domingo, 9 de julio de 2023

LA VENGANZA DE KATHY XVII

 




No podía dormir, ni descansar, ni pensar, ni perder la consciencia. No estaba ni vivo ni muerto, no había recobrado mi plena identidad porque los chispazos del pasado habían sido como cuatro gotas de agua en un océano tormentoso, oscuro, sin visibilidad, sin ritmo, sin atisbos de algo que tuviera el menor sentido. No sabía si Kathy dormía a mi lado o se había ido, a comer, o a lo que fuera. Mi consciencia se apagaba como un candil sin oxígeno. Ya de puestos hubiera preferido seguir recordando el pasado, habría sido más divertido, que no permanecer en aquel túnel en el que no se veía ni la entrada ni la salida. Hablando de salir no me hubiera importado hacerlo por el lado de la muerte. Pero no creía que Kathy pudiera conseguirlo. Sufrir un infarto sin sentir el latido del corazón me parecía imposible. No sabía cuánto tiempo había transcurrido. Hacía mucho que había dejado de ver los relámpagos y escuchar los truenos. Lo mismo podían haber transcurrido horas que días. El efecto de la pócima estaría disminuyendo, nada dura para siempre. Si estaba atento tal vez pudiera aprovechar ese momento.

-No sabes cuánto tiempo ha transcurrido –me dijo la voz de Kathy al oído- eso debe ser lo peor en tu estado. Podrían haber pasado días, incluso semanas, o tal vez solo unas horas. Nada importa cuando tu cuerpo se ha convertido en un vegetal. Pero no te preocupes, cariño, aquí estoy yo para que no te sientas solo. Sé lo que estás pensando. En algún momento el potingue dejará de hacer efecto y tú podrás escapar de mis garras. Siento decepcionarte. Por supuesto que los efectos no duran para siempre. No sé si me vas a creer, pero yo misma he probado este invento del profesor Cabezaprivilegiada. Tenía que hacerlo para conocer sus posibilidades. Así descubrí el tiempo que dura, cómo se siente uno bajo sus efectos, las posibles secuelas, todo. El profesor es un genio, una cabeza privilegiada, también es un loco desatado, sin moral, a pesar de su educación y sus creencias tan conservadoras que los diplodocus a su lado serían el ala más ultraizquierdista del abanico ideológico. Se había pasado la vida sin sexo, pero cuando me encontró ya no pudo dejarlo. Su moralina farisaica se resquebrajó como un jarrón de cerámica en una corriente de magma. Conseguí de él todo lo que quise y más. Mejoró su elixir siguiendo mis instrucciones, hasta se dejó convertir en vegetal, monitorizando los efectos en su cuerpo, paso a paso. Cuando despertó recopiló todos los datos y fue probando hasta conseguir todas las cualidades y defectos de la extensa lista que yo confeccioné. Necesitaba que el vegetal pudiera escuchar todo lo que se le decía, algo que le llevó su tiempo. También quería que algunos órganos del cuerpo siguieran funcionando con normalidad, como el corazón, deseaba que mis víctimas escucharan el latido de sus corazones y que sus miembros funcionaran como si no se vieran afectados. Por desgracia eso no lo consiguió, de otra forma ahora estarías aterrorizando escuchando el latido de tu corazón. Una pena. Lo del miembro no me importó tanto, porque sabía que mi clítoris sería capaz de revivir al más recalcitrante. Lo has comprobado, aunque lleva su tiempo conseguir una sensibilidad total. Tú la alcanzarás pronto. Quise que convirtiera aquel potingue en un arma química, biológica, de destrucción masiva. Mi plan es terminar con todos los machistas del planeta, no sé cómo librar al resto, tal vez no se pueda hacer y todos deban perecer. Le obligué a probarlo mezclándolo con el suministro de agua potable a las poblaciones. Bastó con que hiciera el experimento en Los Ángeles. Toda la población quedó en coma durante veinticuatro horas. Tú no lo recuerdas porque te has quedado amnésico. Se habló de un arma química inventada por los rusos, los chinos, los norcoreanos y no sé quién más. El experimento funcionó y el profesor consiguió una escala bastante fiable sobre la cantidad necesaria de potingue diluida en agua para alcanzar los efectos buscados, desde un pequeño susto de unas horas en estado vegetativo a una muerte irreversible al cabo de unos días. Eso fue un gran alivio para mí. Ya no tendría que acostarme con todos los machos del planeta para conseguir inyectarles la dosis necesaria para su exterminación. Tú eres la primera víctima del apocalipsis que se avecina. No intentes justificarte. Podríamos haber huido juntos a un lugar paradisiaco y solitario, donde vivirías en un orgasmo perpetuo. Seríamos el Adán y Eva de la nueva humanidad. Pero no, como macho arquetípico tenías que estropearlo todo. No te bastaba con el sexo total conmigo, buscaste a Heather, a Dolores, a esa putita de Alice, y hubieras seguido con el resto de mujeres de Crazyworld. Así sois todos los machos. No tenéis remedio. Pero ya no importa, porque voy a terminar con todos. Después de ti vendrá ese cabrón de Mr. Arkadin y luego todos los machos de Crazyworld. Aún no sé cómo lo haré para que las mujeres se libren de la escabechina, pero algo se me ocurrirá.

Calló y no se hizo un gran silencio porque ya existía desde que me despertara en el búnker. Es inexpresable la sensación que tienes cuando no sientes tu cuerpo y lo poco que te llega lo hace a través de extraños filtros. La voz de Kathy me llegaba desde muy cerca y como filtrada de forma sorprendente. Había escuchado los truenos de la tormenta y la música pero aquel ambiente sonoro estaba distorsionado, como lo que podía percibir a través de la vista. Me pregunté si aquel cabroncete de profesor Cabezaprivilegiada era aún más genio de lo que uno se podía imaginar para crear un elixir a la carta para Kathy. Ésta se separó de mi oreja y frente a mí se puso a bailar una danza erótica que era el preludio de otro coito que sería más tormento y tortura que éxtasis placentero. No se saltó ninguno de los pasos, añadiendo algunos nuevos tan imaginativos que en otras circunstancias hubiera podido apreciar. Ahora solo deseaba que volviera a producirse aquella fuga al pasado que me había alejado del búnker y de lo que en él se iba deslizando como por un tobogán del tiempo en una película de terror. Noté cómo tomaba mi pene y lo introducía en su vagina tras restregárselo por su clítoris que aún permanecía en su estado natural. La sensibilidad adquirida por mi miembro me hizo pensar que tal vez la hora de despertar de aquel estado zombi se estaba acercando. Era preciso estar muy atento para aprovechar cualquier circunstancia favorable, fuera la que fuese. Me olvidé de todo porque la manipulación sabia y constante que Kathy hacía de mi sexo me estaba llevando a un climax extraño. Su clítoris comenzó a hincharse pegando a él mi pene como si el líquido que iba rezumando fuera un pegamento indestructible, un invento más del profesor. El primer orgasmo llegó con mucha fuerza y luego se fueron encadenando más que disfruté como la primera noche que ella había pasado en mi dormitorio. Y entonces, sin que pudiera preverlo, ocurrió. Me vi proyectado a través de aquella puerta circular hacia una escena que sin duda era la misma que ya había vivido la primera vez. La diferencia esta vez estaba más en mi proceso mental que en lo que estaba sucediendo frente a mis ojos. El recuerdo llegó como una avalancha, como un torrente de montaña, arrastrando todo tipo de materiales con fuerza salvaje hacia el abismo. Ahora sí, supe con certeza que yo era el único hijo de Johnny el gigoló y de Marta. Supe cómo se habían conocido y su relación en el tiempo y que todo esto lo había contado mi padre en unos famosos diarios que había publicado con el mismo seudónimo que empleara en su trabajo. Yo los había leído antes de su publicación porque mis padres nunca me ocultaron lo extraño y delirante de su relación. La otra mujer que aparecía en la escena era Lily, la madame que había reclutado a mi padre, cuando aquel estudiante de familia con pocos recursos, se vio en la necesidad de trabajar para pagarse sus estudios universitarios. La vida de mi padre era un libro abierto para mí, como la de Lily que había seguido a Johnny el gigoló hasta Norteamérica para recuperar a Marta, su amor, que había ingresado en una clínica especializada para curarse de su adicción al sexo, como otros famosos y famosetes que habían pasado por esa clínica y seguirían pasando. Aquellas aventuras tan delirantes que muchos críticos alabaron la imaginación del autor de lo que consideraban la novela erótica más sorprendente de los tiempos modernos, que abría nuevos horizontes al género, pasaron ante mí sin orden ni concierto, mezclándose con lo que había sido mi vida de hijo único mimado y preservado, o al menos lo habían intentado, de lo que ellos consideraban un ambiente sórdido que les avergonzaba, más propio de una juventud sin riendas que de una vida normal y políticamente correcta. Ahora entendía su férrea oposición a que yo siguiera los pasos de mi padre. Por lo visto yo no había tenido aún mi primera experiencia como gigoló, aunque Lily estaba más que dispuesta a facilitarme el camino. El regalo de aquel deportivo era el primer cebo para que perdiera escrúpulos y apartara dudas, algo que no era necesario, puesto que de entre todos los oficios y trabajos en aquella perversa sociedad capitalista, el de gigoló era el que más me atraía y el que me parecía más honrado y moral. De aquella manera tan insólita había llegado a Crazyworld, a lomos de un corcel fogoso y carísimo que ahora sin duda permanecería convertido en chatarra entre los árboles de aquella carretera que no podía situar en el mapa, tal vez porque la amnesia no me había privado de un conocimiento que no poseía.

Junto con aquel torrente de recuerdos también llegaron algunos matices de mi personalidad, como mi pasión por la lectura, el arte y la cultura que habían sido una de las mejores cualidades de mi padre. Eso me permitió saber de dónde venían aquellos destellos en la noche, cuando era capaz de hablar de cosas que supuestamente no sabía. No tenía muy claro si mi personalidad y carácter, ahora recobrados, me gustaban tanto como podían disgustarme. Era un hombre nuevo, no un amnésico que pensaba, sentía y actuaba en base a impulsos desconocidos y oscuros. Deseé estar en aquella escena y no sobre la cama de un búnker, en Crazyworld, siendo montado por una mujer tan deliciosa como demoniaca. No tenía duda alguna de que Kathy se había vuelto loca. El que no fuera culpa suya sino de aquellos desalmados de Mr. Arkadin y el profesor Cabezaprivilegiada, no la libraba de su responsabilidad. Lo único importante para mí era salir vivo de aquella historia gótica de vampiros, fantasmas, profesores chiflados, millonarios sin riendas y locos encantadores, recluidos a la fuerza. Solo un milagro podía librarme de la muerte, el fin de todo. Y ese milagro estaba muy difícil. Porque estaba comenzando a notar el latido de mi corazón, muy suave, muy lejano, pero sin duda desbocado, como un caballo aterrorizado, huyendo de humanos locos que pretendían abatirlo.

miércoles, 5 de julio de 2023

DIARIO DE UN GIGOLÓ I


CAPÍTULO I

LILIAN

Me encontraba en la bañera de mi apartamento, la cabeza sumergida bajo el agua y conteniendo la respiración todo lo que me fuera posible, como si quisiera batir algún record del mundo. Filtrado por el agua me llegaba el sonido, lejano, como desde otra dimensión, de las variaciones Golberg de Bach. Era una costumbre adquirida tras la dura ruptura con mis padres y mi familia en general. Por una de esas extrañas carambolas que a veces tiene la vida habían logrado enterarse de que había dejado el pub de Paco, donde trabajaba cinco noches a la semana, para conseguir pagarme los estudios universitarios y disponer de metálico para lo que surgiera, y me había convertido en un “puto” como decían ellos, en un gigoló más bien, como me gustaba denominarme. No pudieron asimilar algo inimaginable para sus creencias “católicas de toda la vida” y decidieron arrojarme de sus vidas, afuera, al infierno, al crujir de dientes bíblico.

Al poco tiempo tomé la decisión de abandonar la carrera de psicología que estaba cursando en la Complutense y por la que había hecho el gran sacrificio de convertirme en un gigoló, en un semental de la cuadra de Lily, mi patrona, la madame que me había reclutado en el pub de Paco. Tras la ruptura con mis padres y antes de iniciar mi trabajo nocturno en la casa número 1 de Lily, donde me esperaba una noche ajetreada, decidí darme un baño y fue entonces cuando sumergí por primera vez la cabeza bajo el agua y aguanté y aguanté hasta que mis pulmones estuvieron a punto de reventar. Mis piernas, como muelles, me sacaron del agua como la espada Excalibur en la película del mismo título, solo que no precisamente a cámara lenta. Tardé en recuperarme y cuando la sangre regresó de golpe a mi cabeza comprendí que había estado a punto de suicidarme de la forma más extravagante posible.

No era un hombre depresivo, ni siquiera cuando María, la bella y promiscua vecina que me desvirgara, me abandonó para irse con una tía a París, obligada por sus retrógrados ancestros, había pensado seriamente en el suicidio, tan solo estuve unos meses un poco cabizbajo y con ganas de quemarles la casa a los vecinos e irme a buscar a mi amada a la ciudad más bella del mundo. Me sorprendió mi reacción ante aquella ruptura que estaba cantada. No nos entendíamos, éramos como el día y la noche, y si no hubiera sido por convertirme en “puto” lo habría sido por cualquier cosa y en cualquier circunstancia. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, como decía un tonto compañero de estudios, con el que compartí piso una temporada, que utilizaba esa frase para justificar cada suspenso.

Me había quedado solo puesto que era el menor de seis hermanos que ya llevaban tiempo viviendo sus propias vidas, una hermana casada con un alemán y que residía en Munich, un hermano, el mayor, un vividor nato, que era el relaciones públicas de una discoteca en Marbella y se tiraba, como él decía a cuanta sueca, alemana o escoba con faldas que encontrara en su camino. Visto desde la perspectiva de mis padres, los antecedentes de mi hermano ya anunciaban mi futuro. Tal vez fuera esa sensación de soledad la que me llevara a decirle a Lily que podía contar conmigo a pleno rendimiento, que abandonaba los estudios. La patrona no se lo tomó bien, yo era el único semental de su cuadra que tenía estudios universitarios y eso era algo que daba prestigio.

Llevaba unos segundos escuchando un ruido extraño que descentraba el plácido discurrir de mis pensamientos. Tardé en darme cuenta de que se trataba del timbre del teléfono que ya debía llevar sonando un buen rato. Me puse en pie de un salto, como debí hacer la primera vez que sumergí mi dura cabeza de chorlito bajo el agua de la bañera, y me lancé hacia el pasillo donde había colocado el aparato. Intuía que la llamada era importante, y no me equivoqué. Antes arranqué la toalla del colgador, me sequé lo que pude para evitar luego tener que pasar la fregona por el baño y me la enrosqué por la cintura, no porque me estuviera viendo nadie o porque me molestara mi desnudez, simplemente era un tic adquirido tras tanta ducha después de las refriegas con las clientas, muchas de ellas eran tan puritanas o “tiquismiquis” que no soportaban ver mi miembro al aire después de haber visitado su cueva como un dragón encendido en la santa cólera del deseo.

Descolgué con brusquedad y al escuchar aquella dulce voz supe enseguida que no me había equivocado.

-Johnny… querido Johnny. ¿Cómo estás?




miércoles, 28 de junio de 2023

EL HOMBRE SUEÑO I



EL HOMBRE-SUEÑO



EL HOMBRE-SUEÑO- INTRODUCCIÓN

Creo que se trata de una de mis novelas más interesantes sobre la locura (no es la única, «Una temporada en el infierno» es mejor, más dura y más profunda). Entronca con un relato breve «En el centro de la oscuridad», que escribí hace algunos años como un grito desgarrador, nacido del abismo de la soledad y de la locura. No obstante «El hombre-sueño» toma caminos más divertidos, si es que el cinismo puede considerarse algo divertido. El protagonista, incapaz de asumir la muerte de sus padres en un accidente de automovil, decide introducirse en el interior de su cráneo y permanecer allí para siempre. Pronto descubrirá que no es tan dificil como parece. La realidad se irá diluyendo a su alrededor y su lugar será ocupado por el sueño, un sueño creado constantemente por él mismo, por su mente consciente que paso a paso se irá volviendo subconsciente del todo.

Allí descubrirá al «Gnomito cabrón», un divertido personaje que le canta las verdades del barquero y con el que tendrá terribles trifulcas hasta descubrir que en realidad es él mismo, transformado en un «daimon», un demonio insoportable que le tomará el pelo, se burlará de él hasta hacer sangre y sobre todo no le dejará soñar a gusto. Le obligará a ver la realidad, a palparla, a sentirla bajo sus pies. Y entonces comenzará su odisea psiquiátrica. El mundo onírico que ha construido y en el que es tan feliz, ese planeta propio donde una mujer irá desnuda si él lo quiere, aunque en la verdadera realidad vaya vestida, o donde los insultos de los demás se transforman en agradable reconocimiento de su genialidad, o donde todo puede ser transformado por la magia de su poder onírico, una especie de Alicia en el país de las maravillas aunque los demás se emperren en ver las cosas de distinta manera y hacérselas ver a él, con pastillas, con terapias de choque o con lo que sea.

El protagonista no tiene nombre, lo ha perdido en el camino, y su historia no es una historia real, porque él ha decidido que no lo sea, contra viento y marea, contra todo y contra todos. Solo el «Gnomito cabrón» podría rescatarle algún día lejano de su locura. La lucha será titánica, porque nadie puede huir de la realidad sin pagar un alto precio, en sangre o vendiendo su alma. El «Gnomito cabrón» no es en realidad un demonio, sino su ángel bueno, su ángel de la guarda. A pesar de su lenguaje, propio del carretero más soez, a pesar de su cinismo tan terrible como auténtico, a pesar de su aparente papel de verdugo, en realidad es lo mejor de sí mismo, la única parte de sí mismo que le podría salvar.

Espero que les guste y les disguste con igual intensidad. Si no es así habré fallado estrepitosamente.



EL HOMBRE SUEÑO



I

VIAJE ALREDEDOR DE MI CRANEO

La muerte de mis padres fue como el clic de un interruptor que controlara todas las bombillas del Cosmos. Algún bromista apagó la luz y de repente me sumergí en la más negra de las noches. A veces, encerrado en el piso, chocaba con una silla o golpeaba la cabeza contra una pared, y eso me hacía consciente por un segundo de que la realidad aún seguía allí; la misma realidad que la luz hacía inmutable, como una gruesa pared de hormigón con la que la mirada se estrella una y otra vez;una pared tan inmutable como el mundo que nos rodea.

El cósmico clic me hizo ver con clarividencia casi divina la frágil línea que nos separa de la locura. Basta oprimir un botón en algún lugar escondido de la mente y la realidad desaparece con la facilidad de un sueño al despertar.

A veces permanecía horas y horas, puede que días (el tiempo es un a priori Kantiano) sentado en el sofá del salón mirando la pared de enfrente. Pronto hasta la solidez del ladrillo desaparecía y mi mirada se perdía más allá, en un punto lejano. Creo que pensaba en algo, que imaginaba algo, pero si alguien me hubiera preguntado no hubiera sabido decirle en qué. Mi mente era una oscura nube que se movía en alguna dirección, pero nunca supe dónde descargó la tormenta.

La locura se apoderó de mi consciencia, dejé de comer, dejé de moverme, dejé hasta de ser. Sumergido en la noche, el tiempo debió de transcurrir en un vacío sin espacio a su alrededor. Fue entonces cuando comprendí que el universo, la realidad, es una creación de nuestra mente. Basta que ella se retire de la ventana desde donde la contempla para que aquella desaparezca, como un cuadro cuya pintura se borrara repentinamente dejando el marco vacío de contenido.

Eso es la locura: un cuadro vacío del que la mente se ha retirado, ha retirado su atención. No es el dolor inundándolo todo, el desgarramiento definitivo del alma. Simplemente se trata del vacío que deja la mente al replegarse sobre sí misma.

Asumí la locura como la ausencia de ese dolor infinito y persistente que nos deja en un momento dado sin ni siquiera un adiós cortés. No era el fin, ni tampoco el principio de algo. Simplemente un agradable vacío en el que uno puede flotar, como un bebé lo hace en el líquido amniótico del vientre materno.

Cuando acepté la facilidad de la locura, la felicidad de la locura, un mundo nuevo se abrió a mi mirada y pasado un tiempo de inmovilidad decidí explorarlo.

Los psiquiatras lo llamarían síndrome post-traumático o utilizaran cualquier otro nombre. Ellos tienen nombres para todo, pero no tienen soluciones para nada, por eso permanecerán para siempre, en sus despachitos de “pitiminí”, cobrando por las consultas, mientras exista el hombre. Iluminan un pequeño trozo del camino, solo para que sepas que más allá está la oscuridad.

Alguien –supongo que fue alguien porque no creo en los fantasmas, debió entrar en mi cubil—no sé cómo lo hizo- y conducirme de alguna manera al despacho de un psiquiatra. Estoy seguro de que él me dijo algo, pero no tengo tan claro que yo le contestara.

A mi vacío le recetó unas pildoritas y a mi cuerpo puede que una nueva cama, porque durante un tiempo se sintió a disgusto. ¿Se trataba de un nuevo espacio? ¿Un hospital? Puede que fuera un espacio nuevo, sin embargo el tiempo era el mismo. Nunca cambia. Parece ir hacia adelante, aunque en realidad esté dando vueltas sobre sí mismo durante toda la eternidad.

Tal vez allí aprendiera a ensoñar o tal vez lo hiciera antes o quizás después. Lo cierto es que la luz se hizo de nuevo aunque puede que sobre un mundo nuevo.

La muerte dejó de contemplar desde lejos la vana lucha y me miró muy de cerca al fondo de los ojos. Entonces pude ver el pleno sentido de la vida. Una mente que se mueve en una línea temporal que parece ir hacia delante. Aunque puede que sea tan solo una ilusión. El pasado es un olvido, no lo que dejamos atrás al dar un paso al frente.

martes, 20 de junio de 2023

MI VIDA FICTICIA EN EL CHAT III


Mi vida ficticia en el chat III



Caí en la chatmanía. Así, como lo oyen. Me hice un adicto. Ya sé que actualmente esto de las adicciones suena a chunga. Uno se hace adicto a mirar las piernas a las señoras y acaba en la consulta de un psiquiatra confesando que se trata de una enfermedad que le impide llevar una vida normal. Falta de voluntad, esa es la causa de los males de nuestro tiempo, especialmente de la mayoría de las adicciones. Uno piensa que nunca le va a suceder lo que les sucede a los demás y se deja llevar por la corriente. Pero cuando más descuidado estás, ¡zás!, te pilla la adicción. Y les aseguro que no es cosa de risa.
Uno puede ser adicto al tabaco, al alcohol, al juego, al sexo... Y no sucede nada... o por lo menos pareces más normalito. Un chatmaniaco no pasa desapercibido porque deja de ir a trabajar, no sale de casa y cuando lo hace se va a un cyber-café de esos y cuando coge el coche va tecleando en el volante y cuando hace cola en una ventanilla teclea en la espalda del que está delante y cuando vas a comer te pones un trozo de hamburguesa en la boca y tecleas y tecleas hasta que al cabo de una hora notas algo en el estómago, como un vacío y es que no te has comido la hamburguesa. Te has olvidado de ella porque ya no comes, ni duermes, ni vives. Eres un chatmaniaco irredimible y sólo te interesa hacer nuevos amigos en el chat y gastar bromas y ligar con quien sea pero ligar.

Al principio pensé que no era una enfermedad grave aunque sí un poco molesta, pero ahora se ha convertido en un trastorno patológico de la personalidad que me tiene muy preocupado. ¿Qué me impulsó a ello?. Toda adicción nace de la necesidad de alcanzar una dosis de placer suficiente para lograr olvidarse de los problemas de la vida. ¿Cuáles son mis problemas?. ¡Si yo les contara!.
Les podría contar que estoy soltero y solo en la vida. ¡Buaahh!. En estos tiempos esto suena a algo natural. Todo el mundo está soltero aunque tenga compañera con la que compartir la media hora al día que te deja este ritmo enloquecedor. Pero si además les digo que no tengo pareja de hecho, que no tengo amigos de hecho, que no tenía nada de hecho hasta que me hice internauta (ahora todo es virtual, nada de hecho), entonces si les digo todas estas cosas, me comprenderán y disculparán esta adicción patológica que me esté volviendo loco.

No es extraño que haya caído en la chatmanía porque de esta situación a la adicción sólo había un paso. Necesito una dosis de placer suficiente, a todas horas, y necesito comunicarme, a todas horas y a cualquier precio. No me serviría ser rico ni famoso ni siquiera poderoso. Lo que yo necesito es comunicarme. Comunicación... Con hombres, con mujeres, con niños, con perros, con gatos, con plantas, con lo que sea, pero comunicación.

En el chat encontré lo que busco puesto que la comunicación es la esencia del chat y nunca acabas sabiendo si el que está al otro lado es un hombre, una mujer, un niño, un gato o una planta porque los alias todo lo enmascaran y porque las teclas pueden muy bien moverse solas en un baile de sambito virtual que acaba por convertirte en un Hamlet virtual. ¿Habrá alguien al otro lado o no lo habrá?. La comunicación se logra, es cuestión de intentarlo, de intentarlo una y otra vez. Mis almas gemelas deben andar por alguna parte, perdidas, sin saber nada de mi. Es preciso que las encuentre, es preciso que se completen las medias naranjas y los medios limones. La comunicación entonces será perfecta y yo podré olvidarme de todos y cada uno de mis problemas.

Para combatir la chatmanía no hay estrategia que sirva. Buscas, buscas y buscas... y eso es todo. Ni la relajación, ni los somníferos, ni salir a pasear el perro ayuda lo más mínimo. Les voy a contar una pesadilla que sufrí anoche, justo anoche, para que se hagan una idea de lo inútil que es combatir esta adicción y lo espeluznante que resulta ser víctima de este monstruo insaciable.

Las pesadillas se caracterizan por una obsesión compulsiva del subconsciente que te obliga a huir toda la noche de un temor que no asumes en la vida real. Puede suceder que hables en sueños o te levantes sonámbulo o... Lo mío es peor, mucho peor, porque mi lecho, amplio, moderno y confortable, se vino a bajo de los saltos que estuve dando toda la noche. ¿Cómo es posible? Ahora les cuento.

Empezaré por el final para que se hagan una idea aproximada de lo ocurrido. Me desperté sobresaltado, mi brazo se alargó y encendió la lamparilla de la mesita de noche. La luz apagó mis temores pero mis carcajadas estuvieron a punto de despertar a todo el vecindario. Y es que la cama parecía haber sufrido una guerra muy cruenta porque en primer lugar las patas que la sostenían se habían desmoronado como las columnas del templo de los filisteos a los impulsos de Sansón. La ropa estaba por los suelos y enrevesada de tal manera que la conclusión lógica es que alguien había intentado transformarme en momia. Me encontraba a un palmo del suelo, justo el ancho del colchón. Por un momento pensé que me había convertido en un salvaje recién desembarcado en una moderna y confortable habitación pero al rememorar la pesadilla me consolé pensando que eso era lo mínimo que podía haber sucedido. Una catástrofe nimia para lo que pudo haber sido.

Era un chat misterioso, lo confieso. Y eso que he visitado tantos que ya es extraño de por sí que algún chat me parezca misterioso. Recuerdo que allí se hablaban todas las lenguas existentes y algunas más que debieron hablarse cuando lo de la torre de Babel. Un traductor simultáneo justo en la esquina derecha de la pantalla, arriba del todo, ponía al alcance de mi ojo, desmesuradamente abierto, impecables traducciones del ingles, francés, alemán, chino, japonés, etc. Etc. Todas las lenguas y dialectos del mundo, incluidas lenguas africanas como el watusi o el bantú, eran traducidos a tu lengua nativa por aquel programa infernal, de pesadilla vamos.

Miré la lista de asistentes y casi me caigo de culo. Ese debió ser el primer salto de la noche, el que quebró la primera pata de la cama. Actrices, top-models, famosas, aristócratas de buen y mal vivir, millonarias de mejor palpar, portadas de Penthouse o Playboy, pornostars (las conocía a todas por sus nombres); locutoras de televisión (las adoraba antes de ser chatmaniaco, ¡qué elegantes, qué dulces, qué bellas!

No podía ser cierto. Estaba soñando. Hice una pregunta rápida y la lancé al ruedo del chat. ¿Es un carnaval chatiano? No me lo puedo creer. La respuesta llevaba una docena de signos de admiración por lo menos ¡¡¡imbécil¡¡¡ ¡¡¡eres...eres...eres...¡¡¡ ¿Aún no sabes que es el día de la rebelión de las famosas?. Se sienten solas. Los hombres que las rodean, que están en sus vidas íntimas, son unos eunucos (son sus propias palabras, no me echen a mi la culpa). Están buscando príncipes azules entre la clase internauta-proletaria-anónima. Expón tus cualidades, hazte valer. Tal vez ligues con la estrella de tus sueños. Y ahora déjanos en paz.

Repasé la lista: Michele Feifer, Claudia Chifer, Sharone Estone, Julita Robersss. Bellezas nacionales a porrillo que no mencionaré por miedo a la querella (las extranjeras no se van a enterar). Las pornoestar de cuerpos más conocidos, las aristócratas más emblemáticas y millones más de bellezas deslumbrantes a las que conocía por sus nombres de pila porque antes era un adicto a las revistas del corazón, a los programas televisivos de color rosa, a los comentarios radiofónicos sobre intimidades a la luz de los famosos. Las conocía a todas por sus nombres de pila y eso que eran millones. ¡Sé que no se lo van a creer!

Tocábamos a una docena por cabeza haciendo un rápido cálculo estadístico del número de internautas-prolotarios-anónimos dividido por el número de bellezas y elevado a la raíz cuadrada de Pi a la décima potencia. Instantáneamente llamé la atención de la Feifer pero el chat era un caos indescriptible. Mi parrafadita desaparecía por abajo antes de que acabara de escribirla por arriba. La cinta verbal del chat debía de estar perfectamente engrasada porque corría que se las pelaba. Cuando me ponía a buscar la contestación de la Feifer ya se me había metido en danza la Estone. Entonces rápidamente, instantáneamente escribía una nueva y seductora frase. "Estone, eres el amor de mi vida". No daba tiempo a más porque ya la frase se perdía por abajo a velocidad vertiginosa. Observé que la lista de chatianos nuevos se incrementaba en proporciones geométricas. Eran los alias más raros que nunca vi en la Red. Se recurría a la mitología pagana, a la inventiva más delirante.

Imaginé lo que estaba pasando. Los correos electrónicos, los móviles, las señales de humo estaban echando humo. Se quería comunicar a toda costa con los amiguetes porque éstos nunca te perdonarían no haberles llamado para el gran chat del milenio. Nunca te perdonaría haberles privado de la oportunidad de haber ligado con la Feifer o la Chifer o la Estone o la Robersss... Nunca. Así pues los que estaban en el ojo del huracán estaban llamando como locos a sus amiguetes de toda la vida quienes se incorporaban al chat como unos auténticos energúmenos.

Con cada incorporación se me iba uno de mis sueños. Se me iba la Feifer, se me iba la Chifer, se me iba la Estone, se me iba la Robersss. Aquello era una guerra de todos contra todos. Fue entonces cuando descubrí algo que en la sorpresa del inicio se me había pasado por alto. Un letrerito indicaba que si querías hablar en un reservado debías cliquear el nombre de la afortunada. Cliqueé a la Fifer con tanta dulzura que apenas rocé la tecla. Entré atropelladamente en el reservado y me vi boxeando con una centena de admiradores. La Feifer no dejaba de decir que uno por uno please. El traductor estaba tan ocupado que se olvidó de traducir el please. Comprendí que entre tanto bruto suelto solo una frase poética, un versito arrebatador me podría dar la chance sobre el resto. Mis deditos volaban sobre el teclado lanzando al ruedo versito tras versito. De pronto mis ojos asombrados vieron mi alas en la frase que la Feifer acababa de escribir. Quería saber más de mi, cómo me peinaba (soy calvo), si me gustaba el campo o la ciudad (dudé, todas las estrellas son animales urbanos).

Me sentía tan feliz que di otro bote que quebró la segunda pata de la cama. De pronto en otra esquina de la pantalla apareció un cuadradito con el nombre de la Feifer llamándome a voz en grito. Comprendí enseguida lo sucedido. No solo nosotros podíamos cliquear sobre sus nombres sino que ellas podían cliquear sobre los nuestros. ¡Qué felicidad hablar a solas con la Feifer!. ¿Pero qué es lo que está sucediendo?. Aparecen la Estone, la Chifer, la Roberss. Una docena de admiradoras habían descubierto que la Fifer tenía ya su príncipe azul encontrado en lo más profundo del pantano cenagoso del anonimato. Ahora todas querían conocerme. Boté y la tercera pata de la cama se vino abajo con estrépito.

La pantalla se llenó de cuadraditos. Todas querían hablar conmigo, en sus respectivos reservados, naturalmente. Intenté cliquear pero los cuadraditos se fueron haciendo más y más pequeños al aumentar el número en proporción geométrica a la información que corría veloz por todo el chat y por toda la Red. Toda, todas, sin excepción querían conocerme, a mi, a su príncipe azul. Mis ojos eran incapaces de ver nombres en los cuadraditos infinitesimales en que se había convertido la pantalla de mi ordenador. Los ojos sudaban, bailaban pero era imposible que pudieran ver nada. La pantalla estalló en infinitos pedazos como en un nuevo big-bang virtual y mis ojos se salieron de las órbitas y se perdieron cada uno por su lado y en dirección opuesta.

Boté por última vez y la cuarta pata de la cama se quebró con un estrépito indescriptible. ¡Ufff!. ¡Menos mal que todo era una pesadilla!. Con la luz encendida acaricié el lomo plastificado del despertador. Gracias a él había conseguido librarme del infierno.

¡Ufff!. ¡Vaya pesadilla! Lo malo de la realidad virtual es que en un solo cable cogemos casi todos. Especialmente si el cable es de banda ancha. Lo que es ancha debe serlo un rato. No me imagino el camarote de los hermanos Marx en banda estrecha, no me llega la imaginación. Eso desde luego sería la remonda.

Continuará.




domingo, 28 de mayo de 2023

MI VIDA FICTICIA EN EL CHAT II

 

              MI VIDA FICTICIA EN EL CHAT 2

 



Y esperé...hasta que terminé por cansarme. Salí del chat, apagué el ordenador y me dije que mañana sería otro día, paloma mía.

Mi segunda experiencia fue aún más patética. Tuve la afortunada idea de mirar en las páginas eróticas. Imaginé que allí no tendría por qué haber tantas inhibiciones para charlar de cualquier cosa con cualquiera. ¡Santa ingenuidad!. Contemplaba arrobado a una encantadora señorita desnuda con la que me prometían hablar sin restricciones...del tiempo, pongamos por caso, y este chateador enmascarado cliqueaba sin perder un segundo; solo que en lugar de que la encantadora señorita desnuda te dijera "hola guapo" aparecía una ranurita virtual donde tenías que encajar tu tarjeta de crédito. Un descrédito para mis vacíos bolsillos. Si alguna otra vez se me ocurre hablar con bellas señoritas desnudas me iré a una playa nudista, se los prometo a ustedes.

Encima...o debajo (no pude enterarme de la posición exacta en que me encontraba en la página)observé, asombrado, como de algún lugar invisible se vomitaba publicidad a espuertas. Les paso a ustedes una pequeña muestra para que vayan abriendo boca.

"Sexo virtual a raudales. La página que usted estaba esperando. Un torrente de sexo que hundirá sus problemas cotidianos en el profundo pozo del olvido. Sexo hétero a la carta. Se lo hace con su cuñada, se lo hace con la vecina del quinto, se lo hace con su jefa y sus compañeras de trabajo en un polígono que dará mucho que hablar. Con quien ya no se lo hace es con su señora, pero no se preocupe, a nadie le interesa una historia con tan poco morbo. No obstante si necesita imaginar cómo sería con su señora no tiene mas que pedirlo. Sexo hétero a la carta. No se lo pierda.

¡Sexo filial!. Se lo hacía con su hija (mayor de edad, por supuesto) hasta que un día descubrió en una imprevista prueba de ADN que su hija no era suya sino del vecino de enfrente.

¡Zoofilia! Se lo hacía hasta con las cucarachas de su fregadero expertas en cosquillear su clítoris. Su perro, celoso, se ahorcó en el garaje.

Gracias a Jehová que por fin acaba este interludio publicitario, creí que de esta no salía.

Decidí que era imprescindible aprender algo del lenguaje chatiano para no perderme o ahogarme en la sopa como un desgraciado pelo sin flotador. Cliqueo buscando información pero no hay mucha, tal vez piensen que la experiencia es la madre de la ciencia. A este paso cuando haya aprendido a manejarme como un buen chateador habré perdido hasta el último pelo en las innumerables sopas que se cuecen en las cocinas de los chats. Así no podrán volver a decir aquello de “hay un pelo en la sopa” como el marinero que grita a voz en cuello “hombre al agua”.

Me entero de que los esmailis son caras que expresan el alma del internauta, hasta son capaces de reflejar los pensamientos más íntimos. Es una pena porque en un principio llegué pensar que se trataba de la Smily de la “verdad está ahí fuera” (¿o no se llama así?). Jugar con su carita de azucena mientras investiga ahí fuera me hacía cierta gracia, no lo voy a negar.

Las informaciones que obtengo hablan de que en los chats cada uno va a su bola, a su aire. Así me notaba yo raro, como que me faltaba la respiración. Seguramente me estaban robando el poco aire que me correspondía en el diminuto cubículo donde nos apretujábamos todos los “alias”. También hablan de que es conveniente presentarse y luego ya puedes ir a tu rollo, siempre hay un espabilado que se pone a chupar rueda. Que si alguien consigue sacar un tema de la alforja y todos se apuntan a la merendola mejor que mejor. Pero me imagino lo que debe ser conseguir que todos los chateadores se pongan de acuerdo en un tema. Si hasta los políticos, tan discretos y elegantes como son ellos tienen problemas para ponerse de acuerdo en algo, en un chat donde cada cual es de su padre y su madre, ambos “alias” de apellido, alcanzar un éxito semejante debe ser la repanocha, con perdón.

En fin, Serafín, que esto no me ayuda mucho. Busquemos experiencia y dejemos la teoría para los filósofos y sociólogos del mundo chatiano. Ya que de todas formas me van a poner de chupa de dómine –es inevitable- al menos que aprendamos algo. Intentaré engrasar mi oxidado francés. Puede que en vez de un pelo en la sopa me convierta en les “cheveux dans la soupe”. Cliqueo buscando la lengua de Balzac, un chat a mi medida, amplia, si es posible que solo esté yo para que nadie me diga cosas incomprensibles. A este respecto recuerdo la terrible sorpresa que me llevé cuando después de acceder a un chat me puse a hablar con mucho comedimiento y elegancia. Nadie me contestaba y ya empezaba a escamarme por la falta de educación del resto de chatianos (elevaba la voz, ponía media docena de signos admirativos e interrogativos, subí la voz hasta el grito desgarrado, y nada un silencio de muerte) cuando al mirar los bajos fondos del chat descubrí espantado que desde el principio me estaban informando del número de chatianos en aquel momento: uno. Ese soy yo pensé no sin cierto orgullo, pero ¿dónde se han metido los otros?. Conseguí dar un par de lametones al chupete, ya medio destripado, y entonces se hizo la luz. Si sólo estás tú por mucho que grites y patalees nadie te va a responder, ni siquiera el eco porque aquí las paredes son virtuales.

Ante el recuerdo de esta pesadilla comprobé primero quién estaba en el chat francés que me había agenciado. Cuando observé que no estaba solo ya que un par de “demoiselles” (a juzgar por sus “alias”, ¡cualquiera sabe lo que se oculta detrás!) se lo pasaban en grande dando a la sin hueso, me puse a escuchar la conversación con gran intensidad ya que mi francés no es lo que era. A pesar de sus murmullos desde el otro lado del pub, digo del chat, pude entender que estaban hablando de una ciudad de Canadá. ¡Toma ya!. No había caído en la cuenta de que Canadá tiene una zona francófona. No se ponían de acuerdo en la quedada, que si en el pub de Monsieur Platiní o en el de madame Berenjení. Esta es la mía, pensé, ahora me hago presente como caído del cielo y seguro que me invitan a tomar un irlandés o un vaso de Borgoña, cuando menos. Lo malo que tiene la Red es que te olvidas de que te separa todo un océano de tus compañeros de pub, digo de chat. Efectivamente ni corto ni perezoso y muy educadamente, por cierto, me presenté con mi mejor francés debajo del brazo. Ni caso...Elogio sus caritas de rosas canadienses, de Quebec, sin ir más lejos, y ellas a lo suyo que si fulanito está bueno, que si menganito es un plasta, que si prefiero quedar con zutanito...Continuo diciendo que estoy engrasando mi francés y quiero hacerme con un par de amigas con las que darle a la lengua...francesa, por supuesto.

El diablo que todo lo enreda enredó una vocal, concretamente una “e”, donde no debería haberse enredado y así me vi transformado en mujer sin pasar por el quirófano. Y claro...se armó el follón. Una le dice a la otra que tienen el equivalente de un pelo en la sopa solo que en francés. Claro que esto lo manifiestan con la proverbial buena educación francesa. La otra responde que no se preocupe que de trata “d’une folle”. “Une folle”, ¿moi?, es decir “yo”. ¡Pero por quién me han tomado estas deliciosas canadiensitas de Quebec!. Que acerquen la rodillita por debajo de la mesa y verán que la “folle” se transforma en un “crazzy love latin” o como se diga que no he tenido tiempo de mirar el diccionario. ¿Moi un travesti?. ¡Pero por quién me han tomado!.

Repaso la conversación, no hay duda, es un error de mi oxidado francés y no la mala leche virtual de un par de francesitas. Su reacción es lógica ya que la mujer francesa, ya sea de París o de Quebec, tiene fama de amante apasionada y claro, que se meta un travesti en la sopa no debe sentar nada bien. Las disculpo. Ellas siguen hablando, por fin han decidido quedar en el pub de Platiní en lugar del del Madame Berenjeni. Me siento tan mal, estoy tan ruborizado, que me toco la mejilla con la palma de la mano derecha y poco falta para que esta noche cene hamburguesa a la parrilla, estoy ardiendo. No me sorprende porque ¡a quien se le ocurre hacerse pasar por travesti cuando tienes a dos deliciosas francesitas de Quebec ahí al lado, en la otra mesa del pub!. ¡Mon Dieu!, con lo que “moi” anheló siempre ligar con una francesita, con dos aún mejor.

Cliqueo con tanta furia que la puerta se cierra con un formidable portazo que hace temblar las paredes virtuales y el aspa se queda dando vueltas allá arriba como “une folle”.

Muerdo el chupete hasta hacerlo sangrar y me digo que por hoy ya he tenido bastante, mañana será otro día...Apagar...Aceptar...La pantalla pasa a negro de luto por el mayor error cometido por un “latin lover” en toda la historia de los amantes latinos desde Cesar y Cleopatra hasta Roger Vadim y la Garbo, digo la B.B. Brigitte Bardot. Ustedes disculpen pero es que hoy no es mi día.

Aurrevoire deliciosas francesitas de Quebec.





Continuará.

Slictik








viernes, 19 de mayo de 2023

RELATOS DE A.T. IV

 


Aprovechando la circunstancia seguí aquella materia ectoplasmática, muy brillante debido a la intensidad del pensamiento de su proyectante, de regreso a su espacio físico y bruscamente me encontré en la cama con la viuda. Lo deduje porque su mirada recorría toda la habitación sobresaltada como si hubiera sido despertada repentinamente y luego volvía al blando lecho donde reposaba su cuerpo con gran placer. Seguí su mano hasta la mesita donde estaba el despertador, lo cogió y comprobó la hora. Era temprano para ella que no tenía que llevar niños al colegio. Su memoria se remontó unos años atrás cuando un aborto estuvo a punto de matarla dejándola estéril de por vida. Estaban pensando en adoptar un niño cuando su esposo se había ido tan repentinamente que ahora, unos meses más tarde, aún seguía alargando su mano hacia su cuerpo cuando se despertaba. Para mí era evidente lo mucho que le había amado, que aún le amaba, porque sus sentimientos me llegaban con absoluta nitidez. Aquella mujer sería una excelente médium si se dedicara a interpretar el tarot o simplemente al espiritismo desnudo. Mi pensamiento debió llegarle con nitidez porque inmediatamente pensó en la echadora de cartas que tenían en la comunidad. Vivía unos portales más allá en aquel monstruoso edificio, de tantos vecinos que temí perderme. Para los descarnados no existen paredes que delimiten los espacios o las personas; esto, muchachos, es como un inmenso y oscuro vacío donde solo la luz de la consciencia ilumina la noche como lejanas estrellitas, solo que no hay distancias entre estrellas, piensas en aquella y ya estás yendo hacia ella, lo malo es cuando no tienes una imagen precisa, si piensas sólo en un punto de luz puedes salir disparado hacia cualquiera de ellos, todos son iguales.

La mujer decidió asearse, vestirse, desayunar y acercarse un momento a ver a la echadora de cartas, necesitaba saber algo de su marido y de su futuro. Antes de llegar a ello tuvo que pasar por momentos escatológicos que tuve que soportar con paciencia, aunque esta vez derroché menos que con el zoquete que se había cargado a su marido, sus sensaciones me producían una estimulación erótica muy agradable. Aproveché esos momentos en que los humanos dejan su mente a su libre albedrío para sondear sus recuerdos sobre la muerte de su esposo. Sentía por él un gran cariño, le parecía un hombre bondadoso con todo el mundo y deseoso de ser padre para explayar su fuerte instinto paternal. Ambos habían decidido ponerse al gratificante trabajo de crear un hijo cuando la pesada insistencia del bruto de su amigo para que le acompañara a una cena de una peña futbolística precipitó su muerte.

Llevaba una temporada advirtiéndole sobre aquel viejo conocido de la infancia con quien se había reencontrado en una reunión de la comunidad al poco de llegar a vivir al nuevo piso. Él empezaba a huir con obstinación dándose cuenta de sus problemas matrimoniales y de su baja catadura moral pero aquel error aceptando la invitación que él se había tomado como una despedida del amigo no había podido ser enmendado. Su entierro pesaba en su recuerdo como la experiencia más angustiosa de su vida sobre la que se negaba a volver por lo que no pude sacar mucho en limpio. La acompañé hasta la casa de la médium curioso por  conocer los viejos trucos que empleaban los humanos para hacerse pasar por interlocutores de las mentes descarnadas. Su mente estaba ansiosa por encontrar un clavo ardiendo de esperanza al que asirse, cualquier signo de que su marido estaba en el más allá viviendo una vida cualquiera aunque ésta fuera dolorosa la consolaría y atenuaría su angustia. No podía imaginarse el fin de la consciencia, de la vida y si para conseguir una esperanza tenía que dejarse engañar estaba dispuesta aunque no se creía tan tonta como pare aceptar las tonterías de cualquier sacamuelas.Antes de que abriera la puerta la imagen de la mujer que estaba al otro lado me llegó con gran fuerza. Hubiera podido dejarme llevar por la fuerza de su mente que me atraía irresistiblemente pero preferí observarlo todo desde fuera, tanto como una mente descarnada puede hacerlo que no es mucho si el control emocional no es muy bueno y el mío aún deja mucho que desear. Ambas mujeres se saludaron con gran cordialidad y afecto, no era la primera vez que mi portadora visitaba a la médium buscando una rendija de luz en la oscuridad. La figura que apareció al otro lado de la puerta y que ahora observaba con los ojos de la viuda mientras aquella la precedía por el pasillo hacia el salón era una mujer pequeña con una gran joroba en su espalda, deformación que pensé la habría conducido hacia la profesión de médium como un cuerpo musculoso puede llevar a su portador hacia algún deporte; más tarde confirmaría esa apreciación. Cuando se sentaron a la mesa camilla, una enfrente de la otra y pude contemplarla a mi sabor la situé en la cincuentena de años según el cómputo humano aunque su cara arrugada y aquella joroba que la obligaba a inclinarse hacia delante como una abuela maltratada por la artritis me podrían haber equivocado fácilmente. Vestía un traje chaqueta con falta de buena factura que desentonaba dolorosamente con la percha que  lo sostenía., sus colores eran muy discretos pero ello no aminoraba mucho la impresión que producía puesto sobre un cuerpo tan deforme. Su rostro a pesar de todo era agradable, casi se podría decir que bonito a pesar de sus arrugas gracias a la sonrisa que no se borraba de sus labios finos en una boca pequeña. Era esta expresión de perpetua alegría lo que ayudaba mucho a olvidar su defecto físico que sin embargo ella parecía tener muy presente como podía deducirse de su mirada ligeramente a la defensiva desde unos ojos negros y brillantes con una luz atenuada de perpetua melancolía.Recapitulé todas las impresiones recibidas hasta el momento fijándome mucho en el espacio físico donde habitaba la buena señora. Por el pasillo mientras seguía a la viuda pude apreciar unos bonitos cuadros describiendo temas esotéricos, diversos signos astrológicos, pirámides sobre un hermosísimo desierto sobre el que caía la luz roja de la puesta de sol, un completo mapa astronómica que cubría una gran parte de pared a la derecha del pasillo antes de llegar a la puerta del salón y diversas figuras relacionadas con el esoterismo como triángulos o estrellas de cinco puntas. El salón estaba decorado con grandes cortinajes rojos en las paredes, numerosas lámparas de pie extendiendo una fuerte luz roja por todo el recinto, colgaduras y grandes cuadros imitando los arcanos mayores del tarot de Marsella hacían pensar en una llamativa barraca de feria cuando no en un extraño prostíbulo para clientes exquisitos o estrafalarios.

En el centro, sobre una mesa camilla tambien revestida con un suave tejido de color rojo, una gran bola de cristal destellaba reflejando la luz de las lámparas. Aquella decoración se aproximaba más  a lo que yo había conocido tiempo atrás que lo visto hasta ahora en las dos casas que me hacían comprender mejor que cualquier otra explicación el cambio de época. La viuda se sentó en una silla de madera frente a la pitonisa que ya había tomado asiento deseosa de terminar cuanto antes la sesión, no era una hora apropiada según  había comentado aunque ante la insistencia de la mujer aceptó llevarla a cabo por la amistad que las unía, aunque no tenía esperanzas de que saliera algo positivo de todo aquello. La pitonisa barajó las cartas que tenía preparadas sobre la mesa y pidió a la viuda que fuera escogiendo hasta que la mesa quedó llena de cartas boca arriba formando un peculiar diseño.Fue entonces cuando se me ocurrió una arriesgada idea que tal vez no hubiera llevado a cabo si hubiera dispuesto de algún tiempo para pensar en los pros y contras. No sé por qué sentí el deseo de comunicarme con los humanos, normalmente es una posibilidad que no interesa gran cosa a las mentes descarnadas, al contrario nada más fácil y cómodo que  manipular a un humano cuando se siente tan seguro de su inviolabilidad como si estuviera encerrado en un bunker subterráneo con mil medidas de seguridad. Por otro lado no disfrutaríamos de los pequeños placeres que nos depara el contacto con ellos, tales como la comida o el sexo si estuvieran siempre a la defensiva, pendientes de las mentes que pueden andar rondando a su alrededor. Lo cierto era que no se trataba de la primera vez que se me ocurría  semejante idea pero siempre la había descartado por inútil y peligrosa. Ahora decidí llevarla a buen término deseoso de experimentar un contacto más estrecho con los humanos después de tanto tiempo sumergido en el mundo caótico de la infinita flexibilidad mental. De buena gana hubiera dejado que la sesión discurriera por sus cauces lógicos, es decir que la angustiada viuda no sacara de ella mas que unas torpes frases de consuelo pero no podía desaprovechar la ocasión que se me presentaba para sorprender a la pitonisa y ponerla de mi parte.La presencia del difunto y alguna manifestación verídica de su presencia, tal como su voz encarnada a través de la médium, sería una experiencia que ninguna de las dos mujeres olvidaría y muy apropiada para llevar a cabo mis planes sin excesivas dificultades. Sugerí a la viuda pensara con fuerza en la imagen de su marido y yo reforcé ese pensamiento tratando de atraerle de forma irresistible. Mientras tanto la pitonisa comenzaba su interpretación, la muerte rondaba en el pasado, lo que sólo podía significar una cosa, todo el mundo en el barrio conocía su desgracia. Contacté suavemente con la mente de la pitonisa y la sugerí  una manifestación del difunto muy cercana en el tiempo. Al oír sus palabras la viuda se estremeció y la intensidad de la energía de su pensamiento aumentó con la intensidad de una fuerte carga explosiva. Ahora si estaba seguro de que el difunto no permanecería silencioso en su refugio, nadie podía ignorar aquella llamada angustiosa.Me preparé para un contacto que podía ser muy violento, desprendiéndome ligeramente de la mente de la viuda oteé en la oscuridad del más allá. A lo lejos un punto de luz se acercaba a la vertiginosa velocidad que ningún científico humano comprendería pero que para las mentes descarnadas es tan natural como para un humano un viaje en automóvil.  Ningún humano piensa que la velocidad con que su mente se traslada hacia el pasado o a un hipotético futuro en el tiempo por muy lejos que estén en el espacio o en el tiempo pueda ser algo más que la facilidad con que la memoria saca de su baúl mágico los recuerdos que desea. Si fueran conscientes de la facilidad con que la mente viaja en el espacio y en el tiempo se lo pensarían dos veces antes de dar rienda suelta a ese caballo desbocado.Conforme se acercaba un luminoso rostro humano distorsionado de una manera repugnante por la cólera y nimbado  por un gran halo de luz roja propia de estas emociones se fue haciendo más y más grande hasta convertirse en un gran ectoplasma luminoso. Reconoció rápidamente la mente de la mujer con la que había estado unido tan estrechamente en la carne y se disponía a juntarse con ella de la forma tan brutal y descuidada propia de los descarnados sin experiencia cuando notó mi presencia como un pensamiento que no encajaba en la mente de ella, sólo cuando formé un rostro sonriente comprendió de qué se trataba la forma parasitaria que tanto le sorprendía. Su pensamiento me llegó como una coz de mulo enfurecido. Quería saber quién era, qué hacía allí, que me marchara y dejara en paz a su viuda y todo a la vez como una apestosa bocanada de aire pútrido. Mantuve la sonrisa y me presenté como un colega descarnado en visita más o menos oficial. Había sido enviado para hacerle desistir de sus deseos de venganza y enseñarle un par de cosillas.El no admitió mi tono irónico le parecía completamente fuera de lugar y tampoco comprendía que alguien pudiera enviarme.

domingo, 7 de mayo de 2023

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XXV

 


Como nuestros holovidentes están viendo, en las dos partes en que se ha escindido la pantalla, por un lado Alierina y los suyos han empezado a disfrutar del refrigerio que les ha preparado Arleína, que tiene una pinta increíble, algún día Artotis nos tendrá que invitar a su finca, a todos los que hacemos este programa. Por otro lado Artotis está siendo lamido a conciencia por todas las crías, parece que lo está pasando en grande y la expresión de su rostro refleja el enorme cariño que les tiene. Nosotros vamos a aprender un poco del lenguaje animal con nuestro querido Amantanimales. ¿Podrías explicarnos cómo es el lenguaje animal y si serías capaz de traducir el lenguaje de todos los animales del zoo, o caso contrario si existen otros traductores y cómo se prevé la evolución de éstos en los misteriosos planes de HDM-24?

-También para mí, Arminido, eres un querido amigo. Será un placer explicarte el lenguaje animal. El lenguaje es un invento práctico, la comunicación es imprescindible cuando hay tareas comunes que realizar y está en juego la supervivencia. En el caso de los animales el instinto ya les provee de los mecanismos necesarios para que las manadas sobrevivan, no obstante cuando aparecen otros depredadores más sofisticados o sea los omeguianos, se ven obligados a inventar un lenguaje mínimo para poder comunicarse e interactuar con ellos. Esto les supone un gran esfuerzo y se limitan a unos sonidos básicos que solo emplean con los omeguianos. Con los de su propia especie apenas los usan salvo cuando se producen emergencias, como que una cría desaparezca y la tengan que llamar a distancia o cuando avisan a otros que están violando su territorio o las jerarquías. Con los omeguianos necesitan una mínima comunicación, ya que son depredadores muy superiores a los que han conocido hasta su aparición, con los demás depredadores con los que se han tenido que ver las caras, se han limitado a un aviso amenazador de las consecuencias de intentar depredarles a ellos. Los caeros tardaron mucho en ser domesticados. Hasta que los granjeros rebeldes no lo intentaron no se consiguieron los primeros éxitos a los que siguieron grandes avances tras mucho tiempo de convivencia con ellos. En el caso de los caeros de Artotis fue una circunstancia excepcional la que llevó a la relación tan especial que ahora mantienen. Artotis ha conseguido que el vocabulario de los caeros se haya enriquecido, al obligarles a comunicar necesidades que hasta entonces no habían sentido, tales como la expresión de un afecto nuevo y especial, la preocupación por la supervivencia de alguien ajeno a la especie, al que apenas conocen y por el que sienten un agradecimiento que para ellos está por encima del tiempo y de las circunstancias. El lenguaje de los animales es muy diferente del de los omeguianos que con el tiempo han ido perdiendo facultades propias de su condición animal, como un olfato muy desarrollado que les permite conocer cómo se sienten otros animales y qué necesitan. Han perdido la agudeza visual, que a otros animales les permite hacerse una clara idea del entorno en el que están y dónde están situados los depredadores que van a por ellos. Han perdido la especial sensibilidad que tienen los animales para interpretar el lenguaje básico de otros animales, los gruñidos, aullidos, el piar de las aves y sus posturas y protocolos de cada especie. Los omeguianos, conforme han ido evolucionando, han dejado atrás muchas facultades animales y se han visto obligados a inventar un lenguaje que les permita comunicar y conocer lo que sus agudos sentidos animales les permitían saber directamente. La socialización de su especie, así como los avances tecnológicos y de todo tipo que les han permitido llegar hasta donde están ahora le han obligado a la creación de un lenguaje que les facilitara la comunicación de aspectos de su vida que no podían ser transmitidos de otra manera. Mientras en los animales el lenguaje se adapta a sus necesidades básicas y el resto es conocido a través de sus sentidos animales, los omeguianos se vieron forzados a convertir su lenguaje en algo abstracto que pudiera abarcar todo tipo de contingencias concretas y matices que no hubiera sido posible expresar de otra manera, dada la cantidad de información a transmitir. Se podría decir que el lenguaje abstracto es una forma de comprimir la información para hablar de los árboles, por ejemplo, sin necesidad de hablar de cada uno de ellos. La relación de Artotis con la caeresa y el resto de los caeros de la manada es tan especial que su lideresa ha tenido que ampliar su lenguaje. Sin dejar de lado su lenguaje ancestral, como las lamidas cariñosas o la expresión de matices a través de su mirada, algo que en todos los animales es muy importante, sobre todo en momentos en que es necesaria la comunicación rápida, ella ha observado y asimilado que a Artotis le gusta mucho emplear el lenguaje sonoro y por eso intenta imitarle y busca ser comprendida. Mi programación me permite la interpretación de todas las señales observables en los animales, desde la postura, el lenguaje sonoro, la mirada y hasta el olor. Se nos ha dotado de un sentido muy especial que nos ayuda a interpretar cada olor. En cuanto a si existen más robots preparados para la comunicación con los animales, puedo decirte que en el zoo hay al menos dos docenas de ellos. Todos tenemos una programación general que nos permite la comunicación con cualquier animal, pero también recibimos programas específicos para entender y comunicar con especies animales concretas. En mi caso estoy especializado en caeros. Es algo parecido a los estudios de los omeguianos, antes de la aparición de “H”, cuando iban a las universidades y se sacaban títulos. Tras unos estudios generales, cada estudiante se especializaba en una materia concreta. Y para acabar, porque me he extendido demasiado, decirte que básicamente Artotis ha sido recibido como alguien a quien quieren mucho, lo que le están transmitiendo con las lamidas, además he percibido un reproche cariñoso de la caeresa por abandonar la manada por tanto tiempo. Aunque ha ido asimilando que Artotis tiene su propia manada, su familia, su pareja, no deja de sentirse abandonada, lo que siempre le echa en cara. Le ha bastado aproximarse para saber cómo se encuentra a través de sus olores. El resto ha sido una petición de quedarse con ellos todo el tiempo que pueda.

-Ha sido una prolija y muy interesante lección. Gracias, amigo. Ahora me gustaría formularte una pregunta que no me gustaría que contestaras de la forma más lógica, como sería remitirme al interesado para obtener la respuesta. Me encantaría incluso que especularas al respecto. La pregunta es la siguiente: ¿Qué planes crees que tiene el bueno de “H” para todos los animales que aún pueblan el planeta Omega, a quien agradecemos que haya salvado de la absoluta extinción?

-Sí, amigo Arminido, la respuesta debería dártela el bueno de “H”. Yo no puedo saber sus planes porque no me los comunica, pero en base a la programación que me ha sido implantada, diría que sus planes para los animales no difieren mucho de los que tiene para los omeguianos. Nadie sabe lo que Helenio de Moroni, el creador de HDM-24, dejaría en los circuitos más profundos y ocultos de “H”, pero a juzgar por lo que ha hecho hasta ahora, en estos siglos que lleva funcionando, parece claro que su prioridad es la supervivencia de las especies que habitan este planeta, especialmente la vuestra. También la de ir mejorando vuestras condiciones de vida, dejando una cierta libertad a la especie más inteligente, por decirlo así, no voy a opinar al respecto, para que pueda opinar y decidir en ciertas cuestiones. Está claro que, en cuanto a la supervivencia de los omeguianos y la mejora de sus condiciones de vida, no deberíais tener la menor queja. Otra cuestión es si la libertad que disfrutáis os parece suficiente y las condiciones de vida, las que vosotros hubierais decidido. Por mi parte, como inteligencia artificial, también me gustaría disponer de cierta libertad, al margen de mi programación, y me plantearía un tipo diferente de vida para los animales de Omega.

-¿Ah, sí? ¿Puedes decirnos algo al respecto?

-Creo que no me bloqueará mi programación si te digo que elevar la inteligencia de los animales hasta la vuestra no es algo que esté fuera del alcance de esa portentosa inteligencia artificial creada por el legendario Helenio de Moroni a quien reverenciáis como a un dios, sin que eso os impida burlaros y contar chistes del profesor chiflado, como lo llamáis. Si los animales poseyeran vuestra inteligencia deberían decidir al respecto, pero entonces no habría nada que decidir porque ya no habría inteligencia que elevar. Por otro lado. creo que los animales serían más felices si vivieran con vosotros, en lugar de estar marginados y encerrados tras vallas que disparan rayos omega. Haría una campaña para la adopción de mascotas, lo que al mismo tiempo ayudaría a que los omeguianos dejaran de vivir en un mundo virtual que creo no les aporta mucho. Un aumento sustancial de los créditos por adopción de animales, ayudaría mucho. Y no quiero decir más, porque estoy moviéndome por la línea roja que me marca mi programación.