresarle a la diosa su interés porque rodara con su cámara mágica la esencia matizada de la especie humana, todo ello según un plan de trabajo que trazó rápidamente en una libreta con uno de la media docena de bolígrafos BIC que siempre llevaba en el bolsillo de su enorme camisa.

Deberíamos rodar, le dijo a Almina, escenas sobre el Anthropos politikón, el homo lúdicus, el villanus aviesus e incluso muy bien se podrían rodar unos metros en la pasarela Cibeles, lugar emblemático de la moda según las revistas del corazón que leía Hipo a escondidas. Aunque la diosa no sabía mucho de estas cosas lo cierto es que intuyó por un momento que a Hipo se le había visto el plumero. Hete aquí que fue la primera vez y no sería la última en que Almina se planteó muy seriamente si no se habría equivocado al escoger aquel terráqueo como compañero de viaje. ¡Menuda joya estaba hecho!.

Para no tener que pensárselo dos veces decide despegar el platillo en vertical, hacia arriba, propulsado por una energía desconocida que no vamos a desvelar por miedo a la Cia. Necesita actividad, mucha actividad, porque la vagancia es causa de todos los males humanos y divinos. Hipo pregunta por la cinemateca de la nave y moviéndose por la superficie a duras penas consigue apoltronarse al tiempo que Almina pone en movimiento un cortometraje de su almacén, precisamente el titulado "Confidencias de un Dios". A Hipo le encanta. Piensa que debería comentar algunos detalles con la diosa pero no le da tiempo a pensar más porque la nave sufre una espectacular sacudida en su dificultosa ascensión vertical. Ni siquiera la potencia divina que impulsa a la nave de Almina puede fácilmente con el peso hipiano. Dura y humillante experiencia para nuestro terráqueo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 6 de julio de 2026

OBRA COMPLETA DE SLICTIK XIV




A DE ANA-CECILIA II





LA DIRECTORA DE CORTOMETRAJES

En la isla del paraíso, centro del universo, los dioses están alegres, beben grandes copas de ambrosía, se les escapa la risa por todos los poros de su divinidad y se abrazan y besan como celebrando algo importante.

Y así es porque Almina, la bella les acaba de comunicar que ya no aguanta más la vida de hastío e inoperancia que se dan los inmortales, como si esta cualidad divina, la inoperancia, tuviera relación alguna con otra muy humana, la vagancia. Anuncia que sus vacaciones serán largas y muy productivas ya que su vida laboral ha consistido en el «dolce far niente» y demás cuchufletas de los dioses. No verán su divinidad en mucho tiempo, lo que sin duda hará que sus ojos se licuen, no en vano la llaman Almina, la bella.

Los dioses se carcajean de su sorprendente decisión y la animan a preparar rápidamente su equipaje. Así lo hace Almina, que no soporta el imperturbable pasotismo de los inmortales. Una vez cerrado el baúl, regalo de Pandora, se presenta al dios Cinematógrafo, dios protector del celuloide y de las artes plásticas, quien le pone en sus manos una diminuta cámara digital, poseedora de una magia especialísima que puede registrar los sentimientos humanos, los pensamientos ocultos y hasta los entornos más inaccesibles a la mirada de los dioses. Con ella podrá enfocar desde los ángulos más insólitos, realizar los travellings más sorprendentes y los zooms más impactantes. Con ella será capaz de registrar los diversos universos existentes fuera de la isla del paraíso que se convertirán en pequeñas obras maestras en la biblioteca de los dioses.

Aquí el dios Cinematógrafo guiñó el ojo a Almina y llamó a Hermes, para que se hiciera cargo del voluminoso equipaje. Una vez en la nave ésta salió disparada a la busca de nuevos mundos. Tiene la forma de un platillo volante, es monoplaza pero muy cómoda y sus motores, cuyo secreto solo los dioses conocen, permite alcanzar velocidades casi instantáneas.

Almina ordenó a la computadora de a bordo que eligiera un mundo al azar y cuando tras un merecido descanso fue despertada por la voz sumisa de Alondra -así llamaba la diosa a la inteligencia artificial que controlaba su nave- pudo ver allá abajo, a través de los amplios ventanales de su dormitorio, un planeta de un color azul-deshilachado, salpicado de grandes manchas de un color verde-charca. Cuando pidió informes Alondra resumió su base de datos sobre los humanos diciendo que eran unos seres, presuntamente inteligentes que se caracterizaban por su desenfrenada y estúpida actividad, cercana al surrealismo divino.

Algo muy adecuado, pensó Almina, para mis vacaciones y desde luego tanta actividad me permitirá aprender el manejo de mi cámara enfocando aquí y allá hasta alcanzar la maestría. La diosa se vistió con esmero y poniéndose a los mandos de su nave dio tantas pasadas por la órbita terrestre que luego, ya humanizada y terrestrificada, se quedaría de una pieza al saber que su vertiginosa actividad en órbita terrestre había dado lugar a la primera oleada de avistamientos de ovnis que ocuparían las primeras páginas de los diarios durante varios meses.

Pero fue un humano muy especial el primero en avistar un platillo volante u ovni. Almina se llevó una gran sorpresa al posarse en la cúpula de una montaña y contemplar la oronda figura de un humano que se afanaba en prender una hoguera para calentarse una fabada de lata. No pueden ser tan voluminosos los humanos, pensó Almina y se dispuso a preparar su cámara para rodar una escena tan pintoresca. Imaginaba que el humano saldría disparado montaña abajo al ver a una extraterrestre en su nave achaparrada, pero Hipo, ese dijo que era su nombre tras los primeros saludos, saludó con la mano muy jovial y trotó hacia la nave con la intención de invitar a la extraterrestre a la magra cena que estaba preparando.

Almina se lo pensó dos veces pero se dijo que necesitaba un productor, traductor, mánager de localizaciones, script y lo que se terciara. ¿Y quién mejor que un humano para superar las aduanas, fronteras, idiomas y trabas que opondrían los humanos a la actividad registradora de sus debilidades que iba a emprender con muy buen pie?. Oprimió el botón que encendía y apagaba las luces de la nave, produciendo al mismo tiempo sonidos de belleza divina, y se dispuso a establecer contacto con el terráqueo que jadeaba montaña arriba como un hipopótamo fuera del líquido elemento.