martes, 28 de noviembre de 2023

DIARIO DE UN GIGOLÓ VII

 


-El empleo es tuyo, si lo quieres.

-¿Así, sin más?

-¿Quieres que te haga una entrevista de trabajo?

-No, claro pero no me conoce de nada. Ni siquiera sabe si he trabajado alguna vez de camarero.

-¿Lo has hecho?

-Sí, pero…

-Pero nada. Eres un chaval fuerte y pareces despierto. Aprenderás pronto.

Con el tiempo, otro camarero (el pub tenía tres, además de Paco) me sacaría de dudas. Fue mi prestancia la que le hizo decidirse tan pronto. El atractivo físico era una condición básica para trabajar allí. Al parecer acudían muchas damas solitarias buscando compañía fácil. Cuando no encontraban algo de su gusto entre la clientela habitual acostumbraban a invitar a una copa al camarero de su gusto y luego podían pedirle que les acompañara a casa o donde fuera que hubieran situado su nidito de amor.

Paco hacía la vista gorda de todos estos tejemanejes a cambio de un porcentaje, un tanto por cien que cobraba al camarero de turno o al cliente de turno que quisiera utilizar las habitaciones que poseía el dueño en el piso de arriba. En resumidas cuentas que Paco era un discreto y amable celestino. Incluso solía invitar al pelma de turno que iba por allí solo a echar un “vistazo” con el fin de saber si se trataba de un cliente potencial o si acabaría por dar más problemas de lo que valía, como el mismo Paco me contaría con el tiempo.

Pidió a uno de los camareros que ocupara su lugar tras la barra y me hizo pasar a la trastienda. Me invitó a sentarme en una silla y él ocupó un sillón tras una pequeña mesa de despacho. No había lugar para más en aquel diminuto cuartucho. Iniciamos la conversación hablando de lo que más nos interesaba a ambos. Quise hacerme el duro y puse mis condiciones.

-Soy universitario, necesitaré una noche libre la víspera de exámenes y horario a tiempo parcial cuando tenga que preparar alguna asignatura difícil.

-Hecho.

-Antes de abandonar mi trabajo como portero de discoteca me gustaría saber cuánto voy a ganar aquí. Para perder dinero no necesito cambiar de trabajo.

-¿Cuánto ganas allí?

Inflé mi salario, intentando hacerme el listillo, a ver si colaba.

-Hecho.

-Y paga usted el uniforme.

Había observado que los camareros llevaban camisa negra con pajarita, con pantalón de tergal del mismo color.

-Hecho. ¿Algo más?

Abrí la boca buscando conseguir mejores condiciones puesto que me lo había puesto tan fácil, “a huevo”, pero no se me ocurrió nada más. Paco escupió en la palma de su mano derecha y me la tendió con una sonrisa.

-Soy de pueblo, hijo mío, allí sellamos los tratos de esta manera. Nada de papeles. Si estás descontento con algo me lo dices y veremos qué se puede hacer. Si estás enfermo llamas y yo me lo creo, siempre que no abuses. ¿Podrías empezar ahora?

-¿Ahora? Tendría que trabajar tal como voy vestido.

Y señalé mi camisa. Paco rió.

-¿Has tenido alguna batalla campal con una chica?

-Algo parecido.

 Su sonrisa se ensanchó.

-Así me gusta. Vamos a probarte uno de mis uniformes.

Abrió un armario disimulado en la pared y descolgó de una percha una camina y un pantalón.

-Nadie va a fijarse en tus zapatos por esta noche. ¿Tienes zapatos negros?

-Sí, un par para vestir. No me desagrada el negro.

-Me gusta tu honradez, chico, podrías haberme dicho que no para que te comprara un par. Pues mira, por “honrao” te voy a dar para un buen par de zapatos y un pequeño adelanto. Mañana quiero verte con zapatos negros.
Abrió un cajón, rebuscó en él y me tendió un par de billetes.

-Y ahora pruébate esto, mañna por la mañana pasarás por la dirección que te voy a dar para que te hagan unos arreglos y te confeccionen una camisa y un pantalón de repuesto. Mucho ojo, chaval, la chica es mona pero es del pueblo, es como si fuera una hija para mí. ¿Me entiendes? Como se te ocurra camelarla y luego dejarla tirada te voy a dar una somanta de “ostias” que no te va a reconocer ni tu padre. Y te lo dogo muy en serio. ¿Lo has pillado?

-A sus órdenes.

-Nada de bromitas con esto. Y ahora quítate la ropa y ponte esto. No te preocupes que te vea en calzones. Estoy curado de espantos y además me gustan las mujeres y mucho. Si fueras una mujer y te viera en bragas no respondería de mis instintos. Pero tú llevas calzones, ¿no, chaval?

-Imagino lo que quiere decir. Me gustan demasiado las mujeres para hacer tonterías.

-Eso espero, porque aquí los camareros somos todos muy machos. Te adelanto que si alguna dama te tira los tejos debes hacerle caso. Habla conmigo y podrás salir antes. Si luego te hace un “regalito”. ¿Sabes lo que quiero decir? Pues me lo dices y hacemos cuentas. Confío en ti, chaval, tienes cara de “honrao”.

Me probé sus ropas, las mangas me quedaban largas. Paco las recogió con mimo. El pantalón era un poco ancho. Paco me apretó el cinturón sin contemplaciones. Apenas me sobraban unos dedos de largo. Nuestra estatura era muy parecida. Recogió un poco los bajos y me colocó la pajarita.

-Listo. Si tienes alguna dificultad vienes a la barra y te pongo al loro. Hoy te echarán una mano los compañeros, pero mañana quiero que te defiendas tu solito y dentro de una semana serás el amo en “The Sailor”.

Lo pronunció tal cual, “De Sailor”. De esta guisa me acompañó hasta la barra. Me colocó a su lado mientras echaba un vistazo a la concurrencia.

-De momento está tranquilo. Te enseñaré dónde están las botellas, cómo servir una jarra de cerveza “como el fó” y cómo preparar un martín, los cócteles los dejaremos para mañana. ¿Ves aquella dama del rincón? Es la señorita Julia, una solterona aceptable, tiene mucha pasta, vive de las rentas, y ya te ha echado el ojito. Esta noche no te invitará, no te conoce de anda, antes querrá ver cómo te desenvuelves, pero lo hará un día de estos, seguro. Hazte un poco el remilgado, no mucho, porque a ella no le gustan demasiado fáciles, pero tampoco muy complicados. Tú mismo sabrás cómo maniobrar, ni demasiado fácil ni se lo pongas muy complicado. Te llevará a su piso y te dará una buena propina. Quiero el veinte por ciento y no me engañes. Sería una estupidez por tu parte.

Miré a la dama en cuestión. Una mujer delgada, bien vestida, aunque un poco remilgada para mi gusto. No estaba mal, aunque tan poco tan bien como para ir corriendo tras sus posaderas. La dama me observó con detenimiento e hizo un gesto a Paco.

-Quiere lo de siempre, un jerez seco. Esta es su botella, es especial, solo para ella. Si le sirvieras a otro y ella te viera se quejaría y yo tendría que echarte un buen rapapolvo a su presencia. Se lo vas a llevar. Te preguntará si eres nuevo. Es posible que te pida que te sientes con ella unos minutos. Me miras y yo asentiré, así sabrá que estás en el ajo. Te hará alguna pregunta. Procura ser discreto y muéstrale un poco de tu cultura, no demasiado, no te pavonees con ella.  No tengo nada más que decirte. Y ahora lleva el jerez.

 Lo hice. Dije "un buenas noches" simpático, no demasiado y dejé el jerez ante ella con cuidado. Ya me disponía a marcharme cuando ella me retuvo.

-¿Eres nuevo?

En otras circunstancias me hubiera gustado responder con alguna broma, algo así como “sí, con cara de huevo”. Pero no estaban los tiempos para hacer bromas con el trabajo.

-He comenzado esta noche.

-Siéntate ahí, solo será un minuto.

Miré a Paco que asintió. Me senté frente a ella, la silla era un poco baja para mí, procuré que mis pies no la rozaran.

-¿Es tu primer trabajo?

-No. Soy universitario y tengo que trabajar un poco para ayudarme en los estudios.

-¿Qué estudias?

-Psicología.

-Interesante carrera. ¿Te gusta la música?

-Mucho, sobre todo la música clásica.

-¿Qué compositores te gustan más?

-Beethoven…(observé un gesto en ella como diciendo, lo de siempre)… eso me hizo titubear buscando su compositor favorito… Chopin…

-¿Chopin? Tienes buen gusto. Puede que un día de estos te invite a mi casa. Tengo un maravilloso piano. Te tocaré.

Hice como que no había captado el segundo sentido de la expresión y me alejé.


viernes, 10 de noviembre de 2023

LA VENGANZA DE KATHY XVIII

 




No sé cuándo Kathy volvió a abandonarme para comer, dormir o hacer cualquier cosa que tuviera que hacer, si es que tenía que hacer algo. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde mi llegada. Por eso no me podía hacer una idea de lo que estaría ocurriendo en Crazyworld. Seguro que ya llevarían tiempo buscándome. La posibilidad de que me encontraran era tan remota que ya me daba por muerto, antes o después y de la forma que fuera, pero yo ya estaba muerto.

Fue entonces cuando noté un ligero movimiento en los dedos de mi mano derecha. No podía percibirlo con la mirada, pero sí en la sensibilidad que habían empezado a recobrar. Puede que el efecto del potingue del profesor Cabezaprivilegiada empezara a decaer, y eso era una excelente noticia para mí. Lo malo era que tardaría muchas horas en lograr el movimiento de los brazos para poder reducir a Kathy cuando volviera. Regresaría mucho antes, impidiéndome cualquier plan de fuga que se me ocurriera. A pesar de ello me centré en recobrar el movimiento de los dedos, cuando lo consiguiera seguiría con la mano y el brazo. Fue un trabajo ímprobo. Toda mi concentración estaba en los dedos. Es un decir, porque no podía estar en otra zona de mi cuerpo. Aquel lento despertar era la sensación más extraña que había tenido en mi vida…es un decir, de lo que recordaba de mi vida, que no era mucho de momento. Se puede decir que mi consciencia se escindió en dos, la que me mantenía en la existencia, atemporal y adimensional, y la que se iba abriendo paso hacia mi cuerpo, un reencuentro tan satisfactorio como confuso.

En algún momento Kathy reapareció a mi lado, me cambió el gotero para alimentarme aunque yo no tenía hambre ni sed, eran sensaciones casi olvidadas. Un dedo de mi mano derecha sufrió un ligero espasmo que no le pasó desapercibido, porque se inclinó hacia mi oído y me susurró, en una voz gélida y opaca, que no reconocí:

-¿Pensabas que no me iba a dar cuenta? El efecto está desapareciendo un poco antes de lo calculado. Tienes una naturaleza de toro. Mi torito español. Voy a adormecerte para que no me cornees.

Puso su rostro frente a mi mirada que no parpadeó, no así la suya, me hizo un guiño que no hubiera desentonado en el rostro de la muerte y desapareció de mi ángulo de visión. ¿Torito español? ¿Cómo podía saber ella que yo había recordado algunas cosas de mi pasado, entre ellas que mi padre, Johnny el gigoló, era español? ¿Había hablado sin darme cuenta? Eso era imposible. Como que fuera capaz de leer mi pensamiento.

Regresó con una jeringa grande y una aguja aún más grande. Recordé que cuando me la clavó por primera vez, en el claro, yo había perdido la consciencia durante un tiempo que tuvo que ser prolongado para que a ella le diera tiempo de arrastrarme hasta el búnker y colocarme en aquel lecho donde había permanecido todo aquel tiempo incalculable. Sentí un gran alivio al pensar que el efecto de la inyección debería ser el mismo. Perder la consciencia por completo era lo mejor que podía pasarme, y si ya no despertaba, mucho mejor. Me hubiera gustado despedirme de la vida, de mi fugaz vida de amnésico, pero como sucedió en el claro, el efecto fue fulminante. Solo que esta vez antes de hundirme en la oscuridad mi mente estalló en un millón de fragmentos, como burbujitas flotando en el aire, cada una con una imagen diferente, una especie de puzle caótico, que una vez recompuesto formaría mi identidad total, mi verdadera personalidad. Se produjo un fenómeno sorprendente, mi cabeza comenzó a dar vueltas, a girar con una lentitud pasmosa, un mareo cósmico me atrapó. Me sentí fuera de un cuerpo que no tenía, subiendo hacia el techo, contemplando mi verdadero cuerpo físico allí abajo que estaba siendo acariciado por las manos de Kathy. Las burbujas de imágenes chocaban contra aquella cabeza que no podía ver pero que sin duda era la mía. Cada choque despertaba un recuerdo, cada imagen se colocaba en un puzle sin sentido, sensaciones sin la menor cronología, tan intensas que me hacían revivir una delgada rebanada de mi pasado. Era como una película troceada, no en secuencias, sino en planos difusos, confusos, sin orden ni concierto. El mareo se acentuó hasta sentir cómo me iba hundiendo en una especie de remolino que caía hacia mi propio ombligo. El malestar era tan infinito como aquella especie de orgasmo cósmico que sin duda me estaba llevando hacia la muerte. Si la muerte era así, no me parecía tan mala como su leyenda. Puede incluso que existiera un más allá si mi consciencia podía volar sin cuerpo de aquella manera. No supe si alegrarme o angustiarme porque como agua remansada que se cuela por el sumidero, mi consciencia se difuminó en una plácida oscuridad.

martes, 7 de noviembre de 2023

LA ÓPERA DEL LOCO V

 


El pero no es otro que su belleza. Es demoniaca ACA.ACA y ACA, Es una auténtica demonia. Y se transforma en serpiente, en Vilenta. Una Vilenta antropomórfica que repta por el escenario, echando sapos y culebras por su boca. Se pone en pie y comienza a imitar, con voz de pito a la condesita real.

ACA ACA Y ACA, ETC repitiendo lo ya dicho.

Todos repiten con voces tremendas, coléricas, infernales. Se forma un coro infernalmente  armonioso.

LORD MONTORO

Tanto, tanto, anto, anto, anto, oro desperdiciado, ado, ado y ado, en un espectáculo, culo, culo, repugnante, ante, ante y ante. Parece un pedo diabólico, pedo, edo, edo, edo y edo.

El bufón, que sigue espatarrado, forma un halo ectoplasmático reluciente que se transforma en lord canciller, resplandeciente y escamoso. El oro le sale por las orejas.

ACOTACIÓN PARA EL ESCENÓGRAFO

En toda la escena el ballet tiene un papel preponderante, los clones ectoplasmáticos bailan- En el centro el clon de Plurabella. Al ballet se van uniendo figuras conforme brotan de la boca del bufón, incluso la concurrencia real baila sobre la punta de sus pies y se mueve un poco cortesanamente. Dejo al talento del escenógrafo la coreografía. En sus manos me pongo, porque la escena, sin el ballet, perdería mucho.

Los duques permanecen silenciosos, rígidos, esperando acontecimientos. Plurabella no puede contener las lágrimas, y todo el tiempo, moviéndose entre la concurrencia no deja de intentar convencerlos de que aplaudan al bufón y su obra maestra. La concurrencia no le hace caso, miran a los duques, esperando su señal de linchamiento. Cuando el bufón se espatarra, ella sube  al escenario e intenta reanimarlo. De la boca del bufón, entre figura y figura, salen besos amorosos y corazones heridos por flechas.

Plurabella llora, llora y llora.

TODOS

ORA, ORA Y ORA.

LORD CANCILLER

ORO, ORO Y ORO.

Al fin el bufón se reanima y se pone de pie. Plurabella real le abraza y le besa. Escandalo entre la concurrencia, que a numerosas voces formará un contrapunto-fuga que permenacerá como bajo continuo al tiempo que se mueve dando forma a un ballet obsesivo y percutiente.

TODOS

La duquesita Plurabella le besó ESÓ, ESÓ, ESÓ, E-E, E-E, E-EE, E—EE, EEE

le besó, OO, OO, OOO, OOÓ al bufón, ÓN,ÓN Y ÓN, E-E  EEÉ   EEE   EE-E Etc Etc.

jueves, 26 de octubre de 2023

EL BUSCADOR DEL DESTINO IX

 


Me despierto con una urgencia que no puedo posponer. Necesito vaciar la vejiga, no dentro de un rato, ya, me iré por la pata abajo. Salgo corriendo. Menos mal que antes de llegar al servicio recuerdo los gatos que se han colado en casa. Enciendo la luz, y en efecto, andan jugando en el servicio con unos rollos de papel higiénico amontonados contra una pared. Menos mal que venían con la casa, porque es otra cosa de la que me he olvidado en el supermercado, el papel higiénico. Los gatitos salen corriendo y se esconden en la habitación de la calefacción. No tengo tiempo para pensar. Orino como una fuente mientras intento recordar el sueño. Era entretenido, pero no recuerdo nada. Ya estoy mayor, de hecho, me queda poco para la jubilación. La próstata es uno de mis mayores problemas, cada dos horas en punto debo mear, esté donde esté y haciendo lo que esté haciendo. No quiero volver al urólogo porque en la exploración que me hizo hace años de la próstata, sufrí un orgasmo terrible. No me había informado, no me habían avisado, bueno sí, el urólogo me dijo vuela pluma los efectos de su dedo en mi ano. Pero no me esperaba algo así. Luego bromeé para mi coleto, si alguna vez volvía, cosa que dudaba, buscaría una uróloga, por lo menos el orgasmo tendría algún sentido. No volví, ni pienso volver, así me pille un cáncer de próstata, me niego en redondo. Y así estoy, procurando estar cerca del servicio cuando den las dos horas. Por la noche es un incordio, tienes que dormir a saltitos, como los canguros. A pesar de ello no duermo mal del todo y cuando me levanto no se me olvida encender la luz del servicio. Por suerte no vuelvo a ver a los gatitos. Estarán durmiendo. Todo quisque debe dormir las horas preceptuadas por la madre naturaleza.

 

Al día siguiente me despierto con la sensación de haber tenido unos sueños muy interesantes y agradables. Me olvidé de colocar la libreta y el bolígrafo en la mesilla de noche, deben de estar en un bolso de la mochila. No los voy a necesitar porque no recuerdo nada. Abro la puerta del balcón y contemplo el jardín y las montañas a lo lejos. Hace un día soleado. Miro en el móvil el tiempo, las temperaturas hoy serán altas y mañana más y al otro casi entramos en la ola de calor. Debo de darme prisa, desayuno y me pongo con la valla. Me acuerdo de mamá gata y los gatitos. Primero son ellos, hay que darles de comer. Decido subir el comedero e instalarlo en la habitación de la caldera. Cambio de opinión, allí pondré el arenero, el comedero y el bebedero irán en otra habitación adyacente al servicio. Cuando entro los gatos salen de un armario que tenía la puerta entreabierta, corren como cohetes pequeñitos. Vale, si duermen allí, también podrán comer y beber. Lo instalo todo. Voy a bajar a desayunar, pero veo que comederos y bebederos están vacíos. Relleno de agua los bebederos y bajo a la cocina donde he puesto el pienso. Subo el pienso. Mucho me temo que estas escaleras tan empinadas acabarán conmigo. Además de prostático soy obeso y debo tener el colesterol alto y también el azúcar y… Me da igual, no pienso ir al médico, así me muera de una vez. Si ese es mi destino, así será. Me doy cuenta de que tendré que memorizar o hacer una lista en el móvil con lo que tengo que subir y bajar o acabaré agotado de tanto subir, me conozco y sé que me olvidaré de una cosa y de otra y de otra, estaré todo el día subiendo y bajando. Claro que es un buen ejercicio, un ejercicio excelente, pero yo no quiero hacer ejercicio, bastante tengo con el trabajo de estar vivo como para encima hacer ejercicio. Echo el pienso en los comederos, y en ese momento me doy cuenta de que los gatitos son muy pequeños, puede que no estén destetados. En ese caso solo mamá gata necesitará comer. Esto es un incordio, debería echarlos a la calle. Se me arruga el alma, no puedo ser tan canalla. Los dejaré en casa. Al fin y al cabo, solo estaré un mes, hasta que se acaben las vacaciones.  Pienso qué será de ellos cuando yo me vaya y se me cae el alma a los pies. Decido no pensar más. Mejor me activo.

 

Desayuno rápido, quiero acabar la tarea antes de que llegue la ola de calor. Salgo fuera, donde he dejado todo el instrumental. Dejo la puerta abierta y cuando estoy mirando los mejores tornillos para dejar bien sujetas las tablas de la valla, noto como una sombra veloz que se desliza por el reojo de mi ojo izquierdo. Miro y veo al gato o gata de ayer. He decidido llamarlo Silvestre, si luego es gata la llamaré Silvestrina. Más que nada porque como es un gato silvestre o merodeador, el nombre le viene a pelo, a pelo grisáceo, es un gato gris. Se ha colado en casa, buscando comida, imagino. Mierda, me he olvidado de poner un comedero con pienso en el jardín para Silvestre y todos los gatos asilvestrados del pueblo que quieran venir. El gato sale con la mitad de un cruasán en la boca. Mierda, me olvidé de dejar todo a bien recaudo, ahora no estoy solo. Entro para llenar un comedero y aprovecho para revisarlo todo. Dejo la mesa vacía, todo guardado. Me planteo si no será mejor cerrar la puerta. Decido que no, estaré entrando y saliendo toda la mañana.

 

Silvestre se ha comido el cruasán y mira con ojos ávidos el comedero, pero no se acerca. Mierda, me he olvidado de la distancia de seguridad. Traslado el comedero lejos de mí, a una distancia más que prudencial hasta para un gato y veo cómo ahora sí se abalanza sobre el pienso y come con ansia, no sin mirarme constantemente, por si me he movido. Decido no hacerle más caso y me pongo a la faena. Veo que algunos postes han sido tronchados por abajo. Hay un círculo de cemento donde estaba el poste. No tengo hacha para sacar punta a la madera y sin afilarla un poco no entra en el agujero. Busco por el jardín algo que me pueda servir. En un armario de plástico en un callejón, encuentro bolsitas con tornillos oxidados y otros adminículos propios de un manitas. Veo una barra de hierro, delgada pero suficiente. Me bastará con clavarla en la tierra del agujero y luego sujetar el poste a la barra. Soy un hacha… sin mango. No tengo alambre gruesa para sujetar barrita y poste. Mierda. Tendré que volver a bajar. Tendré que hacer otra lista, no me vendría mal unos saquitos de cemento rápido. Pues no, hoy no pienso bajar, tal vez mañana, o pasado, si aún no ha llegado la ola de calor. Mierda, mierda y mierda, no sé por qué tengo que arreglar yo la valla, para un puto mes que voy a estar de vacaciones. Bueno, mejor hacerlo yo que tener que dar explicaciones a la propiedad. Además me gusta hacer chapuzas, o me gustaba. Vale, lo haré, discutir me pondría de los nervios. Dejo el poste para más adelante y me pongo con otro trozo de cerca con los postes bien puestos, solo tengo que colocar las tablas y clavarlas con los tornillos. Escojo uno más bien largo y grueso. Tomo el martillo y doy un buen golpe en el tornillo. Joer, esta madera está muy dura. Será perfecta para una valla, pero los tornillos no entran ni a martillazos, así no puedo atornillarlos con el destornillador. Se me ocurre mirar a Silvestre, se ha zampado todo el pienso del comedero, ahora se está relamiendo a una distancia más que prudencial. Ha posado su culito en el suelo y me mira con los ojos como platos mientras se relame. Vuelvo a dar otro martillazo, no puedo evitar mirar la graciosa estampa del gato. Eso me descentra y en lugar de dar un martillazo al tornillo me lo doy en el dedo. Grito como si me estuvieran destripando. Es muy doloroso, mucho. Salgo corriendo hacia la casa, voy a necesitar el botiquín y una aguja. Seguro que el dedo se me hincha y tendré que pincharlo para sacar el pus. Como si fuera la primera vez que me sucede.

 

Salgo corriendo y Silvestre me precede a toda pastilla, salta el muro de piedra y desaparece. Subo las escaleras, corriendo todo lo que puedo, que es poco. Encuentro el botiquín y busco una aguja en los cajones del armarito del baño. Mira, hay un alfiletero y algodón. Estupendo. Bajo con calma, pasito a pasito. Me siento a la mesa del comedor. Tengo que quemar la punta del alfiler, solo me faltaba pillar el tétanos. ¿Y el mechero? Arriba. Subo con calma, estoy harto de subir. Encuentro el mechero en la mochila y pillo el paquete de tabaco, es pronto para el primer cigarrillo del día, pero el estrés me pone de los nervios y el cuerpo clama por nicotina, no entiendo cómo le puede calmar al cuerpo la nicotina, pero lo hace. Sentado a la mesa de nuevo procedo a quemar la punta del alfiler, pongo papel de cocina debajo y me pincho el dedo. Uf, cómo duele. El dedo ya está muy hinchado y sale un hilillo de pus. Aprieto para que salga más. Dios, cómo duele. Sale también sangre putrefacta. Me levanto y me acerco al fregadero, abro el grifo y lo lavo bien. Regreso a la mesa, me siento, y con calma desinfecto la herida, pongo un algodón y lo sujeto con esparadrapo, espero que le pequeña hemorragia se contenga y no tenga que andar toda la mañana cambiando el algodón. Salgo fuera, me siento en uno de los bancos de madera del jardín y enciendo un pitillo. Comienzo a toser desaforadamente. Debería dejar de fumar de una puta vez. Tal vez sea que es muy temprano para mí, no suelo fumar hasta el aperitivo y después de comer, con el café. Estoy hecho una mierda, gordo, con colesterol, seguro que con el azúcar alta, si no soy diabético estaré a punto de serlo, no en vano mi madre y mi abuelo fueron diabéticos. Debo tener los pulmones negros  y cualquier día me quedo en una tos. Bueno, calma que estás de vacaciones. A pesar de que no es aún mediodía el calor empieza a hacerse insoportable. Debería tomarme una cerveza bien fría. Lo dejaremos para luego. Observo que Silvestre ha vuelto y está encima del muro, contemplándome con interés. Está muy asilvestrado, no creo que nos hagamos amigos. Mejor, porque solo voy a estar un mes y además solo me faltaría hacerme amigo de todos los gatos del pueblo.

lunes, 16 de octubre de 2023

DIARIO DE UN GIGOLÓ VI

 


Tal vez se debiera a esa confusión que me perdiera por calles que conocía muy bien y en lugar de seguir en línea recta hasta mi destino, de regreso al piso que compatía con varios compañeros de universidad, terminara frente al pub de Paco, también llamado The Saylor o tal vez fuera Popeye, the saylor, porque mis ojos se fijaron más en un letrero que colgaba de la puerta que de las luces de neón que parpadeaban como si fueran bizcas. En letras manuscritas mayúsculas aquel letrero decía: SE BUSCA CAMARERO, PREGUNTAR EN EL INTERIOR.

 

Aquello me dio una idea. Estaba ya harto de hacer de portero de discoteca, recibiendo todos los golpes e insultos que se les escapaban a aquellos energúmenos y ninguna solicitud de compañía por parte de las chicas que frecuentaban el antro, –item más- habida cuenta de que el dueño de referido antro había desestimado mi solicitud de ascenso a relaciones públicas, un cargo más adecuado a mi prestancia, mi cultura universitaria y mi necesidad de cobrar un poco más, la posibilidad de cambiar de oficio que me estaba ofreciendo el destino… me pareció de perlas.

 

Me colé en el interior, pensando que por mal que me fueran las cosas no me irían peor que en la fiesta, y al menos me podría tomar una cerveza o una “copichuela” para el camino. Me sorprendió la decoración. Lo más que había esperado era un poster de Popeye o un barquito dentro de una botella en alguna estantería. En realidad todo el interior semejaba la proa de un barco, con el timón en su sitio, las paredes decoradas en madera y repletas de artilugios marineros, brújulas, sextantes y todo tipo de objetos cuyo nombre y utilidad ignoraba, como buen marinero en tierra que era (acababa de leer el poemario de Alberti). Incluso pude observar la existencia de pequeños camarotes, sin duda lugares íntimos para que las parejas necesitadas pudieran darse un ligero achuchón, algo así como un beso a hurtadillas, porque no estaban los tiempos para otras cosas en los lugares públicos.

 

Sin ninguna prisa, observando el entorno como un detective que se introdujera en la boca del lobo para investigar la mala vida de la esposa de su cliente, me acerqué hasta la barra, donde pedí una cerveza negra. Un hombre, mitad oso, dada su envergadura, y mitad humano, a juzgar por su tripita cervecera, se acercó hasta el lugar donde me había aposentado, con una sonrisa servicial en la boca.

 

-¿Qué va a ser?

 

-Una cerveza negra.

 

-¿Cualquiera?

 

-Cualquiera.

 

Me sirvió una jarra.

 

-A esta invita la casa.

 

-¿Y eso?

 

-Me da en la nariz que vienes a algo más.

 

Me enfadé un poco por su soberbia de creerse capaz de leer mis pensamientos.

 

-¿Cómo a qué? Si puede saberse.

 

-No te enfades, chico, ¿no has visto el letrero en la puerta?

 

-Así es, pero cómo puede saber que me interesa.

 

-Pareces universitario y perdona que te lo diga así, pero también se te ve como necesitado de redondear tus ingresos.

 

Me miré la ropa. Llevaba la camisa desgarrada y con manchas, tal vez de la copa que alguien me arrojara por encima. Eso me ablandó un poco.

 

-¿Sigue en pie la oferta?

 

-Pues claro. Si tuviera camarero ya habría retirado el cartel. ¿No crees?


De esta manera se inició mi relación con Paco. Así dijo llamarse mientras me tendía su manaza de oso.

lunes, 9 de octubre de 2023

LA ÓPERA DEL LOCO IV

 


ACOTACIÓN

La clon de Plurabella atraviesa el escenario con paso de bailarina de ballet y besa en la boca al bufón, que responde apasionadamente. La concurrencia grita, silva y patalea. El bufón se retuerce y vomita y vomita, pura dinamita.  Las figuras imitan a los pataleantes y gritones, se organiza un buen ballet, algo así como el lago de los cisnes. El clon de Plurabella es el cisne y los otros son demonios disfrazados de cisnes negros. Todo esto ad libitum del escenógrafo. La música sigue siendo de Perotinus Magnus, vamos a recorrer gran parte de su obra, no toda, porque es mucha.

LA CONDESITA VILENTA

Aca,aca,aca vemos con bufón, on,on y on. Es repugnante ante, ante y ante ser amada por ese ridículo mutante. Por eso grito, ito, ito y más ito.

ACOTACIÓN

Se pone a gritar. El bufón cae al suelo, se espatarra. Su boca se abre, abre y abre y de ella comienzan a salir una tupida niebla ectoplasmática que es moldeada por manos invisibles. Y de ella sale una obra maestra, estra, estra, estra.

TODOS

E,E,E…EEEEÉ

Repiten y repiten, asombrados, a cuatro, cinco, seis voces. No es para menos, el clon es perfecto, la condesita Vilenta es aún más bella que la real. ¡Qué digo! Mucho más, infinitamente más. Pero tiene un pero. Pero, pero.. ERO ERO

TODOS

ERO   ERO  ERO, a dos voces, se forma un tremendo contrapunto.

 

viernes, 29 de septiembre de 2023

DIARIO DE UN GIGOLÓ V

 

EL PUB DE PACO/CONTINUACIÓN

 


Fue entonces cuando se me acercó una chica a la que tampoco conocía. Con todo desparpajo me pidió que bailara con ella. Estaba sonando una canción lenta y todo el mundo aprovechaba para arrimarse y sobarse con esmero. Recordé haberla visto con el anfitrión de la fiesta o alguno de sus amigos. Podría muy bien ser su novia. Me juré ser discreto. Cumplí mi juramento, pero no así ella que enseguida se arrimó todo lo que pudo dentro de un espacio físico que no presentaba obstáculos a los cuerpos, y desde luego pudo mucho, creo que hasta el aire debió sentirse un tanto comprimido. No contenta con ello bajó las manos y me sobó el trasero y si me hubiera descuidado un poco hasta me hubiera bajado la cremallera de la bragueta. Semejante actitud no era muy frecuente en las mujeres, al menos en las que yo conocía, que solían limitarse a poner el semáforo en rojo, en ámbar o en verde o a dirigir el supuesto tráfico hacia ellas con un “savoir faire” que daba gusto. Eso me indicó que se trataba de una chica “progre” y tan libre como se lo permitía el entorno y las circunstancias.

A pesar de que supuestamente el ambiente universitario era de lo más libre y “progre” del país, el escándalo que se armó fue mayúsculo. Por suerte no duró mucho porque un chico se acercó hasta nosotros con una mirada luciferina en sus ojos de jaguar nocturno, me separó a empujones de la chica y continuó empujándome como si le estorbara en cualquier espacio que ocupara mi cuerpo. Al parecer era el novio porque ningún otro ser querido, ni siquiera su padre, se habría comportado de aquella manera, como un toro que cornea la capa roja una y otra vez. 

Tuve que ponerme serio, agarrarle del cuello, hacerle una llave inmovilizadora y gritarle a la oreja que yo ignoraba que la chica fuera su novia, que no tenía obligación de saber acerca de las relaciones de las chicas que me pedían un baile, que no fui yo quien la invitó a bailar, sino ella a mí y que eran sus manos, las delicadas manos de su novia las que me estaban magreando a mí, tocándome el culo con mucho salero y no las mías, humanoides y bastas las que habían buscado su delicioso culo. O sea, dicho en plan pijo, que arreglara sus problemas con su novia y no conmigo, un discreto invitado que no conocía a nadie en la fiesta, y rematé diciéndole con cierto “recochineo” que si yo fuera su novia ya le hubiera mandado a tomar por donde amargan los pepinos, dicho con toda fineza.

El muy estúpido no me hizo el menor caso, emperrado en que nos diéramos de puñetazos. Como estaba bien sujeto comenzó a forcejear con las piernas y en un descuido me acarició un poco el tobillo. Eso colmó mi paciencia y lo lancé con todas mis fuerzas contra unas mesas, donde quedó espatarrado. Un amigo suyo intentó separarnos y la novia del mencionado amigo se puso de uñas por salir en defensa de aquella guarra que iba también a por su novio…Detuvieron la música, todo el mundo intentó separar a todo el mundo, acabaron por pelearse quienes no tenían la culpa de nada y llovieron puñetazos y patadas por todas partes. Yo salí de allí, tan discreto como si no tuviera la culpa de nada, y tan precavido como si tuviera la culpa de todo, incapaz de aclarar mi mente de la confusión en que había caído, puesto que ahora no sabía muy bien si la chica que me había metido mano era la novia del que me había golpeado o en realidad era la novia del anfitrión que supuestamente me había invitado y el que se enfrentara conmigo era un amigo del anfitrión o si la chica que llamara guarra a “mi chica” era novia del anfitrión, de su amigo o del amigo de su amigo. Aquello era un rompecabezas que daba dolor de cabeza. ¡Menudo follón!

En el camino hacia la salida recibí algún golpe perdido, alguna colleja sin importancia, y una chica se acercó a mí pidiéndome que la acompañara a casa y a cambio me recompensaría. Con la oscuridad que se hizo cuando las bombillas se rompieron y las luces se apagaron no supe, hasta que estuvimos fuera, que en realidad era la chica que me había metido mano y por la que se había organizado todo aquel “guirigay”. Cuando estaba a punto de aceptar su amable invitación y sacar algo positivo de aquella noche nefasta un chico se acercó poniéndome de chupa de dómine. No sabía quién era y no me paré a averiguarlo. Salí de allí como alma que fuera a llevar el diablo, sin culpa por mi parte, un poco magullado y bastante malhumorado.