miércoles, 22 de julio de 2026

COMENTARIO DE UN TEXTO DE ANA-CECILIA

 




De odios, dice el título. Se ve a un numeroso grupo de mujeres aplaudiendo y aclamando algo que no aparece en el plano. Pienso en un mitin electoral, pero no, porque al instante una voz en off femenina, tan dulce y equilibrada que hace más llamativas sus palabras, expresa con rotundidad: odio los rituales. De pronto la secuencia se hace muy intimista y uno sabe que el corto va de amantes y de la búsqueda de puentes entre dos pieles que están cerca, aunque el abismo que separa a los individuos hará que surja el miedo a repetir viejos rituales.



Conforme se enlazan los planos uno se da cuenta que el odio al ritual es un odio feroz a la rutina que impide la magia mil veces repetida del primer encuentro. Un corto intimista que acaba cuando ya estoy royendo la piel de los dedos. Yo también odio los rituales y el fatum que me condena ciclicamente a la desgracia. No sé la razón pero cada vez que se estropea el ordenador y tengo que cambiarlo se acumulan todo tipo de desgracias. Es como un aviso de un viejo chamán, al que no conozco, pero que me cuida como a su discípulo predilecto. Entre nosotros hemos establecido un código. Cuando se te vaya a la porra el ordenador ¡cuidado! porque el rebaño de desgracias vienen a balar a tu puerta. Tu vida va a dar un giro. Ten cuidado y calma los nervios.



Con la palabra the end con puntos suspensivos, porque los cortos de mi directora favorita nunca terminan en la pantalla, salgo corriendo y regreso al hogar. Antes de abrir la puerta tengo que apartar al rebaño de ovejas-desgracias que siguen balando histéricas. Conserva la calma no hay oveja-desgracia que cien años dure. Puede que el chamán te esté diciendo que debes cambiar tu vida y lanzarte de cabeza a la corriente subterránea de tu subconsciente. Mientras las ovejas-desgracias siguen balando fuera pongo un poco de música y pienso que yo también odio los rituales porque acaban con la espontaneidad que poseía la vida hace mucho tiempo, cuando no se estropeaban los ordenadores. Hago señales de humo que dicen, un abrazo. Y pienso que, aunque las ovejas nunca vienen solas también es cierto que a toda oveja-desgracia le llega su San
Martín.

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