CRAZYWORLD LIBRO II: SEGUNDO ASESINATO eBook : GARCIA CIMADEVILLA, CESAR: Amazon.es: Tienda Kindle
A cargo de Slictik, escritor autodidacta y coordinador en Internet durante más de cinco años de un taller de creación de personajes humorísticos: “El hotel de los disparates”.
domingo, 1 de junio de 2025
domingo, 12 de enero de 2025
CRAZYWORLD PUBLICADO EN AMAZON
https://www.amazon.es/CRAZYWORLD-LIBRO.../dp/B0DSQWPQWF...
NOTA: Acabo de publicar en Amazon Crazyworld, una novela humorística donde aparecen algunos de mis personajes humorísticos, como el doctor Carlo Sun, discípulo de Jung, el Sr. Múltiple personalidad, Jimmy el Pecas y otros. Es muy divertida y me reí mucho escribiéndola. Se trata de un psiquiátrico para millonarios locos a donde llega un joven que se estrella con su ferrari, quedando amnésico. No sabe dónde ha caído, pero lo sabrá pronto. Se advierte a los posibles lectores que hay escenas de sexo explícito, como tuve que poner en el formulario para publicarlo, por lo que solo puede ser leído por mayores de dieciocho años. Si alguno no quiere pagar la miseria que cuesta puede bajarlo de mi drive en el enlace que ya puse más abajo.
lunes, 22 de abril de 2024
SEGUNDO ASESINATO EN CRAZYWORLD I
SEGUNDO ASESINATO EN
CRAZYWORLD
La
doctora, tras pedir calma, organizó todo aquel tinglado de la mejor forma que
podía organizarse. Pidió a las damas que me llevaran en volandas al sofá del
salón, que yo había conocido ya en otro tiempo que ahora se me antojaba tan
lejano como mi nacimiento, del que no había recordado nada tras salir de mi
amnesia, cosa harto natural porque nadie recuerda algo de su nacimiento. Tras
aposentarme con sumo cuidado en aquel enorme armatoste, la doctora, reconvertida
ahora en capitán general les ordenó que volvieran al dormitorio y rehicieran la
cama, si es que podía rehacerse, o que llamaran al servicio de mantenimiento de
Crazyworld para atender a aquella urgencia. Les ordenó que se quedaran allí
porque ella necesitaba soledad para buscarme las constantes vitales. Y así se
hizo. Yo me quedó sola con mi doctorcita, de la que intentaba recordar su
nombre sin conseguirlo. Tras el brusco despertar mi mente se había dispersado
más de lo que estaba antes, se había confundido bastante, dando pasos indecisos
entre una supuesta niebla metafórica y al mismo tiempo estaba recordando a
ráfagas, como en destellos relampagueantes, con una lucidez que me tenia muy
asustado. Es decir, que estaba hecho un verdadero lío y para completar aquel
panorama desolador mi cuerpo parecía anestesiado, bueno ciertas partes de mi
cuerpo, como ya he dicho antes. No sabría decir qué partes en concreto habían
perdido la sensibilidad, cuáles la estaban recobrando y hasta qué punto y lo
que se podía esperar de esta tranquila recuperación. Ignoraba el tiempo, las
horas, o los días que tardaría en recobrarme por completo. Mientras tanto
estaba sometido a los caprichos de las damas o de cualquiera que pasara por
allí, porque estaba seguro de no poder mantenerme en pie, de haberlo intentado.
Sentía las piernas como chicles que no pueden ponerse en pie y caminar sin
doblarse para todos los lados. Y ahora mismo estaba totalmente sometido a los
caprichos de la doctora, que adoptaban la forma de una auscultación muy técnica
y profesional, pero que en el fondo no eran otra cosa que un magreo
concienzudo. Tras auscultarme el corazón con el estetoscopio, mirarme la
tensión con un tensiómetro profesional y observar mi respiración durante unos
segundos, comenzó a hacerme la respiración artificial como si me fuera en ello
la vida. Me besaba de una manera muy poco profesional, aquello no era una
respiración boca a boca, aquello era un largo beso con lengua. Cuando se cansó
inició una exploración de mi cuerpo, abriéndome la chaqueta del pijama, cuyos
botones desabotonó con toda la calma del mundo y me bajó el pijama y los
calzoncillos, que imagino ella misma me había puesto al llegar, algo que no
tenía claro porque seguía ignorando cómo había acabado allí. No tengo ni idea
que pintaba aquella auscultación detallada de mi piel, desde los pezones,
bajando, bajando hasta llegar a mi despierto miembro viril que se puso aún más
contento de lo que ya estaba y saltaba entre sus manos como si estuviera vivito
y coleando, que lo estaba.
En
estas estábamos cuando se oyó el timbre de la puerta. A continuación, un
alboroto de gallinero, exclamaciones de sorpresa insólita y de pronto escuché
la voz de un hombre que reconocí enseguida. Era Jimmy, mi Jimmy, El Pecas. Su
voz resultaba inconfundible y pronto lo sería su conducta, como así fue. No sé
qué les diría ni cómo las convencería para que le dejaran pasar. Allí estaba, a
la puerta del salón, mirándome con aquella mirada entre malévola y sarcástica,
mitad demonio, mitad humorista que se burla de todo sin que para él exista nada
sagrado.
-Maldito
cabrón, las traes a todas de calle. No sé qué les das, pero aún estando muerto
no son capaces de vivir sin ti. No me dijeron nada estas harpías. Sabía que te
habían rescatado con vida, pero no soltaron prenda de dónde te habían
escondido. Al fin hoy oí un rumor y supuse que la casa de la doctora era el
sitio más probable donde encontrarte.
Intenté
contestar, pero me di cuenta de que aún tenía dificultades, no solo para
moverme, también para hablar.
-No,
no te esfuerces. Me hago cargo. No creo que hayan tenido tiempo de contarte
cómo te encontraron. Habrán estado demasiado ocupadas con aspavientos y
carantoñas. Te haré un resumen porque tenemos cosas muy importantes entre
manos. Ahora mismo nos ha caído encima otro asesinato. Sí, no te rías. Justo
cuando te rescataron y todo Crazyworld se puso patas arriba, alguien aprovechó
para cargarse a una mercenaria del sexo. Esto se complica, si es un asesino en
serie no encaja que se dedique a hombres y mujeres y si matar al director nos
obligaba a buscar a una mujer, el que ahora se haya cargado a una puta no tiene
el menor sentido. Me apostaría las pecas a que se trata de un hombre. Es una
pena que no puedas ayudarme en mis elucubraciones, pero pronto lo harás. Te
necesito. En cuanto Mr. Arkadin se ha enterado ha blasfemado en arameo y dice
que se presentará aquí en dos o tres días como mucho. Para entonces tienes que
estar en pie y echándome una mano o te retorceré los huevos, como que me llamo
Jimmy. En cuanto a tu rescate te diré que la primera noche nadie pareció
echarte de menos, excepto Alice, esa camarera del infierno, que puso el grito
en el cielo porque no aparecieras. Quería que todo el mundo se pusiera a
buscarte con desesperación. Menos mal que les pude convencer que una noche no
es nada para ti, podrías haber encontrado a una mona que te gustara y estarías
encaramado en cualquier árbol con ella. Sí, ya sé lo que me dirías, aprovecho
que de momento parece que no puedes hablar. Al día siguiente a Alice se unió
Heather quien temía que te hubiera alcanzado un rayo. ¿Un rayo a ti? ¡El rey de
las tormentas! Esta fue más práctica. Programó un robot para que te buscara en
el bosque y consiguió que nuestro veterinario particular le prestara los perros
con mejor olfato del condado. Pidió voluntarios y formó grupos de búsqueda.
Dolores encontró un dron de carga en nuestro almacén de trastos viejos y estuvo
todo el día aprendiendo a menejarlo en los jardines, luego se unió al grupo de
Heather que manejaba media docena de perros.
“Se
formaron varios grupos de batida, unos más numerosos que otros. Yo no me uní a
ninguno porque estaba convencido de que aparecerías mas pronto que tarde. Pero
no sucedió así. Pasaron los días y no había el menor rastro de ti. Yo empecé a
preocuparme de verdad. Curiosamente los perros permanecían en el claro, donde
Alice dijo haberte dejado. Heather les obligaba a moverse, tirando a la fuerza
de sus correas, pero apenas lograba que caminaran unos pasos por el bosque.
Enseguida se volvían y husmeaban por el claro como locos. Al final Heather se
desesperó, les soltó para que olisquearan a su gusto y se unió a otro grupo que
peinaba una zona muy tupida del bosque. Así fueron pasando los días. Te
preguntaras cuántos. Voy a satisfacer tu curiosidad, fueron casi dos semanas.
Los grupos regresaban a Crazyworld, comían, dormían, se reintegraban a la
búsqueda. El grupo de pacientes permanecía fuera de sus celdas, nadie se
ocupaba de ellos, así que El telépata loco y el Sr. Múltiple personalidad
formaron su propio grupo. El doctor Sun permanecía en su despacho, volviéndose
más loco de lo que ya está. Yo iba a verle para darle cuenta de la
investigación. No avanzaba nada. Sin ti para ponerme pegas a todo cualquier
hipótesis me parecía razonable. Fui a hablar con la doctora y me dije que
aquella mujer era incapaz de asestar múltiples puñaladas a nadie, ni para
vengar a su hijo ni para defenderse.
“Aunque
no te lo creas El telépata loco defendía, testarudo como un buey, que tú
estabas en alguna parte del claro. Nadie le hizo caso, por supuesto, pero era
muy curioso que los perros y aquel loco se aliaran para permanecer allí,
obcecados en que solo podías estar allí. No te vas a creer lo que ocurrió.
Dolores aterrizó su dron en el claro porque ningún grupo la llamaba porque
hubieran encontrado una pista, como habían acordado. Allí habló con El telépata
loco que no le dio ninguna razón, peregrina o no, simplemente le dijo que
estabas allí porque él podía escuchar tus pensamientos ¿Dónde? Preguntó la
buena de Dolores. Los pensamientos de ese hombre me vienen de abajo, contestó
el loco. Así que ni corta ni perezosa se acercó a los perros, los acarició y
chistó con cariño y les enseñó una prenda de ropa tuya. No me preguntes cuál
porque no lo sé. Los perros olieron y comenzaron a cavar en una zona que aún
conservaba algo del barro producido por la tormenta. Yo no vi nada de esto, por
supuesto, me lo contaron. Al parecer sufrió una crisis histérica y comenzó a
chillar, llamándote a voces. No puede estar muerto clamaba y juraba y perjuraba
que si aparecías vivo nunca se separaría de tu lado. Perdido por completo el
sentido se introdujo en el barro y comenzó a caminara con dificultad. De pronto
la zona se hundió, dejando al descubierto lo que parecía un suelo metálico. A
pesar de su histerismo Dolores comprendió que había descubierto algo muy
importante, el azar la había puesto encima de la única pista tuya y claro… la
hundió con su peso. Creo que ella era la única persona en Crazyworld capaz de
producir un hundimiento semejante. Da gracias a su peso, de otra forma nunca te
habrían encontrado.
“Llamó
a todo el mundo que se congregó en el claro. Trajeron una excavadora y picos y
palas y todo el mundo se puso a cavar. Encontraron lo que luego resultó ser el
techo del búnker donde esa maldita zorra de Kathy te tenía atrapado. Hundir ese
techo hubiera sido imposible, ni haciendo caer el edificio principal de Crazyworld
sobre él, pero la curiosidad mató a la gata. Al parecer Kathy, sorprendida por
el enorme ruido que todo el mundo estaba produciendo en la superficie quiso
saber lo que estaba pasando y asomó su cabecita por una trampilla que se abrió
por algún mecanismo. En cuanto observó la causa de aquel ajetreo, supo que te
habían encontrado e intentó cerrar la trampilla, pero en ese momento la leona de
Dolores, que se encontraba muy cerca, se tiró en plancha e impidió que aquello
se cerrara, sacando a Kathy a empollones, sujetándola por la cabeza.
domingo, 7 de abril de 2024
LA VENGANZA DE KATHY Y XIX
LA VENGANZA DE KATHY XIX
ENLACE PARA DESCARGAR EL LIBRO II DE CRAZYWORLD EN PDF
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Lo bueno de la inconsciencia
es que no te das cuenta de nada, por lo tanto, no hay dolor, ni angustia, ni
notas el paso del tiempo, ni sabes lo que está ocurriendo fuera de ti, porque
ni siquiera sabes que hay algo fuera de ti. Lo malo es que no existes, por lo
tanto, no conoces, no sabes, no te comunicas, no sufres, eso es cierto, pero
tampoco gozas, estás alegre, eres feliz. La nada de la consciencia es agradable
mientras dura, porque nada te afecta, nada llega hasta ti, nada puede perturbar
tu sueño, en el que no ocurre nada, porque no se trata de sueño lúcido sino algo
más cercano a la muerte, a la muerte total, no a un supuesto paso entre una
dimensión y otra….
Lo
malo, malísimo del despertar a la realidad es que, al menos de momento, no
sabes dónde estás, ni quién eres, ni lo que ha sido de tu vida, algo así como
una amnesia, pero total, no de tu pasado, de tu presente y hasta de tu futuro.
Te encuentras perdido, si supieras qué es eso. La primera consciencia que tuve
de estar en la realidad fue que se me abrieron los ojos, sí, porque yo no los
abrí, al menos que recuerde. Miré frente a mí y vi una pared, aunque tardé un
poco en que la palabra y el concepto acudieran a mi mente. Volví los ojos en un
giro panorámico y vi, sentada en una silla, al otro lado de la cama, a una
mujer que parecía dormitar. Eso me permitió observarla con detenimiento y mucha
delectación, porque supe que era guapa y que me gustaba y noté algo que enseguida
recordé que era mi pene y que se estaba irguiendo, como buscando algo. Tardé
algunos segundos en recordar que esa mujer era la doctora a la que había
visitado en cierta ocasión. Y entonces los recuerdos fueron acudiendo a mí,
como encadenados, sutilmente, pero encadenados. La había visitado durante la
investigación del asesinato del director. Y eso me llevó a recordar a Jimmy y
con él a Kathy y con Kathy llegó todo lo más doloroso de mis recuerdos, el
pasado más cercano al presente que podía recordar. ¿Era posible que todo eso me
hubiera sucedido a mí? Pues sí, al parecer sí. No quería recordarlo. Deseaba
volver a la nada de donde acababa de surgir, pero ya no podía. Una vez que
despiertas a la consciencia ya no paras, ya no puedes parar ni un segundo.
Quería saber dónde estaba, qué hacía allí, y qué había ocurrido para que ya no
estuviera en el búnker con Kathy, la terrible, la espantosa Kathy, la que
deseaba matarme, aunque fuera a polvos, una bonita forma de morir en otros
momentos, cuando no estuvieras paralizado totalmente por una droga inventada
por el profesor Cabezaprivilegiada, a base de curare y otros elementos químicos
sacados de su cabeza tan privilegiada como monstruosa. Necesitaba que alguien
me dijera lo que había ocurrido. Y entonces, como si recordara que tenía
garganta y boca, fui a decirle algo a la doctora, pero antes carraspeé.
Eso
fue suficiente para que se despertara. Lo que me indujo a pensar que su
supuesto sueño no era otra cosa que un agotamiento tal vez generado por muchas
horas de velarme. Por cierto, ¿Cuánto tiempo llevaba privado de mi consciencia?
-Has
despertado, has despertado. Bendito sea Dios y su bendita madre y toda la
comitiva celestial.
No se
inclinó hacia mí, como yo había supuesto que haría, para comprobar mis constantes
vitales, suponiendo que fueran constantes y vitales, algo que dudaba, porque si
aquello no era un sueño, era lo más parecido a ese estado letárgico al que
llaman sueño. En su lugar se levantó como un cohete despegando y se dirigió a
la puerta de la habitación con la velocidad que el mismo símil que estoy utilizando
lo haría para librarse de la atmósfera terrestre en su camino a la Luna, a
Marte, o a donde fuera. Y desde el otro lado de la puerta siguió dando voces.
-Ha
despertado, ha despertado. Bendito sea Dios. Bendito sea. Venid todas, no creo
que nos reconozca, pero le hará bien sentirse acompañado.
Escuché
exclamaciones, grititos, gritos destemplados, y un pataleo caótico, como el de
una manada de bisontes asustada por un peligro del que hubieran sido avisados,
existiera o no. Entraron en la habitación, casi arrasando a la doctora, a la
que arrastraron en su estampida. La última en entrar fue una mujer con enorme
sobrepeso, pero que me cayó muy simpática a primera vista. Dolores. Era
Dolores. No es extraño que me cayera tan bien porque acababa de recordar que me
había pasado toda una noche con ella, en su lecho, dale que te pego, orgasmo
tras orgasmo. Alguien así te tiene que caer bien, lo quieras o no. La primera
que se me echó encima y me comió a besos fue una preciosa mujer a la que
recordé ipso facto, era Heather la agente de seguridad de Crazyworld, porque
estábamos en Crazyworld, naturalmente. La dejé hacer, encantado de la vida,
hasta que descubrí que no podía hacer otra cosa, porque no podía mover los
brazos, ni las manos, no podía mover nada, nada excepto aquel trocito de carne entre
las piernas al que algunos bien hablados llaman pene o miembro viril y otros,
mal hablados, de mil maneras groseras, tanto que no me sorprende que se
escandalicen los que oyen esos sinónimos vulgares, bueno, no todos.
Lo curioso
es que mi pene estuviera tan vivito y coleando y el resto de mi cuerpo no, a
excepción de mis ojos, que lo miraban todo pasmados. Entonces recordé, en otro
recuerdo encadenado, que era realmente la única parte de mi cuerpo que había
permanecido viva y vital cuando Kathy me convirtió en un vegetal con aquel
curare de los demonios. Gracias a su sexo portentoso, a su clítoris hinchado,
desprendiendo aquel líquidillo de todos los diablos, que te atrapaba, bueno, lo
atrapaba a él, a mi pene, a mi pequeño Johnny. Porque en otro recuerdo que me
asaltaba mansamente, también recordé que yo era Johnny, bueno junior, claro,
porque el senior era mi papá, aquel que aparecía en aquella escena que yo
también recordaba, la primera que acudió cuando la amnesia dio un paso atrás y
el velo de mi pasado se fue rasgando. En realidad, yo no era aún un gigoló,
sino recordaba mal, aunque puede que aquel retazo de recuerdo no fuera todo lo
fiel que debería.
En
fin, que el pequeño Johnny se fue revolviendo más y más hasta alcanzar su
máxima estatura, que no era mucha comparada con el resto de mi cuerpo pero más
que suficiente para haber penetrado y gozado a aquella multitud de mujeres que
se fueron arrojando sobre mí, una tras otra. La camarerita de mi amor, la
doctorcita de mi corazón… Bueno, no, que yo recordara aún no me había acostado
con ella, aunque esperaba hacerlo pronto, tan pronto mi cuerpo despertara del
todo y no aquel pedacito que estaba tan entusiasmado que creí iba a desprenderse
de mi carne y salir corriendo tras aquellas mujeres que me besaban, me acariciaban,
me decían muchas cosas y muy bonitas. Deseé que aquel momento no terminara
nunca, pero terminó…
Sí,
porque la última, Dolores a la que habían relegado por su dificultad para
moverse, al fin pudo acceder al lecho y se dejó caer aparatosamente sobre él.
Por muy fuerte que fuera aquel lecho, que no lo era tanto, una cosa normal, no
habría podido resistir tanto peso sin hundirse… Y no lo resistió. Fue el caos,
el maremágnum, la histeria colectiva, el acabose. La cama se hundió y el peso
de mi Dolorcitas cayó sobre mí. Gracias a que aún no había vuelto del todo a la
vida, a que no había recobrado la sensibilidad normal y necesaria, mi cuerpo no
lo notó demasiado, pero sí mi pequeño Johnny que se vio comprimido por
semejante masa de carne. Dolores que sí lo notó, se apresuró a apartarse a un
lado y sus manos buscaron desesperadamente bajo las sábanas, descubriendo que
estaba desnudo y que en efecto aquel pequeño ariete era el pene que tan bien
conocía. El resto de mujeres temiendo que me acabara matando la mujer que más
me quería por kilógramo de carne, cuando no había sido capaz de hacerlo aquella
máquina de matar y de follar que era Kathy, se apresuraron a levantarla y
arrastrarla por la habitación, lejos del hundido lecho, entre reproches,
insultos y gritos histéricos. Solo quedó Alice, suponiendo que así se llamara
la camarerita de mi amor, porque mi memoria estaba confusa y neblinosa, aparte
de por el brusco despertar por todo aquel harén histérico que taladraba mis
tímpanos como un berbiquí de carpintero, suponiendo que supiera el significado
de aquella palabra que había acudido a mi oreja, como el zumbido de un
moscardón. Esta avispada mujer supo enseguida qué había estado buscando Dolores
y siguió ella con la busca, masajeando y acariciando al pequeño Johhy que aún
se encontraba dolorido, pero muy contento. Creo que incluso se hubiera puesto a
horcajadas sobre mí y cabalgado con ganas de no ser porque la doctora que había
desaparecido de la habitación, reapareció con un carrito de los helados, quiero
decir con utensilios médicos para hacerme una prospección, sino a fondo, algo
que yo le dejaría hacer con el tiempo y en circunstancias favorables, sí para
encontrar mis constantes vitales. Tuvo que chillar como una energúmena y llamarlas
de todo antes de que la hicieran caso, conscientes de la necesidad de saber si
yo estaba bien o solo lo aparentaba. Y así comenzó la más extraña exploración
médica que conocerían los siglos.
viernes, 10 de noviembre de 2023
LA VENGANZA DE KATHY XVIII
No sé cuándo Kathy volvió a abandonarme para comer, dormir o hacer cualquier cosa que tuviera que hacer, si es que tenía que hacer algo. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde mi llegada. Por eso no me podía hacer una idea de lo que estaría ocurriendo en Crazyworld. Seguro que ya llevarían tiempo buscándome. La posibilidad de que me encontraran era tan remota que ya me daba por muerto, antes o después y de la forma que fuera, pero yo ya estaba muerto.
Fue entonces cuando noté un ligero movimiento en los dedos de mi mano derecha. No podía percibirlo con la mirada, pero sí en la sensibilidad que habían empezado a recobrar. Puede que el efecto del potingue del profesor Cabezaprivilegiada empezara a decaer, y eso era una excelente noticia para mí. Lo malo era que tardaría muchas horas en lograr el movimiento de los brazos para poder reducir a Kathy cuando volviera. Regresaría mucho antes, impidiéndome cualquier plan de fuga que se me ocurriera. A pesar de ello me centré en recobrar el movimiento de los dedos, cuando lo consiguiera seguiría con la mano y el brazo. Fue un trabajo ímprobo. Toda mi concentración estaba en los dedos. Es un decir, porque no podía estar en otra zona de mi cuerpo. Aquel lento despertar era la sensación más extraña que había tenido en mi vida…es un decir, de lo que recordaba de mi vida, que no era mucho de momento. Se puede decir que mi consciencia se escindió en dos, la que me mantenía en la existencia, atemporal y adimensional, y la que se iba abriendo paso hacia mi cuerpo, un reencuentro tan satisfactorio como confuso.
En algún momento Kathy reapareció a mi lado, me cambió el gotero para alimentarme aunque yo no tenía hambre ni sed, eran sensaciones casi olvidadas. Un dedo de mi mano derecha sufrió un ligero espasmo que no le pasó desapercibido, porque se inclinó hacia mi oído y me susurró, en una voz gélida y opaca, que no reconocí:
-¿Pensabas que no me iba a dar cuenta? El efecto está desapareciendo un poco antes de lo calculado. Tienes una naturaleza de toro. Mi torito español. Voy a adormecerte para que no me cornees.
Puso su rostro frente a mi mirada que no parpadeó, no así la suya, me hizo un guiño que no hubiera desentonado en el rostro de la muerte y desapareció de mi ángulo de visión. ¿Torito español? ¿Cómo podía saber ella que yo había recordado algunas cosas de mi pasado, entre ellas que mi padre, Johnny el gigoló, era español? ¿Había hablado sin darme cuenta? Eso era imposible. Como que fuera capaz de leer mi pensamiento.
Regresó con una jeringa grande y una aguja aún más grande. Recordé que cuando me la clavó por primera vez, en el claro, yo había perdido la consciencia durante un tiempo que tuvo que ser prolongado para que a ella le diera tiempo de arrastrarme hasta el búnker y colocarme en aquel lecho donde había permanecido todo aquel tiempo incalculable. Sentí un gran alivio al pensar que el efecto de la inyección debería ser el mismo. Perder la consciencia por completo era lo mejor que podía pasarme, y si ya no despertaba, mucho mejor. Me hubiera gustado despedirme de la vida, de mi fugaz vida de amnésico, pero como sucedió en el claro, el efecto fue fulminante. Solo que esta vez antes de hundirme en la oscuridad mi mente estalló en un millón de fragmentos, como burbujitas flotando en el aire, cada una con una imagen diferente, una especie de puzle caótico, que una vez recompuesto formaría mi identidad total, mi verdadera personalidad. Se produjo un fenómeno sorprendente, mi cabeza comenzó a dar vueltas, a girar con una lentitud pasmosa, un mareo cósmico me atrapó. Me sentí fuera de un cuerpo que no tenía, subiendo hacia el techo, contemplando mi verdadero cuerpo físico allí abajo que estaba siendo acariciado por las manos de Kathy. Las burbujas de imágenes chocaban contra aquella cabeza que no podía ver pero que sin duda era la mía. Cada choque despertaba un recuerdo, cada imagen se colocaba en un puzle sin sentido, sensaciones sin la menor cronología, tan intensas que me hacían revivir una delgada rebanada de mi pasado. Era como una película troceada, no en secuencias, sino en planos difusos, confusos, sin orden ni concierto. El mareo se acentuó hasta sentir cómo me iba hundiendo en una especie de remolino que caía hacia mi propio ombligo. El malestar era tan infinito como aquella especie de orgasmo cósmico que sin duda me estaba llevando hacia la muerte. Si la muerte era así, no me parecía tan mala como su leyenda. Puede incluso que existiera un más allá si mi consciencia podía volar sin cuerpo de aquella manera. No supe si alegrarme o angustiarme porque como agua remansada que se cuela por el sumidero, mi consciencia se difuminó en una plácida oscuridad.
domingo, 9 de julio de 2023
LA VENGANZA DE KATHY XVII
No podía dormir, ni descansar, ni pensar, ni perder la consciencia. No estaba ni vivo ni muerto, no había recobrado mi plena identidad porque los chispazos del pasado habían sido como cuatro gotas de agua en un océano tormentoso, oscuro, sin visibilidad, sin ritmo, sin atisbos de algo que tuviera el menor sentido. No sabía si Kathy dormía a mi lado o se había ido, a comer, o a lo que fuera. Mi consciencia se apagaba como un candil sin oxígeno. Ya de puestos hubiera preferido seguir recordando el pasado, habría sido más divertido, que no permanecer en aquel túnel en el que no se veía ni la entrada ni la salida. Hablando de salir no me hubiera importado hacerlo por el lado de la muerte. Pero no creía que Kathy pudiera conseguirlo. Sufrir un infarto sin sentir el latido del corazón me parecía imposible. No sabía cuánto tiempo había transcurrido. Hacía mucho que había dejado de ver los relámpagos y escuchar los truenos. Lo mismo podían haber transcurrido horas que días. El efecto de la pócima estaría disminuyendo, nada dura para siempre. Si estaba atento tal vez pudiera aprovechar ese momento.
-No sabes cuánto tiempo ha transcurrido –me dijo la voz de Kathy al oído- eso debe ser lo peor en tu estado. Podrían haber pasado días, incluso semanas, o tal vez solo unas horas. Nada importa cuando tu cuerpo se ha convertido en un vegetal. Pero no te preocupes, cariño, aquí estoy yo para que no te sientas solo. Sé lo que estás pensando. En algún momento el potingue dejará de hacer efecto y tú podrás escapar de mis garras. Siento decepcionarte. Por supuesto que los efectos no duran para siempre. No sé si me vas a creer, pero yo misma he probado este invento del profesor Cabezaprivilegiada. Tenía que hacerlo para conocer sus posibilidades. Así descubrí el tiempo que dura, cómo se siente uno bajo sus efectos, las posibles secuelas, todo. El profesor es un genio, una cabeza privilegiada, también es un loco desatado, sin moral, a pesar de su educación y sus creencias tan conservadoras que los diplodocus a su lado serían el ala más ultraizquierdista del abanico ideológico. Se había pasado la vida sin sexo, pero cuando me encontró ya no pudo dejarlo. Su moralina farisaica se resquebrajó como un jarrón de cerámica en una corriente de magma. Conseguí de él todo lo que quise y más. Mejoró su elixir siguiendo mis instrucciones, hasta se dejó convertir en vegetal, monitorizando los efectos en su cuerpo, paso a paso. Cuando despertó recopiló todos los datos y fue probando hasta conseguir todas las cualidades y defectos de la extensa lista que yo confeccioné. Necesitaba que el vegetal pudiera escuchar todo lo que se le decía, algo que le llevó su tiempo. También quería que algunos órganos del cuerpo siguieran funcionando con normalidad, como el corazón, deseaba que mis víctimas escucharan el latido de sus corazones y que sus miembros funcionaran como si no se vieran afectados. Por desgracia eso no lo consiguió, de otra forma ahora estarías aterrorizando escuchando el latido de tu corazón. Una pena. Lo del miembro no me importó tanto, porque sabía que mi clítoris sería capaz de revivir al más recalcitrante. Lo has comprobado, aunque lleva su tiempo conseguir una sensibilidad total. Tú la alcanzarás pronto. Quise que convirtiera aquel potingue en un arma química, biológica, de destrucción masiva. Mi plan es terminar con todos los machistas del planeta, no sé cómo librar al resto, tal vez no se pueda hacer y todos deban perecer. Le obligué a probarlo mezclándolo con el suministro de agua potable a las poblaciones. Bastó con que hiciera el experimento en Los Ángeles. Toda la población quedó en coma durante veinticuatro horas. Tú no lo recuerdas porque te has quedado amnésico. Se habló de un arma química inventada por los rusos, los chinos, los norcoreanos y no sé quién más. El experimento funcionó y el profesor consiguió una escala bastante fiable sobre la cantidad necesaria de potingue diluida en agua para alcanzar los efectos buscados, desde un pequeño susto de unas horas en estado vegetativo a una muerte irreversible al cabo de unos días. Eso fue un gran alivio para mí. Ya no tendría que acostarme con todos los machos del planeta para conseguir inyectarles la dosis necesaria para su exterminación. Tú eres la primera víctima del apocalipsis que se avecina. No intentes justificarte. Podríamos haber huido juntos a un lugar paradisiaco y solitario, donde vivirías en un orgasmo perpetuo. Seríamos el Adán y Eva de la nueva humanidad. Pero no, como macho arquetípico tenías que estropearlo todo. No te bastaba con el sexo total conmigo, buscaste a Heather, a Dolores, a esa putita de Alice, y hubieras seguido con el resto de mujeres de Crazyworld. Así sois todos los machos. No tenéis remedio. Pero ya no importa, porque voy a terminar con todos. Después de ti vendrá ese cabrón de Mr. Arkadin y luego todos los machos de Crazyworld. Aún no sé cómo lo haré para que las mujeres se libren de la escabechina, pero algo se me ocurrirá.
Calló y no se hizo un gran silencio porque ya existía desde que me despertara en el búnker. Es inexpresable la sensación que tienes cuando no sientes tu cuerpo y lo poco que te llega lo hace a través de extraños filtros. La voz de Kathy me llegaba desde muy cerca y como filtrada de forma sorprendente. Había escuchado los truenos de la tormenta y la música pero aquel ambiente sonoro estaba distorsionado, como lo que podía percibir a través de la vista. Me pregunté si aquel cabroncete de profesor Cabezaprivilegiada era aún más genio de lo que uno se podía imaginar para crear un elixir a la carta para Kathy. Ésta se separó de mi oreja y frente a mí se puso a bailar una danza erótica que era el preludio de otro coito que sería más tormento y tortura que éxtasis placentero. No se saltó ninguno de los pasos, añadiendo algunos nuevos tan imaginativos que en otras circunstancias hubiera podido apreciar. Ahora solo deseaba que volviera a producirse aquella fuga al pasado que me había alejado del búnker y de lo que en él se iba deslizando como por un tobogán del tiempo en una película de terror. Noté cómo tomaba mi pene y lo introducía en su vagina tras restregárselo por su clítoris que aún permanecía en su estado natural. La sensibilidad adquirida por mi miembro me hizo pensar que tal vez la hora de despertar de aquel estado zombi se estaba acercando. Era preciso estar muy atento para aprovechar cualquier circunstancia favorable, fuera la que fuese. Me olvidé de todo porque la manipulación sabia y constante que Kathy hacía de mi sexo me estaba llevando a un climax extraño. Su clítoris comenzó a hincharse pegando a él mi pene como si el líquido que iba rezumando fuera un pegamento indestructible, un invento más del profesor. El primer orgasmo llegó con mucha fuerza y luego se fueron encadenando más que disfruté como la primera noche que ella había pasado en mi dormitorio. Y entonces, sin que pudiera preverlo, ocurrió. Me vi proyectado a través de aquella puerta circular hacia una escena que sin duda era la misma que ya había vivido la primera vez. La diferencia esta vez estaba más en mi proceso mental que en lo que estaba sucediendo frente a mis ojos. El recuerdo llegó como una avalancha, como un torrente de montaña, arrastrando todo tipo de materiales con fuerza salvaje hacia el abismo. Ahora sí, supe con certeza que yo era el único hijo de Johnny el gigoló y de Marta. Supe cómo se habían conocido y su relación en el tiempo y que todo esto lo había contado mi padre en unos famosos diarios que había publicado con el mismo seudónimo que empleara en su trabajo. Yo los había leído antes de su publicación porque mis padres nunca me ocultaron lo extraño y delirante de su relación. La otra mujer que aparecía en la escena era Lily, la madame que había reclutado a mi padre, cuando aquel estudiante de familia con pocos recursos, se vio en la necesidad de trabajar para pagarse sus estudios universitarios. La vida de mi padre era un libro abierto para mí, como la de Lily que había seguido a Johnny el gigoló hasta Norteamérica para recuperar a Marta, su amor, que había ingresado en una clínica especializada para curarse de su adicción al sexo, como otros famosos y famosetes que habían pasado por esa clínica y seguirían pasando. Aquellas aventuras tan delirantes que muchos críticos alabaron la imaginación del autor de lo que consideraban la novela erótica más sorprendente de los tiempos modernos, que abría nuevos horizontes al género, pasaron ante mí sin orden ni concierto, mezclándose con lo que había sido mi vida de hijo único mimado y preservado, o al menos lo habían intentado, de lo que ellos consideraban un ambiente sórdido que les avergonzaba, más propio de una juventud sin riendas que de una vida normal y políticamente correcta. Ahora entendía su férrea oposición a que yo siguiera los pasos de mi padre. Por lo visto yo no había tenido aún mi primera experiencia como gigoló, aunque Lily estaba más que dispuesta a facilitarme el camino. El regalo de aquel deportivo era el primer cebo para que perdiera escrúpulos y apartara dudas, algo que no era necesario, puesto que de entre todos los oficios y trabajos en aquella perversa sociedad capitalista, el de gigoló era el que más me atraía y el que me parecía más honrado y moral. De aquella manera tan insólita había llegado a Crazyworld, a lomos de un corcel fogoso y carísimo que ahora sin duda permanecería convertido en chatarra entre los árboles de aquella carretera que no podía situar en el mapa, tal vez porque la amnesia no me había privado de un conocimiento que no poseía.
Junto con aquel torrente de recuerdos también llegaron algunos matices de mi personalidad, como mi pasión por la lectura, el arte y la cultura que habían sido una de las mejores cualidades de mi padre. Eso me permitió saber de dónde venían aquellos destellos en la noche, cuando era capaz de hablar de cosas que supuestamente no sabía. No tenía muy claro si mi personalidad y carácter, ahora recobrados, me gustaban tanto como podían disgustarme. Era un hombre nuevo, no un amnésico que pensaba, sentía y actuaba en base a impulsos desconocidos y oscuros. Deseé estar en aquella escena y no sobre la cama de un búnker, en Crazyworld, siendo montado por una mujer tan deliciosa como demoniaca. No tenía duda alguna de que Kathy se había vuelto loca. El que no fuera culpa suya sino de aquellos desalmados de Mr. Arkadin y el profesor Cabezaprivilegiada, no la libraba de su responsabilidad. Lo único importante para mí era salir vivo de aquella historia gótica de vampiros, fantasmas, profesores chiflados, millonarios sin riendas y locos encantadores, recluidos a la fuerza. Solo un milagro podía librarme de la muerte, el fin de todo. Y ese milagro estaba muy difícil. Porque estaba comenzando a notar el latido de mi corazón, muy suave, muy lejano, pero sin duda desbocado, como un caballo aterrorizado, huyendo de humanos locos que pretendían abatirlo.
viernes, 24 de marzo de 2023
LA VENGANZA DE KATHY XVI
Me sentía raro y no solo porque mi cuerpo ya no era mi cuerpo sino la celda de una cárcel en la que permanecía aherrojado sin poder moverme, caminar, ni siquiera dueño de mis sentidos, lo peor era observar con la mirada fija de mis ojos como clavados a la carne, sin la menor capacidad de movimiento, los meneos del cuerpo desnudo de Kathy, las manipulaciones de sus manos buscando mi órgano sexual, intentando introducir mi pene en su vagina para torturarme con otro coito sin sentido. Una palabra acudió a mi consciencia aletargada, confusa: violación. La amnesia que sufría desde mi llegada a Crazyworld me impedía un discurso mental lógico, cronológico, como intuía que debía ser el de los otros que no sufrían de ningún tipo de amnesia. A veces un concepto, una imagen, un vago recuerdo, se colaba entre una red tupida y oscura, como un pez asustado que da vueltas como loco buscando una salida hacia la libertad. La palabra violación no había tenido el menor sentido para mí hasta aquel instante, ni siquiera formaba parte de mi diccionario coloquial, con el que me había estado defendiendo mal que bien desde mi llegada a Crazyworld. Ahora se mostraba por primera vez a mi consciencia y me sentí muy raro, como si un mundo nuevo empezara a exteriorizarse conforme la niebla se iba diluyendo. Era un mundo de violencia, de agresiones, una selva donde los depredadores torturaban y acababan con la existencia de vidas que tenían tanto derecho a seguir discurriendo en el tiempo como las suyas. Una imagen extraña asomó su cabecita en el lodo. La violación parecía algo que solo afectaba a las mujeres, por razones físicas evidentes. Sin embargo yo estaba siendo violado por una mujer. Algo tan insólito que me dejó perplejo.
Kathy había logrado despejar el glande echando la piel hacia atrás y ahora lo restregaba contra su clítoris que debía de estar hinchándose como yo lo recordaba de aquella primera noche en mi habitación. La sensibilidad de mi glande era nula, aunque poco a poco parecía ir despertando, conforme aquella misteriosa sustancia iba rezumando de su clítoris. La violación sobre un hombre me parecía algo tan extraño que semejaba un delirio. Una mujer no puede violar a un hombre porque para ello su pene debe estar en erección y la violencia no ayuda a ello. Sin erección un hombre no puede ser violado. ¿O sí? Aquel encadenamiento de ideas e imágenes me parecía un despropósito. Un hombre al que se le priva de su libertad, que es sometido por la violencia, está siendo torturado, violado, aunque la mujer no consiga introducir su pene en su vagina. La violación no consiste tanto en un mero mecanismo físico, cuanto en el sometimiento por la violencia de su cuerpo, de su consciencia, de su personalidad. Otra palabra acudió a mi aletargada consciencia: empatía. Uno puede comprender a otro ser con solo intentarlo. No es tan difícil ponerse en su piel e imaginar lo que está sintiendo el otro. Podía comprender lo que debe sentir una mujer cuando es violada. Un concepto nuevo para mí ya que mi amnesia me había privado de lo que seguramente eran recuerdos al alcance de todo el mundo. Era fácil imaginar que los hombres debían pensar que no podrían ser violados ya que sin erección no hay violación y si hay erección hay deseo y de alguna manera también consentimiento. Extraña forma de pensar. Otra palabra acudió, encadenada, a mi consciencia: Machismo. Esa brutal forma de pensar tenía que haber sido una conducta frecuente en la mayoría de los hombres, de los machos. No recordaba nada de lo que había sido mi vida hasta llegar a Crazyworld, pero sin duda allá fuera sucedían cosas como estas. Me sentí desvalido sin una mochila de recuerdos de la que echar mano.
Kathy había logrado dar sensibilidad a mi pene, a mis testículos. De nuevo aquella sensación tan extraña. Era como alguien a quien acaban de anestesiar el cuerpo completo, dejando tan solo una diminuta parte con sensibilidad. No podía entender cómo había podido acudir aquella imagen a mi consciencia si ni siquiera había pensado en algo como la anestesia, la intervención quirúrgica. Aquellos recuerdos no formaban parte de mi mochila. ¿Estaba empezando a recordar por fin, esta vez sí? ¿La amnesia se iba deshilachando como una densa niebla penetrada por el sol radiante? Era lo que no había dejado de anhelar desde que supe que sufría de amnesia. Sentí miedo. Aquel no era el mejor momento. Podía ver a Kathy galopar sobre mí, el rostro desencajado por un placer que iba intensificándose a cada instante. También a mi consciencia iba llegando el placer, aunque de forma semejante a cómo le debe llegar el dolor a alguien anestesiado, a través de un pinchazo en un dedo, o de un corte o de un martillazo. Mi mente no lo estaba recibiendo de la forma acostumbrada, aun así podía identificarlo y disfrutar de él.
No era tan intenso como para olvidarme de aquella extraña situación. Estaba siendo violado y aunque deseaba sentir placer, aunque lo sentía, no podía obviar que había sido reducido a un vegetal contra mi voluntad, que aquella mujer intentaba acabar con mi vida tras la más extraña de las torturas, no la que genera dolor, sino placer. El galope de Kathy era ahora salvaje. Sus movimientos habían torcido mi pene erecto y estaban a punto de quebrarlo. ¡Me iba a romper el pene! La intensidad del dolor y el placer eran ya asombrosos. Se estaba preparando el más insólito de los orgasmos. Se estaba acercando… Y llegó con un impacto inaudito. Mi mente pareció desprenderse de mi cuerpo, algo incomprensible, porque ya llevaba muchas horas fuera de él. Creí que me iba a morir y el terror se apoderó de mí. Un terror también muy extraño porque el placer me hizo pensar que esa era la mejor forma de morir. No quería morir, pero si tenía que hacerlo, sin duda esa era la mejor forma.
De pronto una gran ventana redonda se abrió frente a mí. Sin saber cómo estaba al otro lado. En un lujoso salón había tres personas. Una de ellas sentada en un sillón enfrentaba a otras dos, en un sofá. No sé por qué me fije en ella desde el principio. Se trataba de una mujer ya mayor pero que aún conservaba rastros de una belleza que debió de ser impresionante en sus mejores tiempos. Estaba hablando, al tiempo que gesticulaba con exasperación, como si pensara que sus palabras no iban a convencer a los otros, pero sí lo podrían hacer sus gestos. No entendí de lo que estaba hablando. En realidad no creí estar oyendo sonidos físicos. Era como si pudiera leer sus pensamientos que mi mente traducía a palabras. Los otros dos eran un hombre de unos cincuenta años, tal vez más, porque se conservaba muy bien. Alto, fuerte, con un rostro bello, aunque duro, con una mandíbula pétrea, tal vez signo de una personalidad en la que no cabían las dudas, un carácter fuerte, donde los hubiera. Me sorprendió su físico, encontraba en él algo extraño que tardé en clarificar. No fue una voz interior, más bien una sensación surgida del fondo de mis recuerdos olvidados. Supe que era mi padre, y supe que era Johnny, el gigoló. Yo entonces sería Johnny, el gigoló, Junior. Escuchaba en silencio mientras apretaba una mano de la mujer que estaba a su lado. No sé cómo, supe que se llamaba Marta y era mi madre. Una mujer aún muy bella en su madurez. Los dos parecían oponerse a lo que estaba diciendo la otra mujer. Era Lily, la celestina de mi padre, la que le había reclutado unas décadas antes, en Madrid. Mi padre había escrito una especie de diario insólito, chocante, extravagante, no sabría cómo calificarlo. Tenía la impresión de haberlo leído, pero apenas era capaz de recordar algún dato, algún detalle.
Aunque nadie me miraba supe que también yo estaba allí. Mi auténtico yo, el que lo recordaba todo, o al menos todo lo que la gente normal suele recordar. De forma confusa lo entendí todo. Había decidido convertirme en un gigoló, como mi padre, y se lo había propuesto a Lily, solicitando su intervención como celestina. Ella me había apoyado y se había ofrecido para intervenir ante ellos. Mi padre estaba en desacuerdo y mi madre había puesto el grito en el cielo. De ello trataba la conversación que estaba presenciando. Mi madre comenzó a llorar y mi padre se enfrentó con rabia a Lily. Entonces ella lanzó unas llaves en la dirección donde se suponía que estaba yo, no sé si sentado o de pie. Vete a dar una vuelta, una vuelta larga, no tengas prisa en regresar. Esto nos llevará más tiempo del que yo pensaba. Había salido dando un portazo. Eso no lo vi, porque la escena parecía haberse paralizado. Eran ya recuerdos, claros, muy emocionales. En el exterior me esperaba un deportivo de alta gama. ¿Un regalo de Lily? No podía recordarlo con exactitud. Había subido, encendí el motor y me dispuse a dar una larga vuelta. Debió de ser muy larga para llegar hasta Crazyworld. O puede que no estuviera muy lejos de nuestro lugar de residencia. Cuando abandoné la población aceleré a fondo. Estaba muy enfadado, rabioso, porque a mi padre no le pareciera buena para mí una profesión que él había desempeñado sin vergüenza y con gran placer durante tantos años. Mi error fue no haber levantado el pie del acelerador cuando cayó la noche en mitad de aquel bosque. Y ahora estaba allí, en Crazyworld, en manos de una mujer vengativa que había decidido matarme a polvos sin que yo tuviera la culpa de nada, ni de lo que habían hecho otros hombres, ni de lo que había hecho yo. Iban a matarme cuando aún no había empezado a vivir. La ventana se cerró y yo caí en una curiosa inconsciencia porque aunque seguía con los ojos abiertos no era capaz de ver nada, ni de sentir nada, como si hubieran apagado la luz y me hubiera dormido, olvidándome de cerrar los ojos.
lunes, 5 de diciembre de 2022
LA VENGANZA DE KATHY XV
Para mí el tiempo no era ya un reloj que moviera sus agujas en una esfera, permitiéndome calcular el tiempo pasado o el por llegar. Solo podía compararlo a un sueño en el que todo ocurriera sin orden cronológico o espacial, secuencias cortadas a capricho por una tijera surrealista y loca. No sentir el cuerpo me desvinculaba de la realidad que cada vez estaba más lejana, como al otro extremo de un agujero de gusano que lo mismo conectaba con el otro extremo del universo que con un mundo paralelo o hasta con la muerte. Me preguntaba si en realidad yo no estaría muerto y lo que estaba viviendo era la forma en que los muertos desatascan sus pesadillas, dejándolas colarse por el sumidero de la nada. Aunque algo sí me había conectado una pizca con la realidad. Aquel orgasmito de la señorita Pepis me había permitido sentir que aún tenía un cuerpo, aunque no lo notara demasiado, es decir, nada, salvo aquella especie de corriente eléctrica que había atravesado mi pene, echando chispas en los testículos y explotando como un petardo mojado en mi escroto. Era poco, muy poco, pero sí lo suficiente para que pudiera apreciar cómo la voz de Kathy, que se había acostado a mi lado, y a la que apenas percibía por el rabillo del ojo, iba desgranando una letanía que apenas comprendía ni quería comprender.
-Esto es solo el comienzo, querido, una especie de despertar, un salir de la tumba por un huequito y atisbar el mundo de los vivos. Tampoco ha sido un gran orgasmo para mí, pero todo irá cambiando poco a poco. Ni siquiera el superpoder de mi clítoris ha sido capaz de resucitar del todo a la parte que más aprecias de tu cuerpo…Sí, porque tú adoras a tu pene que te permite entrar en tantas cuevas que ya has perdido la cuenta. No has sido capaz de apreciar el fuego devorador de la dragona que habita en el interior de mi cueva. No te hubiera pedido mucho, tan solo que me recordaras durante unos días y luego volvieras a mí de vez en cuando, dándome un poco de ternura a cambio del gran don del orgasmo cuasi infinito. Pero no. Ni siquiera llevas aquí tres días y ya te has acostado con más mujeres que días. Conmigo, luego con Heather, después con Dolores, al final con Alice. Y te hubiera gustado hacértelo con la doctorcita. Una tras otra y tras una y luego vuelta a empezar. Todos los hombres sois iguales. Nos utilizáis y luego nos tiráis como un trapo sucio. Ni siquiera os preocupa dejarnos contentas a cambio del fuego eterno de nuestras cuevas. Ni una buena palabra, ni una caricia, ni un gesto de compañerismo. Nada. Absolutamente nada.
-Pero esto se va a terminar. Llegará el apocalipsis y todos los hombres perecerán en la cueva donde habita la diosa Venus. En la Venusberg morirá la maldad de los hombres. Y yo seré su sacerdotisa, su enviada, su vengadora… Sí, ya sé que tú no eres el peor de todos ellos, pero tienes su misma naturaleza. Si hubiera sido justa habría empezado con Mr. Arkadin, el peor de los hombres. Pero aún no ha llegado. Nunca llega cuando se le espera, ocupado en sus negocios, como si el dinero fuera mejor que el superpoder de mi clítoris. Aun así llegará y recibirá su merecido. Para entonces sabré muchas cosas que habré aprendido de ti y las emplearé en su tortura con tanto entusiasmo, con tanto deleite, con tanta persistencia, que será un placer impagable el que recibiré de es miserable.
-No, no hemos acabado. Esto apenas ha sido el principio de la noche… Porque afuera sigue siendo de noche. Llegaste con la tormenta que no te dejó ver la hora y no llevas un reloj en tu muñeca que te permita saber que el tiempo va transcurriendo. La pócima del doctor Cabezaprivilegiada te ha tenido dormido unas horas, no muchas, menos de las que piensas. Aún nos queda mucha noche. Yo sí tengo un reloj que marca las horas y sé que en el exterior sigue la noche, porque la puedo ver por una especie de raro periscopio, invento del profesor chiflado, como los rayos y truenos que aún siguen, lo mismo que el repiqueteo de la lluvia. Mira, voy a permitir que veas y escuches, antes de someterte al segundo tormento. Lo que ocurre en el exterior es recogido por ese periscopio y pixelado en la pantalla que vas a tener frente a ti. Mira y disfruta…
Una enorme pantalla comenzó a descender del techo. Enorme, pero no tanto que escapara a mi campo de visión. Se detuvo en el centro de ese campo de visión, se encendió y un relámpago que pareció quedar anclado en el cielo oscuro me deslumbró hasta la ceguera… si eso era posible porque mis ojos, ahora lo comprendía, habían adquirido una visión extraña, como la que uno posee en ciertos sueños, en los que se puede ver todo desde fuera y al mismo tiempo desde dentro, una visión normal amplificada en capas dimensionales, como una cebolla surgida de un agujero negro. Me sentí como la criatura del doctor Frankenstein que abre los ojos por primera vez y deslumbrado contempla un mundo nuevo, no tan doloroso como el que vendrá después, cuando lo vaya comprendiendo. Porque él viene de la muerte y abre los ojos a la vida. No recuerda nada de la muerte y no sabe nada de la vida, pero sí lo suficiente para saber que la vida es mil veces peor que la muerte… ¿De dónde había surgido ese recuerdo? No lo sabía, no obstante era extraordinariamente preciso, como si hubiese leído la famosa novela y visto todas las versiones cinematográficas que de la misma se habían hecho hasta la fecha, que no sabía cuál era, pero era aquella, el momento presente. Comprendí que por una hendidura muy pequeña, tal vez generada por aquel relámpago que permanecía aún en la pantalla, como si alguien hubiera dado al pause, estaban empezando a brotar recuerdos muy escondidos en alguna parte profunda y misteriosa de mi subconsciente. Todo parecía transcurrir a cámara lenta. Tras el relámpago llegó el trueno horrísono que se prolongó como una carambola infinita. Y el repiqueteo de la lluvia me relajó como el baño en aguas frescas tras una travesía por el desierto. Tenía la lengua seca y la boca arenosa… Pero no, mi cuerpo no podía sentir nada. ¿Entonces qué eran aquellas sensaciones? El tiempo transcurrió, más como recuerdo de cómo transcurre el tiempo que por experiencia vital y presencial. La tormenta parecía no ir a amainar nunca. Me vino a la cabeza, a la mente, a lo que fuera en que se había convertido mi consciencia, la idea de lo que estaría ocurriendo en Crazyworld. ¿Alice habría dado ya la alarma? Tal vez fuera pronto, pero lo haría en cualquier momento, cuando ya no le cupiera la menor duda de que me había perdido en el bosque. Porque eso es lo que pensaría. ¿En qué otra cosa podría pensar? No en una Kathy endemoniada que me había drogado y trasladado a un búnker subterráneo del que nadie sabía nada. ¿Y cuando ella diera la voz de alarma quién le haría caso, cómo podría convencerles de que yo estaba perdido en el bosque? Tal vez Jimmy, ese maldito tunante, atisbara lo ocurrido y pusiera a todo el mundo en pie de guerra. Era capaz de eso y de mucho más. Nadie le llevaría la contraria, ahora que el doctor Sun se había vuelto más loco que sus pacientes y él, uno de sus locos pacientes, había tomado el mando por orden expresa del propio doctor Sun. ¿Qué harían? Esperarían a que pasara la noche y comenzarían la búsqueda con el alba. No, Jimmy no lo consentiría. Distribuiría linternas, crearía grupos de búsqueda, intentaría convencer a los robots de que les ayudaran. ¿Sabría Jimmy de la existencia de los robots? Por supuesto él lo sabía todo. Casi me reí a carcajadas viéndole dirigir semejante actividad. Era una risa plana que se deslizaba en mi interior como una serpiente. Y entonces, algo interrumpió la tormenta, mi ensoñación, fue la voz de Kathy de nuevo.
-Y ahora, hombrecito malvado, vamos a seguir con la segunda parte de tu tortura….
domingo, 9 de octubre de 2022
LA VENGANZA DE KATHY XIV

Mi mente no funcionaba con normalidad. La droga que me había inyectado había cambiado los procesos mentales que yo había considerado como normales hasta ese momento. Claro que no era capaz de imaginar cómo puede funcionar la mente de alguien que no sufre de amnesia, que recuerda todo su pasado, o lo que pueda recordar una mente normal del pasado, que aún no sé cuánto es o cómo es. Yo sabía que a partir de mi despertar en la clínica, con Kathy de enfermera, fui recordando lo que me iba sucediendo con una continuidad cronológica y espacial. Bueno, lo del tiempo era una sensación un tanto rara, como lo es saber que tienes un cuerpo adulto sin recordar tu nacimiento ni el proceso evolutivo a lo largo de los años. Es como estar comiendo sin gusto ni olfato, sabes que estás comiendo, el estómago lo agradece, pero no lo disfrutas, al menos no del todo. Tienes una sensación rara, como si eso no fuera normal. Eso me ocurría a mí con el tiempo. No sabía muy bien cómo era su transcurso. Cuando me decían que había transcurrido una hora me encogía de hombros. Sí la sensación era diferente a cuando me decían que había transcurrido un minuto. Algo en mi cabeza procesaba la información, pero no de forma automática, requería un esfuerzo. En los tres días que llevaba en Crazyworld, suponiendo que fueran tres, ese automatismo del tiempo se fue haciendo más comprensible para mí. Ahora, tras la droga, me ocurría algo parecido. Gracias a la vista, que percibía lo que pasaba frente a mí y a cómo me sentía cuando los movimientos físicos de mi entorno se iban sucediendo con el ritmo adecuado, podía intentar establecer un tiempo para todo lo que había ocurrido desde que despertara. Cuando Kathy me hablaba comparaba cómo sentía el transcurso del tiempo cuando había hablado con otros en Crazyworld, sus palabras eran como el tic-tac de un reloj, me ayudaban a percibir el discurrir del tiempo. Cuando se fue a cenar, mi mente procesaba cuánto podía haber tardado y lo comparaba con nuestras comidas en el gran comedor del edificio principal. El tiempo parecía distinto cuando el cuerpo no lo percibía, salvo por la mirada fija. No sentir el cuerpo es algo muy raro, te das cuenta de que el concepto que tienes del tiempo, así como de otros factores vitales depende mucho de los sentidos, tanto que sin ellos se genera una especie de vacío muy especial. El cuerpo necesita de los sentidos para sentirse anclado a la realidad, sin ellos la mente se pierde, se extravía, como un pájaro sin alas que ha sido disparado por un cañón. La mente se mueve a gran velocidad pero está atada por una mano invisible. No es libre. Si a esto se añaden los efectos del potingue del profesor Cabezaprivilegiada, totalmente desconocidos para mí, a lo más que puedo comparar cómo me sentía es a la sensación que uno tiene al despertar de un sueño profundo. Tardas en aceptar que la realidad del sueño no era tal realidad, tardas en reconocer la realidad que aceptas con normalidad cuando llevas un tiempo despierto. El proceso es lento, la mente está muy ralentizada, algo, no sabes bien qué te tiene atrapado, tomado del cuello y aprieta hasta que necesitas respirar y das una gran bocanada, entonces, por un instante te sientes vivo. No sé si debido a mi amnesia o a que yo era así antes, me había costado despertar y asumir dónde estaba. Claro que estar en Crazyworld no es fácil de asimilar y dado el trauma del accidente, mi cerebro necesariamente tenía que haber quedado traumatizado. A pesar de no recordar apenas lo sueños, los prefería a la pesadilla que era vivir en aquel infierno de lujo. Ahora me pasaba algo parecido, deseaba fugarme de la realidad, llamada Crazyworld, de todo lo que me había ocurrido desde que aterrizara allí, pero sobre todo de lo que estaba ocurriendo en aquel búnker. Pero no podía fugarme al sueño o a la inconsciencia y tampoco a recuerdos del pasado o incluso cercanos, porque mi menta actual no procesaba bien, era demasiado lenta. Todo era lento en aquel proceso infernal.
Acababa de ver cómo Kathy había terminado el recorrido de su lengua sobre mi cuerpo desnudo. Me pareció un tiempo largo, aunque no sabría decir cuánto. Ahora había introducido mi pajarito dormido, más bien muerto en su vagina. Antes había corrido la piel y destapado el glande, que restregó contra su clítoris que imaginé creciendo. Al parecer aumentaba de tamaño al compás de su deseo, aunque esa era una conclusión bastante lógica después de la noche que ella pasó en mi dormitorio, pero no estaba cimentada en ningún dato sólido. Me pregunté cómo podía sentir deseo aquella mujer hacia mi cuerpo desnudo, que bien podía ser muy deseable para ella, incluso objetivamente podría ser muy deseable para cualquier mujer. Pero era un cuerpo muerto, un pedazo de carne sin vida. ¿Cómo era posible? La imaginación debe tener bastante importancia en el sexo. Creo que lo habría sabido con seguridad de haber recordado mi pasado.
Creo que el glande reaccionó un poco al masaje sobre su clítoris que imaginé exudando aquella misteriosa sustancia que hacía a Kathy tan especial. Pero no podía estar seguro. No podría calificar al fenómeno de sensación, porque no lo era en comparación con lo que mi cuerpo sentía cuando estaba despierto, vivo. Sin embargo me dio una idea bastante vaga y confusa de cómo mi mente recibiría las supuestas sensaciones que iba a vivir mi amodorrado miembro viril, un pequeño zombi que estaba tan perdido como yo. Fue como si algo llegara a mi cerebro, a mi mente, pero directamente, sin pasar por los canales que llevan los estímulos a través del sistema nervioso hasta el cerebro. Un diminuto impacto en mi mente que golpeaba en algún lugar de la cabeza, no sabría decir cuál y que el ordenador mental intentaba procesar fuera de sus circuitos habituales. Me sentí mal, como si una bala hubiera roto el cristal de mi bunker craneal y el caos y el miedo se hubieran apoderado de mi consciencia, si es que se podía llamar consciencia a lo que transmitía mi vista, porque el resto de los sentidos estaban muertos, a excepción del oído, como había comprobado antes. No era capaz de asimilar cómo podían funcionar vista y oído desvinculados del resto de los sentidos. El proceso de mi pensamiento era lentísimo, vago y muy confuso, pero aun así continuaba produciéndose. Era una gran sensación de alivio el saber que no había perdido la capacidad de razonar, como un ajedrecista novato enfrentado a un gran maestro del ajedrez. Una sensación rara me invadió, como si un recuerdo tratara de aflorar desde el pasado olvidado. ¿Había jugado yo al ajedrez?
Por los movimientos de las caderas de Kathy supe que el pene ya estaba dentro de ella y parecía estar resucitando, muy atontado, pero despierto. Supuse que su clítoris exudaba ahora como una esponja oprimida por férrea mano. El trozo de carne que tenía entre mis piernas no podía dejar de reaccionar a aquella sustancia, peleando bravamente con los efectos anestesiantes del potingue. Intuía que iba adquiriendo rigidez, que había entrado en erección. Además de una intuición era también una sensación, si es que aquello podía llamarse así. Mi mente visualizaba lo que yo sabía que ocurría en estos casos, pero no era solo eso. Lo que percibía tenía cierto parecido a lo que yo había sentido cuando practicara el sexo normal, y habían sido bastantes veces desde que llegara a Crazyworld. Mi falta de memoria me impedía comparar y dar un marchamo de verdad o mentira a la sensación de que aquello que me había ocurrido desde mi llegada, en el terreno del sexo, era normal o muy anormal.
Kathy parecía estar empezando a disfrutar. Me llegaba algún suspirito que otro. Mi pene tenía que haber alcanzado un grado de erección aceptable para que ella lo sintiera dentro de su vagina. Lo que yo sentía era como el eco en un radar, solo que generándose cada mucho tiempo, tal vez un par de minutos. El operador del radar debía de estar muy atento para no perdérselo. Así era el diminuto placer que estaba llegando a mi cerebro. Era un eco muy distorsionado, muy lento, como un eco extraño que se moviera como una culebra adormecida, la sensación de espacio era muy rara y caótica. Parecía venir de muy lejos, se acercaba, se volvía a alejar, su volumen subía, bajaba, todo sin la menor hilación espacio-temporal, como llegando desde otra dimensión. Si Kathy me iba a matar de placer, a polvos, iba a tener que hilar muy fino, porque salvo que me descoyuntara el pene y tuviera una hemorragia abundante e imparable no veía otra forma de morir. El infarto no parecía una posibilidad muy lógica, teniendo en cuenta que mi corazón estaba anestesiado, como el resto de mi cuerpo. Si mi conclusión no estaba equivocada, tanto el sistema circulatorio, como el nervioso, debían de estar paralizados. De esa forma si no llegaba sangre a mi corazón, ni salía de él y si los estímulos nerviosos no llegaban al cerebro por los canales normales, no parecía que fuera a sufrir una parada cardiaca, ni tampoco respiratorio, porque mis pulmones tampoco funcionaban. ¿Por dónde me llegaba entonces el oxígeno? El profesor tenía que haber hecho un gran trabajo con aquella maldita droga.
Entonces percibí como un estiramiento del miembro, la sensación se extendía por toda su longitud, pero de ahí no pasaba. Hubiera dado cualquier cosa porque también resto de mi cuerpo fuera saliendo del letargo, pero era algo que no parecía fuera a suceder. ¿Puede una parte del cuerpo sentir como si todo el cuerpo sintiera lo mismo? Eso debía de estar ocurriendo. Mi pajarito estaba despierto y trinando con cierta alegría. Aquel bandido estaba disfrutando como si todo mi cuerpo estuviera despierto, pero sólo él lo estaba. La intensidad del placer fue aumentando en mi cerebro, porque el resto de mi cuerpo no lo percibía. No era el placer normal en estos casos. Todo estaba ralentizado, el eco del radar podía estar acercándose al orgasmo, pero fuera del tiempo. Perdida la sincronicidad espacio-temporal, perdidos todos los parámetros que pueden situar esta función corporal en su adecuado contexto, la sensación estaba más cerca del miedo que del placer.
Me dije que ya que iba a morir, que estaba siendo torturado, al menos intentaría disfrutar todo lo que me fuera posible. Mis ojos que no se habían movido una micra seguían contemplando todo lo que no había dejado de ver desde mi despertar. Me centró en el cuerpo de Kathy, en sus pechos, en sus caderas alcanzando ya un galope muy interesante. No lo hice moviendo los ojos, tuvo que ser la mente la que se centrara en ello, como el haz de luz de una linterna o como un finísimo rayo láser que se fuera trasladando en el espacio. Los grititos de Kathy y su bamboleo me dijeron que estaba llegando ya al orgasmo, yo en cambio ni me apercibía de estar en proceso de completar un orgasmo en debida forma. Me pregunté cómo podría eyacular, cómo los espermatozoides podían trasladarse desde sus cuarteles hasta el final del túnel. El profesor no podía ser tan sabio como para hacer que una pequeña parte del cuerpo funcionara con normalidad y el resto no. Por otro lado, tampoco me parecía que la exudación misteriosa del clítoris de Kathy pudiera llegar a realizar semejante proeza. Todo tiene un límite. Kathy había alcanzado un buen orgasmo, a juzgar por sus gestos y sonidos. Pero para mí fue algo muy decepcionante. Apenas había sentido algo minimamente semejante al orgasmo. Tuvo que pasar un tiempo hasta que comprendiera que mi mente iba muy ralentizada. Cuando llegó el orgasmo, para mí fue un orgasmito. Imaginé que tal vez mi mente se estuviera acostumbrando y adaptándose al proceso, puede que en otros coitos llegara a alcanzar algo que se pudiera comparar con lo que sentía cuando el cuerpo no estaba anestesiado. Esperaba que sí, porque si no la tortura iba a ser de aúpa. Kathy se dejó caer sobre mi cuerpo, o mi supuesto cuerpo, porque no sentí nada. Y allí permaneció respirando aceleradamente.
martes, 20 de septiembre de 2022
LA VENGANZA DE KATHY XIII
Deseé que la cena hubiera sido abundante, que tuviera lleno el estómago y eso la obligara a seguir hablando un buen rato, antes de comenzar la tortura. Porque eso iba a ser aquella sesión nocturna, una auténtica tortura. Claro que sentía una cierta curiosidad morbosa por ver el resultado de aquella lucha de película, Predator contra Cucudrulus gigantescus, o lo que es lo mismo su clítoris aberenjenado con poderes de super heroína, que tan bien conocía yo, contra mi pene muerto, o más bien en estado zombi, lo mismo que todo mi cuerpo. ¡Ojalá que también mi mente hubiera alcanzado ese estado de zombi o el nirvana del vacío!
-Estás deseando que te cuente lo que he cenado, para darte envidia, o que te cuente cualquier cosa, con tal de retrasar el momento, pero no lo voy a hacer. Me he bebido una botella entera de borgoña, de las que Mr. Arkadin tiene en su bodega secreta, y como no suelo beber, ni estoy acostumbrada, he pillado un buen colocón. Estoy caliente, muy caliente, mi clítoris comienza a exudar su jugo mágico que no pienso desperdiciar. Será una noche memorable. Y no creas que no puedo saber si tu esparraguito va a reaccionar. No te voy a contar si ya lo he experimentado con otro hombre en tus mismas condiciones. Quiero que el suspense permanezca hasta el final.
Comenzó a sonar una música de striptease que me pareció conocida, pero que no podía ubicar, tal vez de una película. Mi mente parecía estar muy descolocada, dislocada, diría yo, porque no recordaba si Kathy estaba desnuda o vestida cuando abrí los ojos. Puede que siguiera desnuda y cubierta de barro como cuando la vi en el claro, bajo la tormenta, bajo los rayos, arrullada por los truenos. Puede que no se hubiera duchado antes de cenar, entonces la silla y el suelo estarían cubiertos de barro. O tal vez tuvo tiempo suficiente para bañarse en la bañera con toda clase de sustancias odoríferas mientras yo dormía el sueño de los justos. Es posible que se hubiera vestido, acicalado, pintado para la cena. Pero si había hecho todo eso ahora estaba desnuda, embarrada, con una especie de pinturas de guerra en su rostro y en todo su cuerpo. Así era, salvo que mi mente estuviera delirando, lo que era posible, aunque no lógico. ¿Cómo era posible que el barro permaneciera tanto tiempo pegado a su cuerpo sin desprenderse y formar charquitos en el suelo? ¿Acaso se había untado con alguna poción del maldito profesor, que permitía al barro permanecer pegado a la piel como con pegamento? ¿Se había pintado el cuerpo con pinturas de guerra durante las horas que duró mi catatonia? ¿Entonces por qué no las había visto al despertar? ¿O sí las había visto pero no percibido? Mi mente trabajaba como una locomotora de vapor, asmática e hiperactiva. Lo que sin duda estaba intentando era pensar en cualquier cosa menos en lo que iba a suceder a continuación.
No es que temiera el contacto con su cuerpo –no lo iba a notar, como no notaba el mío- ni lo que me fuera a hacer o dejar de hacer, porque bien podría cortarme en pedacitos y no sentiría nada, nada de nada. Había dejado de sentirme angustiado por la posibilidad de morir, al fin y al cabo. una muerte sin dolor no deja de ser un sueño profundo en el que caes casi sin darte cuenta. Lo que más temía era mi impotencia. No podía moverme, no podía hacer nada, estaba en sus manos. Era como una película que uno no es capaz dejar de ver porque te han atado a una silla y han abierto tus ojos con un artilugio que te impide cerrarlos o desviar la mirada. Ella decidiría lo que la maldita película se iba a prolongar. Me hablaría de lo que quisiera durante el tiempo que deseara y yo no controlaría mis reacciones ni sería capaz de huir del momento presente, fuera el que fuese.
De alguna manera terminó su danza demoniaca que yo había visto en su totalidad, aunque no la recordaba en todos sus detalles, porque iba descubriendo que la pócima era capaz de anular mi cuerpo, pero no mi mente. Ésta era como una nave espacial, yendo y viniendo de acá para allá, hacia atrás y hacia delante, ocultándose tras planetas y satélites, fugándose hacia el sol a toda velocidad, en un intento de suicidio, inútil aunque deslumbrante. Ella controlaba mi cuerpo, pero no mi mente. Es cierto que yo tampoco la controlaba del todo, sin embargo, iba avanzando poco a poco en ese control. No pude fugarme cuando ella se abalanzó sobre mí. No sentí el peso de su cuerpo, no sentí nada. Kathy era como una demonia etérea, una imagen que había saltado desde una película y ahora peleaba con mi cuerpo desnudo como si fuera mío. Acarició mi pene que ni se inmutó. Se lo metió en la boca y ni siquiera se estiró un milímetro. Pasó su lengua por mi piel, haciendo sin prisa un recorrido que la llevó a mis pezones que mordisqueó o mordió con ganas, no lo sé, porque no sentí nada. Al llegar a mi boca se entretuvo en un beso complicado, tuvo que abrir mi boca con sus dedos y buscar mi lengua apagada, muerta, con la suya, muy viva. No entendía cómo estaba disfrutando de algo así, era como tener sexo con un muerto. Se dejó caer a plomo sobre mí. Su sexo se pegó al mío, supongo por la posición, porque cuando uno pierde el tacto solo puede imaginar a través de la vista. Movió sus caderas al compás de sus risitas de niña tonta y entonces mordisqueó mi oreja derecha y se puso a susurrar palabras, frases sin sentido. Se me ocurrió una idea extraña. ¿Cómo estaba escuchándola si mis oídos deberían haber entrado en estado zombi, como todo mi cuerpo? Era una cuestión sobre la que reflexionar con calma, cuando pudiera, como sobre el resto de efectos que la poción del profesor Cabezaprivilegiada había causado en mi cuerpo.
-Te voy a devorar como una pantera a un cervatillo. Grug-grag. Te voy a depredar sin compasión. Y cuando acabe contigo atraeré aquí a Mr. Arkadin y le haré lo mismo. Luego seguiré con todos los machos depredadores del planeta, sin prisa, el apocalipsis será lento, me regodearé mientras los machos impotentes pagarán por todo lo que me han hecho. Grag-grug. Tengo suficiente poción para eso y para más. Y cuando acabe con los depredadores terrestres, seguiré con los extraterrestres, con toda la galaxia, con todo el universo. Grug-grag, grag-grug.
Continuó desgranando frases delirantes con una voz demoniaca que no era la suya. De repente comprendí que Kathy se había vuelto completamente loca. Mi única esperanza era que encontraran cuanto antes aquel bunker subterráneo y me rescataran. Pero esa no era ya una esperanza, yo también estaba delirando como ella.
miércoles, 31 de agosto de 2022
LA VENGANZA DE KATHY XII
Una risa aullante, demoniaca, salió de la boca de Kathy que había recobrado su posición anterior y permanecía como antes, inmóvil como un árbol. Por suerte una ristra de horrísonos truenos me impidió seguir oyendo aquella risa demoniaca. Mi vello debería estar erizado y mi cuerpo helado como un témpano. Es un decir, porque mi cuerpo parecía haber desaparecido, no sentía nada.
-Ahora solo una respuesta más y te dejaré en paz…Solo por un momento. Voy a cenar. Estoy hambrienta como un monstruo que no ha comido en un milenio. Necesitas saber por qué te voy a matar. ¿Qué has hecho tú, un bondadoso gratificador de mujeres necesitadas, para merecer esto? Te lo voy a decir. Esperaba mucho de ti. Ya sé que los hombres sois incapaces de amar, pero mis expectativas respecto a ti no eran las que tengo con el resto de machos del planeta. ¡Puaf! Me dais un asco infinito. Confiaba que después de nuestra noche comprendieras que yo, y solo yo, era la mujer de tu vida. Me has decepcionado. Eres como los demás. Y aún lo serás más cuando recuerdes tu pasado, si es que lo recuerdas. Eres mi primera víctima, la siguiente será Mr. Arkadín cuando venga, porque va a venir, ni tú ni ese idiota de Jimmy seríais capaces de descubrir al psicópata que anda suelto. Y después de Mr. Arkadín acabaré con todos los machos del planeta. Primero los de Crazyworld y luego el resto. Sí, una vez que muera Arkadín, saldré de aquí y me dedicaré a matar a todos los machos del planeta. No tendré tiempo, piensas. Te equivocas, obligaré al profesor Cabezaprivilegiada a terminar sus experimentos con el líquido que rezuma de mi clítoris hasta transformarlo en un poderoso veneno. Lo mezclaré con el agua que abastece a las grandes ciudades y todos morirán. Jajá. Será maravilloso contemplar el apocalipsis en primera fila. Y ahora te dejo contemplando esta tormenta apocalíptica. Ya me contarás. Jajá. No te preocupes, te alimentaré con sonda y tu cuerpo resistirá hasta que tu corazón explote, porque parado ya está. ¿Cómo un cuerpo puede permanecer muerto y la mente viva? Eso pregúntaselo al profesor, bambino caro.
Los rayos eran cada vez más terroríficos. Como si Jupiter tonante estuviera muy cabreado, pero que muy, muy cabreado. Los truenos retumbaban al lado de mis orejas. Debería tener los tímpanos horadados. Pero no sentía ningún dolor. ¿Por qué no afectaban a Kathy? ¿Otro invento del maldito profesor? Iba a morir. La idea, como un rayo, rasgó las meninges de mi cerebro. No podría hacer nada. Era una muerte segura. ¿Y si me encontraban? Mi desaparición no pasaría desapercibida. Alice hablaría y mis mujeres, si no todos, saldrían a buscarme. Alice, Heather, hasta Dolores. Me entró una risa tonta que no pudo salir al exterior. Imaginarme a Dolores corriendo por el bosque en mi busca me producía una dolorosa hilaridad. Era increíble que conservara el humor aún en aquellas circunstancias. Así es el ser humano, una mierda con capacidad de reír. ¿Habría asesinado Kathy al director? No iba a poder preguntárselo, a no ser que se le ocurriera también responder a esa pregunta. ¿No parecía saber todo lo que yo estaba pensando?
¿Podría dormir? Esa era una pregunta interesante a la que Kathy no había respondido. ¡Si al menos pudiera descansar! ¡Pero qué estaba diciendo! Mi cuerpo no podía estar cansado porque ni siquiera tenía cuerpo. En cuanto a mi mente, estaba tan lúcida que hasta me daba miedo. Se me ocurrió que tal vez aquel trauma que estaba sufriendo me ayudaría a recuperar la memoria. Sería una bonita forma de entretener el tiempo que iba a durar aquel tormento. Si iba a morir, al menos que muriera recordando todo lo que había sido hasta llegar a Crazyworld. Era una técnica interesante, mejor que las hipnosis del doctor Sun. ¿Y si a pesar de la seguridad de Kathy su clítoris no pudiera enderezar mi miembro? Jajá, sería fantástico, un auténtico chasco para aquella psicópata. Tendría que matarme de cualquier otra manera. Hiciera lo que hiciera no sentiría dolor. Por ese lado todo perfecto. ¿Y si dejara que el efecto pasara para que pudiera sufrir? Entonces tendría una oportunidad. Pero, claro, antes me inmovilizaría, no era tonta. Todas las posibilidades que se me ocurrían terminaban indefectiblemente en mi muerte, más o menos dolorosa. Casi mejor que me matara a polvos. Una pregunta interesante ¿mi cuerpo sentiría placer, o actuaría de forma automática, sin que yo me enterara? Esa era la primera pregunta que me gustaría que Kathy respondiera al volver. ¿Cuánto tardaría en cenar? Tiempo más que suficiente para que mi mente recorriera todos los laberintos del terror. Mejor pensar en otra cosa.
¿Quién era yo? ¿Qué había hecho durante los pocos años que había vivido? ¿Quiénes eran mis padres, dónde estaban? ¿Era en verdad un gigoló o acaso tenía alguna novia en alguna parte? ¿Era español o norteamericano? ¿Por qué parecía conocer el español como mi lengua materna? ¿Y si era español, por qué me había trasladado hasta allí? ¿Dónde había nacido? ¿Era creyente, ateo, agnóstico o medio pensionista? ¿Cómo era mi carácter? ¿Alegre, apático, un perdonavidas, un viva la virgen, un idiota? ¿Era culto, había leído muchos libros, visto muchas películas, escuchado mucha música? Tal vez fuera un jovencito adorable…Bach, Bach, Bach. ¿Quién era Bach? ¿Un músico? Me sonaba mucho. ¿Estaba recuperando la memoria? Me hubiera gustado cerrar los ojos y esperar que las imágenes desfilaran por la pantalla de mi mente enclaustrada. Pero no podía. ¿En verdad me gustaba tanto el sexo como parecía? Sí, estaba muy bien, era muy agradable, más que eso, era lo mejor que uno podía hacer en la vida. Si la humanidad se ocupara solo de eso no habría guerras. ¿Qué era una guerra? Por un instante unos nombres sin sentido acudieron a mi memoria. La batalla de Waterloo, la guerra de los treinta años, La primera guerra mundial, la segunda, la guerra de Corea, de Vietnam, el desembarco de Normandía… ¿Qué demonios era todo eso? ¿Qué se hacía en las guerras? Matar y morir, una cosa después de otra, todas a la vez. El dinero, el capitalismo, el marxismo. Los privilegiados, los marginados, los proletarios, los burgueses. Todo pura palabrería, porque no la acompañaban imágenes. Sin imágenes no iba a poder recordar y no aparecerían mientras tuviera los ojos abiertos. Ahora que estaba solo, inmovilizado, la necesidad de recordar se hacía acuciante. Sin memoria uno es nada. Yo debería ser un auténtico idiota puesto que carecía de memoria. Tal vez todo rodara por el subconsciente, como en una partida de bolos. Sin embargo, sabía lo que era una partida de bolos, aunque no tuviera imágenes. Sabía muchas cosas, aunque no las recordara. El significado de las palabras, por ejemplo. Eso era una parte importantísima de la memoria. Si lograba salir de este espeluznante episodio hablaría largo y tendido con el doctor Sun. Por supuesto que era un idiota, pero también un sabio, conocía muchas cosas, podría explicarme cómo funciona la memoria y por qué yo no recordaba nada o casi nada y sin embargo actuaba como si lo supiera todo. ¿Qué partes del cerebro siguen funcionando cuando eres amnésico y qué partes no, y por qué eres capaz de comportarte como una persona normal cuando la amnesia se ha apoderado de ti? ¿Existían muchas clases de amnesia y cómo se llamaba la mía? ¿Qué ocurriría cuando lo recordara todo o casi todo? Nada, porque iba a morir.
Aquel pensamiento fue como un martillazo en mi cabeza. Es un decir porque yo no tenía cabeza, al menos no lo notaba. De pronto fui consciente de la tormenta, que casi había olvidado. Sin duda era un espectáculo dantesco. Rayos y más rayos. Truenos y más truenos. Casi deseé que Kathy volviera y comenzará aquella tortura que me llevaría a la muerte. Quería saber si iba a sentir placer y cómo sería éste comparado con el que yo había sentido con Kathy la primera noche, luego con Heather, luego con Dolores, luego con Alice. Si era parecido me gustaría morir de una puta vez, disfrutar horas y horas y horas hasta que mi corazón estallara… es un decir. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? ¿Se perdía la sensación de tiempo?
De pronto Kathy estuvo otra vez dentro de mi campo de visión. Parecía como si el barro se hubiera endurecido y forma ya parte de su piel. Además, sus colores de guerra eran realmente espectaculares. Me hubiera gustado verle los ojos, pero parecían escondidos tras el barro.
-Ha sido una cena muy agradable, aunque lo hubiera sido más si tú me hubieras acompañado. Pero no, tenías que hacer el idiota con otras mujeres, como si yo no fuera suficiente. Podría haberte ayudado a salir de aquí. Sé cómo hacerlo. Nos hubiéramos ido juntos a cualquier remoto lugar del planeta. Allí hubiéramos sido felices. Hubiéramos tenido hijos. ¡Me encantan los niños! Juntos, siempre juntos, de día y de noche, a todas horas. El sexo hubiera durado todo el tiempo que deseáramos. Nos ocuparíamos de sobrevivir, de criar a los hijos, y luego noches enteras de sexo, mientras los niños dormían. No necesitaríamos gran cosa. Una cabaña en un lugar tropical, alimentos al alcance de la mano, una playa de arena fina, aguas cristalinas. Ese era mi sueño contigo. Pero no, tenías que estropearlo. Eres un mastuerzo, como todos los machos, siempre pensando en tener sexo con todas las mujeres del planeta, cuando os basta y os sobra con una. Vale, antes de comenzar con el sexo, más respuestas a tus preguntas. No sé cómo sentirás el sexo, pero lo sentirás. El profesor me comentó que ciertas partes del cerebro seguían funcionando, llegarás al orgasmo, aunque no sé cómo lo sentirás. Tampoco sé si eyacularás. Eso no lo sabía el profesor porque no se había experimentado. Por si acaso no he tomado anticonceptivos. Creo que me encantaría que me hicieras un hijo, mejor dos, o todos los que fuera posible. Así, cuando mueras, yo podré escaparme de aquí y criar a mis niños en un remoto y bonito lugar del planeta.
jueves, 28 de julio de 2022
LA VENGANZA DE KATHY XI
* * *
Desperté, o más bien fui consciente de estar despierto, porque tenía los ojos abiertos, no recordaba haberlos cerrado, solo el haber caído en una especie de profundo pozo negro. Me sentía raro, muy raro. Tardé en saber el por qué. Lo supe cuando intenté mover los dedos de mis manos. No fui capaz. Tampoco pude mover las piernas. Estaba como anestesiado. Ni siquiera podía parpadear. Los ojos permanecían como fijados por un imán frente a mí. No era capaz de dirigirlos a mi gusto, ni a izquierda o derecha, arriba o abajo. La luz que iluminaba tenuemente el espacio frente a mí era artificial pero no podía ver de dónde procedía, el foco con seguridad estaba en el techo, que no percibía porque era muy alto, esa fue la explicación que encontré. Noté con sorpresa, primero, luego con terror, que si bien mi cuerpo estaba allí no lo sentía. Recordé la escena en el claro, la tormenta, cómo me había abrazado a Kathy y luego nada. ¿Qué había ocurrido? No había el menor sentido en todo ello. Ninguna explicación racional. Intenté salivar, la boca estaba seca, pero hasta de ese mínimo acto reflejo no me estaba permitido.
-Estás drogado. Es un veneno parecido al curare, solo que manipulado por las manos expertas del profesor Cabezaprivilegiada.
El sonido llegaba con nitidez a mis oídos. Era la voz de Kathy, sin la menor duda. Alcanzaba a ver. Conseguía oír, pero el tacto no funcionaba. Mi piel no lograba percibir la ropa de la cama. Porque estaba tumbado en una cama. Había perdido el sentido del tacto. Tampoco el olfato parecía funcionar. Debería percibir algún olor, la habitación no podía ser aséptica. El gusto también estaba anulado, no era capaz de mover la lengua, ni siquiera la sentía. No notaba la boca. ¿Habría perdido la capacidad de hablar? Lo intenté. ¿Cómo iba a poder hablar si ni siquiera sentía la boca? Estaba inerme en manos de Kathy.
-No te estrujes las neuronas. Puedes ver y oír. Nada más. Tu cuerpo está paralizado. Eres consciente de lo que está pasando, pero no puedes hacer nada. Dicen que el curare produce efectos parecidos. El profesor lo modificó a su gusto. Nunca me dijo si lo había inventado para torturar. Lo cierto es que es perfecto para la tortura. Una tortura psicológica, claro, porque aunque te clavara una aguja no sentirías el menos dolor. Cuando te conté mi experiencia en el laboratorio, no te lo conté todo. Ya habrá tiempo. Tenemos mucho tiempo. Puedes verme, puedes escucharme, eso es lo que importa.
Con que era eso. ¿Pero cómo pudo inyectármelo si estaba desnuda, dónde escondía la jeringa?
-Te preguntarás cómo te lo inyecté. Es lógico. Recuerda que estaba cubierta de barro. Es fácil pegar una jeringuilla al cuerpo con barro. Aún lo sigo estando. Puedes verme. Como también que me he pintado la cara y el resto del cuerpo con pinturas de guerra, como hacían las tribus indias.
Estaba frente a mí. A unos pasos de la cama. Erguida, calmada, como un árbol. Los pies era lo único que no me era posible ver. Me sentía muy lúcido. Aunque los ojos estuvieran fijos poseían una especie de visión panorámica. Vemos con intensidad lo que tenemos frente a nosotros. Con menor intensidad lo que aparece a nuestra izquierda y derecha, un poco por encima y por debajo de la línea que forma nuestra mirada rígida. ¿Cómo podía recordar algo así si era amnésico? ¿Estaría recobrando la memoria?
-Ahora te preguntarás dónde estás, y cómo he podido arrastrarte hasta aquí. Estamos bajo el claro, en un bunker nuclear que construyó Mr. Arkadín sólo para él. Jimmy te enseñó el que existe en la cabaña, para todos sus amigotes. Pero ese cabrón no se fía de nadie. Solo él y yo conocemos la existencia de este búnker. ¿Qué cómo conseguí que me desvelara el secreto? Puedes imaginártelo. Solo hay que saber dónde está el interruptor que abre la entrada. Me bastó con arrastrarte unos metros por el suelo y luego por la rampa. No fue difícil.
¿Era capaz de leer mis pensamientos? Tal vez el malnacido del profesor Cabezaprivilegiada también había inventado una pócima para desarrollar la telepatía. Pensé que no era necesario recurrir a semejantes elucubraciones. Bastaba con ser lógico. ¿Qué preguntas se haría alguien en mi situación? Las mismas que estaba contestando Kathy. Puede que no siguieran el mismo orden con el que aparecían en mi consciencia, pero todas ellas eran razonables.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí? No más de dos horas. El tiempo que el profesor calculó como necesarias para que un secuestrado no se apercibiera de a dónde se le llevaba. Se le puede poner una venda en los ojos, pero ese cabroncete pensó en todos los detalles. ¿Qué si sigue la tormenta? Sigue. ¿Cómo podía saber yo que se iba a producir esta tormenta de todos los demonios? No lo sabía. Sí que se iba a generar una tormenta y su duración, con algún margen de error. En este bunker hay artilugios muy sofisticados, todos inventados por el gran genio. Aunque ni el mismísimo genio pudo prever una tormenta tan larga y descomunal. ¿Cómo podía yo saber que tú llegarías al claro a tiempo? Te he estado vigilando desde que entraste en el bosque. Sí, hasta he podido veros en la cama, a ti y a esa guarra de Alice. Cree saberlo todo, como Jimmy, pero son unos pazguatos, ignoran más de lo que saben. La alarma fue desactivada con otro artilugio y luego activada cuando bajasteis al sótano. ¿Que podías haber vuelto a Crazyworld con Alice? No, no soy una bruja. Me basta con conocerte bien. No ibas a poder dormir pensando en que podía estar viva aún y tú no habías hecho nada. Además, mi clítoris os vuelve idiotas a todos. A Mr. Arkadín, al profesor, a todos. ¿Cómo ibas a ser capaz de vivir sin tu miembro en mi interior? Todos lo intentan, buscando otras mujeres, haciendo lo posible por olvidar la experiencia, pero nadie lo consigue. Volverías al claro, porque no estás tan loco como para husmear con esta noche en lo más tupido del bosque. Era cuestión de esperar. ¿Quieres ver la tormenta? Hay una forma. Un trozo del techo puede correrse. No, no entrará la lluvia, porque hay un cristal a prueba de bombas.
Ahora observé algo que me había pasado desapercibido. Un mando a distancia prolongaba su brazo derecho. Debió oprimir algún botón. Escuché el ligero ruido que producía el corrimiento del techo. Kathy se movió hasta situarse en la cabecera de la cama. No podía verla. Debió quitar la almohada que sujetaba mi nuca, aunque no lo sentí, porque mi cabeza estaba ahora en posición totalmente horizontal. Podía ver el techo, muy alto, y cómo una parte se iba deslizando poco a poco. Sentí un gran alivio con el movimiento de Kathy. De forma no totalmente consciente había pensado en la posibilidad de que la figura que estaba viendo fuera un fantasma o una especie de holograma muy avanzado, invento también del maldito profesor. Podía intentar convencer a Kathy, pero no a un mecanismo programado. ¿Me había vuelto idiota? ¿Cómo convencerla si no podía hablar? Ni aun hablando enfrentarme a ella era mejor que confiar en que el mecanismo se atascara. Sin duda estaba más loca que todos en Crazyworld. Era una psicópata, que además buscaba venganza, por alguna razón que solo ella conocía. El alivio se esfumó. El trozo de techo se había descorrido por completo. A través del cristal los rayos rasgaban la noche como disparados por el mismísimo Júpiter tonante. Kathy debió de oprimir otro botón, porque el sonido exterior llegó al interior con meridiana nitidez. Por un momento me puse en la mente de Mr. Arkadín para abandonarla a toda prisa. Aquel hombre era el peor psicópata de todos. Un auténtico demonio.
-Ahora que lo sabes casi todo, te preguntarás qué pienso hacer contigo… Voy a matarte. Sí, voy a matarte. Pero no sufras. No sufrirás. Porque te voy a matar a polvos.










