viernes, 18 de julio de 2025

EL TURISTA ACCIDENTAL II


EL TURISTA ACCIDENTAL

SEGUNDA CRÓNICA

X es un hombre rarito, como pude comprobar en conversaciones que tuvimos a lo largo de nuestra estancia, incluso tras la llegada de su amigo Bautista. Suele ocurrirme que tras hablar conmigo nadie se acuerda de haberlo hecho, ni mucho menos de mi nombre. Soy como un fantasma de carne y hueso o un ser multidimensional. Incluso hay por ahí alguien que cree ser mi creador y yo uno de sus personajes humorísticos. Tiene gracia la cosa.
 
Mientras esperaba a que llegara su amigo, con una cierta preocupación, porque se retrasaba un poco, me hizo algunas confidencias que aprovecho para colar en mi crónica. Dado que X no tiene nombre, como yo, el que hable de él no tendría por qué molestarle. Odia el calor. No le importaría estar en cualquiera de los polos, con los pájaros bobos, esos señores que visten de frac, en lugar de achicharrado por un sol de justicia. El calor le abotarga, por eso se aposentó en un banco y allí permaneció sin mover una ceja. Me comentó que sufría de fobia social. Que en otros tiempos fue un problema grave pero que ahora lo llevaba con mucha calma. Le asustaba un poco la gala que se avecinaba, aunque estaba más preocupado por cenar a la hora -es diabético- , que en verse obligado a conversar, algo que es lo más común en estas reuniones.

Su mente parecía estar en bucle. Que si le habrá pasado algo a su amigo Bautista. Que no miró cuánto le costaba el parking donde estacionó el coche. Que mira tú si le cobran por hora, incluso las horas de la noche y sumando más de cuarenta y ocho horas, esto puede subir un pico. Que le gustaría quedarse otra noche más para conocer algo de Guadalajara, pero le parece abusivo. Piensa en cómo encontrar la forma de decirle a M que pagará de su bolsillo. Sus bucles mentales parecen propios de una patología mental. Así me lo cuenta. En efecto toda su vida ha sufrido de una enfermedad mental a la que ahora no sabe cómo la llamarían porque estas etiquetas cambian más que los nombres que les dan ahora en inglés a cosas que antes tenían un nombre castellano de toda la vida. ¿Lo de esta noche será un "party"? Le gustaría preguntarle a M si todos los empleados del hotel sufren algún tipo de patología mental, porque no lo parecen en absoluto. Luego, cuando llegue su amigo Bautista satisfará buena parte de sus curiosidades, aunque ya conoce buena parte de la historia, gracias a que está pasando sus memorias al ordenador y a las conversaciones que han ido manteniendo sobre el tema a lo largo de los años. Cómo ha cambiado el tema de la enfermedad mental. A él, a X, le tocó lo más duro, antes de que se produjera la reforma psiquiátrica en España. Todo lo que están viendo sus ojos parece un milagro, como lo comentará en una conversación casi al final del "party".

Me cuenta que siempre tiene un plan B por si las cosas salen mal. Esta vez todo sale bien. Intuyo que le pasa con mucha frecuencia. En el parking hay un tope diario, que no sobrepasa los diez euros, bastante menos de lo que él pensaba. Su amigo Bautista acaba llegando. El acabará cenando y muy bien, aunque no a su hora habitual. Parece bastante despistado porque se le mete en la cabeza que tiene que cenar antes del "party" sin caer en la cuenta que en estos eventos siempre hay canapés o pinchos o como se los quiera llamar. Arma un pequeño lío del que lo saca Bautista que ya ha asistido a otros eventos. En la cocina debieron pasarlo mal. ¿ Pero qué le pasa a este hombre?

Por fin se enterará de que los sombreritos tan monos que aparecían sobre bustos no eran máscaras de carnaval sino para las damas y que aquella especie de pajaritas o lo que fuera eran para los caballeros. Todo saldría bien, incluso algunas gotas de lluvia en el momento oportuno que obligó al pianista a retirarse a tiempo. Ya estaba temblando X ante la posibilidad de tener que bailar con la alcaldesa de Guadalajara o las seis consejeras del gobierno de Castilla la Mancha que asistieron a la gala e hicieron sus discursos, todas muy simpáticas. ¡Uf! le escuché aliviado. Yo por supuesto estuve a su lado en todo momento. Nadie me vio, nadie supo de mí, pero lo pasé tan bien como X. Incluso comí alguna de sus alitas de pollo, riquísimas. Debió caerle simpático a una camarera, antes recepcionista, que siempre le ofrecía de su bandeja, alitas, hamburguesas mini, etc etc.
Pero eso será objeto de una tercera crónica.

 

martes, 1 de julio de 2025

EL TURISTA ACCIDENTAL GOURMET



AGENDA DE GOURMET... NO ME ACUERDO DEL CAPÍTULO.
 
LA COCINA DEL HOTEL EL SUEÑO DEL INFANTE

Como no sé cómo subir varias fotos a la vez, el segundo plato y el postre los pondré aparte.
La cocina de este hotel es casera, sencilla, pero sabrosa. Su menú consiste en tres platos de primero, tres de segundo y tres de postre, aunque como observé en la segunda comida parece que varía algún plato de un día para otro.

El gazpacho era muy sencillo pero muy sabroso y digestivo, al menos a mí me sentó muy bien y eso que mi estómago no es el que era.

De segundo pedí el pollo con patatas. También sabroso, sin alharacas. Estaba por seguir una dieta sencilla que me ayudara a bajar un poco de peso. Algo que no cumplí en la gala, donde me puse las botas. Especialmente me gustaron las alitas de pollo, deliciosas, comía siempre que me ponían la bandeja delante.

De postre nada de dulce, soy diabético, aunque me saltaría esta restricción en algún postre, con posterioridad.

Debo decir que por el precio del menú, catorce eurillos de nada, se come tan ricamente. Un simpático camarero me diría al día siguiente cuando le pedí mesa en el comedor, que no había sitio para mí, todo estaba a tope. Según pude observar no había mucha gente comiendo, poca para las mesas disponibles. Nos reímos los dos. Aprovecho para recomendar a todos los que visiten Guadalajara que vayan a comer allí. Por cierto. que M. le diría a X que estaban esperando que viniera alguien a hacer un reportaje sobre la cocina del restaurante.
 
No se sabe muy bien si esta crónica la hace el autor de la agenda o el turista accidental. Todo es muy confuso en esta crónica.



EL TURISTA ACCIDENTAL



GALA EN EL HOTEL EL SUEÑO DEL INFANTE

UNA CRÓNICA DE NUESTRO CORRESPONSAL, EL TURISTA ACCIDENTAL I

No sé cómo llego a los sitios, ni qué hago allí. De pronto estoy en un lugar interesante, viviendo experiencias insólitas que unas veces son muy agradables, como en este caso, y otras no tanto. ¿Qué quién soy yo? Me llaman "El turista accidental". No tengo nombre propio y paso tan desapercibido como una bocanada de aire caliente en un día de intenso calor. Mi cuerpo físico es tan común que, si un inspector de policía interrogara a los testigos de un crimen, no sabrían qué decir de mí, ni alto ni bajo, todo lo contrario; ni grueso ni delgado, rostro anodino, mirada traslúcida, perdida en el ambiente; mi voz como cualquier otra voz, ni más ni menos. En alguna ocasión me han confundido con una mujer, aunque no supieron concretar si atractiva o no. Apenas dejo impresión y pasados unos minutos nadie me recuerda. Ni siquiera les parece real que hayan estado hablando conmigo. Estas características me permitirían ser un estupendo espía, o un detective fantasma o cualquier cosa que me propusiera.
Caí por casualidad en el hotel "El sueño del Infante", en Guadalajara. No sabría decir cómo llegué allí, no lo recuerdo. De pronto estaba en recepción. Dos chicas jóvenes, guapas y amables hacían su trabajo con una dulce sonrisa en el rostro. A mí no me vieron, ni siquiera me miraron, es posible que ni supieran que estaba allí. Me senté en un banco y aguardé lo que fuera que iba a ocurrir. Donde estoy yo siempre ocurren cosas, atraigo los eventos como la miel a las moscas.
 
Me llamó la atención un hombre de edad madura, luego sabría que a él no le importaría que le llamaran "abuelete", aunque por lo que observé, nadie se lo llamó. Le sobraban unos kilos, aunque en posterior conversación, se ufanaba en que había bajado mucho de peso, unos veinticinco kilos, me dijo. Se movía con cierta torpeza, no sabría decir si por la bolsa de viaje que portaba al hombro (no debía de pesar mucho, porque no era muy grande, y la ropa, especialmente de verano, tampoco suele ser muy pesada) o más bien por el calor sofocante que caía aplomo desde lo alto, o puede que por el cansancio del viaje y su falta de entrenamiento para estos eventos.

Una mujer le estaba esperando. Luego sabría que era M. la encargada y buena amiga de su amigo Bautista. No me gusta poner nombres porque a lo mejor alguien se molesta por mis crónicas. En este caso hago una excepción con Bautista porque tengo su permiso. M. como luego sabría, gracias a las confidencias de este personaje sin nombre que acababa de llegar, es una mujer gallega, de Pontevedra, tan activa que le da un poco de miedo a este personaje, llamémosle X. Es una de esas personas jubiladas que trabajan más y son más activas tras la jubilación que antes. Se le nota la experiencia del trato con la gente. X le diría (un poco pelota sí que es) que era una excelente relaciones públicas, y luego, cuando la vio en traje de fiesta, que estaba muy elegante.

La amiga de Bautista enseguida se preocupó de si había comido. Como luego me diría X mientras comíamos a la misma mesa (él ni se acuerda) está muy achacoso, que si diabetes, que si hipertensión, necesita comer a las horas y una dieta aceptable, aunque como pude comprobar, a veces se la salta y no pasa nada. Noté cómo hacía fotos a los platos. Le pregunté interesado a qué se debía esa costumbre. Me dijo que tenía una agenda de goumet en Internet donde hacía una somera crítica de los platos que más le gustaban de los restaurantes.

Pude enterarme, gracias a las confidencias de X, de que la fiesta de aquella noche era una gala por los treinta años de la fundación AFAUS pro salud mental, que vela por la integración social y laboral de las personas que sufren una enfermedad mental. A lo largo de la velada X me pondría al tanto de estos detalles. Nadie diría, viendo al personal del hotel que algunos sufrían algún tipo de enfermedad mental. El camarero amable y atento, bien entrenado, en general todo el personal amable, discreto y como perfectamente entrenado en una escuela de hostelería. También X, a lo largo de la noche, suelta ya la lengua por la ingestión de algo de vino blanco, y uno o dos cubatas, me confesaría que también él llevaba sufriendo toda la vida de una enfermedad mental que no detalló. Tampoco él parecía una de esas personas enfermas que parecen dar tanto miedo a la sociedad en la que viven. Todos perfectamente "normales", más incluso que otras que se precian de serlo.
 
Y aquí debo dejar esta crónica que partiré en varios capítulos, dada su longitud. Habrá documentación, fotos y todo lo necesario para retratar este evento. Se preguntarán ustedes para qué periódico o medio escribo o si tengo un blog o si soy un "free lance" o trabajador independiente traducido al castellano. Pues no, nada de eso. Como ya he dicho, soy un turista accidental, al que nadie recuerda, que aparece sin saber cómo en cualquier evento y luego todo el mundo se entera de lo que ha pasado, sin saber cómo es posible, ya que nadie dice haber escrito nada o sacado fotos o... No se asusten, no soy un fantasma, aunque a veces lo parezco.


miércoles, 11 de junio de 2025

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XXXI

 


-Queridos holovidentes. Están viendo en sus pantallas lo que sucede. Les voy a dejar que disfruten, pero antes es necesario que les ponga en antecedentes de algunos detalles importantes, sin los cuales se sentirán un poco perdidos. Hemos conseguido que el bueno de “H” nos haya fabricado algunos artilugios importantes, sin los cuales no podríamos enterarnos de lo que les va a suceder a Alirina y a Rosindra. En los cascos virtuales de ambas se ha instalado un diminuto transmisor que nos permite recibir imágenes del Omostron. Es la primera vez que sucede. Solo los que viajan a este mundo fantástico pueden ver, oír, oler, tocar y sentir lo que allí ocurre. Cada uno elige un cuerpo virtual, que puede ser el mismo que poseen en el mundo real, mejorado o no, o muy diferente. Algunos eligen incluso cuerpos muy diferentes, de distinto sexo, con todos los detalles que han seleccionado en una especie de vestuario que hay a la entrada. Os preguntaréis cómo conozco esto, y haréis muy bien, porque es cierto que yo lo mismo que Alirina, que todos los miembros del equipo, los tertulianos y en general todos los que nos negamos a participar en esta farsa, no sabemos nada del Omostrón. La respuesta a vuestra pregunta es sencilla, le pedimos a “H” que nos diera una breve sinopsis de lo que nos espera en este mundo virtual, y lo ha hecho con la precisión que le caracteriza.

“Estáis viendo cómo Alirina y Rosindra han decidido quedarse con sus cuerpos reales y su vestimenta. En la preparación del programa lo hablamos y estuvimos de acuerdo que, para vosotros, los holovidentes, es mucho mejor, de esta forma no habrá confusiones. En sus cascos hay otro diminuto artilugio que es una cámara especial para que podáis ver lo que ellas miran. En los habitantes del Omostron todo funciona, más o menos como en la vida real, es decir, ellos perciben con sus sentidos virtuales algo parecido a lo que percibiríamos nosotros en el mundo real. Nadie les sigue con una cámara para que los espectadores se hagan una idea de su entorno. No es necesario, puesto que lo que allí sucede no se transmite. Nosotros utilizaremos las cámaras de ambas para hacernos una idea del entorno que están pisando. Eso supone un reto para nuestros técnicos, que seguro lo harán muy bien.

“Nuestros anfitriones no tienen ningún artilugio extraño, van como hacen siempre y se comunicarán entre sí y con nuestras reporteras como lo hacen con el resto de habitantes del Omostron. Vosotros no percibiréis lo que ellas están sintiendo. Las imágenes holovisivas serán las habituales que os llegan a través de vuestros holovisores. No necesito daros más detalles. Os llegarán sonidos, olores, sensaciones táctiles como en la holivisión, ni más ni menos.

“Otro artilugio nos permite hablar con ellas y a ellas con nosotros. De esta forma el programa será interactivo hasta ciertos límites. Podéis sugerir movimientos o que hagan preguntas a otros habitantes del mundo virtual y éstos responderán si quieren. Se ha confeccionado un guion al que nos ceñiremos. Es bastante flexible. Hasta cierto punto, claro. Será inútil pedir que tengan sexo con este o aquel o que hagan esto o aquello. Nuestras intrépidas reporteras son libres para actuar como deseen, si alguna de ellas, o las dos, deciden hacer caso de alguna sugerencia de los holividentes, es cosa suya.

“Nos espera toda una noche de sorpresas y aventuras. Si alguno de vosotros, tras terminar el programa, decide apuntarse al Omostron, es cosa vuestra, ya sois mayorcitos. Yo y el programa os sugerimos que no lo hagáis y confiamos en que el desarrollo de la noche os convencerá de que es mejor, mucho mejor el mundo real que el virtual. Si en algún momento en el desarrollo del programa es preciso daros más detalles, para eso tenemos los subtítulos. Y con esto me despido, de momento, y dejo la palabra a Alirina, cuya voz, lo mismo que las otras, os llegará con una pequeña distorsión. “H” nos ha dicho que estos artilugios son nuevos y están a prueba. Con su humor habitual nos ha comunicado que él lo puede casi todo, pero no todo. No es dios, utilizando la palabra que se usaba en las leyendas omeguianas para nombrar a las entidades que eran capaces de todo, omniscientes, todopoderosas, impresionantes. Si el programa se repite, cosa que dudo, “H” nos ha prometido más artilugios y más perfectos… Bien Alirina, puedes comenzar la narración cuando quieras y salvo que sea precisa alguna intervención por nuestra parte, nos quedaremos en silencio. Que todo vaya bien.

-Gracias, Arminido, estás de un amable que no te reconozco y tan serio que espero no te hayan cambiado. Me gustas como eres. Y si no me interrumpes es que ya no te conozco, querido amigo. Bien. Como habéis visto, queridos holovidentes, En lo que llamaremos vestuarios, a falta de otra palabra mejor, habéis comprobado que cada visitante del Omostron elige el cuerpo y las ropas que desea. Tanto Rosindra como yo hemos preferido seguir como estamos. Y también nuestros amables y pacientes anfitriones, para que vosotros no sufráis confusiones. Vamos a ir en grupo, sin perjuicio de que alguno de nosotros se separe, de forma provisional, o definitiva, allá cada cual. Voy a ceder la palabra a Rosindra, para que os salude y comente lo que quiera. ¿Cómo lo llevas, querida amiga? ¿Te está sorprendiendo este mundo virtual o es lo que esperabas?

-Gracias, Alirina. Debo confesarte que tengo mucho miedo y que jamás me hubiera atrevido a iniciar esta aventura sin tu compañía. Tengo plena confianza en ti y en tu intrepidez, no en vano Arminido te llama la intrépida reportera. Por cierto que estoy de acuerdo contigo en que está desconocido, más serio, más respetuoso, muy cambiado. No quiero tomarle el pelo, porque él no nos puede responder, pero yo juraría que tiene aún más miedo que nosotras. Contestando a tu pregunta, diré que hasta ahora no me he sorprendido mucho. Claro que acabamos de empezar. Los vestuarios son muy técnicos, nada especial. Ahora estamos siguiendo a nuestros anfitriones que conocen este mundo y nos mostrarán cómo es a grandes rasgos. Me dicen desde el control que me sitúe frente a ti para que la cámara pueda reflejarte mejor. Por lo visto hasta ahora nuestras cámaras han danzado conforme nosotras mirábamos en una dirección o en otra. Luego lo harás tú. Se me ocurre que para la próxima vez, si es que la hay, pidáis a “H” una especie de diminuto dron con una cámara panorámica, para que nos siga y los holovidentes puedan hacerse una idea más amplia de este mundo.

lunes, 2 de junio de 2025

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XXX

 


-Hola, hola, Arminido. Aquí tu intrépida reportera, Alirina. Te aviso de que ya estamos preparados. Nuestros anfitriones no han querido cenar y me han convencido de que yo tampoco lo haga, porque es mejor entrar en el Omostron con el estómago vacío. Puedes dejar que el grupo musical nos deleite y cuando termine nos das paso, si te parece. Imagino que tienes preparados subtítulos para que nuestros holovidentes sigan la música con aprovechamiento.

-Así es, Alirina. Vamos a disfrutar todos de esta bella música y luego dejaremos  que inicies tu aventura en el Omostron. Utilizaré los subtítulos como narrador. para que el sonido de mis palabras no se entremezcle con la música.

Barra de subtítulos

El grupo se llama Viejas tradiciones de Omega. Está dirigido por Almonada y compuesto por un par de docenas de músicos con instrumentos tradicionales que enfocaremos cuando intervengan, haciendo una breve descripción de ellos. Media docena de bailarines nos deleitarán con coreografías ancestrales. Se han documentado en los archivos de “H” a los que todo el mundo que lo desee tiene acceso. Advertimos a los holovidentes de que se está preparando un programa especial sobre evolución en la música en Omega hasta la llegada de nuestra Inteligencia Artificial que la ha acaparado toda, unos dicen que esto ha mejorado nuestra música, despreciando la tradicional, y otros, nosotros, estamos convencidos de que la música omeguiana es mucho mejor. Sin despreciar la música de “H”, es otra cosa.

El recital ha comenzado ya con una canción tradicional de siembra. La están escuchando. Es alegre, divertida, picaresca. Aunque muchos de ustedes no lo sepan, en otros tiempos en Omega la siembra era un periodo muy alegre, porque se confiaba en poder alimentarse de las plantas que crecerían con el tiempo. De ello dependía su subsistencia. La buena cosecha dependía de tantos acontecimientos favorables que era un milagro cuando llegaba el momento de recoger el fruto y todo había concluido como se esperaba. Dependían del clima y sus avatares, de que los animales que se alimentaban de ellos no los esquilmaran, de que las tribus enemigas no lo quemaran todo como una estrategia de guerra.

Ha comenzado la segunda canción del recital, un canto de cosecha. Aún más alegre que el canto de siembra, más divertido, más picaresco. Todos bebían y bailaban, celebrando el gran acontecimiento. Los hombres jóvenes buscaban a las chicas jóvenes, los adultos aplaudían la danza, confiando que a lo largo del año el cortejo creara nuevas parejas, nuevas familias, nuevos infantes que con el tiempo colaboraran a la subsistencia de toda la aldea, de todo el territorio tribal. Ahora solo hay que dar una comanda al monolito de tele trasportación y esperar unos segundos a que los platos lleguen a la mesa. Hemos perdido la alegría de sembrar y cosechar, de reunirse para comer, beber y danzar porque la cosecha ha sido espléndida y todos van a tener un buen año. Ahora se come casi por obligación, porque el bueno de “H” aún no ha decidido transformar nuestros cuerpos para que no coman, no beban, no excreten, no se muevan de su sillón ergonómico, con el casco virtual en la cabeza, moviéndose las consciencias que lo habitan en universos virtuales donde ocurre de todo y no pasa nada, porque todo es pura fantasía. No sé para qué quieren sus cuerpos los omeguianos y vantianos que se dejan llevar de acá para allá en un mundo falso e inútil.

Para terminar este breve recital, preludio del gran programa que dedicaremos a la música y danza de nuestros ancestros, presenciaremos una danza de cortejo, hilarante, divertida, sensual, extraordinaria. Es preciso informar de que en aquellos tiempos la heterosexualidad, única forma de procrear, era asumida como la única relación posible de pareja. Las otras formas de sexualidad se practicaban a escondidas, como algo pecaminoso para las religiones existentes. Hoy en día cada uno practica la sexualidad como desea, es lo más natural. La procreación ya no es necesaria para que sigan existiendo omeguianos. Nuestra inteligencia artificial lo tiene todo previsto y solucionado. Casi parece como que se hubiera programado la desaparición de la especia omeguiana con el tiempo. Como si “H” ya no nos necesitara para nada y solo las órdenes que su creador, Helenio de Moroni, implantó en sus circuitos le impidieran destruirnos sin más.

Vean la alegría de esta danza y disfruten de lo que es la verdadera vida…

-Ha terminado el recital. Agradecemos a Almonada y a su grupo Viejas tradiciones de Omega, su presencia en el plató, y la alegría que han vertido en nuestros corazones. Soy Arminido y paso la palabra a Alirina para que nos dé cuenta de los últimos preparativos antes de su inmersión en el mundo virtual, donde ella, Rosindra, y alguno más que se apunte, exploraran el Omostron y nosotros lo veremos gracias a un artilugio que nos ha facilitado “H”. Nuestra inteligencia artificial nos facilita todo lo que le pedimos, pero no se dejen engañar, está trabajando por nuestra extinción. No tiene prisa porque para él no hay otra meta que suprimirnos y eso no le corre prisa a una entidad casi inmortal. Adelante, Alirina.

-Hola, hola. Veo Arminido que te has puesto serio y filosófico. ¡Quién lo diría con lo alegre que era la música de la que hemos disfrutado! Como ven nuestros holovidentes ya estamos todos preparados. Sentados con comodidad en nuestros sillones ergonómicos, con los cascos en nuestras cabezas y un nuevo artilugio diminuto en nuestros ojos, que les permitirá seguirnos en la aventura que vamos a emprender, solo queda que nuestros anfitriones decidan sumergirse en el Omostron y guiarnos por un mundo que para nosotros es completamente desconocido… Nos hacen señas, podemos empezar. Sígannos y disfruten, si pueden o quieren.

miércoles, 7 de mayo de 2025

DIARIO DE UN GIGOLÓ IX









Su risita era un poco desagradable, parecía una de esas chicas pijas, de familia adinerada que parecen haberse olvidado de la finalidad del lenguaje y haberse convencido desde la cuna que el dinero de papá lo puede todo. Miré a Paco que se encogió de hombros. Bueno, pensé, mejor bailar que dormitar, y si la chica me quiere llevar a la cama no diré que no, al fin y al cabo esta noche ya está totalmente perdida para mí.

El otro camarero me miró con cara de sentirse ninguneado y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo se acercó a otra chica y tras una breve conversación comenzaron a bailar muy cerca de nosotros. Eso acabó de animar al personal que se buscó la vida para bailar, aunque fuera con la fregona que uno sacó del almacén. Se produjeron risas y el ambiente se animó. Paco se puso tras la barra, se sirvió un cubalibre y nos observó sonriente y frotándose las manos, aquel gesto parecía ser una manía compulsiva e incontrolable cuando se entusiasmaba demasiado o se le tensaban los nervios.

La chica se frotaba contra mí con la tranquila decisión de la ola que sabe que antes o después acabará conquistando la playa. Me preguntó el nombre y fue enlazando pregunta tras pregunta hasta que comprendió que nos veíamos obligados a levantar mucho la voz. Estábamos llamando la atención y eso la desanimó. Se apretó aún más y dejó que yo la acariciara con suavidad las nalgas sobre su vestido de boutique cara. Todo iba muy bien hasta que la mala suerte quiso que uno de los discos que había apilado en el soporte, para que fueran cayendo uno a uno sobre el plato, estuviera rayado. Tuve que soltar a mi “partenaire” y salir pitando, entre las risas, silbidos y la bronca del populacho. Me costó un tiempo probar a ver si aquella rayadura se debía a la suciedad del disco o era ya una cicatriz irremediable, repasé los dos discos que aún quedaban por caer y busqué alguna balada más con la intención de prolongar el “tete a tete” con aquella chica cuyo físico no me disgustaba aunque me repateaba un poco aquella risita tonta y aquella forma de hablar tan engolada, como si fuera la reina del baile. Cuando me disponía a regresar a la improvisada pista de baile observé que el grupo de jóvenes había desaparecido dejando las mesas sin colocar. Miré a Paco quien se encogió de hombros.

-La juventud es así, tarambana hasta para mear. Coloca las mesas y vamos cerrando, que esto parece que no va a dar más de sí por esta noche.

Aquella fue mi primera noche en el pub de Paco. Antes de cerrar éste me recordó que fuera por la mañana, antes de la una, a la dirección que me había dado. Allí me arreglarían el uniforme que llevaba y me harían un par de ellos.

-Eso corre por mi cuenta, pero con la condición de que no vuelvas a acercarte a Bea. Fui su padrino y para mí es como una sobrina, qué digo, como una hija. Como se te ocurra desgraciarla da por hecho que te buscaré y te rajaré allí donde te encuentre.

Pensé que no era para tanto y así se lo hizo saber. Paco se enfadó mucho y a punto estuvo de arrearme un bofetón. La cosa iba en serio, mejor saberlo antes que después. Me escabullí sin despedirme y en cuanto llegué al piso me tumbé sobre la cama tal como estaba.