jueves, 27 de agosto de 2026

EL DETECTIVE V

 


Satisfecha mi curiosidad quise saber más detalles de las misteriosas desapariciones. Casi me vi obligado a darles de bofetadas para obtener algún dato interesante tan parcos eran. Deduje que algo tan voluminoso solo podía tomar alguna de las siguientes causas: fenómeno ovni ( lo rechacé de plano), el narcotráfico (un poco rarito pero posible) trata de blancas con el silencio y confabulación de la policía y alguna secta satánica buscando vírgenes en un mundo que ha perdido la virginidad hace tiempo.

 

Cualquiera de estas posibilidades (incluido el fenómeno ovni) era un callejón sin salida para un detective mugriento no con el resultado probado de perder la vida a lo tonto. Se lo dije con tiento, porque aquellos dos ancianos estaban empezando a tocar mi fibra sensible, me miraban con una súplica tan digna en el fondo de sus ojos y sobre todo con tal respeto que estaba pensando ya si aquel no podría ser el caso humanitario que el destino me enviaba para cubrir mi cuota de humanidad antes de morir en acto de servicio. Creo que nadie a lo largo de mi vida me había mirado con tanto respeto. ¡Qué digo! No lo creo, estoy seguro de ello. Era un respeto profundo, de ser humano a ser humano, no de suplicante a poderoso que tiene en sus manos dar lo que se necesita imperiosamente.

 

Mientras hacía las preguntas meditaba las respuestas, ellos no cesaban de mirarme como si de mis respuestas dependiera su propia vida. No pude evitar la pregunta.

 

-¿Han perdido ustedes algún ser querido?

 

La mujer no pudo reprimir el llanto, gruesos lagrimones resbalaban por las arrugas de su piel vieja y curtida. Su esposo, conmovido, puso su mano sobre la suya e intentó calmarla.

 

-Hemos perdido una nieta que era un ángel enviado por el señor como báculo de nuestra ancianidad. No la habría mejor, señor, todo amor y servicio para sus padres. Porque la criamos y educamos como tales. Nuestro hijo y su esposa murieron den accidente de tráfico. No lo había mejor. Ella cree que aún está bien, pero yo no lo creo, señor. En mucho tiempo. Y se echó en llorar sin vergüenza.

 

Yo, hacía milenios que no me sucedía, no pude controlarme y dejé que las lágrimas me ablandaran. Fue mi perdición porque me levanté y de rodillas delante de la pareja de ancianos juré solemnemente que haría todo lo que estuviera en mi mano por hallar a su nieta o al menos a los culpables para darles su merecido.

 

Ya estaba hecho. Cuando volví a sentarme ya más calmado, comprendí que el paso estaba dado y el destino se había salido con la suya. Calmados todos ellos me dieron las gracias con toda sencillez y profundidad de sentimiento que a punto estuve de soltar el trapo otra vez.

 

Les pregunté qué planes tenían para la vuelta. Calcularon que les llevaría casi un mes.

 

-¿Por qué no van en avión?

No hay comentarios:

Publicar un comentario