miércoles, 15 de julio de 2026

A DE ANA-CECILIA III


 




 

           EL SALUDO DE UN TERRAQUEO

 

Hipo fue abducido en el tiempo que duró su parpadeo de asombro. De pronto se encontró en el centro del salón-biblioteca de la nave-platillo volante de Almina que había sido despojada de todo su mobiliario. La diosa literalmente había tirado la casa por la ventana. Recordemos que la nave era monoplaza y que debido al volumen del terráqueo que era considerable por emplear una palabra gentil y considerada, la necesidad de conseguir espacio a cualquier precio se hizo angustiosa.

Almina la bella apareció en el dintel con un traje de cuero fosforescente y una capucha de mujer pantera. Saludó a Hipo con un beso en la frente que insufló en las meninges del terráqueo gran parte de la sabiduría divina y todos los conocimientos que poseía Almina sobre el rodaje de cortometrajes, que eran muchos, muchísimos. Lo que Hipo hiciera o deshiciera de ahora en adelante era de su única y exclusiva responsabilidad.

Como primer abducido de la historia Hipo no sentía miedo sino encantadora sorpresa y reverente admiración por la diosa. Buscó un lugar donde sentarse y como no lo encontrara se acuclilló hasta conseguir que su trasero rozara la superficie plateada de la nave. Cuando estuvo en reposo abrió su gran boca para expresarle a la diosa su interés porque rodara con su cámara mágica la esencia matizada de la especie humana, todo ello según un plan de trabajo que trazó rápidamente en una libreta con uno de la media docena de bolígrafos BIC que siempre llevaba en el bolsillo de su enorme camisa.

Deberíamos rodar, le dijo a Almina, escenas sobre el Anthropos politikón, el homo lúdicus, el villanus aviesus e incluso muy bien se podrían rodar unos metros en la pasarela Cibeles, lugar emblemático de la moda según las revistas del corazón que leía Hipo a escondidas. Aunque la diosa no sabía mucho de estas cosas lo cierto es que intuyó por un momento que a Hipo se le había visto el plumero. Hete aquí que fue la primera vez y no sería la última en que Almina se planteó muy seriamente si no se habría equivocado al escoger aquel terráqueo como compañero de viaje. ¡Menuda joya estaba hecho!.

Para no tener que pensárselo dos veces decide despegar el platillo en vertical, hacia arriba, propulsado por una energía desconocida que no vamos a desvelar por miedo a la Cia. Necesita actividad, mucha actividad, porque la vagancia es causa de todos los males humanos y divinos. Hipo pregunta por la cinemateca de la nave y moviéndose por la superficie a duras penas consigue apoltronarse al tiempo que Almina pone en movimiento un cortometraje de su almacén, precisamente el titulado "Confidencias de un Dios". A Hipo le encanta. Piensa que debería comentar algunos detalles con la diosa pero no le da tiempo a pensar más porque la nave sufre una espectacular sacudida en su dificultosa ascensión vertical. Ni siquiera la potencia divina que impulsa a la nave de Almina puede fácilmente con el peso hipiano. Dura y humillante experiencia para nuestro terráqueo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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