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EL SALUDO
DE UN TERRAQUEO Hipo fue abducido en el tiempo que duró su parpadeo de
asombro. De pronto se encontró en el centro del salón-biblioteca de la
nave-platillo volante de Almina que había sido despojada de todo su
mobiliario. La diosa literalmente había tirado la casa por la ventana.
Recordemos que la nave era monoplaza y que debido al volumen del terráqueo
que era considerable por emplear una palabra gentil y considerada, la
necesidad de conseguir espacio a cualquier precio se hizo angustiosa. Almina la bella apareció en el dintel con un traje de cuero
fosforescente y una capucha de mujer pantera. Saludó a Hipo con un beso en la
frente que insufló en las meninges del terráqueo gran parte de la sabiduría
divina y todos los conocimientos que poseía Almina sobre el rodaje de
cortometrajes, que eran muchos, muchísimos. Lo que Hipo hiciera o deshiciera
de ahora en adelante era de su única y exclusiva responsabilidad. Como primer abducido de la historia Hipo no sentía miedo
sino encantadora sorpresa y reverente admiración por la diosa. Buscó un lugar
donde sentarse y como no lo encontrara se acuclilló hasta conseguir que su
trasero rozara la superficie plateada de la nave. Cuando estuvo en reposo
abrió su gran boca para expresarle a la diosa su interés porque rodara con su
cámara mágica la esencia matizada de la especie humana, todo ello según un
plan de trabajo que trazó rápidamente en una libreta con uno de la media docena
de bolígrafos BIC que siempre llevaba en el bolsillo de su enorme camisa. Deberíamos rodar, le dijo a Almina, escenas sobre el
Anthropos politikón, el homo lúdicus, el villanus aviesus e incluso muy bien
se podrían rodar unos metros en la pasarela Cibeles, lugar emblemático de la
moda según las revistas del corazón que leía Hipo a escondidas. Aunque la
diosa no sabía mucho de estas cosas lo cierto es que intuyó por un momento
que a Hipo se le había visto el plumero. Hete aquí que fue la primera vez y
no sería la última en que Almina se planteó muy seriamente si no se habría
equivocado al escoger aquel terráqueo como compañero de viaje. ¡Menuda joya
estaba hecho!. Para no tener que pensárselo dos veces decide despegar el
platillo en vertical, hacia arriba, propulsado por una energía desconocida
que no vamos a desvelar por miedo a la Cia. Necesita actividad, mucha
actividad, porque la vagancia es causa de todos los males humanos y divinos.
Hipo pregunta por la cinemateca de la nave y moviéndose por la superficie a
duras penas consigue apoltronarse al tiempo que Almina pone en movimiento un
cortometraje de su almacén, precisamente el titulado "Confidencias de un
Dios". A Hipo le encanta. Piensa que debería comentar algunos detalles
con la diosa pero no le da tiempo a pensar más porque la nave sufre una
espectacular sacudida en su dificultosa ascensión vertical. Ni siquiera la
potencia divina que impulsa a la nave de Almina puede fácilmente con el peso
hipiano. Dura y humillante experiencia para nuestro terráqueo. |
A cargo de Slictik, escritor autodidacta y coordinador en Internet durante más de cinco años de un taller de creación de personajes humorísticos: “El hotel de los disparates”.
miércoles, 15 de julio de 2026
A DE ANA-CECILIA III
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