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sábado, 4 de octubre de 2025

LOS PERVERTIDOS DE ANABEL VI

       


"Se masturbaba al levantarse, luego se rozaba en la misa, iba al servicio después del desayuno y allí permanecía un buen rato hasta que sonaba el timbre para empezar las clases. Si veía, por casualidad, a una chica de la lavandería, colgando ropa en los tendederos que habían instalado para este menester cerca de la huerta, se arrastraba como un soldadito en el frente, para evitar ser visto por los curas y castigado duramente, y trataba a toda costa de ver las braguitas de la joven. Algo no muy difícil puesto que con el ajetreo de doblar la cintura para coger las prendas de ropa del balde, luego estirarse hasta alcanzar la cuerda y colocar las piezas de ropa, más de una vez le quedaban los muslos al aire.

 

"Zoilín tenía una imaginación tan calenturienta que se iba antes de llegar a quitarle, en su fantasía, las braguitas a la chica. Esto le obligó a llevar dos y tres calzoncillos bajo los pantaloncitos cortos, con el fin de que no traspasara al exterior el líquido pecaminoso. Uno de los secretos que más le costó babear sobre los pechos de Ani fue precisamente éste, que llevaba pañales habitualmente. Tan pronto soltó este secreto comenzó a gemir como una monjita en Semana Santa. Me puso hasta los pezones de lágrimas y babas. Tuve que consolarlo como pude o se me hubiera muerto de vergüenza entre los pechos.

 

Aquí interrumpo o hago un pequeño paréntesis en la narración que Anabel nos hace por mi boca, para hacer un apunte de erudición sexológica. Cuando escuché esta historia de sus labios lo primero que pensé fue que ella me tomaba el pelo, exagerando un simple caso de eyaculación precoz. O bien Zoilín era un avispadillo que se estaba quedando con ella contándole historias propias de un Decamerón moderno o bien su patología no estaba recogida en los libros de medicina. No sería hasta años más tarde, viendo en la televisión por cable un sorprendente documental, cuando comprendí que tal vez su caso no fuera tan sorprendente. En aquel documental se narraba la triste historia de al menos una cincuentena de mujeres que padecían un misterioso síndrome del que no recuerdo ahora el nombre. Eran multiorgásmicas hasta tal punto que se pasaban el día sufriendo orgasmo tras orgasmo. ¡Quién lo pillara!, pensaremos todos los machos. Pero aquella era una auténtica enfermedad, una patología que convertía la vida de aquellas mujeres en un verdadero infierno.

 

Cada una de ellas lo llevaba a su manera. Casi todas necesitaban masturbarse constantemente o hacer el amor. Solo así se les pasaba el terrible agobio. Otras no podían sufrir que el marido las tocara ni un pelo y dormían solas, con su marido en la cama de alguno de los hijos. Creyéndose unas auténticas monstruosidades o estar poseídas por Satanás, ninguna de ellas se atrevía a comentar su problema con nadie, ni con sus parejas. Una de las protagonistas del documental manifestaba su alivio cuando en una página de Internet descubrió que no estaba sola en este infierno multiorgásmico. Al menos otras cincuenta comentaban sus casos en dicha página. El tratamiento no era precisamente fácil. Los profesionales de la medicina no entendían de dónde surgía aquella patología y dejaban en manos de la medicina naturista o alternativa la solución al problema.

 

Algunas encontraron un cierto alivio en terapias alternativas y cuando lograron pasarse algunos días sin el agobio del orgasmo perpetuo manifestaron la felicidad que suponía no estar siempre pendientes de satisfacer una necesidad tan perentoria que no admitía dilación. El problema subsistió y otro enigma de la medicina moderna quedó en el aire. No eran ninfómanas, sencillamente algo les sucedía a sus cuerpos que provocaban orgasmo tras orgasmo, en una sucesión de placer que al prolongarse en el tiempo se transformaba en algo odioso.

 

Nuestro protagonista debió de padecer algo parecido. Sus constantes eyaculaciones y orgasmos debieron amargar su vida de la misma forma que les sucedía a estas mujeres. Creyéndose un monstruo no es extraño que no hablara de ello con nadie y cuando encontró en Anabel la confidente ideal no sorprende que se hiciera un adorador suyo y tuviera un papel tan importante para salvar a Lily de sus secuestradores. Lo hizo en atención al cariño y comprensión recibido de Ani y logró facilitarnos a todos una salida, aunque en ello se le fuera la vida. Nadie es más agradecido que quien creyéndose un monstruo encuentra una persona comprensiva que sabe tratarlo con humanidad. Su agradecimiento será eterno. Pero esta es otra historia que ya llegará en su momento. Ahora sigamos con la historia de Anabel.

 

"Zoilín es pequeñito, poquita cosa, casi un enano, muy delgadito y con cabeza alargada y pepinuda. Tendrías que haberlo visto, Johnny, desnudo y encogido como un fetillo, arrimadito a mi costado y con las narices soltando mocos, donde se había refugiado tras sollozar como un bebé sobre el canalillo de mis pechos. Sentí su deseo de regresar al vientre materno y desaparecer de la vida. Debió de darse cuenta de lo mucho que estaba mostrando sus sentimientos porque se volvió hacia el otro lado de la cama y dándome el culo se encogió y allí se quedó durante varias horas, como muerto, sin mover un músculo.

 

"Daba pena, Johnny, cariño. A mi se me deshizo algo muy dentro y solté el trapo. Luego me quedé dormida. Cuando desperté Zoilín no dejaba de dar vueltas por la habitación, desnudo, como un leoncillo enjaulado. De pronto se puso a gritar y blasfemar, maldiciendo de lo alto por haberle hecho un monstruito del que huían todas las mujeres. La naturaleza le había dado un pequeño flautín que apenas servía para dar una nota y en cambio le puso para alimentarlo unas inmensas pelotas que se pasaban las horas  frabricando espermatozoides que salían disparados en cuanto veían una mujer. Se pasaba los días y las noches salido como un mono, masturbándose o dejando que su pollita se estirara y soltara la carga en el momento más inoportuno.

 

"Era un castigo infernal. Si al menos hubiera salido guapo del vientre materno. Gritaba con su voz de pito. Entonces me pasaría las horas follando con las mujeres más hermosas y no como ahora, yéndome en el pañal, que no me llega el sueldo para tanto dodotis. Por fin se calmó. Regresó al lecho y hundió de nuevo su pepino entre mis pechos. Ya más calmado yo le pasaba la mano por el cogote, al tiempo que pensaba en ti, Johnny. Pensaba que si la naturaleza te hubiera dado las pelotas de aquel hombrecillo serías el enemigo público número uno. Y encima no irías a la cárcel, porque las mujeres se arrojarían sobre tus pelotas como una pantera hambrienta sobre un corderillo.

domingo, 10 de agosto de 2025

LOS PERVERTIDOS DE ANABEL V

      


               EL PARAJITO CANTOR/ CONTINUACIÓN

Sabes bien Johnny cómo me gustan tus espermatozoides, me los como cruditos y aun soy capaz de degustar ese delicioso sabor a pescado. Pero aquella vez casi vomito. Sin decir nada salí corriendo para el servicio y allí me lavé la boca, luego me enjuagué con un colutorio y vomité en seco. Tardé unos minutos en recuperarme. Al volver él me estaba esperando con la sonrisa de oreja a oreja. ¿Por qué no te habré encontrado antes? Me dijo sin ninguna ironía. Creo que tú y yo vamos a ser muy buenos amigos. Me pidió que me quitara la braguita y me echara a su lado. Me estuvo magreando el sexo con sus deditos hasta que notó que me ponía cachonda. Sabes que basta con que una hormiguita me hurgue allí abajo para que me ponga como una loca. El se dio cuenta de que sus manipulaciones me gustaban mucho y siguió con ellas hasta conducirme al orgasmo. Sabía hacerlo bien el pequeño demonio. Imagino que de alguna manera tenía que contentar a sus parejas aunque no creo que una profesional de la calle le consintiera algo así. Debieron reírse mucho del pobrecillo. ¿No crees Johnny?

 Estuve de acuerdo. Los pitos pequeños causan más bien risa y los grandes, destrozos. Pensé en Pichabrava. Nos vendría bien algo más flexible, más acoplable. Pero la naturaleza no se esmeró mucho en el hombre.

"Te confieso Johnny que lo pasé muy bien aquella noche. Zoilín me trabajó bien con los dedos. Era una lástima porque si ponía el bigote no le llegaba la boca. Me hacía muchas cosquillas. Era agradable jugar con su cosita aunque no logré que me pasara de los labios. Solo la vez que le unté la pilila logré notar su presencia dentro. Era como una hormiguita juguetona y agradable. Se sirvió una copa y se puso enseguida contento. No soportaba muy bien el licor. Me estuvo contando cosas que sabía de grandes hombre y que podían hacer caer castillos. Lo creí todo. Zoilín no era un mal chico aunque cuando se ponía a soltar trapitos sucios se le cambiaba la cara, algo verdaderamente desagradable.

 "Le serví una segunda copa y entonces ya no se contuvo. Todas sus fantasías sexuales salieron a relucir. Con quién le gustaría hacérselo y cómo. Los cotilleos sobre famosos que aparentaban ser muy machos y eran maricas. Quién era quién en la cama y cómo las mujeres son siempre mejores folladoras que los hombres cuando se ponen a ello. Me divertí mucho, aunque tuve que morderme la lengua varias veces para no reírme en su cara.

 Aquí se interrumpió Ani. Sus historias eran a menudo tan largas que necesitaba varios días para rematar la faena. Recuerdo que aprovechando una de nuestras noches libres semanales la invité a cenar y a un dansing en una discoteca, donde se había puesto de moda la salsa y otros ritmos caribeños. No soy un gran bailongo, pero quise animar a esta dulce mulata que entonces pasaba por una de sus rachas de melancolía e introversión. A ella sí le encantaba el baile, más que nada en el mundo, a excepción del sexo. Aceptó entusiasmada. Escogió un restaurante mexicano porque le apetecía comer algo picante y allí, mientras nos metíamos entre pecho y espalda un plato de chili con carne que era puro fuego (lo mitigábamos con copitas de ron que no hacían sino intensificarlo) decidió seguir contándome la historia de Zoilín. Disimuladamente enchufé la grabadora y la escondí bajo una servilleta aprovechando una de sus ausencias para ir al servicio (el picante parecía acentuar sus necesidades mingitorias).

 ¡Verlo para creerlo!, que diría el otro. Nunca imaginé que existieran hombres así. Salidos de madre,sí, naturalmente; impotentes, claro; eyaculadores precoces, a montones, pero como Zoilín ninguno. Era un caso excepcional en todos los sentidos. Anabel se transformó durante un tiempo en su mamá. El se encontraba tan entusiasmado como un infante con mamá nueva. Era cariñoso, discreto, delicado y generoso (sus regalos eran de poco valor, pero de muy buen gusto). Aparte de estas bellas cualidades Zoilín exhibió tal sinceridad que hasta Lily se hizo cruces cuando Anabel le contó las confidencias que aquel pervertido compartía con ella en horas de lecho y cháchara.

 Los secretos de Zoilín abochornarían hasta al mismo Satanás, que no teme el ridículo con tal de ganar almas para su causa. La propia Ani me lo contaba con la reticencia que hubiera puesto en hablarme de la desverguenza de algún hermano o familiar muy cercano. Ya a los postres, muy relajados e intentando hacer la digestión de la cena, Anabel se lanzó a contarme el resto de la historia que yo paso a contarles con mi propio estilo.

 "Zoilín gustaba de colocar su cabecita de pepino sobre mis pechos tan pronto como se le disparaba la pilulita, que era casi siempre al tocar mi chumino. En raras ocasiones logró meter el gatito en la cueva. Así puesto cerraba los ojillos de aprendiz de demonio y me contaba su vida de pe a pa.

 "Procedía de una familia numerosa -sus papás creían que cuantos más hijos tuvieran más los bendecía Dios- que fue bendecida con un indiano, su bisabuelo, que regresó, con una gran fortuna, al país de donde saliera con una mano delante y otra detrás. Con semejante fortunón no es extraño que se pasaran las noches buscándose las cosquillas.

 "Zoilín era el mediano de doce hermanos, la mitad machos. Ya de niño era tan enclenque y feo que sus propios hermanos se burlban de él, haciéndole objeto de las mayores perrerías. Lo que le llevó a suplicar a su padre para que lo mandara como aprendiz de cura a un seminario. Allí llegó un buen día, para alivio de todos sus hermanos y progenitores. Eligieron un lugar lejano, en el norte, donde no se veía el sol y la melancolía se te metía por el pecho hasta el fondo del alma.

 "El sufrió de melancolía hasta que el azar le descubrió que el pequeño pito servía para otra cosa, aparte de para mear a escondidas porque no le vieran sus compañeros y se burlaran de aquel regalo envenenado que le hizo la naturaleza. Si bien era diminuto cantaba sin parar, como un jilguerito alegre que saludara a la vieda desde el alba al ocaso, e incluso en sueños, pues siempre se despertaba tieso y con muchas ganas de pitar. La naturaleza le había provisto con flautín de impúber pero con huevos de avestruz que fabricaban leche merengada para surtir una ciudad.


sábado, 26 de julio de 2025

LOS PERVERTIDOS DE ANABEL IV

                      



                           EL PAJARITO CANTOR/CONTINUACIÓN


 -Se quedó en casa una semana. Yo llegaba del trabajo y le ponía más bálsamo. Le daba de comer y cambiaba su bolsa con hielo. Zoilín no se podía mover del dolor. Permanecía todo el día en la cama con las partes pudendas al aire porque no soportaba la ropa. Lloró lo que quiso y no paraba de agradecerme los desvelos. Para compensarme me contó las historias más sórdidas que conocía y eran muchas. Algún día te contaré alguna de ellas. Recuérdamelo Johnny.

 "Pero me he ido un poco de la cronología. Te voy a contar el primer encuentro. Lily ya me tenía aleccionada. Es pequeño y feo como el mismo demonio y tan mezquino que da asco, pero yo sé que tú vas a poder con él, Anabel, me dijo la patrona. Lo necesito porque me hace un gran servicio. Tú debes procurar satisfacerle y tratarle con mimo. No te dará mucho trabajo. Se irá por la pata abajo nada más verte desnuda, jaja. Si te pide algún numerito, algo lésbico que le gusta mucho o alguna representación teatral, me llamas y veré si merece la pena contentarle.

 "Vino en taxi hasta la casa. Yo miraba a través de los visillos, curiosa. Era muy bajito. No creo que llegara al 1,60. Su bigote enorme le hacía muy ridículo. Eso sí, vestía de boutique cara y con muy buen gusto. Salí a recibirle y extendí mi mano. Me la cogió con ansia, como si creyera que se la iba a retirar enseguida. Me besó el dorso, dejando en la piel mucha baba. Hice como que no me enteraba, aunque me dio mucho asco. Ya en la habitación me pidió que me desnudara muy despacio, con música. El se sentó en una butaca y encendió un apestoso puro. Pero no pudo ni darle dos chupadas porque en cuanto vio mis tetas casi se desmaya. Dejó el puro en el cenicero, continuó Ani con la narración, y echó mano a la bragueta. Me acerqué hasta él pensando que me estaba indicando que se la meneara pero me rechazó ofendido. Continué con el estriptis y en cuanto me vio en braguitas puso cara de estarse corriendo como en unas olimpiadas. Cerró la boca como si intentara ahogar un gemido, pero no pudo contenerse. Comenzó a chillar con su vocecita de niño y luego a toser y después a gemir y a suspirar. Creí que le había dado algo e intenté palmearle la espalda. Se enfadó mucho y salió corriendo hacia el servicio, con las manos en la bragueta y la espalda inclinada hacia delante. Era todo un espectáculo de feria.

 "Regresó al cabo de unos minutos. Yo seguía en braguitas, me había servido una copa para ayudarme a pasar el mal rato, porque se me iba y venía la risa y no sabía cómo controlarme. Le pregunté si se encontraba mal. Noté su cara de enfado y le dije que no era preciso hablar si no quería. Entonces él debió notar algo en mi que le hizo ablandarse. Me contó su problema muy escuetamente. Como viera que no me reía de él se sinceró más. Así pude saber de su boca lo que ya sabía de labios de Lily. Le dije que no se preocupara. Eso era algo común en los hombres y que a lo largo de la noche se le olvidaría lo sucedido. Se echó a llorar como un niño. Yo no sabía qué hacer. Me acerqué a él, le tomé una mano y traté de consolarle. Como el llanto arreciara lo cogí en brazos. Lo llevé hasta la cama y allí puse su cabecita entre mis pechos. Me los puso perdidos de lágrimas y baba. Cuando se calmó me dijo que yo era la mujer más comprensiva que había encontrado nunca. Que si le trataba bien él me recompensaría de mil maneras. A pesar de su aspecto él tenía mucho poder en ciertos ambientes. Lo creí porque Lily ya me había contado algo.

 "Lo desnudé con mucho cuidado y entonces descubrí su pililita de bebé entre sus piernas. De no haberlo sabido creo que no hubiera podido contener la risa. Era realmente pequeña, algo microscópico. Vaya pajarito cantor. Me salió de la boca sin que pudiera hacer nada por evitarlo. El creyó que me refería a su pilulita y se puso rojo de rabia. Fue entonces cuando se me ocurrió una salida que me libró de su cólera. Sabes que tengo pájaros en casa. Lily me permite a veces llevar alguno al trabajo para que me hagan compañía. Aquel día había llevado un loro y un jilguerito. Ni corta ni perezosa salí de la habitación, bajé al salón y subí la jaula del pajarito que se puso a cantar desaforadamente. Sabes que tengo buena mano para los pájaros, en cuanto cojo una jaula no hay pájaro que se resista.

 Anabel no era consciente del doble sentido de sus palabras y yo no quise decir nada por no interrumpir la narración. Me limité a sonreír.

 "Subí con el jilguero a la habitación y entonces Zoilín comprendió la confusión y me pidió disculpas. Me preguntó si no le parecía pequeña.Primero me hice la tonta. ¿Te refieres a la jaula?. No, mujer, no. Sabes que me refiero a esta cosita que tengo entre las piernas. Hombre, las he visto más pequeñas. Es un tamaño medio, tal vez tirando un poco a bajo, pero las hay mucho más pequeñas, puedes creerme. Mentí como una bellaca, Johnny. Pero él se lo tragó. Los hombres os tragáis todo cuando os interesa. Se relajó bastante y me dijo si le podía dar un magreo. Así en braguitas como estaba me subí a la cama y comencé a masturbarle. Pero era tan pequeña que se me escapaba de entre los dedos. Así que decidí hacer de tripas corazón. Me gustan las mamadas, sabes muy bien Johnny que te he hecho algunas antológicas, tener el nabo entre los dientes me produce una sensación placentera, como si ya no me faltara nada. Pero aquel nabito era más bien ridículo. Me puse a mamárselo como si lo hiciera con ganas y entonces noté con sorpresa que se encendía. Se estaba empalmando. Fue el empalme más rápido que he visto nunca. Y más si tenemos en cuanta que unos minutos antes se había ido sin avisar. El nabito se puso firme y creció un poco, no mucho, para qué vamos a engañarnos. Pero lo más asombroso es que apenas me dejó echarle la lengua porque se corrió en mi boca con más velocidad de la que nadie hubiera esperado. Echó un par viscosidades, chilló de gozo y yo me quedé con el escupitajo en la boca.

 


domingo, 20 de julio de 2025

LOS PERVERTIDOS DE ANABEL III

 



Zoilín, tomado por la pichulita, se transformó en un auténtico esclavo de Lily. Por lo visto hizo para ella cosas que solo Gervasio, el viejo amante y ahora jefe de matones, de mi cada vez más sorprendente celestina, aceptó ejecutar, aunque de otro calibre, ustedes me entienden. Sentía tal debilidad por Anabél que narraba a su oreja los más mezquinos secretos de su miserable vida. Creo que mi dulce Ani era la mujer mejor informada del país sobre las intimidades de famosos y famosetes de poca monta que ya empezaban a prepararse para la maratón.

 

El primer encuentro entre ambos tuvo más parecido con una película del viejo cine mudo que con un video porno. Las carreras de Zoilín no hubieran podido ser grabadas ni por una cámara rápida. ¿Era tan poca cosa para Lily que nunca le dejó utilizar sus potingues?. Le pregunté asombrado a mi amiga. ¿Nunca le habló de sus remedios milagrosos?. Nuestra patrona no era tonta, me respondió, si curaba a Zoilín se quedaba sin su más preciado recadero. Pero era de esa manera como le tenía más cogido de las pelotas. No entiendo su astucia, Ani. Sabes que los potingues eran muy caros y solo los dispensaba a grandes clientes. De todas formas no era el dinero lo que podía preocuparla, sino que llegara a curarse de su eyaculación precoz. Entonces ya no dependería de ella para satisfacer sus necesidades sexuales. Zoilín era un chantajista nato, se hubiera acostado con bellas mujeres a cambio de guardar secretos. No lo hizo nunca porque sentía pánico de que descubrieran su debilidad.

 

-Lily nunca le suministró sus elixires, pero a mi me dio pena, ya sabes como soy -siguió contándome Ani- y le facilité las migajas de un tarrito que había utilizado con un buen cliente. Dio resultado, cómo no iba a darlo. Zoilín aguantó más tiempo del que su delirante fantasía hubiera podido nunca imaginar. Lo pasamos muy bien aquella noche y el se sintió tan agradecido que lloró a moco tendido sobre mis pechos. Me dijo que desde aquel momento yo era más que su madre -ya lo llevaba siendo hacía tiempo,jaja- y que podía pedirlo lo que quisiera. ¿Y qué le pediste?. De momento nada pero luego aproveché sus servicios para acostarme con un famoso actor de cine, de visita en España. Pero a lo que iba. Se marchó más bien tarde al día siguiente de la casa número cinco, ya la conoces, me besó y me dijo las palabras más dulces que he oído en mi vida. En la puerta del taxi se dio la vuelta para despedirse y pude ver que lloraba como un bebé. Todo parecía ir de perlas cuando al día siguiente me llamó a casa, había conseguido sacarme el teléfono con sus carantoñas y lloros, para explicarme que aquellas pomadas le producían alergia. Tenía el bajo vientre lleno de ronchones, de granos que a cada minuto aumentaban de tamaño, se le caían las postillas sobre su pilulita que aparecía hinchada y tumefacta, con muy mal aspecto. La tenía completamente roja, lo mismo que sus huevos de avestruz, jaja, y no podía ni darse bálsamo bebé porque saltaba del dolor.

 

Es una pena que no pueda transcribir el lenguaje caribeño de Anabel porque la gracía que tenía al narrar este episodio podría hacerles llorar de risa. Es cierto que tengo sus grabaciones pero ustedes no pueden oirlas y la mera transcripción mecanográfica les quitaría todo su sabor dulzón y salsero.

 

-Me pidió permiso para venir a casa, continuó Anabel muerta de risa. Se bajó los pantalones y me enseñó el estropicio. Tuve que hacer un gran esfuerzo para controlarme porque se me estallaba la risa por todos los poros. Aunque bien mirado no era precisamente para reirse. Daba verdadera pena el pobre Zoilín. Se dejó poner un poco de bálsamo y lloró como un niño mientras mis manos hurgaban en su cosita. Le dije que no podíamos dejarlo así. Llamaría al doctor, que Lily tiene siempre de guardia, por si surgen emergencias y él encontraría la forma de que al menos no le doliera tanto. Chilló de miedo y se puso de rodillas para suplicarme que no lo hiciera. Si Lily se enteraba podría ordenar matarle. Le contesté que no era para tanto, que nuestra patrona era una buena mujer y se apiadaría de él. No me lo consintió. Yo no sabía si morirme de risa o de lástima. Allí, de rodillas, con todo al aire, parecía un bufón de corte, de esos que tú me contabas Johnny.

 

Pensé que era una lástima que Lily no hubiera puesto un sistema de grabación también en casa de Anabel. En ese momento se me ocurrió que hasta eso era posible. Tendría que mirar las grabaciones una por una. Aún no había inventariado la herencia de mi patrona. ¿Y cómo solucionaste el problema?. Pregunté con cara de risa.

 

lunes, 7 de octubre de 2024

LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL II




LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL II


Zoilo Gutierrez, Zoilín, como era conocido en la profesión, era un hombrecillo de unos cuarenta años, tan bajito que un mal pensado hubiera imaginado lo pequeño que debería ser el instrumento que tenía entre las piernas. Y así era. En cambio las dos pelotas que acompañaban al pequeño instrumento musical bien hubieran podido ser huevos de avestruz. A pesar de una operación realizada durante su estancia en París, lo cierto es que daba miedo contemplar lo que tenía entre las piernas. Estaba tan obsesionado con «este regalo de la naturaleza», que buscó toda clase de soluciones (hasta se puso en manos de un cirujano plástico para alargar su pene y a punto estuvieron de cortárselo, debido a una infección con el resultado que aún le quedó más pequeño y las pelotas igual de grandes). Tenía cara de mala leche y un bigote casi más grande que su cara. Zoilín se dedicaba a la prensa del corazón. En aquellos años no era lo que con el tiempo ha llegado a ser, aunque ya se adivinaban las monstruosidades de la criatura en cuanto creciera un poco.

Zoilín se dedicaba a las tareas más sucias e ingratas: esparcir rumores sin fundamento, espiar por cuenta de unos y de otros y lo más mezquino de todo, escribía los sueltos incensando a los famosos que pagaban previamente el incienso y lo que hiciera falta. Sus trapacerías de rata cloaquera le llevaron a callejones sin salida en los que a punto estuvo de perder la vida. Lily se enteró de que andaban tras él (Lily se enteraba de casi todo) y decidió ayudarle con la intención de ponerlo a su servicio. Mandó a Gervasio, su guardaespaldas de toda la vida y jefe de su «servicio de seguridad privado», a echarle un cable. Lo escondieron hasta que pasó la tormenta y luego Lily habló con él largamente. De esta forma Zoilín, sin dejar de ser reportero intrépido en asuntos del cuore, se hizo más precavido y asumió otras funciones secretas. Espiaba para Lily las debilidades de los famosos y de esta manera se pudo hacer con alguna famosilla dispuesta a vender su cuerpo para mi querida celestina, a cambio de un módico precio, ustedes me entienden. También soplaba a la oreja de los más lujuriosos dónde podían encontrar la horma adecuada para su instrumento. Esparcía los rumores que le interesaban a Lily, espiaba como un auténtico profesional y creo que hasta llegó a grabar escenas de camas de los personajes que más morbo producían en su dueña. Era un submundo cloaquero del que solo me enteraría a la muerte de la más grande estrella del negocio erótico de todos los tiempos. En su diario se recogían con todo detalle estos tristes episodios.

Zoilín a cambio de tanto trabajo recibía de Lily un abundante pago en especie, sin restricciones. Se acostaba con las pupilas de mi amada celestina, o sea mis compañeras de catre, con el único requisito de concertar previamente la cita cuando no hubiera mucho trabajo de campo. Se acostó con todas y hasta puede que con alguna menor que Lily pidió prestada de otros negociantes del sexo para pagar favores extremos. Ni siquiera la que fuera mi angel del sexo menciona estos detalles en su diario, pero Anabél me confió, a la muerte de su patrona, que a pesar del asco que Lily sentía por involucrar a menores en el negocio del sexo, puede que llegara a utilizarlos como armas en alguno de sus momentos más apurados. Aquello me desagradó profundamente y la hubiera abandonado de enterarme, antes de su muerte, cuando accedí al diario que guardaba en su caja fuerte. El sexo para mi es placer, no un comercio en el que todo vale, un instrumento para alcanzar el poder o la forma de satisfacer las perversiones más repugnantes del ser humano a cambio de dinero.

Zoilín se cansó pronto de todo puesto que no encontraba remedio a sus desgracias. Se cachondeaban de su pililita, de sus huevos de avestruz y de la rapidez con que se empalmaba y regaba lo que tuviera más a mano. Era uno de los eyaculadores precoces más rápidos en la historia del Oeste erótico. Curiosamente no sufría de impotencia, rara vez dejaba de empalmarse a la vista de una escena excitante. Pero esta debilidad que ningún tratamiento pudo curar le hacía desear más el divertimento «de visu» que la penetración. Pocas veces lo lograba y en estas pocas rara vez pasaba de los diez segundos, ese era su record de inmersión en profundidades. Cuando descubrió que Anabél no solo era incapaz de reírse de su «desgracia» sino que resultaba maternal, complaciente y dispuesta a satisfacer sus caprichos, se la adjudicó casi en exclusiva. Durante un tiempo Lily le dejó a mamá Anabél para que lo cuidara como a un niñito desgraciado. Luego le quitó a su mamá, reservándola como regalito precioso cuando el niño era bueno.

domingo, 4 de agosto de 2024

LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL I

 


                    


                    LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL

                               I

 

              EL PAJARITO CANTOR

 

Anabel es mi mejor amiga. No quiero decir con ello que entre nosotros no haya sexo, que lo hay y del bueno, sino que nos sentimos así, amigos que pueden charlar durante horas, preparar una buena cena para invitar al otro o simplemente ir al cine o pasear por un parque. No tengo muchos amigos, más bien pocos. Un gigoló no nace precisamente para la amistad. Le ordeñan el sexo y si te he visto no me acuerdo. Claro que mi caso es un poco especial. Johnny sabe hacerse con sus clientas, que suelen repetir y gustar de una buena charla amistosa, pero no hay gran cosa fuera del sexo. Lily fue un caso muy especial y Marta el amor imposible que todos pasamos una vez en la vida, como el sarampión. He tenido muy buenas clientas a las que en algún momento consideré mis amigas. Aunque soy consciente de que la amistad me ha sido vedada por la vida, para equilibrar el plato de la balanza, pleno de placer sexual.

 

Durante mi adolescencia tuve los amigos que todos tenemos a esas edades, compañeros de colegio y de juegos. En la universidad algunos compañeros se arrimaron a mi buscando que les tocara algo del asedio de chicas que sufrí de forma más o menos intermitente. Con dos de ellos llegué a llevarme muy bien. Incluso compartimos piso y no me pusieron el cuchillo en el pecho cuando algún mes me veía imposibilitado de pagar el alquiler. Claro que siempre esperaban que trajera algunas chicas liberales al piso. Daban por hecho que las compartiría con ellos, los amigos están para eso. Pero no hubo mucha oportunidad de compartir nada porque las chicas me llevaban a sus cuartos, apenas se enteraban de que no vivía solo en el piso. Cuando comencé a ganar dinero con Lily les traje algunas chicas, empleadas de Lily o prostitutas de la calle a las que pagaba de mi bolsillo, con la condición de que se hicieran pasar por mujeres liberales buscando un buen polvo. Suelo ser agradecido con quienes me tratan bien y ellos fueron buenos conmigo. Nunca lo supieron, eran tan tontos para estas cosas que hasta hubiera podido hacer pasar a una profesional, de larga trayectoria, por una chica virgen.

 

Más tarde, cuando monté mi propio negocio, me hice con empleados a mi gusto, algunos de los cuales llegaron a ser buenos amigos (no sabían nada de mi pasado) y algunas empleadas fueron mis amantes a temporadas. Pero amigos, lo que se dice amigos, nunca tuve tantos que pudiera permitirme el lujo de no contestar a sus llamadas. Por eso aprecio tanto a mi amiga Anabel. Es una mulata de curvas tropicales, alegre como unas castañuelas, de piel suave como la piel del melocotón y tan parlanchina como un loro en estado de gracia. Es hermosa, muy hermosa, aunque lo más atractivo para mi sea su buen ánimo. Es difícil verla sumida en la melancolía o hablando de tragedias de la vida. Su vitalidad podría hacer regresar y enfrentar al enemigo a todo un ejercito derrotado. Y le gusta hablar, mucho, y que yo sacie sus curiosidades de todo tipo, culturales, sobre los hombres, sobre la vida en general.

 

Anabél fue mi maestra en posturitas del Kamasutra. A pesar de su físico rotundo tiene una curiosa flexibilidad. Parece ser que fue atleta o gimnasta en su juventud aunque a ella no le gusta hablar mucho de su pasado. Ha sido Lily quien me tuvo que contar gran parte de su historia, que dejo para otra ocasión. Lo pasamos muy bien durante mi aprendizaje, nos reímos mucho. Ella tiene un especial vocabulario para casi todo y en concreto para denominar  cada una de las posturitas coitales que dos cuerpos pueden adoptar (creo que son casi infinitas, todo depende de la flexibilidad del cuerpo y de las ganas de hacer el contorsionista). Después de haber comenzado mi vida profesional Anabél solía llamarme de vez en cuando. Salíamos juntos, como dos novios, y ella hablaba de lo humano y lo divino. Me hacía incontables preguntas y se reía con mis salidas de tono, mis humoradas. Nos hicimos excelentes amigos sin perjuicio de acabar en la cama si nos apetecía y no estábamos muy cansados de nuestros respectivos ajetreos. Anabél tiene una historia trágica, terrible, otra en su lugar estaría cazando hombres como algunos cazan patos o tiran al plato. Yo hubiera cogido la escopeta y me hubiera situado en cualquier punto de la geografía urbana para cazar hombres, sin distinción.

 

Sin embargo ella parece habérselo tomado con mucha filosofía. Apenas menciona el tema y sus especiales dotes de hacerse con los hombres más raros y violentos hicieron que Lily la encargase especialmente de sus "pervertidos". Esto no significa que sea una experta en sadomasoquismo. Lily ya tiene sus profesionales para este género sexual que tan poco le gusta a ella. Sin embargo hay otros "pervertidos" más inocuos, en el fondo unos pobres hombres, que necesitan "cuidados" especiales que Anabél es capaz de prodigar como una madraza. Conociendo su pasado me resultó sorprendente esta conducta, la de una especie de enfermera de guerra, violada por soldados, que ahora se dedicara a curar las heridas más repugnantes causadas por la batalla. Con el tiempo comprendí que la psicología femenina es todo un universo inexplorado, donde hay tantos mundos distintos, que un hombre no llegará a conocerlos nunca en su totalidad. Me quedé con la conclusión, que a mi me pareció lógica, de que en el fondo Anabél disfrutaba viendo a los hombres a sus pies, esclavos de sus propias debilidades. Sus miserias aliviaban su alma atormentada. Las pocas veces que intenté explicarle mi teoría me cortó con una sonrisa y cambió de tema. No pierdo la esperanza de conocer algún día el "secreto" de Anabél.

 

En nuestras largas charlas tocábamos todos los temas, sin dejar de lado los avatares de nuestras respectivas vidas profesionales. Ella no se molestaba por los detalles de mis coitos a pesar de haber creído notar un especial afecto por su parte en nuestros encuentros amorosos. Y siempre supuso que a mi tampoco me afectaban los detalles íntimos de las historias que me contaba. Así comenzó a darme noticia de "sus pervertidos" cuando me notaba bajo de forma, como necesitado de reírme un rato. Confieso que le pedí a Lily las grabaciones de Anabél y las visualicé todas. Lily nos grababa a todos, incluso a mí aunque no me lo dijera hasta que la forcé a decirme la verdad. La historia de las grabaciones es demasiado larga para sacarla a relucir en este momento. A mi me mantuvo engañado un tiempo haciéndome creer que solo grababa a los clientes "especiales", por si algún día necesitaba utilizar el chantaje como defensa ante situaciones sin salida. En realidad nos grababa a todos, clientes y profesionales, y todo el tiempo que permanecíamos en sus casas. Lily era una voyerista de mucho cuidado, una verdadera adicta, no solo en cuanto a la práctica del sexo, sino que le gustaba saber todo de todo el mundo. Me refiero a lo más íntimo. Hubiera puesto sistemas de grabación hasta en los ministerios, las presidencias de gobierno y cuarteles de todo el mundo, si la hubieran dejado.

 

Yo mismo me contagié un poco de esta afición. Gracias a Lily y a Nerea me hice un adicto a los videos, las fotos y las grabaciones de conversaciones íntimas. Estoy seguro de que Anabél me hubiera dado permiso para grabar sus charlas si se lo hubiera pedido, pero me pareció más excitante hacerlo sin que ella lo supiera. Me compré una buena grabadora japonesa de bolsillo y la enchufaba cada vez que iniciaba alguna de sus historias. La del pajarito cantor es una de las más divertidas, al tiempo que de las más mezquinas, miserables y repugnantes que me contó.