sábado, 20 de junio de 2026

VENUS DE FUEGO VIII

 



Así fue. El dolor se inició cuando ella me estaba extendiendo el bálsamo por los testículos. Fue como el pinchazo de una gran aguja que se extendió por todo el pene y luego pasó a instalarse en los testículos. Me dolía el bajo vientre y no era un dolor para reírse. Ella terminó su tarea y sacando de su maletita de viaje un pañal especial me lo puso con gran esfuerzo. Allí quedó Johnny transformado en un bebé grande, con un pañal sobre su culito y la sensación de que Venus me había gastado una mala pasada. Para calmar el dolor la pedí una copa doble y que me encendiera un cigarrillo. Se sentó a mi lado y me acarició la cabeza.

 

 ¡Pobre Johnny! Como venganza sugería que podía contarme las experiencias más duras de su vida. Se sonrió y no tuvo empacho alguno en comenzar a narrarme su vida de puta de carretera. Yo la escuchaba con los dientes apretados por el dolor. Pero pronto el bálsamo comenzó a hacer efecto. La escuché interesado hasta que sin transición me quedé dormido. Soñé que caminaba con la polla enhiesta por las calles y que todas las mujeres me hacían pasar a sus dormitorios donde me encadenaban hasta conseguir la satisfacción debida. Me explicaba que los dioses me habían castigado por buscar el placer carnal por encima del espiritual. Yo no podía creer que los dioses fueran tan injustos. Pero continué mi largo periplo, caminando por las calles, desnudo, con el miembro erecto apuntando como una pistola. Los caballeros se reían, me daban palmaditas en la espalda y me preguntaban si tendría bastante con aquel castigo o tendrían que llevarme de ciudada en ciudad, de país en país y de continente en continente hasta que la picha se me cayera a pedazos. Noté cólera en sus voces y rabia y deseo de venganza.

 

Las damas se acercaban, se sonreían, me cogían de la polla y tiraban de mí hasta sus casas. Notaba el dolor en todo el cuerpo y pedía a gritos, suplicaba que me dejaran descansar un momento, solo un momento. Ellas no se inmutaban. Me tendían en sus lechos. Se desnudaban con gestos obscenos. Bailaban la danza del vientre para mi y ponían sus coños frente a mis ojos, aplastaban bien mi nariz para que pudiera oler aquel coctel de marisco. Me agradaba el olor y me sentía culpable por ello. Me enseñaban sus cuerpos con lubricidad, sacaban sus lenguas como si me fueran a hacer la gran mamada y yo me sentía culpable de abandonar mi petición de clemencia a los dioses para disfrutar de aquellos espléndidos cuerpos y notar el deseo en mi vientre. Era consciente de que mientras los deseara no sería perdonado pero no podía dejar de desearlos, no quería.

 

Me despertó el aroma de un guiso. Venus estaba en la cocina. Me acerqué con mi pañal en ristre. Ella me dijo que no era buena cocinera. Necesitaba que yo echara una mano. Lo hice encantado. Almorzamos con apetito voraz. Un plato de spaguetti a la boloñesa y unos gigantescos chuletones. Todo ello regado con un exquisito vino tinto. Fue una comida muy agradable y en la sobremesa nos contamos algunos de nuestros mutuos secretos. Tal vez me decida a contárselos en otro momento.

 

Fue un día largo. Venus no podía dejar de pensar en el placer que había sentido a lo largo de la noche. Deseaba que al menos intentara montarla otra vez, pero yo me excusé. Mis bajos estaban en ruinas y no quería que aquel dolor, aquellas punzadas, volvieran de nuevo. No obstante no pude librarme de trabajar su cuerpo con mi boca y con mis manos. Besé y acaricié sus pechos y pezones hasta llevarla al orgasmo. Introduje mis dedos por delante y por detrás hasta conseguir que ella se sintiera feliz. Quiso darse más potingues pero no la dejé. Tan solo un poco de crema en el clítoris para que mi índice no la hiciera daño. Al llegar la noche caímos totalmente agotados, pero yo no pude librarme de aquella maldita pesadilla. Todas las mujeres del mundo, gordas, flacas, jóvenes, viejas me arrastraban por la polla a sus cuartos y de allí no me dejaban salir hasta satisfacerlas.

 

Estuvimos en la casa de la sierra otros dos días. Acepté volver a practicar sexo con Venus con la condición de dejar los potingues a un lado. Esta vez con calma y de forma natural disfrutamos lo justo y charlamos por los codos. Una vez pasado el efecto de los afrodisiacos y de los orgamos encontré a Venus menos deliciosa. Su cuerpo continuaba siendo espléndido pero su labia me crispaba. Dejó de hablar de sexo y comenzó a hacerlo de dinero. Tenía grandes planes para el futuro. Iba a ser millonaria y yo podría acompañarla en un crucero por el mundo. No quise hacer la pregunta pero me salió de dentro. Quise saber si después de lo que había disfrutado podía plantearse el sexo como un negocio. Me dijo que nunca olvidaría aquellos días pero que el sexo como todo, tiene sus ciclos. Cuando uno de aquellos viejos verdes la montara el sexo no sería otra cosa que el clic de la caja registradora. Anotaría un ingreso y si estaba de humor pensaría un poco en mi mientras el otro intentaba besarla. No, no, amigo, esto requiere un plus a convenir.

 

Me sentí un poco asqueado. Pero al fin y al cabo no creo que el placer que yo busco en la mujer sea más elevado que el que ella busca en el dinero. ¿O sí? Puede que tal vez a mi me guste más la comunicación con la mujer, el placer compartido, las historias que nos contamos mutuamente. Puede que lo mio sea un poco mejor que lo de Venus. Tan solo un poco. Si yo amara de verdad sería monógamo. Encontraría la mujer de mi vida y con ella lo compartiría todo. ¿O tal vez eso es también un engaño? ¿Existe el verdadero amor o solo es la pasión del momento que se extingue con el tiempo?

 

Volví a ver a Venus de fuego en más ocasiones. Una vez pasado el aprendizaje con ella quedábamos a veces para tomarnos un cafelito y charlar. Experiencias como la que nosotros habíamos vivido unen aunque no se quiera. En alguna ocasión accedi a volver a repetir aquella orgía de fuego, placer y dolor. Yo también había quedado un poco tocado. Claro que hablé con Lily de lo sucedido. Ella me explicó que los hombres sensibles como yo no podían permitirse el lujo de embadurnarse de potingues hasta el cuello. Lo justo, solo lo justo, Johnny, me dijo ella riéndose. Y me enseñó a encontrar el punto justo en unas cuantas orgías con ella. Fueron especiales, muy especiales. Sin dolor, con calma, con mucha conversación y mucho cariño. En ellas Lily me contó cosas muy íntimas que solo se las contaría a su diario, del que entonces no sabía de su existencia.

 

Venus disfrutó mucho conmigo en aquellas orgías que acordamos repetir una vez al año, el día del aniversario. Tengo muchas más cosas que contar de ella, pero tal vez deba hacerlo en otra ocasión. Lo que sí les adelanto, y me alegro por ella, porque de alguna manera se lo merecía, es que logró atrapar a un millonario. Un viejecito decrépito se quedó prendado de sus carnes en una playa de la Costa Azul, donde había ido a pasar las vacaciones. Lo engatusó con su cuerpo y con los potingues de Lily que se había llevado sin su permiso. Consiguió que no se muriera la primera noche y al día siguiente él la llevó a la vicaría, sin pensárselo dos veces. El viejecito le duró unos cuantos años, no imagino cómo. Tal vez le engatusara con los potingues pero no permitiera que los usara mas que una vez al año. Solo por esperar ese momento el viejecito puso todo a su nombre, desheredando a un pariente lejano, y cuando murió Venus se convirtió en la madurita de moda.

 

 Salía en las revistas, estaba en todos los saraos y cuando su dinero no fue bastante para impedir que saltara el escándalo de su anterior vida de prostituta, se retiró por el foro con gran dignidad. Ahora, según me dice en su última postal, se siente un poco cansada de la vida. Ha perdido su lozanía y así la vida no la compensa, a pesar de su dinero. Tiene una hermosa mansión en algún lugar oculto que no voy a desvelar para que la prensa rosa la deje en paz. Me acaba de invitar al aniversario. Una costumbre que no hemos perdido nunca, ni siquiera en sus años de casada ejemplar. Iré, no tengo dudas. Yo también estoy jubilado aunque no tan viejo como ella. Me dedico a mis negocios y llevo una vida tranquila, dedicado a la cultura y alguna mujer hermosa pasa de vez en cuando por mi lecho. Luego de mi aventura con la escritora dejé de pensar en la posibilidad de casarme. Lo hubiera hecho con ella -me ayuda a escribir estas memorias- pero sus hijos fueron un obstáculo demasiado serio para que nuestra relación saliera adelante. Somos grandes amigos y hacemos el amor cuando nos apetece, leemos juntos, vamos al cine o a la ópera y disfrutamos de la vida. En cuanto a Marta no la he vuelto a ver. Fue la gran tragedia de mi vida, pero eso es mejor que lo lean en mi diario.

 

¡Venus, Venus de fuego!El sexo, la pasión y unos potingues de Lily unieron nuestras vidas. Fue agradable y tú fuiste una buena mujer a pesar de tu desmedida afición por el dinero. Otros tienen otras pasiones más mezquinas.

 

                 FIN

 

viernes, 5 de junio de 2026

 


Monólogo: La Robotina


Hola a todos, soy vuestro amigo César y os voy a hacer un monólogo humorístico muy cortito porque hay que comer. Antes os voy a decir que si os sabeís o sentís curiosidad por mi uniforme, es el uniforme del club de los dinosaurios; que fundé hace doce años, bueno, un poco menos. Ya en otra ocasión si tenéis tiempo y os apetece ya os hablaré de él, perohoy toca hablar de la Robotina. Antes de comenzar permitir que dedique este monólogo a mi querida amiga Ana, vamos a comenzar.


Hace algún tiempo, no sé cuánto, yo estaba en un cuerno perdido aquí en la Rioja, en el quinto pino, y estaba en una casa de alquiler, con un jardín cuidando de los gatos y aquellatarde, precisamente aquella tarde, estaba viendo un documental del famoso periodista Iñaki Gabilondo, ¿le conocéis no? Estaba entrevistando a un ingeniero informático japonés experto en robótica y a su lado tenía una preciosidad, una chica japonesa ¡maravillosa! Cómodescribirla: el óvalo perfecto, los ojos claros, la piel blanca fina, todas las proporciones perfectas y yo me quedé pasmado cuando a lo largo de la entrevista dijo el informático “Te presento a una robot en la que estoy trabajando"  Yo a las mujeres robot las llamo Robotinas yo me quedé asombrado, no puede ser, es la mujer más maravillosa del mundo, una voz súper agradable, dulce, un físico impresionante y era una robot.


Cuando terminó el documental, a mi se me encendió la bombilla en la cabeza, y me dije: Si en el internet profundo o internet oscuro, como lo llamen, se puede conseguir todo, incluso he oído en los medios que alguno ha pedido un sicario para matar a su peor enemigo, digo, malo será que no encuentre una Robotina, entonces me senté delante del ordenador. En el buscador escribí: Robotina doméstica precios, le di al intro y me salió un catálogo largo, largo, y la primera era precisamente esta Robotina, aquí el que no corre, vuela.

 Ya la habían clonado y la habían sacado a la venta, entonces digo: bueno la compro me cueste lo queme cueste, y ¿qué me costó? Un ojo de la cara, el izquierdo, lo veis en su estado natural,pero no, es artificial y al cabo de unos días, no sé cuántos, apareció por el pueblo una empresa de transporte y los empleados venían quejándose, “este pueblo está en el quinto pino, este pueblo está en el quinto pino, y esta caja como pesa, esta caja como pesa”. Tuve que darles una propina, cuando les di la propina me entraron la caja a la cocina donde estaba y lo primero que hice cuando se marcharon fue salir corriendo corriendo, busqué la caja de herramientas, el destornillador, el martillo, los alicates y quité todas las tablas, todo yquiero ver a mi Robotina, no os asustéis, la Robotina no venía desnuda, venía con un Kimono japonés precioso que la tapaba hasta las sandalias, entonces me fijé en que venía ahí junto al ombligo había un escrito, era el manual de instrucciones, era muy sencillito, estaba en español y decía: para activar la robot toque el botón del ombligo; el segundo dato era importante, haga el favor de cambiarle el nombre al Español porque aunque el nombrejaponés es maravilloso pues no va a ser capaz de recordarlo, entonces yo abrí un poco el kimono, toqué con el dedo el ombligo, era un botón, se activó la Robotina, abrió los ojos yme miró dulcemente y yo le dije: Robotina, te vas a llamar Ana.Anita para los amigos, ella abrió la boca y me dijo: César, Cesarito para los amigos, ¿que quieres de mi? Y yo le dije hombre eres una Robotina que me ha costado un ojo de la cara, por lo menos tendrás que hacerme las tareas de la casa y alguna cosa, miré hacia el fregadero que estaba lleno de cacharros, luego miré a la Robotina y ella me sonrió y le dije:


Oye, creo haber leído en el catálogo que tú estabas programada para prestaciones sexuales, se enfadó muchísimo y me dijo: ¿tú crees que los robotines somos automáticos, que somos maquinas?, no, somos igual de humanos que vosotros, vale, que vosotros tenéis el ombligo para dentro como un agujerito y nosotros lo tenemos para afuera como un botón.

Fue en aquel momento cuando descubrí la diferencia que hay entre los robots y los humanos. Vosotros pensaréis que mi obsesión por los ombligos es un poco patológica, bueno sí y no, porque a mi lo que me obsesiona es que los robots están entre nosotros, están disimulados entre nosotros y la única manera de descubrirlos es viéndoles el ombligo, entonces, claro hay que esperar al verano, a la ola de calor y entonces vamos a la piscina y vamos mirando ombligos, uno tras otro, el que tenga el ombligo para afuera es robot, y el que lo tenga para adentro pues es un humano más.


Bien, debo deciros que yo lo que quería obtener, relaciones sexuales con la robotina, eran maravillosos, pero ella me dijo: No no, nosotros, yo completamente soy humana y quiero un cortejo, quiero una solución, quiero tener amor ¿?; entonces yo le dije: Vale, haré un poema, te cortejaré, etc, etc. para cortar un poco, porque ya hay que comer, os daré un final a esta historia que tiene muchos episodios, uno de ellos ya os lo contaré en otro momento, pero ahora, ¿Qué pasó? La Robotina me pidió que la pagara, por su trabajo, es decir, fregar los cacharros, me pidió que hiciéramos un convenio, que le dijera de alta en la seguridad social y al cabo de un tiempo, no mucho, desapareció, yo bajé un día y había desaparecido.

Entonces lo mismo que me pasó con mi gatito Zapi, no la he vuelto a ver, si ahora entrara por la puerta, yo iría, me tiraría al suelo y le diría: pídeme lo que quieras que yo te lo concedo, pero no va a entrar porque estos acontecimientos maravillosos de la vida solo ocurren una vez, y ahora me permitireis que termine con una pretina que ya conocéis todos;

y colorín colorado, este cuento japonés se ha terminado, muchas gracias!


https://youtu.be/C3u0lhEO4nY?si=tnIiIlhFJg_00erx