A cargo de Slictik, escritor autodidacta y coordinador en Internet durante más de cinco años de un taller de creación de personajes humorísticos: “El hotel de los disparates”.
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domingo, 8 de abril de 2012
RECEPCIÓN-NATALIA Y FAMILIA-NARRADOR GLOBAL
TERCER NARRADOR O NARRADOR GLOBAL
El autor me trae aquí por los pelos, para explicar un poco del pasado y situar en el presente esta historia. Debo decirles que en realidad nuestro Hotel Monasterio de los Disparates es una copia exacta del Hotel Convento de Santa Clara, aunque éste, donde nos vamos a mover nosotros está en otra dimensión, solo accesible a personajes. Por lo tanto si ustedes no lo son, o creen no serlo (hay mucho personaje que se cree real y mira a otras personas reales como personajes) pueden reservar habitación en el Hotel Convento de Santa Clara y palpar con sus propias manos su realidad física. De paso pueden presentarse a Paloma Mayordomo y que les enseñe el Convento y les hable de la Escuela de escritores Alonso Quijano.
Pero… pero si son ustedes personajes, como es el caso que nos ocupa, hay algunas cosillas que deben de saber antes de inscribirse en el Hotel. Nuestro conserje actual, se inscriban a la hora que se inscriban, es Don Serge, conserje por vocación y casi por naturaleza. Su biografía consta en los archivos secretos del Hotel de los disparates y podrán leerla muy pronto en el blog donde se muestran los modelos de personajes. Baste con que sepan que Don Serge es catalán o al menos nació en ese bonito territorio, nacional o no nacional, terráqueo y galáctico. Desde niño quiso ser conserje de hotel y desde niño fue socio del Barça. Es un forofo peligroso, por lo tanto les aconsejo que no le tiren de la lengua al respecto. Su vida es un prodigio de precocidad. A los diez años ya era botones de un hotel de dos estrellas, a los quince fue emancipado por sus padres para que pudiera trasladarse a Madrid y trabajar en un hotel de tres estrellas y desde entonces su vida se podría resumir en tres temáticas obsesivo-compulsivas: hotel, Barça y fundar una familia. Le encanta estar en recepción y recibir a los huéspedes. Hasta tal punto que renunció a los ascensos que le propusieron, incluso el de dirigir un hotel de una cadena que iniciaba su andadura. Con el Barça sufrió unos años y ahora disfruta todo lo que puede. En cuanto a lo de fundar una familia, Don Serge es muy tradicional y quiere encontrar a la mujer de su vida, con la que tener unos preciosos hijos, cuantos más mejor. Lo malo es que es bastante escogido. No le gustan todas y por si eso fuera poco quiere que sea virgen, algo complicado en estos tiempos.
El hotel ha comenzado a funcionar hace poco –en esta dimensión- porque en la otra, en la que todos ustedes conocen, hace ya mucho tiempo que lleva funcionando, y muy bien. De momento solo tenemos los empleados imprescindibles, estamos en cuadro, entre ellos Alvarito Pina, el botones, de quien ya les hablaré más adelante, Iñaki Lizorno, cocinero postmoderno, en las cocinas y nuestra amada directora, la Sra. Abadesa del Convento, una encantadora mujer siempre pendiente de sus huéspedes y del personal, para que todo el mundo esté contento y sea feliz, aunque ella duerma poco y coma cuando puede.
Y ahora permítanme ceder la palabra al narrador de Don Serge.
RECEPCIÓN-NATALIA Y FAMILIA
Aceptaron la sugerencia de la doctora Sara, de viajar a Alcázar de San Juan y alojarse en el Hotel Convento de Santa Clara, Sonia y Andrés, prepararon sus maletas y el sábado por la mañana, a las ocho, se dispusieron a iniciar su viaje y a recorrer los150 kilómetros que distan desde Madrid, en poco más de una hora si el tráfico se lo permitía.
Natalia fue muy nerviosa todo el tiempo, pero a la vez, alegre y contenta. Era su primer viaje fuera de Madrid y presentía que iba a ser una aventura inolvidable. El viaje transcurrió sin incidentes. Pararon a mitad de camino en un área de servicios para estirar las piernas y tomar un café, y a las nueve y media llegaron al aparcamiento del hotel.
Cuando bajaron, Natalia quedó sorprendida al mirar la fachada principal y dijo:
-Mira papá, mira mamá, qué bonita es. Nos lo pasaremos muy bien aquí. Y más cuando vengan Juanito y sus padres. Él me prometió que jugaría conmigo.
-Claro, hija, todos pasaremos unas vacaciones estupendas. Me he documentado en un poco. Este es un hotel situado en un edificio histórico. El hotel Convento de Santa Clara ocupa un convento del siglo XVI reformado. De la primitiva construcción renacentista, tan sólo se conservan, la portada exterior y la estructura del patio interior. El resto, ha sido reconstruido para albergar el establecimiento hotelero. La portada, a la que accederemos mediante seis escalones, es de sillares de arenisca roja y está formada por un arco de medio punto rematado por un frontón triangular en cuya parte central se abre una hornacina. De gran sobriedad decorativa, lo más destacado es el juego geométrico de las esferas de influencia escurialense.
A los padres como a Natalia, les gustó mucho el frontal del edificio y después de contemplarlo durante unos minutos, se dirigieron al atrio al que se accede por una suave rampa y de ella a la entrada que conduce a la recepción. Entraron a una estancia no muy espaciosa que está decorada con cierta estrategia; una mezcla de enseres antiguos y modernos como si quisieran mostrar el paso del tiempo.
Una lámpara de pie, a cada lado de la entrada, de un estilo antiguo en cuyas pantallas hexagonales acristaladas, lucen tres velas en cada una situadas a diferente altura. En el centro, una mesa redonda; una estructura de hiero sobre la que se apoya un grueso cristal. A la derecha, una mesa con mantel y sobre ella unos adornos. Un macetón con una palmera y dos sillas con respaldo muy alto probablemente de estilo modernista. Al fondo, una puerta con dos hojas que seguramente da paso al patio interior. En el centro del techo, una gran lámpara de araña. Y a la izquierda, una silla como las descritas, un macetón con una planta de interior y el mostrador de recepción.
Se dirigieron al mostrador, y como si les estuviera esperando, un hombre salió a su encuentro.
Buenos días señores, soy el conserje, pero todos me llama Don Serge. ¿Desean alojarse?
-Sí. -Contestó Andrés. Tenemos habitación reservada. Somos la familia Fuentecilla Agüera. Mi nombre es Andrés, mi esposa Sonia y nuestra hija Natalia.
-Ah, sí. Ya recuerdo que hicieron la reserva por teléfono...
Natalia fue muy nerviosa todo el tiempo, pero a la vez, alegre y contenta. Era su primer viaje fuera de Madrid y presentía que iba a ser una aventura inolvidable. El viaje transcurrió sin incidentes. Pararon a mitad de camino en un área de servicios para estirar las piernas y tomar un café, y a las nueve y media llegaron al aparcamiento del hotel.
Cuando bajaron, Natalia quedó sorprendida al mirar la fachada principal y dijo:
-Mira papá, mira mamá, qué bonita es. Nos lo pasaremos muy bien aquí. Y más cuando vengan Juanito y sus padres. Él me prometió que jugaría conmigo.
-Claro, hija, todos pasaremos unas vacaciones estupendas. Me he documentado en un poco. Este es un hotel situado en un edificio histórico. El hotel Convento de Santa Clara ocupa un convento del siglo XVI reformado. De la primitiva construcción renacentista, tan sólo se conservan, la portada exterior y la estructura del patio interior. El resto, ha sido reconstruido para albergar el establecimiento hotelero. La portada, a la que accederemos mediante seis escalones, es de sillares de arenisca roja y está formada por un arco de medio punto rematado por un frontón triangular en cuya parte central se abre una hornacina. De gran sobriedad decorativa, lo más destacado es el juego geométrico de las esferas de influencia escurialense.
A los padres como a Natalia, les gustó mucho el frontal del edificio y después de contemplarlo durante unos minutos, se dirigieron al atrio al que se accede por una suave rampa y de ella a la entrada que conduce a la recepción. Entraron a una estancia no muy espaciosa que está decorada con cierta estrategia; una mezcla de enseres antiguos y modernos como si quisieran mostrar el paso del tiempo.
Una lámpara de pie, a cada lado de la entrada, de un estilo antiguo en cuyas pantallas hexagonales acristaladas, lucen tres velas en cada una situadas a diferente altura. En el centro, una mesa redonda; una estructura de hiero sobre la que se apoya un grueso cristal. A la derecha, una mesa con mantel y sobre ella unos adornos. Un macetón con una palmera y dos sillas con respaldo muy alto probablemente de estilo modernista. Al fondo, una puerta con dos hojas que seguramente da paso al patio interior. En el centro del techo, una gran lámpara de araña. Y a la izquierda, una silla como las descritas, un macetón con una planta de interior y el mostrador de recepción.
Se dirigieron al mostrador, y como si les estuviera esperando, un hombre salió a su encuentro.
Buenos días señores, soy el conserje, pero todos me llama Don Serge. ¿Desean alojarse?
-Sí. -Contestó Andrés. Tenemos habitación reservada. Somos la familia Fuentecilla Agüera. Mi nombre es Andrés, mi esposa Sonia y nuestra hija Natalia.
-Ah, sí. Ya recuerdo que hicieron la reserva por teléfono...
miércoles, 26 de enero de 2011
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