DIARIO DE UN GIGOLÓ: LIBRO I eBook : GARCIA CIMADEVILLA, CESAR: Amazon.es: Tienda Kindle
A cargo de Slictik, escritor autodidacta y coordinador en Internet durante más de cinco años de un taller de creación de personajes humorísticos: “El hotel de los disparates”.
miércoles, 17 de diciembre de 2025
sábado, 4 de octubre de 2025
LOS PERVERTIDOS DE ANABEL VI
"Se
masturbaba al levantarse, luego se rozaba en la misa, iba al servicio después
del desayuno y allí permanecía un buen rato hasta que sonaba el timbre para
empezar las clases. Si veía, por casualidad, a una chica de la lavandería,
colgando ropa en los tendederos que habían instalado para este menester cerca
de la huerta, se arrastraba como un soldadito en el frente, para evitar ser
visto por los curas y castigado duramente, y trataba a toda costa de ver las
braguitas de la joven. Algo no muy difícil puesto que con el ajetreo de doblar
la cintura para coger las prendas de ropa del balde, luego estirarse hasta
alcanzar la cuerda y colocar las piezas de ropa, más de una vez le quedaban los
muslos al aire.
"Zoilín
tenía una imaginación tan calenturienta que se iba antes de llegar a quitarle,
en su fantasía, las braguitas a la chica. Esto le obligó a llevar dos y tres
calzoncillos bajo los pantaloncitos cortos, con el fin de que no traspasara al
exterior el líquido pecaminoso. Uno de los secretos que más le costó babear
sobre los pechos de Ani fue precisamente éste, que llevaba pañales
habitualmente. Tan pronto soltó este secreto comenzó a gemir como una monjita
en Semana Santa. Me puso hasta los pezones de lágrimas y babas. Tuve que
consolarlo como pude o se me hubiera muerto de vergüenza entre los pechos.
Aquí
interrumpo o hago un pequeño paréntesis en la narración que Anabel nos hace por
mi boca, para hacer un apunte de erudición sexológica. Cuando escuché esta
historia de sus labios lo primero que pensé fue que ella me tomaba el pelo,
exagerando un simple caso de eyaculación precoz. O bien Zoilín era un
avispadillo que se estaba quedando con ella contándole historias propias de un
Decamerón moderno o bien su patología no estaba recogida en los libros de medicina.
No sería hasta años más tarde, viendo en la televisión por cable un
sorprendente documental, cuando comprendí que tal vez su caso no fuera tan
sorprendente. En aquel documental se narraba la triste historia de al menos una
cincuentena de mujeres que padecían un misterioso síndrome del que no recuerdo
ahora el nombre. Eran multiorgásmicas hasta tal punto que se pasaban el día
sufriendo orgasmo tras orgasmo. ¡Quién lo pillara!, pensaremos todos los
machos. Pero aquella era una auténtica enfermedad, una patología que convertía
la vida de aquellas mujeres en un verdadero infierno.
Cada una de
ellas lo llevaba a su manera. Casi todas necesitaban masturbarse constantemente
o hacer el amor. Solo así se les pasaba el terrible agobio. Otras no podían
sufrir que el marido las tocara ni un pelo y dormían solas, con su marido en la
cama de alguno de los hijos. Creyéndose unas auténticas monstruosidades o estar
poseídas por Satanás, ninguna de ellas se atrevía a comentar su problema con
nadie, ni con sus parejas. Una de las protagonistas del documental manifestaba
su alivio cuando en una página de Internet descubrió que no estaba sola en este
infierno multiorgásmico. Al menos otras cincuenta comentaban sus casos en dicha
página. El tratamiento no era precisamente fácil. Los profesionales de la
medicina no entendían de dónde surgía aquella patología y dejaban en manos de
la medicina naturista o alternativa la solución al problema.
Algunas
encontraron un cierto alivio en terapias alternativas y cuando lograron pasarse
algunos días sin el agobio del orgasmo perpetuo manifestaron la felicidad que
suponía no estar siempre pendientes de satisfacer una necesidad tan perentoria
que no admitía dilación. El problema subsistió y otro enigma de la medicina
moderna quedó en el aire. No eran ninfómanas, sencillamente algo les sucedía a
sus cuerpos que provocaban orgasmo tras orgasmo, en una sucesión de placer que
al prolongarse en el tiempo se transformaba en algo odioso.
Nuestro
protagonista debió de padecer algo parecido. Sus constantes eyaculaciones y
orgasmos debieron amargar su vida de la misma forma que les sucedía a estas
mujeres. Creyéndose un monstruo no es extraño que no hablara de ello con nadie
y cuando encontró en Anabel la confidente ideal no sorprende que se hiciera un
adorador suyo y tuviera un papel tan importante para salvar a Lily de sus
secuestradores. Lo hizo en atención al cariño y comprensión recibido de Ani y
logró facilitarnos a todos una salida, aunque en ello se le fuera la vida.
Nadie es más agradecido que quien creyéndose un monstruo encuentra una persona
comprensiva que sabe tratarlo con humanidad. Su agradecimiento será eterno.
Pero esta es otra historia que ya llegará en su momento. Ahora sigamos con la
historia de Anabel.
"Zoilín
es pequeñito, poquita cosa, casi un enano, muy delgadito y con cabeza alargada
y pepinuda. Tendrías que haberlo visto, Johnny, desnudo y encogido como un
fetillo, arrimadito a mi costado y con las narices soltando mocos, donde se
había refugiado tras sollozar como un bebé sobre el canalillo de mis pechos.
Sentí su deseo de regresar al vientre materno y desaparecer de la vida. Debió
de darse cuenta de lo mucho que estaba mostrando sus sentimientos porque se
volvió hacia el otro lado de la cama y dándome el culo se encogió y allí se
quedó durante varias horas, como muerto, sin mover un músculo.
"Daba
pena, Johnny, cariño. A mi se me deshizo algo muy dentro y solté el trapo.
Luego me quedé dormida. Cuando desperté Zoilín no dejaba de dar vueltas por la
habitación, desnudo, como un leoncillo enjaulado. De pronto se puso a gritar y
blasfemar, maldiciendo de lo alto por haberle hecho un monstruito del que huían
todas las mujeres. La naturaleza le había dado un pequeño flautín que apenas
servía para dar una nota y en cambio le puso para alimentarlo unas inmensas
pelotas que se pasaban las horas
frabricando espermatozoides que salían disparados en cuanto veían una
mujer. Se pasaba los días y las noches salido como un mono, masturbándose o
dejando que su pollita se estirara y soltara la carga en el momento más
inoportuno.
"Era un
castigo infernal. Si al menos hubiera salido guapo del vientre materno. Gritaba
con su voz de pito. Entonces me pasaría las horas follando con las mujeres más
hermosas y no como ahora, yéndome en el pañal, que no me llega el sueldo para
tanto dodotis. Por fin se calmó. Regresó al lecho y hundió de nuevo su pepino
entre mis pechos. Ya más calmado yo le pasaba la mano por el cogote, al tiempo
que pensaba en ti, Johnny. Pensaba que si la naturaleza te hubiera dado las
pelotas de aquel hombrecillo serías el enemigo público número uno. Y encima no
irías a la cárcel, porque las mujeres se arrojarían sobre tus pelotas como una
pantera hambrienta sobre un corderillo.
domingo, 10 de agosto de 2025
LOS PERVERTIDOS DE ANABEL V
EL PARAJITO CANTOR/ CONTINUACIÓN
Sabes bien
Johnny cómo me gustan tus espermatozoides, me los como cruditos y aun soy capaz
de degustar ese delicioso sabor a pescado. Pero aquella vez casi vomito. Sin
decir nada salí corriendo para el servicio y allí me lavé la boca, luego me
enjuagué con un colutorio y vomité en seco. Tardé unos minutos en recuperarme.
Al volver él me estaba esperando con la sonrisa de oreja a oreja. ¿Por qué no
te habré encontrado antes? Me dijo sin ninguna ironía. Creo que tú y yo vamos
a ser muy buenos amigos. Me pidió que me quitara la braguita y me echara a su
lado. Me estuvo magreando el sexo con sus deditos hasta que notó que me ponía
cachonda. Sabes que basta con que una hormiguita me hurgue allí abajo para que
me ponga como una loca. El se dio cuenta de que sus manipulaciones me gustaban
mucho y siguió con ellas hasta conducirme al orgasmo. Sabía hacerlo bien el
pequeño demonio. Imagino que de alguna manera tenía que contentar a sus parejas
aunque no creo que una profesional de la calle le consintiera algo así.
Debieron reírse mucho del pobrecillo. ¿No crees Johnny?
"Te
confieso Johnny que lo pasé muy bien aquella noche. Zoilín me trabajó bien con
los dedos. Era una lástima porque si ponía el bigote no le llegaba la boca. Me
hacía muchas cosquillas. Era agradable jugar con su cosita aunque no logré que
me pasara de los labios. Solo la vez que le unté la pilila logré notar su presencia
dentro. Era como una hormiguita juguetona y agradable. Se sirvió una copa y se
puso enseguida contento. No soportaba muy bien el licor. Me estuvo contando
cosas que sabía de grandes hombre y que podían hacer caer castillos. Lo creí
todo. Zoilín no era un mal chico aunque cuando se ponía a soltar trapitos
sucios se le cambiaba la cara, algo verdaderamente desagradable.
"Le serví una segunda copa y entonces ya no se contuvo. Todas sus fantasías sexuales salieron a relucir. Con quién le gustaría hacérselo y cómo. Los cotilleos sobre famosos que aparentaban ser muy machos y eran maricas. Quién era quién en la cama y cómo las mujeres son siempre mejores folladoras que los hombres cuando se ponen a ello. Me divertí mucho, aunque tuve que morderme la lengua varias veces para no reírme en su cara.
Aquí se interrumpió Ani. Sus historias eran a menudo tan largas que necesitaba varios días para rematar la faena. Recuerdo que aprovechando una de nuestras noches libres semanales la invité a cenar y a un dansing en una discoteca, donde se había puesto de moda la salsa y otros ritmos caribeños. No soy un gran bailongo, pero quise animar a esta dulce mulata que entonces pasaba por una de sus rachas de melancolía e introversión. A ella sí le encantaba el baile, más que nada en el mundo, a excepción del sexo. Aceptó entusiasmada. Escogió un restaurante mexicano porque le apetecía comer algo picante y allí, mientras nos metíamos entre pecho y espalda un plato de chili con carne que era puro fuego (lo mitigábamos con copitas de ron que no hacían sino intensificarlo) decidió seguir contándome la historia de Zoilín. Disimuladamente enchufé la grabadora y la escondí bajo una servilleta aprovechando una de sus ausencias para ir al servicio (el picante parecía acentuar sus necesidades mingitorias).
¡Verlo para creerlo!, que diría el otro. Nunca imaginé que existieran hombres así. Salidos de madre,sí, naturalmente; impotentes, claro; eyaculadores precoces, a montones, pero como Zoilín ninguno. Era un caso excepcional en todos los sentidos. Anabel se transformó durante un tiempo en su mamá. El se encontraba tan entusiasmado como un infante con mamá nueva. Era cariñoso, discreto, delicado y generoso (sus regalos eran de poco valor, pero de muy buen gusto). Aparte de estas bellas cualidades Zoilín exhibió tal sinceridad que hasta Lily se hizo cruces cuando Anabel le contó las confidencias que aquel pervertido compartía con ella en horas de lecho y cháchara.
Los secretos de Zoilín abochornarían hasta al mismo Satanás, que no teme el ridículo con tal de ganar almas para su causa. La propia Ani me lo contaba con la reticencia que hubiera puesto en hablarme de la desverguenza de algún hermano o familiar muy cercano. Ya a los postres, muy relajados e intentando hacer la digestión de la cena, Anabel se lanzó a contarme el resto de la historia que yo paso a contarles con mi propio estilo.
"Zoilín gustaba de colocar su cabecita de pepino sobre mis pechos tan pronto como se le disparaba la pilulita, que era casi siempre al tocar mi chumino. En raras ocasiones logró meter el gatito en la cueva. Así puesto cerraba los ojillos de aprendiz de demonio y me contaba su vida de pe a pa.
"Procedía de una familia numerosa -sus papás creían que cuantos más hijos tuvieran más los bendecía Dios- que fue bendecida con un indiano, su bisabuelo, que regresó, con una gran fortuna, al país de donde saliera con una mano delante y otra detrás. Con semejante fortunón no es extraño que se pasaran las noches buscándose las cosquillas.
"Zoilín era el mediano de doce hermanos, la mitad machos. Ya de niño era tan enclenque y feo que sus propios hermanos se burlban de él, haciéndole objeto de las mayores perrerías. Lo que le llevó a suplicar a su padre para que lo mandara como aprendiz de cura a un seminario. Allí llegó un buen día, para alivio de todos sus hermanos y progenitores. Eligieron un lugar lejano, en el norte, donde no se veía el sol y la melancolía se te metía por el pecho hasta el fondo del alma.
"El sufrió de melancolía hasta que el azar le descubrió que el pequeño pito servía para otra cosa, aparte de para mear a escondidas porque no le vieran sus compañeros y se burlaran de aquel regalo envenenado que le hizo la naturaleza. Si bien era diminuto cantaba sin parar, como un jilguerito alegre que saludara a la vieda desde el alba al ocaso, e incluso en sueños, pues siempre se despertaba tieso y con muchas ganas de pitar. La naturaleza le había provisto con flautín de impúber pero con huevos de avestruz que fabricaban leche merengada para surtir una ciudad.
sábado, 26 de julio de 2025
LOS PERVERTIDOS DE ANABEL IV
EL PAJARITO CANTOR/CONTINUACIÓN
-Se quedó en casa una semana. Yo llegaba del
trabajo y le ponía más bálsamo. Le daba de comer y cambiaba su bolsa con hielo.
Zoilín no se podía mover del dolor. Permanecía todo el día en la cama con las
partes pudendas al aire porque no soportaba la ropa. Lloró lo que quiso y no
paraba de agradecerme los desvelos. Para compensarme me contó las historias más
sórdidas que conocía y eran muchas. Algún día te contaré alguna de ellas.
Recuérdamelo Johnny.
domingo, 20 de julio de 2025
LOS PERVERTIDOS DE ANABEL III
Zoilín, tomado por la pichulita, se transformó en un auténtico esclavo de Lily. Por lo
visto hizo para ella cosas que solo Gervasio, el viejo amante y ahora jefe de
matones, de mi cada vez más sorprendente celestina, aceptó ejecutar, aunque de
otro calibre, ustedes me entienden. Sentía tal debilidad por Anabél que narraba
a su oreja los más mezquinos secretos de su miserable vida. Creo que mi dulce
Ani era la mujer mejor informada del país sobre las intimidades de famosos y
famosetes de poca monta que ya empezaban a prepararse para la maratón.
El primer
encuentro entre ambos tuvo más parecido con una película del viejo cine mudo
que con un video porno. Las carreras de Zoilín no hubieran podido ser grabadas
ni por una cámara rápida. ¿Era tan poca cosa para Lily que nunca le dejó
utilizar sus potingues?. Le pregunté asombrado a mi amiga. ¿Nunca le habló de
sus remedios milagrosos?. Nuestra patrona no era tonta, me respondió, si curaba
a Zoilín se quedaba sin su más preciado recadero. Pero era de esa manera como
le tenía más cogido de las pelotas. No entiendo su astucia, Ani. Sabes que los
potingues eran muy caros y solo los dispensaba a grandes clientes. De todas
formas no era el dinero lo que podía preocuparla, sino que llegara a curarse de
su eyaculación precoz. Entonces ya no dependería de ella para satisfacer sus
necesidades sexuales. Zoilín era un chantajista nato, se hubiera acostado con
bellas mujeres a cambio de guardar secretos. No lo hizo nunca porque sentía
pánico de que descubrieran su debilidad.
-Lily nunca
le suministró sus elixires, pero a mi me dio pena, ya sabes como soy -siguió
contándome Ani- y le facilité las migajas de un tarrito que había utilizado con
un buen cliente. Dio resultado, cómo no iba a darlo. Zoilín aguantó más tiempo
del que su delirante fantasía hubiera podido nunca imaginar. Lo pasamos muy
bien aquella noche y el se sintió tan agradecido que lloró a moco tendido sobre
mis pechos. Me dijo que desde aquel momento yo era más que su madre -ya lo
llevaba siendo hacía tiempo,jaja- y que podía pedirlo lo que quisiera. ¿Y qué
le pediste?. De momento nada pero luego aproveché sus servicios para acostarme
con un famoso actor de cine, de visita en España. Pero a lo que iba. Se marchó
más bien tarde al día siguiente de la casa número cinco, ya la conoces, me besó
y me dijo las palabras más dulces que he oído en mi vida. En la puerta del taxi
se dio la vuelta para despedirse y pude ver que lloraba como un bebé. Todo
parecía ir de perlas cuando al día siguiente me llamó a casa, había conseguido
sacarme el teléfono con sus carantoñas y lloros, para explicarme que aquellas
pomadas le producían alergia. Tenía el bajo vientre lleno de ronchones, de
granos que a cada minuto aumentaban de tamaño, se le caían las postillas sobre
su pilulita que aparecía hinchada y tumefacta, con muy mal aspecto. La tenía
completamente roja, lo mismo que sus huevos de avestruz, jaja, y no podía ni
darse bálsamo bebé porque saltaba del dolor.
Es una pena
que no pueda transcribir el lenguaje caribeño de Anabel porque la gracía que
tenía al narrar este episodio podría hacerles llorar de risa. Es cierto que
tengo sus grabaciones pero ustedes no pueden oirlas y la mera transcripción
mecanográfica les quitaría todo su sabor dulzón y salsero.
-Me pidió
permiso para venir a casa, continuó Anabel muerta de risa. Se bajó los
pantalones y me enseñó el estropicio. Tuve que hacer un gran esfuerzo para
controlarme porque se me estallaba la risa por todos los poros. Aunque bien
mirado no era precisamente para reirse. Daba verdadera pena el pobre Zoilín. Se
dejó poner un poco de bálsamo y lloró como un niño mientras mis manos hurgaban
en su cosita. Le dije que no podíamos dejarlo así. Llamaría al doctor, que Lily
tiene siempre de guardia, por si surgen emergencias y él encontraría la forma
de que al menos no le doliera tanto. Chilló de miedo y se puso de rodillas para
suplicarme que no lo hiciera. Si Lily se enteraba podría ordenar matarle. Le
contesté que no era para tanto, que nuestra patrona era una buena mujer y se
apiadaría de él. No me lo consintió. Yo no sabía si morirme de risa o de
lástima. Allí, de rodillas, con todo al aire, parecía un bufón de corte, de
esos que tú me contabas Johnny.
Pensé que era
una lástima que Lily no hubiera puesto un sistema de grabación también en casa
de Anabel. En ese momento se me ocurrió que hasta eso era posible. Tendría que
mirar las grabaciones una por una. Aún no había inventariado la herencia de mi
patrona. ¿Y cómo solucionaste el problema?. Pregunté con cara de risa.
lunes, 7 de octubre de 2024
LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL II
LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL II
Zoilo Gutierrez, Zoilín, como era conocido en la profesión, era un hombrecillo de unos cuarenta años, tan bajito que un mal pensado hubiera imaginado lo pequeño que debería ser el instrumento que tenía entre las piernas. Y así era. En cambio las dos pelotas que acompañaban al pequeño instrumento musical bien hubieran podido ser huevos de avestruz. A pesar de una operación realizada durante su estancia en París, lo cierto es que daba miedo contemplar lo que tenía entre las piernas. Estaba tan obsesionado con «este regalo de la naturaleza», que buscó toda clase de soluciones (hasta se puso en manos de un cirujano plástico para alargar su pene y a punto estuvieron de cortárselo, debido a una infección con el resultado que aún le quedó más pequeño y las pelotas igual de grandes). Tenía cara de mala leche y un bigote casi más grande que su cara. Zoilín se dedicaba a la prensa del corazón. En aquellos años no era lo que con el tiempo ha llegado a ser, aunque ya se adivinaban las monstruosidades de la criatura en cuanto creciera un poco.
Zoilín se dedicaba a las tareas más sucias e ingratas: esparcir rumores sin fundamento, espiar por cuenta de unos y de otros y lo más mezquino de todo, escribía los sueltos incensando a los famosos que pagaban previamente el incienso y lo que hiciera falta. Sus trapacerías de rata cloaquera le llevaron a callejones sin salida en los que a punto estuvo de perder la vida. Lily se enteró de que andaban tras él (Lily se enteraba de casi todo) y decidió ayudarle con la intención de ponerlo a su servicio. Mandó a Gervasio, su guardaespaldas de toda la vida y jefe de su «servicio de seguridad privado», a echarle un cable. Lo escondieron hasta que pasó la tormenta y luego Lily habló con él largamente. De esta forma Zoilín, sin dejar de ser reportero intrépido en asuntos del cuore, se hizo más precavido y asumió otras funciones secretas. Espiaba para Lily las debilidades de los famosos y de esta manera se pudo hacer con alguna famosilla dispuesta a vender su cuerpo para mi querida celestina, a cambio de un módico precio, ustedes me entienden. También soplaba a la oreja de los más lujuriosos dónde podían encontrar la horma adecuada para su instrumento. Esparcía los rumores que le interesaban a Lily, espiaba como un auténtico profesional y creo que hasta llegó a grabar escenas de camas de los personajes que más morbo producían en su dueña. Era un submundo cloaquero del que solo me enteraría a la muerte de la más grande estrella del negocio erótico de todos los tiempos. En su diario se recogían con todo detalle estos tristes episodios.
Zoilín a cambio de tanto trabajo recibía de Lily un abundante pago en especie, sin restricciones. Se acostaba con las pupilas de mi amada celestina, o sea mis compañeras de catre, con el único requisito de concertar previamente la cita cuando no hubiera mucho trabajo de campo. Se acostó con todas y hasta puede que con alguna menor que Lily pidió prestada de otros negociantes del sexo para pagar favores extremos. Ni siquiera la que fuera mi angel del sexo menciona estos detalles en su diario, pero Anabél me confió, a la muerte de su patrona, que a pesar del asco que Lily sentía por involucrar a menores en el negocio del sexo, puede que llegara a utilizarlos como armas en alguno de sus momentos más apurados. Aquello me desagradó profundamente y la hubiera abandonado de enterarme, antes de su muerte, cuando accedí al diario que guardaba en su caja fuerte. El sexo para mi es placer, no un comercio en el que todo vale, un instrumento para alcanzar el poder o la forma de satisfacer las perversiones más repugnantes del ser humano a cambio de dinero.
Zoilín se cansó pronto de todo puesto que no encontraba remedio a sus desgracias. Se cachondeaban de su pililita, de sus huevos de avestruz y de la rapidez con que se empalmaba y regaba lo que tuviera más a mano. Era uno de los eyaculadores precoces más rápidos en la historia del Oeste erótico. Curiosamente no sufría de impotencia, rara vez dejaba de empalmarse a la vista de una escena excitante. Pero esta debilidad que ningún tratamiento pudo curar le hacía desear más el divertimento «de visu» que la penetración. Pocas veces lo lograba y en estas pocas rara vez pasaba de los diez segundos, ese era su record de inmersión en profundidades. Cuando descubrió que Anabél no solo era incapaz de reírse de su «desgracia» sino que resultaba maternal, complaciente y dispuesta a satisfacer sus caprichos, se la adjudicó casi en exclusiva. Durante un tiempo Lily le dejó a mamá Anabél para que lo cuidara como a un niñito desgraciado. Luego le quitó a su mamá, reservándola como regalito precioso cuando el niño era bueno.
domingo, 4 de agosto de 2024
LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL I
LOS PERVERTIDOS DE ANABÉL
I
EL PAJARITO CANTOR
Anabel es mi
mejor amiga. No quiero decir con ello que entre nosotros no haya sexo, que lo
hay y del bueno, sino que nos sentimos así, amigos que pueden charlar durante
horas, preparar una buena cena para invitar al otro o simplemente ir al cine o
pasear por un parque. No tengo muchos amigos, más bien pocos. Un gigoló no nace
precisamente para la amistad. Le ordeñan el sexo y si te he visto no me
acuerdo. Claro que mi caso es un poco especial. Johnny sabe hacerse con sus
clientas, que suelen repetir y gustar de una buena charla amistosa, pero no hay
gran cosa fuera del sexo. Lily fue un caso muy especial y Marta el amor
imposible que todos pasamos una vez en la vida, como el sarampión. He tenido
muy buenas clientas a las que en algún momento consideré mis amigas. Aunque soy
consciente de que la amistad me ha sido vedada por la vida, para equilibrar el
plato de la balanza, pleno de placer sexual.
Durante mi
adolescencia tuve los amigos que todos tenemos a esas edades, compañeros de
colegio y de juegos. En la universidad algunos compañeros se arrimaron a mi
buscando que les tocara algo del asedio de chicas que sufrí de forma más o
menos intermitente. Con dos de ellos llegué a llevarme muy bien. Incluso
compartimos piso y no me pusieron el cuchillo en el pecho cuando algún mes me
veía imposibilitado de pagar el alquiler. Claro que siempre esperaban que
trajera algunas chicas liberales al piso. Daban por hecho que las compartiría
con ellos, los amigos están para eso. Pero no hubo mucha oportunidad de
compartir nada porque las chicas me llevaban a sus cuartos, apenas se enteraban
de que no vivía solo en el piso. Cuando comencé a ganar dinero con Lily les
traje algunas chicas, empleadas de Lily o prostitutas de la calle a las que
pagaba de mi bolsillo, con la condición de que se hicieran pasar por mujeres
liberales buscando un buen polvo. Suelo ser agradecido con quienes me tratan
bien y ellos fueron buenos conmigo. Nunca lo supieron, eran tan tontos para
estas cosas que hasta hubiera podido hacer pasar a una profesional, de larga
trayectoria, por una chica virgen.
Más tarde,
cuando monté mi propio negocio, me hice con empleados a mi gusto, algunos de
los cuales llegaron a ser buenos amigos (no sabían nada de mi pasado) y algunas
empleadas fueron mis amantes a temporadas. Pero amigos, lo que se dice amigos,
nunca tuve tantos que pudiera permitirme el lujo de no contestar a sus
llamadas. Por eso aprecio tanto a mi amiga Anabel. Es una mulata de curvas
tropicales, alegre como unas castañuelas, de piel suave como la piel del
melocotón y tan parlanchina como un loro en estado de gracia. Es hermosa, muy
hermosa, aunque lo más atractivo para mi sea su buen ánimo. Es difícil verla
sumida en la melancolía o hablando de tragedias de la vida. Su vitalidad podría
hacer regresar y enfrentar al enemigo a todo un ejercito derrotado. Y le gusta
hablar, mucho, y que yo sacie sus curiosidades de todo tipo, culturales, sobre
los hombres, sobre la vida en general.
Anabél fue mi
maestra en posturitas del Kamasutra. A pesar de su físico rotundo tiene una
curiosa flexibilidad. Parece ser que fue atleta o gimnasta en su juventud
aunque a ella no le gusta hablar mucho de su pasado. Ha sido Lily quien me tuvo
que contar gran parte de su historia, que dejo para otra ocasión. Lo pasamos
muy bien durante mi aprendizaje, nos reímos mucho. Ella tiene un especial
vocabulario para casi todo y en concreto para denominar cada una de las posturitas coitales que dos
cuerpos pueden adoptar (creo que son casi infinitas, todo depende de la
flexibilidad del cuerpo y de las ganas de hacer el contorsionista). Después de
haber comenzado mi vida profesional Anabél solía llamarme de vez en cuando.
Salíamos juntos, como dos novios, y ella hablaba de lo humano y lo divino. Me
hacía incontables preguntas y se reía con mis salidas de tono, mis humoradas.
Nos hicimos excelentes amigos sin perjuicio de acabar en la cama si nos
apetecía y no estábamos muy cansados de nuestros respectivos ajetreos. Anabél
tiene una historia trágica, terrible, otra en su lugar estaría cazando hombres
como algunos cazan patos o tiran al plato. Yo hubiera cogido la escopeta y me
hubiera situado en cualquier punto de la geografía urbana para cazar hombres,
sin distinción.
Sin embargo
ella parece habérselo tomado con mucha filosofía. Apenas menciona el tema y sus
especiales dotes de hacerse con los hombres más raros y violentos hicieron que
Lily la encargase especialmente de sus "pervertidos". Esto no
significa que sea una experta en sadomasoquismo. Lily ya tiene sus
profesionales para este género sexual que tan poco le gusta a ella. Sin embargo
hay otros "pervertidos" más inocuos, en el fondo unos pobres hombres,
que necesitan "cuidados" especiales que Anabél es capaz de prodigar
como una madraza. Conociendo su pasado me resultó sorprendente esta conducta,
la de una especie de enfermera de guerra, violada por soldados, que ahora se
dedicara a curar las heridas más repugnantes causadas por la batalla. Con el
tiempo comprendí que la psicología femenina es todo un universo inexplorado,
donde hay tantos mundos distintos, que un hombre no llegará a conocerlos nunca
en su totalidad. Me quedé con la conclusión, que a mi me pareció lógica, de que
en el fondo Anabél disfrutaba viendo a los hombres a sus pies, esclavos de sus
propias debilidades. Sus miserias aliviaban su alma atormentada. Las pocas
veces que intenté explicarle mi teoría me cortó con una sonrisa y cambió de
tema. No pierdo la esperanza de conocer algún día el "secreto" de
Anabél.
En nuestras
largas charlas tocábamos todos los temas, sin dejar de lado los avatares de
nuestras respectivas vidas profesionales. Ella no se molestaba por los detalles
de mis coitos a pesar de haber creído notar un especial afecto por su parte en
nuestros encuentros amorosos. Y siempre supuso que a mi tampoco me afectaban
los detalles íntimos de las historias que me contaba. Así comenzó a darme
noticia de "sus pervertidos" cuando me notaba bajo de forma, como
necesitado de reírme un rato. Confieso que le pedí a Lily las grabaciones de
Anabél y las visualicé todas. Lily nos grababa a todos, incluso a mí aunque no
me lo dijera hasta que la forcé a decirme la verdad. La historia de las
grabaciones es demasiado larga para sacarla a relucir en este momento. A mi me
mantuvo engañado un tiempo haciéndome creer que solo grababa a los clientes
"especiales", por si algún día necesitaba utilizar el chantaje como
defensa ante situaciones sin salida. En realidad nos grababa a todos, clientes
y profesionales, y todo el tiempo que permanecíamos en sus casas. Lily era una
voyerista de mucho cuidado, una verdadera adicta, no solo en cuanto a la
práctica del sexo, sino que le gustaba saber todo de todo el mundo. Me refiero
a lo más íntimo. Hubiera puesto sistemas de grabación hasta en los ministerios,
las presidencias de gobierno y cuarteles de todo el mundo, si la hubieran
dejado.
Yo mismo me
contagié un poco de esta afición. Gracias a Lily y a Nerea me hice un adicto a
los videos, las fotos y las grabaciones de conversaciones íntimas. Estoy seguro
de que Anabél me hubiera dado permiso para grabar sus charlas si se lo hubiera
pedido, pero me pareció más excitante hacerlo sin que ella lo supiera. Me
compré una buena grabadora japonesa de bolsillo y la enchufaba cada vez que
iniciaba alguna de sus historias. La del pajarito cantor es una de las más
divertidas, al tiempo que de las más mezquinas, miserables y repugnantes que me
contó.





