¿Sabes Johnny? Me gustaría que me hicieras la
pasarela, a ver si me caliento un poco... ¡Muévete un poco por la habitación! Así...así...eso
es. Actúa como si estuvieras cachondo y no pudieras resistir más el encanto de
tu cliente, en este caso, muá. A ver, a ver, la incitas para que te
toque. Ahora enséñame el culo. Eso es. Tienes un culito delicioso, muy prieto.
Me gusta. Ahora acércate, deja que te toque la polla. ¡Lo haces muy
bien! De primera, como a mí me gustan. ¿Sabes querido? A los buenos clientes
les hago una mamada. No me gusta y menos que escupan esa viscosidad asquerosa,
que huele a pescado, en la boca, pero si dejan una buena propina, ¿por qué no?
Por dinero se hace de todo. ¿No crees, Johnny?
Yo no lo creía. Nunca haría lo que no me gustara, ni
por dinero ni por nada. Soy muy mío para estas cosas. Empezaba a darme cuenta
de por dónde iban los tiros y no me gustaba nada. O se disfruta con el sexo o
mejor dejarlo.
-Mira, cariño, tu no me vas a dar propina, pero te
voy a hacer una mamada gratis. Por Lily, que me ha pedido que te lo enseñe todo
y yo por Lily hago cosas que no haría por nadie. Y porque me gusta tu polla. Es
ideal. ¿Sabes?
Era pija hasta decir basta y me estaba repateando su
patética actuación. Pero cuando se metió al pequeño Johnny en la boca éste se
olvidó de todo. Sabía hacer una buena mamada. Tenía la técnica adecuada y
parecía que hasta ganas. Iba a retirarse cuando hundí su cabeza entre mis
piernas. Quería correrme en su boca, pero ella forcejeaba por librarse, así que
la dejé a su aire.
-No debes hacer eso, cariño. A los clientes no les
gusta que les fuerces. Que les lleves con suavidad sí, pero si les impones algo
que no les gusta, te quedas sin cliente. Hay que tener clase. ¿Sabes que me estoy poniendo cachonda? Ja,ja.
Me estaba ciscando en su clase. La tomé en brazos
con gran dificultad y la arrojé sobre la cama. Me gustó hurgar en su sexo y
poner mi boca en sus pezones.
-Ji,ji. Me haces cosquillas. Debes aprender cómo se
trabajan los pechos. Cada una tiene sus gustos y no a todas nos hacen gracia
las mismas cosas. A mí me gusta que me pasen la lengua con suavidad.
Así...así... ¡Uff! Cariño. Me está gustando mucho, mucho, sigue, sigue. ¡Agg!
Menos mal que al menos tenía los pechos sensibles.
Con el tiempo comprendí que mi especialidad más preciada iba a ser el magreo
concienzudo de los pechos. Las vuelve
loquitas.
-Basta, basta, cariño. ¡Cómo eres! ¿Sabes?. Creo que
no lo voy a pasar tan mal. No me gusta que Lily nos obligue a hacer de
maestras. Se aprende en el tajo. ¿No crees? Je,je. Además, que no paga las
clases. Claro que a Mí me recompensa con una semana de vacaciones. Me voy a la
playita a coger moreno. Allí me resulta fácil hacerme con un ligue y aprovecho
para sacar tajada. Hay que sacar tajada de todo. ¿No crees, Johnny? Y yo ligo
mucho. ¿Sabes, cariño? Claro que con este cuerpo que me tocó en la rifa...Te voy
a contar uno de mis secretos, me gusta que me pasen la polla por todo el
cuerpo. Así, ¡qué bien!... No me gustan los besos, eso está bien para las
queridas, para las mantenidas, pero en nuestro caso más vale no intimar
demasiado. ¡Mira! Te voy a dejar que me beses. Un besito abre el apetito. ¡Pero
no te pases! Es fácil enamorarse si besas mucho. Y luego si te enamoras te
sacan la pasta y te hacen sufrir. Por eso no me gusta. Claro que por una buena
propina les dejo que me besen. Lo primero que les digo es que nada de besos.
Enseguida se ponen a regatear. ¿Cuánto por dejarte besar? Si regateo bien a
algunos les saco un pastón. ¡Ya lo creo! ¡Soy muy lista! Je,je. Eso es algo que tienes que aprender, cómo
sacar propinas y cómo regatear. Sino te toman el pelo. ¿Sabes?
Parecía una camarera desglosando la cuenta. Me
estaba poniendo de los nervios y no es habitual que una mujer me ponga de los
nervios. Me dejó besarla, lo que aproveché para meterle la lengua hasta la
tráquea. Me regodeé en el beso a tornillo. Me estaba poniendo muy cachondo. El
cuerpo de Venus me volvía loco. Si lograba encender el fuego me esperaba una
noche antológica.
-¡Uy, cómo besas, cariño! No voy a tener mucho que
enseñarte. Ja,ja. Ahora déjame a mí. Ya verás como siempre se aprende algo
nuevo.
A pesar de su reticencia al beso, ¡cómo besaba la
condenada! Me dio un repaso de lengua que me puso a cien. Quise desasirme para
montarla, pero ella no me dejó. Le había cogido el gustillo y siguió... y
siguió...
