sábado, 30 de septiembre de 2017

QUIJOTADAS QUIJOTESCAS III

QUIJOTADAS SOBRE EL CORPORATIVISMO Y NEPOTISMO




REFRANERO QUIJOTESCO SOBRE EL CORPORATIVISMO Y NEPOTISMO

Quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija. Ninguna tan tupida como la sombra del gigantesco y copudo árbol del corporativismo, donde crecen las ramas del nepotismo.

Dicen que una manzana podrida corrompe al resto de manzanas sanas. No es cierto, un canalla puede ser sanado sin ningún problema al contacto con las manzanas corporativistas.

La mayor corporación no es ninguna profesión, a no ser que le familia se considere como tal, todos serían pues electricistas.

Miento, la mayor corporación es un partido político, y esto sí que es una profesión, donde todos se dedican a formar piña para producir piñones, dicen estar a partir una piña y lo que le sucede a un piñón le ocurre a toda la piña, si un piñón se corrompe y es descubierto nunca formó parte de la piña, si se pasa a otra piña es un traidor, si defiende alguna bondad de otras piñas es un apestado y si se cambia de jefe todos siguen a partir una piña. Todos los piñones están protegidos por el mismo armazón corporativista, viven para la piña, piensan igual que el jefe, sienten igual que el jefe, dicen lo que dice el jefe y son piñones en la piña del jefe. No se sabe si fue antes el jefe que la piña, porque todos los piñones tienen una misma alma y si se echa al jefe, como la piña sigue siendo la misma, nada cambia.

TEOREMAS CORPORATIVISTAS Y NEPOTISTAS

Nadie es tonto si su estupidez congénita perjudica a las mentes privilegiadas del corporativismo.

Ningún pasajero puede hundir el transatlántico del corporativismo haciéndole un enorme boquete, ni haciéndole una docena de enormes boquetes, ni siquiera dejándole como un queso gruyere de gigantescos boquetes. Las naves corporativistas flotan siempre aunque tengan el casco como un colador.

   Un enchufado tiene la misma corriente que el enchufador, alterna cuando hay que alternar, continua mientras no se le diga lo contrario, forma parte de una serie que se mantiene unida mientras le llegue corriente, sabe que en el montaje en paralelo todos pagarán las culpas a partes iguales, menos el suministra-corriente que desaparecerá del circuito, se convertirá en conmutado cuando deba apagarse o encenderse en el árbol de Navidad. Un receptor, esté en el circuito que esté, siempre deberá permanecer anónimo y agradecido al gran benefactor. La familia unida jamás será vencida, especialmente si está respaldada por un circuito de alta tensión.



ADIVINA ADIVINANZA ¿QUIÉN SOY YO, SINO SOY SANCHO PANZA?

Los lazos que unen a sus miembros son más estrechos que los lazos de sangre. Ningún hermano ama más a otro ningún cónyuge defiende con más intensidad a otro, ningún amante está más unido a otro que los miembros de este cuerpo multiforme, multisecular, multipoderoso, multinocente.

Se pueden devorar entre sí pero ante el ataque de un enemigo exterior forman una piña (granada que tiene la forma de este fruto y que estalla en cuanto alguno quita la anilla que cierra el contacto entre todas sus partes).

Todos tienen razón aunque las opiniones de sus miembros sean contradictorias. Sus teorías son siempre verídicas y multiformes.

No es la hidra de mil cabezas pero si cortas una cualquiera el organismo la regenera inmediatamente.

¿Qué es?

SI FUERA...SI FUERA...



   UNA BASE MÚLTIPLE

   Tendría capacidad para tantos enchufes como permita la potencia eléctrica. Sería una regleta priorizada, todos se ponen en fila, según la afinidad con el sumistrador y van recibiendo corriente según ella, el primero primero, el segundo segundo y así sucesivamente. Sería un ladrón, compartiendo todos los riesgos. Sería un adaptador eléctrico cuando alguien debe sufrir la quemadura del cambio de corriente. Y sería un simple enchufe cuando debe sacrificarse por los demás.

UN MATRIMONIO

Sería la coyunda de Jùpiter y Juno, matrimonio infiel por antonomasia y siempre a la greña. Nadie se imagina a los restantes dioses rogándoles que se disolvieran. No habría pararrayos suficientes para amortiguar la cólera divina.

SI FUERA UN MEDIO DE TRANSPORTE

Sería un Jet privado del que nadie puede bajar mientras está en el aire, aunque cada pasajero lleve una docena de paracaídas sobre su espalda.

UN FENOMENO METEREOLOGICO

Sería un mar en calma, nunca adivinas cuando se encolerizará y acabará por precipitar tu frágil esquife a los abismos de Neptuno.

EL CIELO
Sería S. Pedro, no es Dios, pero tiene todas las llaves.

jueves, 14 de septiembre de 2017

QUIJOTADAS QUIJOTESCAS III



                                  
  AFORISMOS.- La quijotada se presta a numerosos experimentos y el tema de la razón es ideal para ello.



QUIJOTADAS SOBRE LA RAZON


Adivina, adivinanza, ¿quién soy sino soy Sancho Panza?

-¿Qué es aquello que todos poseemos en cantidades ingentes y sin embargo no nos sirve absolutamente de nada?


No, no es el aire que respiramos; aunque haya cantidades ingentes de él sin embargo ya lo creo que nos sirve, nos es muy útil para echar un trago de vez en cuando y emborracharnos de vida. Dicen que algún día, tal vez pronto tengamos que comprarlo a precio de oro porque toda la atmósfera estará contaminada. ¡Pero qué nos importan nuestros nietos!, aun somos jóvenes.


No es la esperanza, quien más posee solo tiene unas gotas que administra con sumo cuidado y discreción. Aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde debemos tenerla muy bien guardada para no extraviarla por completo porque a lo largo de la vida apenas llegamos a tocar de vez en cuando sus magros cabellos.

-¿Qué es aquello que todos venderíamos y sin embargo nadie quiere comprar, ni siquiera los ricos a los que el dinero les sale por las orejas y podrían permitirse estos estúpidos caprichos?


No, no son nuestros cuerpos, aunque no lo parezca amamos a nuestros cuerpos, incluso si nos ha tocado la carrocería abollada de un viejo coche, reciclado del cementerio de automóviles. Además, si lo pensamos bien esto sería como un inmenso burdel. Todo el mundo dispuesto a vender y nadie a comprar, con excepción de cuatro ricachones pervertidos que solo comprarían los más jóvenes y bellos.

No es la luz. Dicen que nos ilumina durante la mitad de nuestras vidas, pero poco debe alumbrarnos para que nos demos semejantes batacazos contra todo. Además algunos solo pueden imaginársela, han nacido ciegos, pero deben pensar que los desgraciados somos nosotros, creemos verlo todo y sin embargo andamos a puñetazo limpio con lo que encontramos a nuestro paso. Ellos no ven nada y sin embargo se pasan la vida acariciando objetos y personas. Dan mucho amor y reciben infinitamente más del que nosotros soñaríamos recibir en mil vidas.

No, aunque lo parezca tampoco es la muerte. En nuestro mundo la muerte abunda tanto que está tirada por doquier; en cada esquina de nuestras vidas hay un muerto esperando la resurrección de la carne. Sin embargo nosotros aún estamos vivos, sonreímos a los muertos que aparecen en nuestros televisores y aunque sabemos que algún día el peso nos aplastará seguimos avanzando hacia el hermoso horizonte donde nos espera ese futuro que se truncará en algún lugar del camino porque nadie vive para siempre.

Ni siquiera son nuestras almas. El demonio las compraría absolutamente todas a un precio irrisorio, tal vez con solo ofrecernos unos años más de vida. Ellos no las comprarían y tampoco los demonios humanos que andan sueltos por ahí sienten gran interés por ellas. A esos demonios sólo les interesa destruir cuerpos porque pueden ver la sangre manando de las vísceras abiertas. ¿Qué sacarían con acuchillar almas?

¿Adivinas qué es? No, esta vez no te lo voy a decir hasta que me des la razón.




Sí, lo has adivinado. Porque a todos nos sobra -siempre creemos tener razón en todo- y nadie nos la quiere comprar porque sería estúpido adquirir algo que rebosa las ventanas de nuestras moradas. En eso todos somos ricos, podemos ir por la vida con la cartera bien repleta y cuando es necesario la sacamos de nuestros bolsillos y la exhibimos ante las narices de nuestros prójimos. ¡Aquí tienes diez mil billetes de mil razones, estúpido!

Os voy a contar un cuento para niños.

Dicen que con razones se compran opciones para vivir en libertad. Crédulo como siempre fui ya desde niño me llenaba los bolsillitos de mis pantaloncitos cortos de cuanta razón encontrara en mi camino. Sin embargo con ellas no conseguí ni abrir una sola puerta, puede que tuviera mala suerte o puede que me tocaran los únicos goznes y cerraduras oxidados por el tiempo, no lo sé, el caso es que ni una sola de mis razones abrió nunca una puerta.


Con el paso del tiempo acabé acorralado en un callejón sin salida, allí me mantearon como al buen Sancho Panza y me dieron tal tunda, tal cantidad de puñadas que no pararon hasta hacerme sangrar el alma a borbotones. Desde entonces procuro llevar mis bolsillos llenos de divisas y no de razones. Con las divisas compro cuanta razón necesito o el perdón o lo que sea.


Sin embargo no he podido olvidar del todo mi infancia con los bolsillitos cargados de razones. Cuando me encuentro en la calle con un candoroso niño, acuclillado recogiendo razones del suelo, acaricio su linda cabecita y le doy unas monedas a cambio de la vieja y maloliente razón que él acaba de coger del suelo. Al alejarme unos pasos, cuando estoy seguro de que él ya no me ve la tiro en el primero cubo de basura que encuentro.


No puedo evitar caer en la tentación de poner a los niños en el buen camino de la vida, tal como hicieron conmigo, pero les aseguro que yo soy mucho más comprensivo y cariñoso que quienes me encauzaron a mí en el buen camino, ellos no tuvieron empacho en hacerlo a patadas en vez de con caricias.

Algún día les contaré cómo fue la infancia de La Razón, entonces podrán comprender muchas cosas que ahora se les escapan. Creo que lo haré pronto, en cuanto pueda apartar la basura de razones que me ocultan el camino.











domingo, 3 de septiembre de 2017

QUIJOTADAS QUIJOTESCAS II

QUIJOTADAS SOBRE LA LOCURA


AFORISMOS.- Si hay un tema que le viene como anillo al dedo al nuevo género de las quijotadas es el tema de la locura porque Don Quijote estaba realmente loco ¿o no?

 don2

              QUIJOTADAS SOBRE LA LOCURA


SI FUERA…SI FUERA…

UN BICHO REPULSIVO
Sería una araña, siempre dispuesta a atrapar en su telaraña a la mosca de la razón para absorber sus entrañas.



UN PERSONAJE EN UNA CORTE REAL
Sería el bufón dispuesto a cualquier cosa para que los cortesanos se rían a mandíbula batiente. De esta manera podrá evitar que le corten la cabeza.

UN BARCO
Sería el buque fantasma. Su tripulación va de puerto en puerto buscando un corazón que les ame desinteresadamente, es la única manera de alcanzar la redención.

UN CABALLO
Sería el caballo de Atila. Donde pisa no vuelve a crecer la hierba de la idea.

UN PERRO
Sería un can Cerbero colocado por los dioses a la entrada del infierno para asustar a los incautos.

LA REVOLUCION
Sería la revolución más completa. Lograría que todos los ciudadanos libres de toda sospecha caminaran cabeza abajo por las calles, haciendo el pino.

UNA EMISORA DE RADIO
Emitiría en FM permanente. Todas las ondas irían rizadas como recién salidas de la peluquería.

UN ELECTRODOMESTICO
Sería una lavadora, siempre dando vueltas y más vueltas para lavar la ropa sucia de los demás y cuando llega el centrifugado se estropea.

UN SENTIMIENTO
Sería la pasión desmesurada del enamorado que aulla todas las noches a la luz de la luna.

UN ANGEL
Sería el demonio tonto que compra las almas a los demás a cambio de la suya.

UNA ESTRELLA
Sería una supernova que ilumina el universo un instante para ocultar el brillo normal de las estrellas que se van consumiendo lentamente.

UNA ENFERMEDAD
Sería la lepra. No es contagiosa pero nadie se acerca…por si acaso.

UN PEZ
Sería una medusa. Llama la atención por su transparencia.

UNA FIGURA EN EL ESQUEMA FAMILIAR
Sería el hijo tonto, con quien todos cargan porque tienen miedo de estar siendo castigados por Dios por una culpa oculta a los demás.

UN FENOMENO METEREOLOGICO
Sería la niebla. Nadie quiere aventurarse en ella por miedo a perderse.

UN POETA
Solo escribiria sonetos a una amada inexistente.

MUSICA
Sería el silencio. No tiene otro sentido que resaltar la melodía.

UN COCINERO
Echaría veneno en todos los platos y luego se los comería él solito.

ADIVINA ADIVINANZA,¿ QUIEN SOY YO SINO SOY SANCHO PANZA?

Es peor que la muerte. Sí porque la muerte nos sumerge en un plácido sueño y ella en una pesadilla sin fin.


domingo, 27 de agosto de 2017

ELOGIO DE LA LOCURA

      ENSAYO.- De nuevo el humor ayuda a tratar temas que la seriedad y la retórica harían bastante molestos.




E L O G I O DE LA  L O C U R A
Por Erasmus Dementis



La locura es lanzarse al vacío sin red, no saltando desde un trampolín a la piscina de aguas templadas, con el alma desnuda y el corazón en la boca. La locura es tener la delicadeza de cambiar la trayectoria en el aire para no quebrar cráneo ajeno en la caída porque uno ya no se preocupa del propio, melón podrido que esparce sus tóxicas pepitas por el aire.



La locura es decir basta a tanta cordura que nos amordaza, que pone una venda en nuestra cándida mirada, que cierra las esposas sobre nuestras muñecas para obligar a nuestros brazos a seguir un movimiento en paralelo hasta el infinito, sin que se nos permita desviarnos ni un milímetro ni a derecha ni a izquierda.



La locura es ser políticamente incorrecto porque lo contrario, la corrección más exquisita, es el comportamiento que la sociedad espera de todos y cada uno de sus socios. la locura es la gran tragedia del alma sensible que no quiere apartar a nadie de su camino de fraternidad y sin embargo debe aceptar con la sonrisa amable en su máscara riente ser expulsado de todos los caminos porque ninguno es el suyo. Los caminos están hechos para ser andados con paso apacible, con verbo correcto, con lúcida y brillante mirada. nada más lejos de la personalidad del loco que el ritmo en la zancada, la apacible lógica verbal, la mirada equilibrada sobre el filo cortante de la norma.



La locura es desnudar el alma en una pasarela de moda y caminar contoneándose hasta el precipicio. la fealdad del alma desnuda irrita a la concurrencia que no se asombra al ver hermosos pechos de mujer-norma al aire fresco-acondicionado de la sala de gente-bien ni por slips transparentes con paquetito sorpresa.



La cordura es el cuerpo y la locura el alma.



La locura es mirar lejos, hacia el horizonte invisible tras las gigantescas moles de hormigón, y la cordura es mirar de cerca hacia la cartera repleta que asoma del bolsillo de nuestro interlocutor.



La locura es el sueño, la cordura el tacto suave de papeles con efigie.



La locura es gritar por calles abarrotadas de pacíficos viandantes esa angustia que nos roe por dentro y la cordura es morir escondido tras una larga enfermedad.



La locura es el grito del alma, la cordura el respetuoso ocultamiento de la mortalidad del ser humano.



La locura es el Quijote que ensilla el esquelético rocín de su pensamiento y sale a la gran llanura para alancear rebaños con la afilada lanza de su verbo. la cordura es el buen Sancho que hace una magistral jugada en bolsa.



La locura es el sueño y la cordura la ínsula Barataria de los millones en bolsa.



La locura es sentarse en búdica postura contemplativa sobre la acera concurrida, buscando la mirada de la gente presurosa y la cordura es volar hacia la meta como un atleta apresurado que ha tenido una mala salida en los tacos y quiere recuperar el tiempo perdido, con su móvil en la mano, en amigable charla con el vacío.



La locura es la contemplación y la cordura es la posesión de un teléfono móvil contemplado con arrobo.



La cordura es apretar el acelerador de nuestro bólido último modelo hasta el fondo de nuestra angustia para llegar a tiempo a la cita con la muerte y la locura es esperar a que el tiempo pase sobre nosotros como una agradable brisa marina en un día de tórrido calor.



La cordura es llegar siempre puntual a la cita que nos ha concedido la prisa y la locura es calarse hasta los huesos bajo la lluvia mansa y persistente del tiempo que nos ha regalado un cielo borrascoso.



La locura es amar con la desnudez del alma y la cordura gozar apresurados del bello cuerpo que nos ha caído encima, antes de que éste pueda darse cuenta de su fatal error.



La cordura es el cuerpo que se contonea sobre nuestras cabezas de chorlito y la locura es el corazón que sale del pecho brincando como una cabra loca al encuentro del amor.



La cordura es darle todo al cuerpo, atiborrándole hasta el vómito, y la locura buscar un alma escondida detrás de cada objeto.



La cordura es el cuerpo, tan real como los átomos que se fusionan el un hongo nuclear y la locura es el alma que por no tener no tiene ni existencia.



La cordura es tenerlo todo aunque carezcas de alma y la locura es no tener nada aunque los sueños broten como un geyser de la inexistencia del alma.



La cordura es creer en los sumos sacerdotes de la ciencia y la locura en los desarrapados del espíritu.



La cordura de la ciencia nos lo ha dado todo y la locura del alma nos ha dejado con el vacío de la angustia.



Con esto se concluye este elogio de la locura (¡pobre Erasmus!), en realidad no me hagan mucho caso, todo esto se ha debido a una pataleta de niño ocioso y consentido, les juro por lo más sagrado, por mi cuerpo, ya que no creo en otra cosa (¿se han creído la tonteria esa del alma?), que dejaré de hacerme el loco en "cuantico" pongan un gran supermercado a la vuelta de la esquina, repletito de sueños enlatados, eso sí, con burbujas, sin burbujas, de todos los sabores y olores, con antioxidantes no tóxicos y potenciadores del sabor no cancerígenos, sin un gramo de alcohol, y cumpliendo todas las normas higiénicas, eso sí, eso es imprescindible. ¡Ah!, me olvidaba de lo más importante, y que sean muy baratitos, porfi, una gran oferta cada día, dos sueños de amor por cada lata que usted compre, no es mucho, hasta me podrían recortar la nómina para fabricar un millón de misiles inteligentes tierra-aire, agua-vino, boca a boca, lo que ustedes prefieran, pero porfi, quiero ese supermercado ya; no para mañana -¿qué hago yo hoy?- aunque sea un super-prefra, porfi.



Una ganga, será una auténtica ganga, ustedes se librarán de unos cuantos locos, se lo prometo y yo me libraré de ir por ahí haciéndome el loco, que me han dicho que ya tengo muy mala fama.



Nota del autor: Cuantos hermanos quieran suscribirse a la nueva fraternidad de "la locura consciente" pueden dejar volar su imaginación y su palabra allí donde quiera que se encuentren. No necesitaremos signos masónicos para reconocernos, un abrazo fraternal sellará nuestro diabólico pacto.






viernes, 25 de agosto de 2017

MANUAL DEL PERFECTO HUMORISTA III

MANUAL DEL PERFECTO HUMORISTA III
Autor: César García Cimadevilla

SEGUNDO PASO

El humor no es precisamente como el amor. Si vas por ahí amando a todo el mundo puede que te respondan o no, que te utilicen o no, que te besen en la boca o no. El humor es más bien lo contrario del amor. Siempre esperas recibir el sopapo antes que el beso.

El reírse de los demás es tan consultancial al humor como el beso lo es al amor. Si no besas no amas. Si no te ríes de los demás no haces humor. Incluso cuando te estás riendo de tí mismo lo haces también de los otros que comparten tus defectos. Es inevitable.

¿Acaso eres el único tragón que hay en el universo, el único lujurioso, el único doctor Sun o el único Milarepa? Ni por pienso. Ni lo pienses. Pues entonces acostúmbrate a que cuando te estás burlando de ti mismo, con muchas ganas, aparezca alguien enfadado porque lo estás retratando a él. Y es que, amigos, todos somos clones unos de otros. Solo que algunos salieron más guapos y otros entramos m
ás gordos por la puerta... cuando podemos entrar,jeje. 

¿COMO COMPENSAR LAS RISAS QUE NOS CAUSAN LOS DEMÁS?

Muy sencillo. Compensa con cualidades sus defectos y al tiempo que te burlas de los segundos, hablas, como de pasada, de sus cualidades. Para compensar. Naturalmente. Todo sea por la patria del humor.

El humor no desaparece y ellos se sienten mejor. Se ven como humanos y tú también te sientes mejor, mucho mejor, como si fueras una hermanita de la caridad... Bueno, tampoco hay que exagerar.

Si se sincroniza la risa que vertimos sobre los demás, como una ducha de agua fría, con la risa sobre nuestros propios defectos o desgracias acaecidas en el camino de la vida... el resultado suele ser de una extremada diversión y generosidad... Sí han oído bien y lo subrayo... GENEROSIDAD.

LA GENEROSIDAD EN EL HUMOR

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que usted se encuentra subido a una escalera, espiando a la típica parejita que en el dormitorio de su casa, dale que dale, y el uno intenta el salto del tigre y la otra la lamida de la pantera... pero con resultados más bien esperpénticos... Así es el humor y así no es el amor.

Si esta parejita se entera de lo que usted está pensando se sentirá muy mal... Si se entera de que usted ha estado cotorreando como un lorito de acá para allá se sentirán tan ofendidos que en cuanto lo pillen lo crucifican, así sea en un semáforo.

Pero hete aquí que usted, al mover la escalera se cae de culo, como decimos por aquí, o deja que la parte de su anatomía que está justo donde termina la espalda se dé contra el suelo, como dicen en Marte.

Usted tiene tan mala suerte que su trasero, como dicen los conductores de fórmula I y aficionados al motor en general, se encuentra con un cubo que una pulcra limpiadora ha dejado sobre la acera, allí justo donde hace más daño.

Ya tenemos en marcha el humor generoso. Usted se reía de ellos; ellos, con el estrépito que se produce y una vez asomados a la ventana, se están riendo a mandíbula batiente de usted. La risa va por barrios, dicen en mi pueblo.

Y ahora ampliemos el humor. Supongamos que nos espectadores o viandantes, que pasaban por allí, justo en el momento más inoportuno, se ríen de usted y se ríen de ellos, que se han asomado a la terraza en pelota picada.

Y ampliemos aún más el humor, hasta hacerlo universal, hasta que nos incluya a todos los humanos, y aún más, a los marcianos, y a los jupiterinos y a los venusinos, y a los de otra galaxia y a....

Sí, hagamos que pase justo en ese momento el camión de la basura (que por maldita casualidad pasa ahora, aunque no sea su hora ni la de nadie). Y hagamos que sople el viento, que nunca sopla cuando se le necesita, y la basura se desparrama y pone de vuelta y media, por no emplear otra palabra, a los espectadores, desde la punta del pie hasta la coronilla.

Y así podemos seguir sucesivamente. Él se reía de ellos, ellos ahora se ríen de él. Estos se ríen de los tres y aquellos se ríen de los tres y de estos y....

Podemos seguir hasta el infinito. ¿Y cuál es el resultado? Muy sencillito: todos se ríen de todos y ahora ya nadie se acuerda de cómo empezó la cosa y lo ofendida que estaba la parejita y lo ofendido que estaba el mirón y lo molestos que estaban los espectadores rociados de... de "mierda" (porque el humor no puede tener censura, ni verbal, ni mucho menos mental, o se queda en un humor tan cursi que entonces todos se ríen de él y así sucesivamente).

Y lo que empezó como una broma ahora es una marea universal que a todos salpica y a todo el mundo hace reír y evolucionar hacia alcanzar la máxima espiritualidad de Milarepa, habiendo empezado hace dos días... mejor dicho, tres, siendo unos auténticos monos. Más bien unos monazos peludos y muy feos y muy bestias, que se liaban a mamporrazo con todo bicho viviente.

¿Y luego?... Pues qué va a ser, alma cándida, cándorosa labialis, palomita de pitiminí... Pues luego vuelta a empezar y así sucesivamente. Mientras nos reímos no hacemos daño al prójimo.

LA CRUELDAD EN EL HUMOR

En contraposición a la mencionada generosidad en el humor siempre hay algo de crueldad. Más bien debo decir que el humor es cruel por naturaleza. Lo mismo que las desgracias compartidas parece menos las risas compartidas son menos crueles.

En el uso del humor literario usted, autor, puede reírse de aquel "tontolaba" a quien usted odia y del que desea justa venganza, por esto y por aquello y por lo demás allá. Pero si al tiempo que se ríe de él en sus narices se burlara de usted mismo, a través del narrador, pongamos por caso, o de los personajes, o haciendo confidencias (hay mil maneras)... Entonces, entonces puede que la víctima de su humor le perdone y hasta podrían llegar a ser amigos. ¡Cósas veredes, amigo Sancho!

Recuerdo un relato de cienciaficción que leí hace mucho tiempo (ahora no me acuerdo del autor) en el que unos extraterrestres se tronchaban de risa haciendo toda clase de "putadas", de "marranadas" y demás sinónimos, a unos pobrecitos humanos que eran tontos hasta decir basta. Al pobre lector, que era humano, se le caía el alma a los pies. Y pensaba: ¿esto es el humor? Entonces mejor que nos acuchillen a todos.

Sí, cierto, así de cruel es el humor. Pero si son generosos atenuarán sus efectos ponzoñosos y se harán con un montón de amigos, sin tener que pasarles un cheque falso para pagarles sus halagos.


TERCER PASO

Una vez que se han reído de sí mismos y han aprendido a reírse de los demás, pueden escoger cualquier tema y diseccionarlo con el bisturí del humor.

¿Cualquier tema?

Bueno. Aquí entran en juego las peculiares idiosincrasias de cada quisque.

A unos les molesta en extremo que el humor se aplique a la religión, a lo sagrado. Consideran que Dios y todo lo que a él se refiera deberían ser ajenos al humor, a la risa. Otros piensan que el sexo es un tabú, algo exclusivo de la intimidad de cada cual y se sienten aludidos cuando el humorista utiliza el sexo como tierra para plantar sus cactus.

Y así sucesivamente. Podemos tratar todos los temas y siempre nos encontraremos con alguien que se molesta. La auto-censura en el humor, como en la literatura, es el comienzo del fin. Uno empieza por no reírse de este o de esto, porque tiene miedo a las represalias de un cierto grupo o persona y acaba por no reírse de nada, ni siquiera de sí mismo, porque siempre habrá alguien que se nos parezca y se sienta aludido.

¡OJO! PELIGRO-SERIO PELIGRO

Si usted tiene miedo de ser objeto de una tomatada o huevada. Si usted siente pánico de ser colgado de un pino... no se haga humorista. Dedíquese a la política o a la jardinería. El humorista es un ser arriesgado y valeroso donde los haya. No es para cobardicas.

Claro que tampoco es para vengativos, rencorosos, personas repletas de odio y con afán de destruirlo todo, con San Juan el apocalíptico. El humor no debe ser nunca un instrumento de venganza, de odio, para destruir al prójimo. Si no lo ha comprendido, regrese al primer paso.

Claro que tampoco se debe renunciar a tratar ciertos temas por pusilanimidad. Usted mismo elige el momento, la persona y la circunstancia. Si considera que ser un héroe está lejos de sus posiblidades, bien puede dejar ese chiste malévolo para otro momento.

Mi opinión personal es que todo resulta susceptible de ser tratado con humor, hasta lo sagrado. No hay que ser más papistas que el Papa. Si Dios nos dio la risa y el humor,, no vamos a dejar de reírnos de él, porque pueda ofenderse. Además... si cuando nos reímos de él no nos parte un rayo, es que no debe estar tan ofendido por nuestras palabras como les parece a algunos que tienen linea directa con la divinidad. Ahora diríamos más bien que poseen un móvil para hablar con Dios.

Imagínense ustedes que son ingenieros informáticos de primera, como nuestro webmaster, y crean un robot al que dotan de un programa para que se ría de ciertos defectos de su carácter, vamos para que se ría de todo lo que hace usted. El robot cumple su programa y en esto que viene un espectador y le pone al robot una bomba en el trasero o culo y lo destruye, porque se estaba riendo de usted... Pero bueno... ¿quién es este papista para decidir lo que usted ya ha decidido previamente?

Si Dios se ofende de nuestro humor que venga y nos destruya él. ¿Quiénes son los que se atribuyen la representación divina, cuando la divinidad no dice ni pío?... Pues unos dogmáticos peligrosos, de quienes hay que guardarse. Y no porque el humor no deba tocar lo sagrado. Sino porque uno es tonto y ama su culo, aunque no deje de echar mierda todos los días, y ama su cabellera (los que la conserven) y le disgusta profundamente que un dogmático venga y le ponga una bomba bajo su culo o le corte la cabellera y la ponga como estandarte y bandera de la nueva humanidad que nos espera.

Y así damos por finalizado este manual que ustedes pueden ampliar a su capricho. No en vano ya son humoristas si han logrado llegar hasta aquí.

Ahora solo queda que ustedes consigan convencer a los políticos de que se rían un poco de sí mismos, al menos una hora cada día. Y a los terroristas para que se tronchen de risa mientras activan el detonador de la bomba que tienen bajo su lindo culo. Y a...

Bueno, bueno, no se lo voy a decir todo. ¡Qué clase de humoristas serían ustedes entonces!

Les deseo las mejor de las suertes intentando salvar a la humanidad con sus chistes puesto que con el amor parece que no acaba de salvarse. Un abrazo y observen a su espalda, porque les acabo de poner un monigote en la espalda.

¡Inocente, inocente! Que sudas por la frente. Chao.

©Slictik




domingo, 13 de agosto de 2017

SLIM EL VENGATIVO I



NOTA PREVIA/ Este es un personaje esbozado hace años, cuando el autor sufría una experiencia inolvidable, un acoso o mobbing en el trabajo que le hizo pensar que se estaba transformando en una especie de monstruo vengativo que solo pensaba y vivía para la venganza. Temiendo por mi carácter, que nunca fue bueno, pero que estaba empeorando a ojos vistas, recurrí a mi terapia favorita en estos casos, parodiarme hasta hacerme sangre a fuerza de latigazos y conseguir que todos mis pecaminosos deseos de venganza los llevara a cabo un personaje humorístico, que no era yo, pero como si lo fuera o fuese, visto lo mucho que acabo disfrutando de las “gansadas” surrealistas y esperpénticas que llevan a cabo mis personajes.

El hecho de que mi personaje fuera de raza negra, nacido en Harlem y casi fotocopiado de algunos personajes del gran novelista Chester Himes, uno de mis autores favoritos de novela negra, no me arredró en lo más mínimo. Siempre he creído que yo hubiera sido el mismo, de haber nacido con la piel negra, roja, azul, verde o multicolor y que el hecho de no haber nacido en Harlem no suponía ningún hándicap para mí, puesto que nunca me sentí de parte alguna y sí de todas partes, como si en cada país, en cada rincón de cada país hubiera un clon mío, fabricado por el profesor Cabezaprivilegiada, el único científico loco del planeta capaz de hacer cualquier cosa y quedarse tan “pancho” como si no creyera en nada, cuando él es un fervoroso creyente de una iglesia protestante que ahora no recuerdo cuál es.

Una vez esbozado comenzó a dormir el sueño de los justos, como la mayoría de mis personajes, hasta que fue resucitado para participar en el Hotel de los líos o disparates junto con un entretenido compañero sacado de la famosa película Casablanca, Sam, tócala otra vez Sam, como así se llamaba, fue el inseparable compañero de Slim, que ponía música a todas sus andanzas. Y así esta divertida pareja trotó un poco, no demasiado, por el Hotel de los líos, hasta que regresó a su consabida hibernación a la espera de tiempos mejores.

Estos tiempos han vuelto, ahora que me dedico, en horas y días perdidos, a recuperar todos mis personajes y ver qué se puede hacer con ellos, aparte de programarlos para que me den de latigazos cuando me duerma demasiado o me lo merezca por mi cinismo connatural, inerradicable y bastante divertido, todo sea dicho. Me temo que tendré que ir reformando todo lo manuscrito hasta el momento, porque la inserción de Sam fue posterior al esbozo y al manuscrito original, lo que me obliga a utilizar un “deus ex machina” para introducirle en la vida de Slim, el vengativo, junto con su famoso piano, razón por la que tendré que llamar a una grúa, de otra forma no veo cómo hacerlo caer del cielo sin que se rompa el piano, la cabeza de Sam y todo lo que pille por el camino antes de tocar suelo.

Mi fervor por Chester Himes seguro que me puede traer serios quebraderos de cabeza, porque el humor “negro” (fuera bromas), llevado a cabo por un blanco, aunque tenga el corazón negro, como es mi caso, puede herir ciertas susceptibilidades que no se sentirían heridas si yo hubiera nacido con la piel de otro color que no fuera este blanco lechoso que nunca he conseguido cambiar, entre otras cosas porque odio el sol. Quiero dejar bien claro que el humor se atreve con todo, aunque si no es generoso y humano, puede llegar a ser peor que un veneno, administrado subrepticiamente, es decir una auténtica mierda. Al menor síntoma de racismo me haré tratar por el doctor Carlo Sun, discípulo de Jung, porque nunca he soportado el racismo y la xenofobia, de hecho nunca me he sentido a gusto con el color de mi piel, con mi cuerpo, con mis manos, cabeza y resto de apéndices, e incluso con mi alma, yo debí haber sido otro, pero como soy el que soy, apechugaré con ello y no dejaré que el odio que me tengo se trasluzca demasiado.

     




    
         SLIM EL VENGATIVO

NARRADO POR UN LECTOR DE CHESTER HIMES, A QUIEN SE LE FUE LA OLLA Y A SABER DÓNDE ESTARÁN COCIENDO GARBANZOS, ÉL Y SU OLLA

Harlem, señoras y señores, señoritos, mileidis, y señoraes (palabra que propongo para designar a todos, “ñoras y ñores”…en Harlem el plato de la venganza se sirve caliente, no se deja enfriar nunca.

¡Cómo pudo haber nacido aquí Slim, llamado desde que fuera destetado y mordiera a su madre, Slim el vengativo! ¡Cómo pudo un hombre tan frío como el invierno de N.Y. y tan vengativo como Shylock, tan paciente como un testigo de Jehová ante la puerta de un alma pecadora o haciendo cola para pertenecer al grupo de los elegidos, los 120.000 que serán salvos en el día del Juicio final, haber nacido en un barrio tan caliente, donde la venganza no llega a la boca, porque alguien la arrebata a medio camino y se la lanza al primer viandante!

La vida está llena de misterios y uno de ellos, el más inextricable, es la razón por la que obligaron a Slim a asomar su pepinuda cabeza en pleno centro de Harlem. Otro es cómo pudo papá Gooding, el Gordo y lujurioso Gooding, el drogota Gooding, inseminar a mamá Lucy, la flaca borracha, y salir de semejante ayuntamiento un trozo de hielo como Slim.

Harlem, queridos amigos y enemigos, es conocido en el amplio mundo entre otras cosas por las maravillosas novelas de Chester Himes, también por albergar el Cotton Club (protagonista de la película del mismo nombre) y por algunas cosillas más. Los turistas extranjeros no saben mucho sobre este paraíso donde la venganza se sirve siempre caliente.  Para quienes hemos nacido en Harlem, es ante todo la cloaca donde hay que sobrevivir o morir sin quejarse, sin abrir la boca, no sea que alguien te robe los dientes, y sería justo, puesto que los cadáveres no comen y ya no los necesitan.

Ese fue el error que cometió Slim -¡quejarse!- y nada más nacer. Mientras aquí los niños no lloran al recibir el primer azote en el trasero, sino que muerden, Slim se comportó como un niño enclenque, hijo de papá Rockefeller y mamá Bolsa, y lloró desesperadamente pidiendo la “teta” de mamá, sin darse cuenta de que estaba muy ocupada dándole a la botella. Y se empecinó en el error al continuar llorando, pidiendo la ayuda de papá Gooding, sin ser consciente de que su progenitor estaba intentando una estafa con la que lograr unos pocos dólares con los que comprarse su dosis de crack y después un coño ardiente con el que olvidar la amargura de haber nacido en Harlem.

Como papá Gooding no ha conseguido llevar a buen término la estafa, largo tiempo planeada, con el ciego de la esquina (éste ha salido corriendo tras él a tiro limpio, ¡un ciego con una pistola!) se ha visto obligado a ofrecerse a Jimmy Death, el jefe de la pandilla que controla la droga en las cuatro esquinas de la manzana. Sí, porque en cada manzana hay una pandilla distinta. Aparte de Jimmy Muerte están… Mejor lo dejamos para otra ocasión. Eso nos llevaría mucho tiempo.

Unos nacen con buena estrella y otros estrellados y hay quien nace en Harlem. La vida es así de injusta y de puta… Como Annabela, que le cobraba hasta al “consolador” con el que se lo hacía cuando escaseaban los clientes. A Slim la vida le cobró por atravesar la puerta que da acceso al útero materno.  Y es una deuda que Slim no pudo pagar nunca. Los cobradores de la vida siempre le persiguieron, intentando que pagara la ingente cantidad, aunque fuera a plazos, pero Slim es mucho Slim, nunca pagó, así le arrancaran las muelas.

Por suerte todos los niños tienen un ángel, que solo les abandona cuando dejan de ser niños y se convierten en adultos, es decir, en demonios. Aunque Slim nunca se consideró un niño, jamás, es posible que su corazón fuera de niño algún tiempo más de lo que uno puede seguir conservando la niñez en Harlem, porque un verdadero ángel apareció en la vida de Slim para endulzarla con su maravillosa música. Tenía que ser también de raza negra, como somos todos en Harlem, y tenía que llamarse Sam, con su piano a cuestas, que nunca lo aparcó en parte alguna y siempre lo defendió con arma blanca o pistola contra quien intentara apoderarse de sus alas, es decir de sus teclas, blancas y negras, como las de todo piano. Tanto enamoró y dulcificó su música el carácter de Slim, que éste, en reconocimiento eterno comenzó a llamar a Sam con el bonito nombre de Sam, tócala otra vez, Sam. Y de esta forma quedó bautizado para la posteridad. Pero como aún queda un poco de tiempo para que Sam y su piano caigan sobre la cabeza de Slim desde un piso alto de un edificio de Harlem –se salvó porque Sam era un ángel y midió bien la caída- dejaremos aquí anotada esta circunstancia y seguiremos con la historia que teníamos ya esbozada.





lunes, 31 de julio de 2017

BIOGRAFÍA DE UN BUDA I

NOTA PREVIA/ Cuando emprendí la agradable tarea de escribir una serie de relatos de tema esotérico, me encontré de buenas a primeras con un personaje tan cínico como divertido que se acabaría convirtiendo en el narrador, la voz, el hilo conductor de la mayoría de mis relatos esotéricos. Se trata del Verdugo del karma, que además de su papel en su propia historia, fue apareciendo de una u otra manera en otros muchos relatos en los que no venía a cuento. Este es uno de ellos, del que ni me acordaba y que he encontrado por casualidad en la libreta 21. Al parecer el verdugo del karma hace aquí de bibliotecario en la gran biblioteca de los archivos akásicos, ha debido de ser un ascenso del que ni yo mismo me había enterado. Durante la etapa de mi fiebre por los relatos esotéricos esbocé tantos que no me acuerdo de la mayoría y seguramente iré encontrando alguno más conforme revise mis manuscritos en libretas y cuadernos. Todos ellos están tratados con humor o al menos tienen un corte humorístico que es su sello particular y que me permitió abordar temas muy serios y hasta terroríficos con una desenvoltura y un desparpajo que ahora, muchos años después, me obligan a intentar recordar cómo era yo entonces y cómo se me pudieron ocurrir estas delirantes historias. En este caso el esbozo que aún conservo no me parece de mucha calidad ni muy prometedor, pero como siempre quise escribir una historia humorística de un buda, lo mismo que hice con la vida de un lama, a través de Milarepa, o la de un gurú muy peculiar en "El rastro del marrano" o del superhéroe Espiritualín y tantos otros que intentan contarnos cómo es el mundo espiritual en el que la mayoría de nuestros contemporáneos no cree ni creerá nunca, porque donde esté lo material que se quite todo, la pela es la pela. A pesar del cinismo que destilan la mayoría de estos relatos, auténticas parodias delirantes, observo que se parodia mucho más el mundo material que el espiritual que acaba resaltando y brillando en contraste con el ridículo patetismo de la vida en el mundo material. Espero encontrar más apuntes sobre esta historia en otras libretas, porque la verdad es que no me acuerdo muy bien de qué pretendía con este relato, ni por dónde iban los tiros. Con la jubilación ahora tengo tiempo para pensar y elucubrar. Seguro que se me ocurrirá algo.




                      BIOGRAFÍA DE UN BUDA

 NARRADO POR ÉL MISMO


La biblioteca de los archivos akásicos es casi infinita. Cada planeta habitado por seres inteligentes creen ser únicos en el Cosmos. Cuando vienen en sueños o una vez fallecidos y adaptados a la nueva vida deciden adquirir toda clase de conocimientos sobre el universo y sus habitantes acostumbran a dirigirse a la plantilla de bibliotecarios existentes en la primera oficina a la izquierda, según se toma el pasillo central, una vez dejado el vestíbulo.

Allí son atendidos con esmero y guiados hasta el estante donde se encuentra el libro elegido. No obstante la mayoría de estos funcionarios están hartos de recorrer pasillos buscando libros para mentes estúpidas que creen que por el simple hecho de estar muertos pueden saberlo todo, encontrar todas las respuestas a las preguntas que se hicieron en vida. Los durmientes son aún peores. Creen que por el hecho de estar dormidos, el subconsciente  como lo llaman ellos, les solucionará todos sus problemas. Se plantan en las oficinas de bibliotecarios y con malas maneras quieren que el bibliotecario de turno le busque "ipso facto" el libro donde  está escrita la solución a su problema. Tengo prisa porque quiero soñar con otras cosas menos prácticas y más divertidas. Gritan con rostro desencajado, con una desvergüenza que clama al cielo.

Entonces suelen llamarme a mí, el verdugo del karma sin nombre, al que ya conocen de otros episodios de este culebrón. Si estoy libre me escapo y les echo una mano. Me encanta buscar libros para muertos o durmientes y charlar con ellos sobre todo lo divino y lo humano.



Muchos se ponen de malhumor porque quieren que encuentre su libro rápidamente que se lo entregue y les deje en paz. Pero conmigo no pueden. Les respondo: ¡Ahá, sí! Pues te buscas tú mismo el libro, a ver si lo encuentras en ese siglo, ¡capullo! Si quieres que te lo encuentre yo tendrás que tomártelo con calma y andar de cháchara un buen rato hasta que descubra si me interesa algo de tu vida o no.

Si es muerto le convenzo  y rápido. ¡Vale, tío! No tengo nada mejor que hacer. Pero si es durmiente se pone insoportable. Que si esta es una noche perdida. ¡Con lo feliz que se las prometía metiendo mano en sueños a  esa nueva cantante de moda que está tan buena!

Los durmientes no saben que sus fantasías conscientes intentan hacerse realidad en sueños.  Así quien se imagina acostándose con la tía buena que presenta ahora el telediario segunda edición en la cadena 10, acabará por intentarlo en sueños. Que lo consiga o no ese es otro cantar.

Los durmientes suelen ser insoportables, siempre con prisa, lujuriosos o trágicos que quieren pasarse la noche practicando sexo o comiendo como tragones. No te hacen el menor caso, cuando no les interesa y luego se disculpa diciendo que están soñando y en sueños uno no se entera de nada. Vamos, que no controlan. Pero bien que recuerdan los sueños que les interesa recordar y borran de su memoria consciente todo el daño que hacen. Los vivos en estado consciente hablan de magia negra cuando en realidad ellos saben muy bien las andanzas que se traen en sueños. No hablo de recordar reencarnaciones pasadas que eso es un tema serio controlado por los dioses del karma, aunque recordar sueños está a su alcance.

Pero me estoy desviando del asunto. Mis colegas, somos muchos los verdugos del karma, me conocen porque me gusta mucho la cháchara insustancial o no, hablar con todo el mundo, muertos o durmientes, humanos o dioses, funcionarios akásicos o mensajeros de las grandes alturas evolutivas. Si aquí hubiera géneros, quiero decir mujeres, me gustaría más hablar con ellos que con los demás (en mi última reencarnación hice de hombre y no paraba de correr tras las faldas, la historia no había inventado aún el pantalón femenino- fui un bicho malo, lo reconozco) pero como en el más allá no tenemos cuerpos físicos y no se puede hablar de sexo reproductivo (la homosexualidad no está mal vista aquí) nos limitamos a intercambiar cháchara o lo que sea con quien está a nuestro alcance y se deja.

Bueno, en fin, la cuestión es que una noche- para ellos aquí no hay noche-llegó, en sueños, aunque él se creía muerto un gordito y obeso en palabras más técnica, que buscaba como un desesperado una biografía de un buda.

Aprovechando que estoy muerto (debió de ser una pesadilla horrible) quiero transformarme en  buda y dejar esta mierda de reencarnación en la que ni siquiera bailo con la más fea, no ligo (seducir mujeres para las no avisados) nada; siempre soy pobre, nunca me toca la lotería, las desgracias se enlazan unas con otras como ristras de chorizos y, esto yo es el colmo, los dioses del karma me dicen que no aprendo las lecciones, que evoluciono menos que una hormiga sobre una hoja de parra en mitad del océano.

Y se puso a llorar como un bebé hambriento de pecho materno a las tres de la madrugada. Total que los  bibliotecarios me llamaron a mi verdugo-bombero, y allí acudí como una flecha sin cuerpo.

El gordito me cayó simpático a primera vista ( por si no lo saben los durmientes vienen aquí con el cordón astral unido a su cuerpo físico por lo que  uno ve sin problemas el cuerpo físico que le ha tocado en rifa a cada durmiente. A éste pobre desgraciado le había tocado uno muy malo (o tal vez fuera uno regular y él lo hizo peor). Gordo, seboso, barrigón, feo de cara, ancho de culo ventoseante, corto de piernas flacas, ancho de hombros, cabezón, orejudo, narigudo. No tenía nada bueno, ni el alma, que había adoptado la forma de un ectoplasma seboso, con rasgos monstruosos, donde podía verse con claridad el miedo que le apretaba el culo.

A pesar de ello, y de sus llantos y expresiones violentas y súplicas y pataletas, me cayó bien. ¡Vaya un gordito simpático! Y me dispuse a hilvanar la hebra.

-No llore usted, alma cándida. Que aquí estoy yo, su humilde verdugo del karma, para servirle en lo que necesite. Por cierto. ¿Qué necesita usted?

Se calmó como pudo y me dijo que llevaba muy mal lo de estar muerto y tener que reencarnarse otra vez. No quiso deshacer su error porque pensaba divertirse mucho con aquel simpático gordito. Lo sé, soy malo, muy malo, pero no se lo digan a mis superiores, los dioses del karma, Porfi.

Vaya, no era muy difícil satisfacer su deseo, Las biografías de los budas están a la entrada de la biblioteca en el primer estante a mano derecha y pone en letras muy grandes. “Biografías de Buda”. Pero el gordito no se enteró de nada. En sueños son tan espesos que hay que repetirles un millón de veces las cosas y aún así al despertar ni se acuerdan.

Bien, bien, vayamos por aquí a ver si encuentro el libro que usted necesita.

Y le conduje por un pasillo  a mano izquierda, tan largo que se podía ver el infinito al final. Mira que soy malo. El largo viaje circular (le hice dar una buena vuelta para regresar al principio) me permitió conocer bien al gordito simpático y llorón. El mantenerlo en la creencia de que estaba muerto le hizo tan maleable en mis manos como barro tierno en la palma del alfarero. Me bastaba con hacerle creer que yo era un dios del karma que podía decidir su próxima reencarnación, para que respondiera a todos mis preguntas, incluso las más íntimas. ¿Había estado casado alguna vez?- No. ¿Pero se habría acostado con mujeres, aunque fueran putas? Sí, eso sí. Pues cuéntame hasta los detalles más íntimos. Y me los contaba. ¿Te gusta mucho comer, gordito simpático? –Mucho. ¿Qué platos son tus preferidos? Y me detallaba con arroz y garbanzos hasta hacerme la boca agua, metafóricamente hablando.

Así me fui divirtiendo todo lo que quise hasta que decidí ponerme serio e interrogar al gordito sobre su vida, lo que él creía su muerte y sus planes de futuro. Se desmoronó y se echó a llorar como alma en pena. Su vida pasada había sido una mierda, su vida futura lo sería igualmente y a pesar que su muerte esta vez fue agradable ( ni se enteró de que estaba muerto) no quería volver a reencarnarse ni atado de pies y manos. Prefería transformarse en un Buda imperturbable y olvidarse de  sufrir más penas para siempre. Deseaba conocer más detalles Pero el gordito necesitaba urgentemente la biografía del Buda para calmarse. Decidí dejarme de circunloquios. Ya tendría tiempo de volver a charlar y le llevé en línea recta al estante correspondiente, alargué la mano y le tendí el libro en cuyo lomo, luminoso, podía leerse: “Biografía de un buda… por él mismo”.

Le indiqué una mesa donde podría apoyar el libro mientras su orondo trasero se encajaba en una silla. Abrió el libro por la primera página y pude leer sobre su hombre.

“A pesar de no recordar mis anteriores reencarnaciones estaba saturado de la condición humana. Estaba dispuesto a probar la condición divina, incluso la animal, mediante una transmigración en fiera o incluso en colibrí. Pero otra vez humano, no, por todos los santos, dioses y demonios. Me sentía tan amargado, tan desesperado, que mis pensamientos oscilaban entre un suicidio rápido y convertirme en asesino en serie. Fue entonces cuando una luz me deslumbró, como a Saulo en el camino de Damasco, y caí en el asfalto.

Transfigurado en un hombre nuevo. Al volver  en mi descubrí que la luz no era divina sino la de una farola que alejaba la noche del escaparate de una librería en cuyo centro el título de un toro enorme había llamado la atención de mi mirada. El libro se titulaba Budismo tibetano y era un mamotreto digno de un erudito con cien años por  delante para leerlo página a página. Yo había decidido comprarlo el día siguiente,  costase lo que costase, y a través de su  lectura alcanzar la liberación. Esa idea fue la que me arrojó al asfalto de donde me levanté tambaleándome como un borracho. Decidí emborracharme aquella noche para olvidar la experiencia. Pero no lo conseguí, al despertarme al día siguiente, con una horrible resaca, abjure definitivamente de la condición humana. En cuanto pude levantarme me duché con agua fría y salí de estampida hacia la librería donde había visto mi salvación, temeroso de que alguien pudiera arrebatarme lo que suponía era un ejemplar único. Nadie había preguntado por él. Allí  seguía en el centro del escaparate ahuyentando lectores. Pregunté el precio al librero. Para mi sorpresa era tan bajo como un libro de bolsillo y eso que para llevármelo necesito su ayuda y un taxi a la puerta. El librero me explicó que llevaba años deseando desprenderse de aquel monstruo que ahuyentaba más clientes que los precios pero no podía hacerlo porque su mujer la escaparatista de la brillante idea, le había prohibido deshacerse de él sino era en venta comprobable en factura y dirección del cliente. El tuvo que poner el 90% del precio pero todo lo daba  por bien gastado con tal de deshacerse de aquel peso muerto en su negocio.


No importa la razón por la que uno hace o deja de hacer algo, lo que importaría son las consecuencias de las propias decisiones.