miércoles, 25 de marzo de 2020

MANIFIESTOS DE LA MENTE ENMASCARADA.COM V









Entre matemáticas y valores ando perdidito. Las matemáticas nunca fueron mi fuerte y los valores están bien para pensar, pero a la hora de llevarlos a la práctica, sobre todo en política, es como intentar la cuadratura del círculo sin más noción de matemáticas que sumar uno y uno. Pero me temo que algo habrá que hacer para que cuando se celebran unas elecciones no tengamos que pasarnos meses esperando que “algunos” políticos se pongan de acuerdo. Imagino que se podría cambiar la ley de alguna manera para que hubiera segundas vueltas o acabara gobernando el partido más votado si tras tediosas investiduras y el transcurso de un tiempo prudencial no se llega a un acuerdo de mínimos. Porque lo que es poner de acuerdo al cuadrado de la xenofobia, racismo, la mujer con la pata quebrada y en casita, los emigrantes están bien donde están, muriéndose de hambre o no, los proletarios no tienen motivo para quejarse porque tienen trabajos temporales a mansalva y contratos, uno por día, si así lo quieren, poner de acuerdo ese cuadrado –y espero que no se ofendan los que mantienen esas posiciones, si es que alguno las mantiene, que puede que esté equivocado- con el círculo de la igualdad, hasta donde nos dejen, todos somos hermanos pero si nos juntamos en el mismo sitio no cabemos, ya es hora de que las mujeres sean por fin iguales, que ya nos está costando, incluso a sabios como Aristóteles, que creía que las mujeres no tenían alma, y los proletarios deberían tener un contrato fijo para que puedan pensar en la familia y en el futuro mientras llegan los robots, como les decía, poner de acuerdo estos valores contradictorios es un imposible, la cuadratura del círculo. No se esfuercen, señores, que yo lo he intentado, me he roto la cabeza y no he conseguido cuadrar un círculo o “circular” un cuadrado si no es haciendo trampa.

¬La esencia de la democracia es el voto y si los ciudadanos votan de acuerdo a sus ideas, ideologías, necesidades básicas o menos básicas, o simplemente por venganza, para que luego los políticos se rompan la cabeza con las coaliciones, no queda otra que saber mucho de matemáticas y poco de valores y principios, porque con ellos no se llega muy lejos en política, porque cuadrar el círculo no está al alcance ni de un Einstein ni sería posible en el universo cuántico, aunque a lo mejor me equivoco y es el único lugar donde esto sería posible. Y no me sirve esto del trapicheo de tantas poltronas por tantos votos, ni mucho menos de todas las poltronas por un voto, que eso ya es muy descarado. Aquí hay que hacer algo y quiero a todas las cabezas pensantes pensando, porque o llegamos a un acuerdo en los valores y principios o aquí el círculo no hay quien lo cuadre, salvo que ocurra en el acelerador de partículas de Ginebra, que entonces me quito el sombrero y muestro mi calva a todo el mundo.

Zapi está dormidito, ya no dice ni miau. Debe de estar aburrido como una ostra, siempre en su concha. Aunque a veces le veo mover la orejita. Los gatos se lo deben de estar pasando pipa con los conflictos humanos, si les importaran algo, aunque bien que se acercan y maúllan cuando tienen hambre y saben que el pienso lo ponemos los humanos. Y es que la ley de la selva es muy dura, incluso para los gatos.

viernes, 20 de marzo de 2020

MANIFIESTOS DE LA MENTE ENMASCARADA.COM IV



Parece inevitable que en la democracia, por muy avanzada que sea, el imperativo matemático lleve siempre las riendas. Así vemos a los políticos, mejor dicho, a “algunos políticos” hacer encaje de bolillos para conseguir pactos, coaliciones, tripartitos, cuadraturas del círculo, que les permitan alcanzar el gobierno, la meta final, prioritaria, absoluta, porque si no estamos en el gobierno no podemos llevar a cabo nuestro programa, no podemos cambiar nada, porque la oposición aunque esté muy bien -toda tesis debe enfrentarse a su antítesis para llegar a la síntesis, la clave de toda evolución política, de toda evolución que se precie- no sirve para otra cosa que para pasarse el día gritando que todo lo que hace el gobierno está muy mal y así vamos al abismo. Y para ello, para llegar al gobierno, lo que cuenta es la matemática, tener más diputados, aunque sea solo uno, que nos permita investirnos, vestirnos de presidente del gobierno y comenzar a gobernar. Los valores, los principios, cuentan muy poco, nada, si la matemática nos pone un muro que nadie puede atravesar. Es por eso que en política cuesta tan poco renunciar a los principios si te ves con el agua al cuello y no puedes llegar al gobierno; el político testimonial o profeta de los nuevos tiempos está aún por aparecer, ese que mantiene sus valores aunque nunca pueda formar gobierno o tenga que irse a casa. El mantenella y no enmendalla quijotesco es un suicidio.

Se supone que los políticos están ahí para gestionar la cosa pública, y cuando es preciso, no muchas veces, defender unos principios ideológicos que son valores irrenunciables a la hora de encaminar a la humanidad hacia un paraíso material, justo, igualitario y que permita, una vez cubiertas las necesidades básicas, pensar en valores espirituales tales como la fraternidad y el amor. Si fuera solo una cuestión matemática, sugeriría un consejo de sabios matemáticos para que encontraran el algoritmo perfecto para formar gobierno, fueran los que fuesen los resultados electorales. Pero si también es cuestión de valores y principios, aquí hemos topado con la cuadratura del círculo, amigo Sancho.

Le he leído a Zapi, mi gato –personita encantadora y paciente donde las haya- lo que llevamos de manuscrito y le he preguntado si merece la pena tanto esfuerzo de podar, matizar, suavizar y endulzar el manifiesto original, para intentar mejorar este planeta de mis pecados. Me ha dicho: Miau. Entonces me he atrevido a preguntarle si debería seguir adelante o no, y me ha respondido: Miau. Eso me ha animado y voy a seguir adelante con el manifiesto y que sea lo que Dios quiera. Creo que tiene razón.

miércoles, 18 de marzo de 2020

VARIACIONES CLIMÁTICAS III




EL BUNKER CLIMÁTICO

Sé que no se lo van a creer, que les va a parecer inverosímil, que pensarán que les estoy tomando el pelo, si les queda, pero es la verdad, toda la verdad y nada está fuera de la verdad. Sí, soy yo, moi, el repartidor de bocatas. Han pasado unos meses, no quiero decirles cuantos. Seguimos en el año 2051. Ahora estoy en un búnker climático. ¿Qué es esto? Les confieso que hace unos meses ni siquiera yo lo sabía. Se trata de un búnker adaptado a los cambios climáticos de nuestra aciaga era humaniforme. No, no les voy a decir el lugar, tampoco el país. Pueden imaginarse lo que quieran, para eso tienen imaginación, o la tenían. Solo puedo decirles que me costó tiempo, tal vez meses, llegar hasta aquí. No en bicicleta, porque tuve que atravesar un océano…¡Uy! Que me pierdo, porque todo lo que les voy a contar es secreto de Estado. Ustedes ya me entienden.  Si tardé mucho y atravesé un océano, ustedes-vosotros pueden deducir que vine en barco, y a lo mejor no andan descaminados. Ya no se puede ir en avión a parte alguna, contamina mucho, y los aviones eléctricos con energía solar están en fase de experimentación.

Este bunker es enorme, enorme, no se imaginan cuanto. Está bajo tierra, no voy a decirles bajo cuanta tierra ni dónde porque esto es secreto de Estado… Sí ya sé que lo saben, pero se lo repito, por si las moscas. Aquí estamos, además de moi, que soy una especie de polizón, que se coló para repartir bocatas, y quedé atrapado en cuanto se disparó la alarma, el presidente de gobierno y familia, no voy a decir de qué gobierno –secreto de Estado de nuevo- todos los ministros, con familia, tradicional, moderna, desestructurada, de cualquier otro tipo que se imaginen, sin familia, con amantes, sin amantes, y hasta hay un ministro que está más solo que la una, pero no quiere que se sepa. Hay un grupo de científicos tan numeroso que da miedo. Militares de alto rango, la C.I.A. (¡Uy! Perdón, quise decir la T.I.A. de Mortadelo y Filemón), cocineros, quiero decir chefs de cinco estrellas michelín, y demás personal servidor, entre el que me cuento. Debido a que mis contactos son de alto nivel científico pude enterarme de la existencia de este búnker y me dije que era la hora de visita del conejo de la suerte, si, el amado Bugs Bunny. Me vine en barco, monté mi propia empresa de bocatas y me colé con un maravilloso surtido de bocatas españoles, que se los rifan en el búnker. No es por nada, pero donde esté un buen bocata español, que se quite cualquier hamburguesa, incluso de las buenas.

Este búnker está a prueba de casi todo, terremotos, maremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, incendios… y hasta de virus o bacterias o cualquier otro bichito diminuto, microscópico o incluso cuántico, incluso a prueba de los virus de ordenador, que ya es decir. No sé cómo lo hacen, pero al parecer el aire que respiramos ni siquiera es aire, es una especie de vacío cuántico, cósmico, total, como será el universo cuando se contraiga como una pelota de tenis y haga “bluff” y ya no quede nada, ni siquiera el vacío. Algo así. Tras los virus de la gripe aviar, el virus chino y antes la gripe española y antes… tuvieron que aceptar que la culpa de todo la tenía el aire, el aire contaminado y climático y decidieron construir este búnker, que puede incluso salir disparado como un cohete, si el terremoto supera todas las escalas, y viajar por el aire como un misil y sumergirse en el océano como un submarino y salir disparado como un cohete otra vez si viene un tsunami, etc etc. Ustedes-vosotros me entienden.

Antes de comenzar con esta historia debo advertirles que voy a utilizar un lenguaje inclusivo. Sin pasarme, pero sin quedarme corto. En mi aciaga vida de repartidor de bocatas he tenido que lidiar con personajes muy grillados, el Sr. Buenavista, economista, el profesor John Cabezaprivilegiada y muchos más, pero el peor de todos fue el Sr. Gogo, “filologo”. Estaba trabajando en el lenguaje inclusivo porque él amaba a las mujeres, a todas las mujeres, por eso estaba soltero, porque no se podía casar con una sin despreciar a las demás. Con esto ya les digo bastante del tiovivo de su mente. Una cosa sí me gustó. Los plurales inclusivos, igualitarios. El Sr. Gogo propugnaba el plural inclusivo-igualitario-caballeresco. Sí, porque, por ejemplo, para dirigirse a un grupo de señoras y señores, ya no habría que decir señoras, señores, duplicando las palabras, con lo mucho que esto supone en el alargamiento de los discursos, sino “señoraes”. Es decir, contracción de señoras y señores. Primero la “a” femenina y luego la “e” masculina. Algo caballeresco en estos tiempos donde hasta eso molesta a algunas feministas. Les confieso que soy decidido partidario de la igualdad y que respeto y amo a todas las mujeres, por eso yo también estoy soltero como el Sr. Gogo, aunque esto del lenguaje inclusivo me parece un poco exagerado. Muchas palabras quedan bien, como juez y jueza, presidente y presidenta, diputado y diputada, etc. Pero en otras es que queda fatal, de risa, vamos.  Por eso les advierto que pondré entre comillas los plurales inclusivos, incluso humano-humana que será “humanao”. Sí ya sé que suena un poco a chacota. Pero en el año 2051, cuando aún siguen pagando menos a las mujeres que a los hombres por el mismo trabajo y otras cuestiones que no voy a mencionar porque esta pretende ser una narración que da risa, en fin, que el lenguaje inclusivo no me parece tan prioritario, especialmente ahora cuando acaba de sonar la alarma en el búnker, al parecer por un nuevo virus surgido no sé dónde. Ya les informaré, si puedo, porque como ya saben, esto es secreto de Estado.

Continuará.

lunes, 29 de julio de 2019

BREVES HISTORIAS DE OMEGA IV


BREVES HISTORIAS DE OMEGA IV




NOTA INTRODUCTORIA/ Cuando decidí ir esbozando, por partes y temas, los distintos aspectos de la sociedad omeguiana tras el advenimiento de “H”, la gran inteligencia artificial, una especie de Mesías virtual, sabía muy bien que me enfrentaba a una compleja tarea que me llevaría años. Algunos temas fueron más sencillos de esbozar que otros. Por lo que se refiere al ocio y la cultura después de que “H” tomara las riendas, consideré bastante lógico que si la inteligencia artificial se ocupaba de la alimentación, la vivienda y toda la logística en aquella sociedad, también terminara por ocuparse del ocio y la cultura. Los seres humanos somos muy cómodos, muy vagos, si nos dan todo hecho, sin tener que trabajar, lo aceptamos encantados, a no ser que lo que se nos ofrece sea auténtica basura, y aún así nos lo pensamos dos veces antes de rechazarlo.

Los omeguianos fueron esbozados como seres humanos, solo que en otro planeta y con otras circunstancias. Si como vemos en nuestra sociedad la mayoría de la gente es absolutamente pasiva en cuanto al ocio y la cultura (aceptan lo que les echen de comer a través de la televisión o cualquier otro medio de comunicación) no veía la necesidad de que en Omega las cosas fueran muy distintas. Teniendo en cuenta que “H” era una inteligencia artificial con capacidades casi “divinas” o si lo preferimos, verdaderamente “demoniacas”, y que mi profesor chiflado, Helenio de Moroni, la había programado para dar a todos los omeguianos lo que desearan, en una sociedad democrática, justa e igualitaria, cómo podría ser el ocio y la cultura, diseñados por “H”, estaba bastante claro.

Si Helenio hubiera programado a su artilugio para dar a los omeguianos lo que verdaderamente necesitaran y no lo que quisieran o desearan, todo hubiera sido muy, muy diferente, pero como bien sabemos en nuestra sociedad humana lo importante no es lo que las personas necesiten si no lo que deseen, con el fin de que al satisfacer sus deseos los empresarios del ocio y la cultura puedan recibir a cambio sus deseables y deseados emolumentos (Mi tesooorooo de Gollum). Tampoco es muy importante saber lo que los ciudadanos desean puesto que los deseos se pueden crear, primero, para satisfacer, después. Algo que es paradigmático en el mundo de la publicidad.

La inteligencia artificial podía crear algo parecido a la televisión, la holovisión, y en ella unir todo lo que en nuestra sociedad son los medios de comunicación, Internet, prensa, radio, etc. Como no necesitaba personal creativo o burocrático, ni tampoco financiación alguna, crear un ocio, una cultura, y programarla y distribuirla por el canal único y complejo de la “holovisión” era coser y cantar. Se crearon presentadores, actores y todo tipo de figuras virtuales para que aparecieran en programas, obras teatrales, películas, etc. La inteligencia artificial no necesitaba profesionales del ramo ni tampoco guionistas o creativos, todo lo podía hacer ella y mejor o casi mejor que nadie.

No tuve claro cómo sería este mundo virtual hasta ver la famosa película, Matrix, entonces grité “¡eureka!” como al parecer hizo Arquímides, y comencé a esbozar la holovisión, el cine, el Internet omeguiano y otras muchas cosas más. Luego cuando vi la película Avatar y otras que trataban el mundo virtual tales como Johnny Mnemónic, ya ni tuve que gritar eureka, simplemente me puse a trabajar como un poseso.

En Omega todo el mundo del ocio y la cultura acaba siendo virtual y generado por la inteligencia artificial quien crea actores virtuales, holovisivos, en tres dimensiones, y todo tipo de películas y programas. Los no rebeldes aceptan encantados lo que les da “H” pero como ocurrió en otros terrenos, con más razón en este, hay quienes no soportan que toda la creatividad de su especie resida en un cerebro artificial, les repugna visceralmente, y es por ello que deciden rebelarse y crear su propio ocio y cultura. Y este es el tema de este nuevo capítulo de Historias breves de Omega. Como es muy amplio me limitaré a esbozarlo y lo iré desarrollando en otros breves capítulos de esta serie. El resultado de la falta de creatividad humana lo desarrollo en otra novela, “La vida es pura sensación”, que nada tiene que ver con el universo de Omega, pero que desarrolla este tema hasta las últimas consecuencias.

ACTORES DE CARNE Y HUESO

Extracto del diario manuscrito del actor Eriditis Asuras.

“Soy un actor de carne y hueso, me llamo Eriditis Asuras y en otros tiempos tal vez habría sido un actor famoso, respetado y halagado por crítica y público. Hoy, en estos aciagos tiempos, debo pelear a brazo partido con una inteligencia artificial para poder representar obras creadas por mí o por otros creativos rebeldes.

Bueno, tal vez no esté diciendo toda la verdad y me pueda la repugnancia que siento hacia todo lo virtual o artificial. En realidad el bueno de “H” nuestra portentosa inteligencia artificial, colabora con nosotros, facilitándonos todo tipo de infraestructuras para que podamos desarrollar nuestra creatividad, incluso ha puesto a nuestra disposición uno de sus canales holovisivos para que podamos difundir nuestra propia cultura.

Me gusta visualizar al bueno de “H”, como hombre, un anciano longevo y barbudo, aunque bien podría visualizarlo como una mujer y entonces la llamaría la buena de “H”, y no sería descabellado puesto que cada omeguiano elige bajo qué figura quiere que se le aparezca la inteligencia artificial para comunicarse. Si la llamáramos inteligencia podríamos visualizarla como mujer, pero si la llamáramos cerebro bien nos la podríamos imaginar como hombre. En realidad el bueno o la buena de “H” es asexual, se limita a “pensar” con los algoritmos que le programara el maldito chiflado del profesor Moroni, y tal vez se deba a ello que nuestra creativa minoría sea tratada con todo decoro, dejando aparte los derechos numéricos que siempre tiene la masa.

Hasta que se produjo la batalla del Valle de la Muerte, el desarrollo teatral de Omega, lo mismo en otros campos, como la narrativa y el arte y la cultura en general, fue tan lógico como razonable. Se generaron toda clase de mitos y leyendas que luego pasarían a la ficción literaria y los viejos ritos religiosos se transformaron, como suele ser común en todas las culturas, en representaciones teatrales que poco a poco se desgajaron del árbol madre para producir su propia dramaturgia profana. Todos conocemos a los grandes dramaturgos de aquella época, especialmente a Sofonoros Sapestis, el más grande autor de todos los tiempos.

Tras la famosa batalla y el salto que se produjo en todos los terrenos, la dramaturgia despreció su herencia y sus raíces, dedicándose a la burla del pasado, a ironizar sobre el presente y a utilizar todos los artilugios puestos a su alcance por la moderna tecnología para convertir al teatro en un híbrido incomible. Con el advenimiento de nuestro emperador “H” al poder (permítaseme la ironía) el teatro y demás artes y manifestaciones culturales pasaron a ser un simple producto de la fábrica “hachiana” para gran contento de la mayoría de la población que come lo que le dan, viste lo que una máquina diseña, vive en las casas que los robots fabrican, a las órdenes de nuestro cerebrito preferido y se entretiene con lo que sus circuitos generan.

Por suerte ya vamos siendo algunos más los que consideramos que estamos en nuestro derecho de utilizar nuestra propia creatividad para nuestras diversiones. En cuanto a trabajar para construir nuestras propias casas o cultivar la tierra para comer los productos de la tierra cultivados con nuestras manos… la verdad es que resulta muy cómodo dejar que el bueno de “H” nos suministre todo lo necesario, e incluso lo accesorio. Eso nos permite un ocio total, y muy productivo, si uno se dedica a ello y no a dejar que los circuitos de un cerebrito nos digan lo que nos entretiene y lo que no.

Dejando a los granjeros rebeldes, que comen aparte, se puede decir que la rebeldía cultural se ha centrado en la universidad de Vantis, donde el gran director de biblioteca y universidad, nuestro ínclito Aris Orbotón, centraliza y hace juegos malabares para preservar nuestro pasado cultural. El grupo dramático, compuesto por autores, actores, decoradores y demás attrezzistas, nos dedicamos a representar obras para los rebeldes culturales, siguiendo lo que en otro tiempo hubiera sido una temporada teatral al uso.

Pero esta representación, cuyo estreno está señalado para mañana, es algo insólito y esperanzador. Por cierto que acabo de salir del ensayo general de la última obra de nuestro peculiar genio Aloris Agoris, quien nos presenta un drama muy humano que se desarrolla en la tienda donde uno de los reyezuelos que participaron en la batalla del Valle de la Muerte y sus generales, diseñan la estrategia del día siguiente, al tiempo que comen, beben y follan con las cortesanas que acompañan a todos los ejércitos. No puedo estar más satisfecho del ensayo general. La participación de “H” ha sido espléndida.

Hace un mes, mientras ensayábamos la obra en la gran sala teatral del palacio de cristal de “H”, para lo cual nuestro cerebrito preferido nos dio el correspondiente permiso, escuchamos una voz etérea que nos costó identificar. Paralizamos el ensayo y nos dedicamos a husmear por el escenario, para ver quién nos gastaba la broma. El bueno de “H” se rió un rato. Luego nos propuso su colaboración. ¿Por qué limitarnos a un pobre decorado que remedara el interior de una tienda de campaña y a los personajes diseñados por Aloris? El nos ofreció todo el Valle de la Muerte como escenario. Con sus medios técnicos podía hacer que la representación fuera algo apoteósico. Incluso podía ofrecernos unos cuantos de sus actores virtuales y holográficos que tan buen resultado daban en los culebrones holovisivos.

No respondimos de inmediato, muy sorprendidos por la propuesta. La reunión que se celebró fuera del recinto (aunque todos sospechamos que los ojos y las orejas de “H” llegan a todas partes) estuvo muy animada. Muchos querían rechazar el ofrecimiento, alegando que los resultados dramáticos del “holocine” y de las series holovisivas, eran detestables y que los actores virtuales repugnaban a cualquiera por su frialdad y falta de sensibilidad humana. Me costó convencerles de que nada perdíamos probando, puesto que la inteligencia artificial no iba a imponernos nada que nosotros no quisiéramos utilizar. Y así fue como, tras un trabajo previo conjunto humano-artificial-, se creó un guión que se fue poniendo en práctica con resultados tan esperanzadores que a la semana no quedó nadie que se opusiera a esta colaboración.

El ensayo general ha demostrado que la colaboración máquina-humano puede llegar a producir resultados fantásticos. Ahora solo queda que mañana se llene el gran salón teatral (lo que dudo mucho) y de que la transmisión holovisiva en directo sea un éxito (¡imposible!). No tengo muchas esperanzas en el resultado del experimento, pero aún así confío en que se produzcan nuevas oportunidades para los actores de carne y hueso. No niego la perfección maquinista en las interpretaciones de los actores holovisivos creados por “H” e incluso yo mismo llegué a enamorarme de una conocida actriz virtual, pero no nos engañemos, donde esté la carne y el hueso que se quiten los circuitos.

jueves, 18 de julio de 2019

BREVES HISTORIAS DE OMEGA III

BREVES HISTORIAS DE OMEGA III



PRIMERA EXCURSIÓN A LAS MONTAÑAS NEGRAS

NOTA EXPLICATIVA: Cuando esbocé lo que ocurriría en el planeta Omega al hacerse cargo la inteligencia artificial, HDM-24, de todos los aspectos del funcionamiento de cualquier sociedad, que generalmente está a cargo de diversos grupos o colectivos de ciudadanos, no me rompí mucho la cabeza, me limité a pensar que el planeta entero se pondría a los pies de un maravilloso artilugio que les iba a permitir librarse del castigo divino que ha supuesto siempre el trabajo en cualquier tipo de sociedad.

Más tarde reflexioné y comprendí que aquello era muy poco verosímil, incluso cuando te dicen que no tendrás que trabajar nunca más y que te darán todo lo necesario, incluso lo accesorio, sin mover un dedo, siempre hay quienes se asustan, temen ser controlados y prefieren seguir como antes. Era preciso esbozar una oposición, aunque fuera mínima. De esta manera surgieron los grupos rebeldes contra alguna faceta nueva de la sociedad futurista que les imponía la inteligencia artificial, aunque todos ellos aceptaban la logística elemental que les permitiría sobrevivir sin trabajar. Luego pensé que era poco, necesitaba un grupo rebelde a todo lo que supusiera un cambio drástico en la forma de vivir omeguiana. Así surgieron los granjeros rebeldes, un grupo importante de ciudadanos que se negaban a que toda su vida fuera truncada por la planificación disparatada de una máquina. No podían seguir conviviendo con el resto de ciudadanos y necesitaban una zona geográfica donde desenvolver su vida, dedicada a la agricultura y a la ganadería, intentando sobrevivir de forma autárquica.

Decidí instalarlos en las Montañas Negras, una especie de Himalaya omeguiano, por razones prácticas a la hora de desarrollar la historia. Los granjeros rebeldes tienen una gran importancia en los primeros capítulos de “Diario de Ermantis” la primera novela de la trilogía. Allí se cuenta la infancia de Ermantis en las Montañas Negras. El que luego será presidente del Consejo planetario de Omega nace entre los rebeldes y solo un cúmulo de circunstancias le llevarán a Vantis, la capital de Omega, donde establecerá contacto con “H” y ambos serán protagonistas de una compleja y dramática historia. En esos capítulos apenas se cuenta nada de los contactos entre granjeros rebeldes y el resto de la población. Decidí aprovechar todo lo que había anotado en libretas y cuadernos sobre el tema y que me pareció una pena desaprovechar. Este relato es solo una breve pincelada sobre el tema que será desarrollado en numerosos capítulos de estas breves historias, especialmente en “El mesías de Omega”.

PRIMERA EXCURSIÓN A LAS MONTAÑAS NEGRAS

Cuando Lía Urmonita nos propuso que todo el grupo hiciera una excursión a las Montañas Negras, para conocer a los granjeros rebeldes, hubo asentimiento general con entusiasmo. Después comprendimos que no iba a ser fácil. Lo comentamos con “H” y él nos aseguró que tendría lista la logística de la operación en unos días, es decir, naves, equipaje y todo lo necesario para nuestra supervivencia en las montañas. El problema estaba en conseguir autorización del consejo de ancianos de los granjeros rebeldes. Sin ella no habría naves, ni logística. Si queríamos ir por nuestros propios medios “H” no nos lo impediría. Eso nos pareció gracioso y todos nos burlamos del sentido de humor del bueno de “H”.

Cuando antes de una semana se nos facilitó un plan estratégico y logístico muy completo sobre el viaje y la inteligencia artificial nos recomendó que en venticuatro horas le facilitáramos una lista definitiva de los viajeros, de las pertenencias que cada uno deseara llevar consigo, de las actividades a desarrollar en las montañas negras y los que quisieran vivir y comer en la nave, el resto se adaptaría a la vida de los granjeros, todos nos llevamos una gran sorpresa y cada uno opinó sobre cómo se las habría arreglado el bueno de “H” para solucionar los problemas de la expedición en tan corto espacio de tiempo.

Teniendo en cuenta que no podía comunicarse con los granjeros a través de la holovisión o el monolito, como hacía con sus fieles, puesto que aquellos habían renunciado a toda esta tecnología; habida cuenta de que “H” era una inteligencia artificial y sus manifestaciones “humanizadas” requerían de una tecnología mínima; siendo al parecer imprescindible que una nave tripulada por un robot de protocolo de primera viajara a las montañas negras, estableciera contacto con los lugareños y consiguiera que aceptaran hablar con “H” por su mediación y de esta forma se estableciera un “diálogo” largo y tenso, el hecho de que solo hubiera tardado una semana en conseguirlo era algo casi milagroso. Nos preguntamos si la inteligencia artificial no habría diseñado un protocolo de emergencia y de alguna forma que se nos escapaba bien podría estar en contacto con el consejo de ancianos de los granjeros. Esta era una incógnita que anotamos en nuestra agenda, para intentar desvelar “in situ”.

Dos naves fueron suficientes para trasladar a toda la expedición, fue agradable, al menos eso supongo porque me quedé dormido y no desperté hasta minutos antes del aterrizaje, y sin incidencias reseñables. Nuestro piloto era un robot de clase MX-1, perfecto para tareas, tales como el pilotaje de naves y otros vehículos y como robot de protocolo. En cuanto tomamos tierra en el Valle de la Muerte, MX-1 nos pidió que permaneciéramos en el interior de la nave durante unos minutos. A través de las ventanas le vimos caminar con soltura hacia un grupo de granjeros rebeldes que aguardaban tranquilamente, a la sombra de unos árboles. La charla no duró mucho, el robot regresó y nos hizo salir de uno en uno, acompañándonos hasta la embajada de los granjeros, que según pudimos ver, conforme nos acercábamos, se trataba de un respetable grupo de ancianos.

Mi asombro no tuvo límites cuando el robot se vio obligado a hacer de intérprete entre los ancianos y los miembros de la expedición. ¿Acaso ignoraban el omeguiano estándar? Aunque según la documentación que recabé de “H” sobre los granjeros rebeldes éstos llevaban siglos encerrados en aquel reducto natural, ajenos a la evolución de la sociedad omeguiana, el idioma que todos utilizábamos para comunicarnos era conocido y utilizado por todos desde hacía casi tanto tiempo como los granjeros llevaban aislados. Incluso durante la época del turismo más feroz, cuando Omega fue literalmente invadida por las clases más pudientes de las sociedades de los planetas habitados del Cuadrante, incluso entonces los granjeros rebeldes ofrecieron tal resistencia que el Consejo Federado de Gobiernos Omeguianos, la C.F.G.O, claro antecedente de nuestro actual Consejo Planetario de Omega, se vio obligado a cerrar al turismo toda la zona de Las Montañas Negras. Algo que no supuso gran quebranto puesto que la mayoría de los turistas eran ricachones hedonistas que preferían las playas y los lujosos hoteles de Vantis a una aventura arriesgada en un clima tan extremo y en un entorno tan salvaje como fue siempre el de la zona, incluso antes de la legendaria batalla del Valle de la Muerte.

Algunos miembros de la expedición eligieron quedarse a dormir y a comer en las naves, muy inseguros ante lo que una comunidad tan arcaica pudiera ofrecerles, pero acabaron por aceptar acomodo en las granjas más próximas, como todos, al enterarse de que el Consejo de ancianos había denegado el acceso a sus granjas y bosques de cualquier medio de transporte que no fuera el de tracción animal, y que las distancias eran tan enormes que regresar a las naves para dormir, no digamos para recibir las habituales remesas de alimentos a través de los monolitos teletransportadores que formaban parte consustancial en todos los hogares o naves de transporte, era físicamente imposible.

La comunicación con el Consejo de ancianos fue muy fluida, a pesar de la dificultad que supuso el que nuestro robot de protocolo MX-1 tuviera que estar presente en todas las conversaciones. A todos nos pareció apasionante conocer de primera mano la historia, tradiciones y forma de vida de aquellas comunidades que habían renunciado a todo progreso para llevar una vida sencilla, natural y muy espiritual. Según pude entender, el gran aglutinador de las numerosas comunidades de granjeros, extendidas por toda la zona, era el culto a la Mente Universal, una especie de religión, o más bien de filosofía, que creía en la existencia de una poderosa mente universal, algo así como la mente del cuerpo-universo, lo mismo que nosotros tenemos una mente en el interior de nuestros cuerpos.

Cada miembro de la expedición se interesó por todo aquello que fuera propio de su disciplina académica. Eso obligó a una estricta organización, habida cuenta de que solo podíamos disponer de un robot de protocolo para toda la expedición. Los granjeros que nos acogieron eran, en general muy amables con nosotros y gustaban de compartir su vida y costumbres, aunque todos se negaron a que les habláramos del tipo de vida que se llevaba en la sociedad civilizada a la que pertenecíamos. Todo fue bien hasta que comenzamos a sufrir el acoso de una partida de jóvenes granjeros, que contra la decisión de su Consejo de ancianos, habían decidido arrojarnos de sus tierras, incluso utilizando la violencia. Como los ancianos no pudieran garantizarnos la integridad física y “H” se negara a facilitarnos armas defensivas, decidimos regresar a las naves y volver a Vantis, aunque no sin antes prometernos realizar una segunda expedición, para lo cual deberíamos convencer a nuestra inteligencia artificial de que nos proveyera de armas aturdidoras y organizara una logística más práctica.

(Notas extractadas del diario de Aris Orbotón, rector de la universidad de Vantis, y de su cuaderno de campo, ambos manuscritos)

Continuará.

miércoles, 10 de julio de 2019

BREVES HISTORIAS DE OMEGA II


BREVES HISTORIAS DE OMEGA II (LA BIBLIOTECA DE VANTIS)








BREVES HISTORIAS DE OMEGA


NOTA EXPLICATIVA: Cuando me propuse esbozar la vida en el planeta Omega, tras asumir la inteligencia artificial sus funciones, imaginaba lo que se me caía encima, pero me quedé muy corto. Era preciso diseñar, al menos, cómo funcionaría todo en aquella nueva sociedad, y, por si fuera poco, también me obligué a trazar un pequeño esquema de lo que había sido la historia omeguiana hasta el momento.
Reconozco que fue una tarea muy, muy complicada, que me llevó años de anotaciones en cuadernos y libretas, además de pasarme horas y horas, días y días, elucubrando cómo podría funcionar una sociedad dirigida por una portentosa inteligencia artificial que se ocupaba de todo mientras los ciudadanos se tocaban la barriga portentosamente. A pesar de que la tarea me superaba y hubiera superado a cualquiera, no recuerdo haber pasado nunca momentos tan divertidos, a la hora de esbozar historias y de crear personajes, que las horas y horas que me pasé en Babia, mirando al horizonte sin verlo y viviendo con mi imaginación en aquella maravillosa sociedad donde nadie tenía que trabajar y todos poseían todo lo que era posible poseer, donde no había ricos ni pobres, ni poderosos ni miserables.
La biblioteca de Vantis, la capital omeguiana, es un breve resumen de todo lo que diseñé respecto al ocio, la cultura y el tema de los libros y las bibliotecas, algo que me interesaba sobre manera. Espero que les guste y que se hagan una idea de las ideas delirantes que se me ocurrían esbozando estas historias.
LA BIBLIOTECA DE VANTIS
Soy Aris Orbotón, rector de la universidad de VAntis, decano de la facultad de historia en la misma universidad, profesor de historia antigua de Omega y experto en civilizaciones extraomeguianas.
Todos estos rimbombantes títulos no significan nada, porque hoy la universidad de Vantis es un viejo museo que se conserva gracias a que un grupo de omeguianos, amantes de la historia antigua, exigimos del bueno de “H” (HDM-24, nuestra gloriosa inteligencia artificial que rige nuestros destinos)que dedicara parte de sus esfuerzos a conservar lo que aún perduraba de nuestra vieja historia en el planeta. Llegamos incluso a amenazarle con irnos a vivir a las montañas Negras, con los rebeldes. Si una inteligencia artificial pudiera reírse de las amenazas humanas no hubiera encontrado mejor motivo para burlarse de nosotros hasta desternillarse. No fue, pues, nuestra actitud lo que obligó a “H” a aceptar nuestras exigencias. Su maravilloso programa le hizo ver el lado práctico de semejante decisión porque al día siguiente nos comunicó que aceptaba nuestra propuesta con la condición de que cada miembro del grupo aceptara su correspondiente responsabilidad. Con el tiempo la tesis de uno de nuestros estudiantes sobre Helenio de Moroni y la evolución de su invento, nos haría ver que la programación de “H” tenía que llevarle necesariamente a tomar aquella decisión, puesto que había sido diseñada para respetar la forma de gobierno democrática que había imperado en Omega durante los últimos siglos y mejorarla, si ello era posible, al tiempo que un exquisito respeto por las minorías le obligaba a permitir que vivieran su vida como les pareciera oportuno, mientras no interfirieran gravemente que los derechos más importantes del resto.
No hay universidad que se precie que no disponga de una excelente biblioteca. La universidad de Vantis poseía la mejor de las bibliotecas posibles y aún mejoró mucho con la incorporación de los ejemplares del resto de las bibliotecas diseminadas por el planeta. Todo se centralizaría en la capital, esa era una condición muy aceptable para nosotros ya que éramos tan pocos que la dispersión terminaría muy pronto con nuestra ridícula rebelión cultural.
Yo acepté el cargo de rector, decano y profesor de historia antigua, todo en uno. Me responsabilicé del cuidado de la gran biblioteca que estaba a punto de desaparecer por falta de cuidado. Muchos libros estaban apolillados y tan deteriorados por el tiempo y el descuido que a no mucho tardar se acabarían convirtiendo en polvo. Teniendo en cuenta que la inteligencia artificial tenía en su memoria todos y cada uno de los libros existentes y conocidos y que eran accesibles de manera sencilla y variada a todos los ciudadanos de Omega, el hecho de que la biblioteca impresa se conservara o no, era algo que no preocupaba, ni mucho ni poco, excepto a nosotros.
Me puse a la labor, organizando la universidad, el profesorado y a los escasísimos alumnos rebeldes que se iban apuntando a las clases. Todo el mundo recibía educación en sus hogares y el bueno de “H”, adoptando la forma que cada alumno le pedía, se encargada de educar en todas las materias a todos los alumnos en edad de recibir educación obligatoria y al resto de animosos estudiantes veteranos. También me preocupé, muy mucho, de pedirle que imprimiera, en ediciones de lujo, todos los libros que estuvieran deteriorados, comenzando por aquellos cuya vida no podía durar mucho. El catálogo ya estaba en su memoria, por lo que me limité a consultarlo y a encargar a los becarios y aprendices de bibliotecarios que buscaran cuantos libros manuscritos se conservaran sobre el planeta para que pudieran ser impresos por nuestra paciente inteligencia artificial.
Todo el saber omeguiano estaba en la memoria de “H” pero nosotros queríamos que también estuviera en la biblioteca de la universidad de Vantis, y ello nos ocupó muchas horas de nuestros ociosos días. Cada día recibíamos peticiones de asociación de nuevos rebeldes culturales y con el tiempo nuestra universidad y biblioteca se pobló de amables ciudadanos que deseaban permanecer en los viejos tiempos porque odiaban que una inteligencia artificial les dijera hasta cuándo y dónde tenían que orinar.
Ciertamente “H” se ocupaba de todo, aunque al principio fue asumiendo sus funciones por etapas y bajo la supervisión del Consejo planetario de Omega, un órgano centralizado de poder que terminó con los gobiernos nacionales y federales y con toda su laberíntica burocracia. Helenio de Moroni dejó instrucciones claras, antes de su muerte, sobre cómo la inteligencia artificial debería ir asumiendo todas las funciones en aquella sociedad y cómo debería ser supervisada por un gran consejo de sabios que estarían a las órdenes de un Consejo de gobierno planetario, nombrado por voto libre y secreto de todos los omeguianos, grandes y chicos, a través de “H”.
La maravilla de disponer de tantos avances tecnológicos que permitían a cada ciudadano disponer casi todo lo que deseara sin verse obligado a trabajar o a comprar, vender o intercambiar, pasó pronto y la gente comenzó a aburrirse. Fue entonces cuando la inteligencia artificial se hizo cargo del ocio y de los medios de comunicación, última etapa en su evolución hacia la transformación en el cerebro del planeta. Pero ese es otro tema que trataremos en otro momento.
El grupo de rebeldes culturales se reunió, tras la propuesta de “H”, y cada uno aceptó su responsabilidad y las condiciones impuestas por la inteligencia artificial. Al principio me sentí bastante solo, puesto que era el decano y todo el profesorado al mismo tiempo. Conseguí que “H” me permitiera utilizar a un ejército de robots como bibliotecarios, limpiaban, catalogaban, ordenaban y asumían cualquier tarea que yo les ordenara. Luego fueron acudiendo rebeldes que se hicieron cargo de diversas materias en las diferentes facultades. Cuando el profesorado estuvo dispuesto comenzaron las clases. Los alumnos se habían ido apuntando y estaban a la espera de que pudiéramos poner en marcha aquella universidad tradicional.
El grupo me adjudicó como ayudante y secretaria a una jovencita que deseaba vivir la experiencia de cómo eran las cosas en los viejos tiempos en las universidades y bibliotecas. Gracias a ella mi soledad se atenuó y gracias a sus originales ideas la universidad y la biblioteca se convirtieron en el nido de amor de quienes comenzaban a odiar a “H” por su prepotencia y porque siempre resolvía todos los problemas, por muy arduos que fueran. Necesitaban sentirse libres y descubrir qué era aquello del “trabajo”, un concepto ya tan anticuado como la agricultura.
La jovencita se llama Lia Urmonita y fue la que me propuso que todo el grupo cultural rebelde hiciera una primera excursión a las montañas Negras, la sede del numeroso grupo rebelde a todo lo que supusiera el control por parte de “H” de sus vidas. Vivían en aquel entorno, respetado por todos y protegido por la inteligencia artificial con mucho mimo, como se vivía tradicionalmente en Omega, antes de que llegara el progreso y el turismo galáctico, es decir, en un sociedad agrícola y ganadera, en una gran tribu gobernada por un consejo de ancianos. Lo que ocurrió en esa primera expedición será objeto de otra historia que comenzaré a escribir con mi bolígrafo de cristal, un regalo especial de Lía, diseñado por ella y que el bueno de “H” no tuvo inconveniente en fabricar.
CONTINUARÁ

lunes, 1 de julio de 2019

BREVES HISTORIAS DE OMEGA I



BREVES HISTORIAS DE OMEGA I






NOTA INTRODUCTORIA Y EXPLICATORIA: A los dieciocho años escribí en un cuaderno el esbozo de una novela que se titulaba “El planeta de los vampiros”. Eran vampiros psíquicos, por supuesto, porque los otros no me interesaban mucho. Con el tiempo la historia fue cambiando hasta el punto de transformarse en una trilogía de ciencia ficción que tenía muy poco que ver con el argumento inicial. Durante años tomé apuntes en cuadernos esbozando el planeta Omega y todo el cuadrante habitado de aquella galaxia que no situaba en parte alguna conocida. Luego cuando me compré el primer ordenador y antes de que me atreviera a conectarme a Internet pasé todo lo escrito al ordenador, lo catalogué, lo ordené y lo desarrollé. A pesar de ello y de los casi treinta años que he dedicado a esta trilogía ni siquiera he logrado terminar la primera novela, “Diario de Ermantis”.
Como no quería desaprovechar todo el trabajo que había realizado a lo largo de los años esbozando todas las facetas de la vida en el planeta Omega, decidí escribir unos relatos breves sobre la vida cotidiana y todo lo relacionado con la historia que no se contaba en la trilogía por falta de espacio. De esta manera surgió la serie de relatos que titulé “Breves historias de Omega”.
La primera, titulada Inteligencia artificial, nos cuenta cómo el profesor Helenio de Moroni, una especie de profesor chiflado, inventa una prodigiosa inteligencia artificial capaz de controlar toda la actividad y la vida cotidiana en el planeta. Eso les deja a sus habitantes todo el tiempo libre del mundo. Es un planeta en el que sus habitantes viven en un ocio permanente. Debo confesar que el nombre de la inteligencia artificial HDM-24 lo decidí simplemente basándome en el HAL-9000 de una Odisea del espacio. Puse tres letras, al azar, y el número que se me ocurrió (tal vez entonces acababa de cumplir los veinticuatro años) no tenía nada que ver con idea preconcebida alguna. Con los años, bloqueado completamente en cuanto a cómo desarrollar la idea de la creación de la inteligencia artificial, se me ocurrió echar mano del humor, que siempre me saca de los mayores apuros literarios y entonces descubrí, asombrado, que HDM podía transformarse en Helenio (por lo de Hélade y los nombres griegos de la novela) de Moroni, porque me gustó la palabra, y 24 porque serían 23 los intentos fracasados del profesor chiflado hasta conseguir el éxito.
Subiendo este relato intento retomar la trilogía y los relatos breves, aprovecharé para hacer un índice más completo de personajes y acotaciones para que cualquier lector pueda seguir la historia con una mínima posibilidad de comprenderla. También aprovecharé para iniciar por mi cuenta un pequeño taller de novela de ciencia ficción. Con las notas introductorias explicaré cómo se me ocurrió la idea y cómo fui avanzando en la historia y los personajes.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL
El invento del profesor Helenio de Moroni estaba en boca de todos los omeguianos. Aprobado y recomendado por el Consejo Planetario de Omega -que por fin se había formado tras un muy largo periodo de negociaciones- era el tema de conversación predilecto de ociosos, que no dejaban de burlarse de las excentricidades del conocido sabio. En toda sociedad que alcanza un nivel tecnológico elemental acostumbra a surgir la figura del profesor chiflado, quien deja volar su delirante fantasía para producir engendros de lo más variopinto.
En el caso que nos ocupa el engendro no era otra cosa que un cerebrito artificial con el que nuestro chiflado profesor pretendía dar mil vueltas a todos y cada uno de los cerebros naturales omeguianos. Como diciendo: son ustedes tan tontos que una máquina con cuatro circuitos puede superar el pensamiento de los millones de neuronas que almacenan en sus gordas cabezas. Se trataba de la vieja cuestión de la preeminencia de la máquina sobre la carne que a todo científico le pasa por la mente en algún momento de su carrera contra-reloj por superar lo que la naturaleza hizo e hizo muy bien. Yo estaba convencido de que aquello era un simple divertimento o más bien la consecuencia de la congénita testarudez del ínclito profesor, quien no cesaba de pensar y hacer todo tipo de excentricidades, como si hubiera nacido exclusivamente para ello.
Quienes más nos burlábamos del invento éramos los estudiantes de primer curso de ingeniería aereoespacial. Los experimentos autorizados por el Consejo se iniciaban con nosotros, cobayas burlonas y rebeldes. Helenio iba a demostrar que su engendro podía dar clases y examinar mejor que cualquier otro profesor, incluido él. La voz vieja, metálica y gangosa del artilugio nos hacía pasar muy buenos ratos, todo hay que decirlo. Aunque yo no sentía muchas ganas de divertirme parodiando la dicción de la caja metálica situada sobre la mesa del profesor. Se aproximaban los exámenes finales y para mi era muy importante, no solo aprobarlos, sino sacar las mejores notas. Había solicitado una de las seis plazas ofertadas para la expedición de la Descubrimiento I, que saldría al espacio- si todo iba bien- dentro de unos veinte años. Como tripulantes se necesitaban omeguianos jóvenes y expertos. De ahí que escogieran fundamentalmente a futuros profesionales, ahora en formación.
Era condición imprescindible terminar la carrera y con muy buenas notas. Comprenderán mi nerviosismo tras pasarme muchas noches en blanco, intentando asimilar las asignaturas de primer curso, infladas por una multitud de datos facilitados por nuestro metálico profesor. No deseaba perderme la primera expedición que abandonaría el famoso cuadrante galáctico, habitado por especies inteligentes. La posibilidad de hallar vida inteligente fuera del universo conocido y que ésta nos ayudara a solucionar todos nuestros problemas de un plumazo (algo que se rumoreaba pretendían algunos miembros progresistas del Consejo) y que un estudiante anónimo y poco respetado entre sus colegas pudiera formar parte del comité que haría de intermediario entre ambas especies me erizaba el vello de satisfacción.
Llegó el día y la hora señalados y mis previsiones más pesimistas se materializaron. Realicé un examen nefasto. La única esperanza que aún me quedaba era que mis contrincantes lo hubieran hecho peor, algo realmente difícil, aunque no imposible. Nuestro muy poco apreciado profesor HDM-24 (Helenio de Moroni en su veinticuatroavo intento) se las ingenió para encontrar las preguntas más astutas y malevolentes, en un derroche de imaginación que necesariamente dejaría agotado cualquier cerebrito, por muy artificial que fuera. Al salir del aula pude oír comentarios para todos los gustos, todos coincidían en que al cacharro se le había quemado algún circuito o más bien varios. Un estudiante especialmente sarcástico hablaba de nuestra suerte por no haber perecido en un pavoroso incendio a consecuencia de los cortocircuitos del muy odiado profesor.
Mi sorpresa no tuvo límites cuando al día siguiente me encontré en la lista de aprobados, el primero, arriba del todo. Si Helenio, el profesor chiflado, no hubiera dado garantías a diestro y siniestro de que nadie, absolutamente nadie, podría manipular su artefacto, me habría atrevido a pensar en una recomendación de Moroni a mi favor. Algo insólito puesto que ni siquiera nos conocíamos. Fue entonces cuando inicié mis sospechas de que algo no iba bien en aquella inteligencia artificial. O puede que fuera demasiado bien, según el punto de vista.
No les voy a dejar con el suspense balanceándose en la nuez. Logré el título de ingeniero aereoespacial de primera. Embarqué en la Descubrimiento I, que partió un año antes de la fecha programada. Pero no les voy a narrar ahora estas aventuras, les cortarían el resuello. Es mejor que se vayan preparando porque esa es otra historia para otra ocasión.
A la vuelta, doscientos años más viejo, me encontré con una sociedad tan cambiada que no la reconocería ni su madre. Helenio de Moroni estaba difunto y su engendro había pasado a manos del Consejo Planetario, que lo utilizaba como asesor de todas sus decisiones. Algo así como un cerebro en la sombra, si me permiten el chiste. Omega había llegado a ser el planeta turístico por excelencia de todo el cuadrante. En las arcas del Consejo Planetario no dejaban de entrar divisas de todas las formas y calibres. Éramos inmensamente ricos, me refiero a todos los omeguianos, y se decía que el Consejo, con el asesoramiento de “H”, estaba pensando en sacarse de la manga un decreto que cerraría Omega al turismo, nos aislaría del resto de la Galaxia y convertiría nuestra civilización en la primera absolutamente ociosa de que se tuviera noticia. Los robots a trabajar y nosotros a disfrutar.
No era una mala perspectiva, pero algo me olía mal en todo aquello. Estaba convencido de que el estúpido invento de Moroni no era una inteligencia artificial al uso. Algo que se confirmó cuando aparecí en la lista de candidatos del Consejo a nuevo Presidente. Se celebrarían elecciones virtuales y el que más votos recibiera sería el nuevo Presidente y el encargado de llevar a cabo los nuevos planes que se estaban cociendo en los circuitos del engendro y en los pasillos del palacio de cristal que se acababa de construir para su sede y la del Consejo Planetario.
Lo han adivinado. Salí elegido por mayoría absoluta y en la primera vuelta, a pesar de no haber movido un solo dedo en la campaña electoral. Me convertí en el veinte presidente de Omega y el primero vitalicio, según establecía el decreto convocando las elecciones. No estaba dispuesto a dejarme manipular por una simple máquina. No al menos de que antes me dejara conocer su secreto. Porque tras los circuitos de “H” existía un misterio. Eso era seguro…El final de la historia era totalmente predecible. El me lo hizo saber y yo me dejé manipular. Pero esa también es otra historia… para otro momento.
FIN

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