miércoles, 15 de diciembre de 2021

MICRORRELATOS II


 


EL HOMBRE-PRACTICO

 

No cesaba de repetir a todo el mundo la misma cantinela. Era el lema de su vida en la que el pragmatismo ocupaba el primer lugar en todo.

“Deseo la felicidad para todo el mundo, incluso para mis enemigos, porque mientras sean felices no se romperán la cabeza pensando cómo perderme”.

El destino escuchó su súplica: a todas las personas de su entorno les tocó el “gordo” de la lotería aquella Navidad. Menos a él que nunca jugaba a nada por no impedir que a los demás les rozara la felicidad que a él se le negaba.

EL BUDA

 

Era un hombre sorprendente, no quería nada, no deseaba nada, aceptaba impertérrito lo que le deparara el destino. Sus amigos le llamaban en secreto “El Buda”. Realmente había logrado alcanzar el estado búdico. Pero él creía que nadie lo sabía, esa era su gran desgracia.


  LA PRÁCTICA DE LA REENCARNACIÓN  

 

 Tras pasar por durísimas sesiones de regresión hipnótica, Honorato recordó haber sido faraón en Egipto. Eso explicaba su dificultad para relacionarse con su entorno. Ya desde niño padeció la manía de considerar paletos a todos sus semejantes. Ahora sabía la causa de aquella irreductible obsesión, pero saberlo no mejoraba su situación, al contrario, la empeoraba. Intentó olvidar de nuevo, pero no lo consiguió.

 El terapeuta se limitó a encogerse de hombros ante su ruego. Con tono muy irónico le dijo: Santa Rita, Rita, lo que se recuerda ya no se olvida.  

      EL TRIUNFADOR

 

  Se le consideraba un dios en el universo del futbol galáctico. Podía hacer con la pelota lo que se le antojara, sin limitación alguna, ni siquiera de  leyes físicas.

 Terminó jugando solo en un maravilloso estadio repleto de gradas vacías. No cesaba de tirar penalti tras penalti sobre una inmensa portería que había construido con inmensos fajos de billetes nuevecitos.


viernes, 3 de diciembre de 2021

LA VENGANZA DE KATHY II

 




-Yo tampoco la he visto en los monitores. Puede que esta vez el payaso de Jimmy no ande muy descaminado. También me preocupa su ausencia.

-Cierto. Sería muy preocupante que el asesino hubiera vuelto a matar, y que además nos destrozara el perfil. No suele ser habitual que un asesino de hombres se pase a matar también mujeres. Eso me preocuparía mucho más, me temo que los hombres de Crazyworld son muy prescindibles.

-Te olvidas que tú eres hombres y que estás en Crazyworld. Parece que no lo acabas de creer. ¿O has recobrado la memoria? ¿En serio que ya tenéis un perfil del asesino?

-Ha sido un lapsus extraño. No obstante me temo que yo también soy un hombre prescindible aquí.

-No digas tonterías, cariño. Puede que la mayoría de hombres en Crazyworld sean prescindibles, empezando por Jimmy, pero tú no. ¿Has pensado que el asesino te puede tener en el punto de mira?

-Eso me preocupa bastante menos que ahora le haya dado por las mujeres. Prométeme que tendrás cuidado. Perfil, lo que se dice perfil no tenemos, pero nos estábamos centrando en las mujeres que podrían tener motivos para matar al director.

-En ese caso todas, hasta yo. Si todo quedará así, el asesino nos habría hecho un gran favor. Ese cabrón sobraba aquí, nadie le echará de menos. Vete con Jimmy, encontrad a Kathy, yo intentaré dormir un poco. Si cuando despierte aún no la habéis encontrado, os ayudaré. Déjame que mire la frecuencia de tu walkie, te llamo en cuanto descanse un poco.

Regresó a la cama, me mandó un beso con los dedos y quedó frita ipso facto. La gatita, ya iba haciendo a la idea de que se trataba de una gatita, salió disparada de su cesta y se subió a la cama, ronroneando se acomodó entre las piernas de Heather. Envidié su suerte. Procuré no olvidarme nada esencial, incluido el walkie, y sin hacer ruido salí del apartamento.

Encaminé mis pasos de forma automática hacia el despacho del doctor Sun. No sé si porque allí había quedado con Jimmy –no lo recordaba- o porque necesitaba hacerme una idea de cómo estaban las cosas en Crazyworld, si el caos había remitido, si los pacientes habían regresado a la rutina de su vida cotidiana o continuaban en las celdas de aislamiento, asediados por el doctor, y sobre todo, si había noticias de la esperada visita de Mr. Arkadin. El cielo se estaba nublando, aunque el sol asomaba su redonda cara por una rendija. Era un día raro, ni optimista ni pesimista. No se veía un alma fuera de los edificios, y mucho menos cuerpos, parados o en movimiento. Por un momento se me ocurrió que no me vendría mal que lloviera a moco tendido y mojarme hasta el vello. Había caído en que llevaba tres días sin cambiarme de ropa. La mía había sido tirada a la basura debido a las rasgaduras y los rastros de sangre del accidente. No recordaba si la que portaba me había sido facilitada por Kathy -¡pobre Kathy!- o por cualquier otra alma caritativa. Tenía que haber toda una industria textil en Crazyworld para vestir a tanto paciente y profesional, a no ser que fuera confeccionada fuera de allí y traída en helicóptero junto con las provisiones. En ese caso todos los residentes habrían sido convenientemente manoseados por un sastre o similar y sus medidas deberían constar en alguna agenda o tabla de datos. No recordaba haber sido manoseado, salvo por Kathy, y salvo que ella fuera la señorita sastra, estaba claro que debería realizar ciertas gestiones sobre la confección de mi guardarropa. ¡Kathy, pobre Kathy! Era preciso encontrarla cuanto antes. Ya casi había llegado al edificio de los pacientes sin pensar en Jimmy. Puede que todos aquellos pensamientos insólitos fueran un subterfugio de mi subconsciente para evitar pensar en él. Era curioso, pero ya no sentía el menor deseo de liarme a tortazos con él, para vengarme de la paliza que me había propinado por sorpresa. Mi única preocupación era encontrar a Kathy cuanto antes, para saber que estaba bien y que nuestro asesino no la había emprendido con las mujeres, o aún peor, que teníamos otro asesino en Crazyworld, y como no hay dos sin tres, bien podían estar surgiendo asesinos como champiñones en el fango. El sudor empapó mi frente.

Traspasé la puerta principal, eché un vistazo al comedor, escuché con atención, pero no pude captar ni el tenue deslizarse de un ratón, un silencio absoluto lo cubría todo, como un gran manto de nieve. Subí al primer piso, me deslicé como una bailarina de ballet sobre sus puntas y abrí la puerta del despacho del doctor Sun, que conocía muy bien tras los test y las sesiones que sufriera tras mi llegada. Por un momento me vino a la cabeza el celador que tan mal me había tratado. No conseguía recordar su nombre. No tuve mucho tiempo para forzar a mi memoria, porque su imagen desapareció tras abrir la puerta. En su lugar dos imágenes lo acapararon todo. El doctor Sun permanecía sentado tras la mesa de su despacho, la cabeza, más bien la frente, apoyada sobre sus manos que descansaban sobre la mesa. Parecía dormir con placidez. Frente a él estaba Jimmy, sentado en el sillón orejero, en una postura relajada. Su mirada se perdía muy lejos, al otro lado del gran ventanal del despacho. No me esperaba aquella visión apocalíptica, porque eso era la inmovilidad absoluta de aquellos dos seres hiperactivos, el fin del mundo.

Permanecí de pie, paralizado por la sorpresa. Luego exhalé el consabido Ejem. Nada. Ejem, Ejem y Ejem. La mirada perdida de Jimmy realizó una panorámica hasta detenerse en mi figura. Juraría que no me estaba viendo. Su mente era incapaz de procesar los datos que sus ojos mandaban a su cerebro. El doctor Sun no se había movido, permanecía en la misma postura, como la estatua de un pensador apoyado sobre la mesa, suponiendo que esa estatua existiera en alguna parte. De pronto Jimmy salió disparado, como si se hubiera roto un muelle del sillón orejero, poniéndole en pie contra su voluntad. Me miró, abrió la boca pero de ella no salió ninguna palabra. Levanto su mano derecha y su dedo índice me señaló. Su pie derecho se movió de forma refleja. Un terrorífico gruñido salió de su boca, como el de un perro peligroso, avisando del inminente ataque. Continuó caminando como un sonámbulo, exhalando aire que durante el recorrido se transformaba en un ominoso aviso amenazante. No fui capaz de reaccionar, no lo vi venir. Cuando estuvo frente a mí, por sorpresa, de forma imprevista, alzó su brazo derecho y su mano diestra me asestó tal bofetón que a punto estuvo de dar con mi cuerpo en tierra. Juro y perjuro que mi reacción fue automática, refleja, para nada consciente. Alcé mi mano derecha y le asesté un bofetón terrible, de una intensidad superior a la suya. Tampoco lo esperaba porque su cuerpo se inclinó como empujado por un ciclón. De pronto reaccionó y se lanzó sobre mí. Sus manos agarraron mi cuello. Antes de apretar con saña, la consciencia se apoderó de su mente y dejó caer los brazos, no su lengua.

-¡Maldito cabrón! Mientras yo me dejo los cuernos buscando al asesino y registrando palmo a palmo los edificios, buscando a Kathy, este dandy apestoso se pasa las horas en posición horizontal, acostándose con todas las mujeres de Crazyworld. Debería matarte ahora mismo.

-Vamos, Jimmy. El que debería matarte soy yo. ¿O ya no te acuerdas de la traicionera paliza que me propinaste? No te voy a matar, porque ahora lo importante es encontrar a Kathy. ¿Qué le pasa al doctor Sun?

-Ha quedado en estado catatónico tras recibir la noticia de que Mr. Arkadin aparecerá por aquí en unos días, en cuanto remate algunos negocios urgentes. No solo no hemos encontrado aún al asesino, hasta es posible que haya vuelto a matar y además a la adorable Kathy, lo mejor de este antro.

-¿Qué hacemos?

-Tú buscarás en el bosque y yo volveré a registrar todos los edificios. Pero antes voy a despertar a Sun para que nos firme unas autorizaciones.

Dicho y hecho. Se acercó al doctor, lo sacudió por los hombros, lo pellizcó, le gritó a la oreja. Nada. Entonces, con la total desvergüenza que la caracteriza, comenzó a darle de tortas con tal entusiasmo que sentí un vivo deseo de acompañarle, solo que en lugar de vapulear a Sun, me hubiera gustado emprenderla con Jimmy. Me vi obligado a hacer un gran esfuerzo de voluntad para controlarme. Al pobre doctorcito no le quedó otro remedio que salir de su estado catatónico. Lo hizo mirando alrededor como si no supiera dónde estaba. Miró al Pecas como si no lo conociera. Me miró a mí como si le resultara conocido de algo. Balbuceó algunas incongruencias, pero Jimmy no le dio tregua.

-Doctor, tiene que firmar esta autorización para que todos los pacientes salgan de las celdas de aislamiento. Usted no está para ponerse a buscar ahora el subconsciente colectivo, y menos para recabar información sobre el asesino…

-¿Las celdas de aislamiento?

-Sí. ¿No se acuerda de que encerró allí a todos los pacientes? Es hora de que vuelvan a su vida normal.

-¿Asesino?

-¿Tampoco se acuerda del asesino? ¿Dónde guarda su güisqui escocés de veinte años? Necesita un lingotazo para espabilarse.

El doctor Sun señaló el cajón de arriba de su mesa de despacho y continuó firmando todo lo que Jimmy le ponía a mano. Estaba claro que el Pecas lo había preparado todo concienzudamente. Sacó la botella de güisqui y un vaso limpio. Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo le dio un lingotazo terrible.

-¿Quieres?

-No gracias. No he desayunado.

En cuanto Sun terminó de firmar Jimmy le sirvió el vaso hasta arriba. Me quedé de una pieza cuando se lo trasegó entre pecho y espalda sin parpadear. Tosió, los ojos se le aclararon y agarró al Pecas por la solapa.

-¿Habéis encontrado ya al asesino?

-Aún no, doctor, pero con estas autorizaciones que acaba de firmar vamos a avanzar mucho.

-¿Me necesitas para algo?-pregunté, ansioso por librarme de lo que iba a suceder.

-No. Puedes ir a desayunar. Yo pondré en libertad a los pacientes. En cuanto termines te quiero ver en el bosque. No te olvides de llevar el walkie. Me informarás cada dos horas.

-Sí, jefe.

Y salí echando chispas.

sábado, 27 de noviembre de 2021

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XVI

 


-Bueno, hay mucho que contar, pero no quiero acaparar la conversación. De niña no tuve muchas oportunidades de ver animales, salvo en los documentales grabados por “H” y adaptados a los niños, también las tiernas historias que nos contaba en películas con animales holográficos. Me temo que no tuvieron mucho éxito entre los niños. A los hechos me remito, ni siquiera el uno por cien de la población tiene alguna mascota en su casa. Tal vez la culpa fuera de esa aberración de educar a los niños con figuras holográficas de sus progenitores. Es cierto que “H” no estaba muy de acuerdo con esa petición mayoritaria de los padres omeguianos, especialmente vantianos, pero cedió a la presión y eso creó muchas generaciones de niños traumatizados al conocer que sus padres eran hologramas diseñados por nuestra inteligencia artificial, basados en el físico y la psicología de los auténticos, que dedicaban su tiempo a satisfacer todo tipo de deseos hedonistas dejando que sus hijos fueron educados por una inteligencia artificial, por muy inteligente y sensible que fuera. Esos padres egoístas ya no conocerán lo que es disfrutar de la convivencia y educación de unos hijos. Al menos “H” tuvo la buena idea de no dejar tener más hijos a quienes no educaban ellos mismos al primero. Yo fui una de esas niñas traumatizadas al descubrir que sus adorables padres no eran otra cosa que robots holográficos. Si no huí a las Montañas Negras se debió, en buena parte, al club fundado por vosotros para niños traumatizados. Os agradezco mucho esa ayuda inestimable, ya que “H” no considera que deba tratarse al margen de la terapia onírica normal, lo que por otro lado sería contradictorio, ya que no se entendería que se dedicara a curar un trauma que él mismo provoca dejando que los padres puedan elegir que padres holográficos cuiden de su progenie. Ya sé que lleváis mucho tiempo intentando que “H” modifique esa autorización y os lo agradezco. Os propongo llevarle un manifiesto de varios puntos, el primero éste, con la firma de todos los holovidentes que estén de acuerdo, la primera yo.

-Una gran idea, querida Rosindra. Hago un llamamiento a todos los holovidentes que estén de acuerdo, y también a los que no lo están, para que lo estén. Podréis firmar en vuestros holovisores en cuanto el manifiesto esté confeccionado. No os pido que firméis en blanco porque nadie debe poner la mano en el fuego por nadie.

-Quien acaba de hablar es Arminido. Supongo que habéis reconocido su voz, pero aunque así no fuera siempre sabréis que es él por su maldita costumbre de llamar “querido” a todo el mundo, especialmente si es “querida”. Creo Rosindra que deberíamos cederle la palabra a nuestro “querido” Artotis, que se estará mordiendo la lengua, para que nos hable de sus caeros y cómo consiguió adoptarlos. Luego nos hablarás de los koories conforme nos vayamos acercando a su bosque y podrás puntualizar lo que nos cuente Artotis.

-Claro, querida Alierina, muy bien puntualizado. Y te recuerdo que utilizo mucho la palabra “querido” porque quiero a todo el mundo, especialmente a ti, querida. No voy a recordarte que el director de este programa, al menos sobre el papel soy yo, porque te has burlado de mí con mucho cariño. Y ahora concedamos la palabra al Sr. Artotis. Querido, ¿cómo fue la adopción de tus caeros?

-Por fin, por fin. He tenido que morderme la lengua, apretar los dientes, clavarme las uñas en la palma de las manos, para no protestar por esta discriminación, por esta marginación, por este ninguneo. Comenzaré diciendo que me costó tanto que “H” me permitiera adoptar que estaba a punto de colarme en su palacio de cristal y dejarme explotar allí de rabia, acabando con él y con su templo sagrado. No voy a nombrar a todos mis caeros por su nombre, porque nos llevaría mucho tiempo. Desde aquí les mando un beso a todos ellos, que me estarán viendo. Bua, bua y bua. Debo decir que mi afición a estas entrañables personas, tan animales como nosotros y tan poco racionales que da gusto hablar con ellos, comenzó cuando en una excursión a las montañas Grises, una de las pocas cordilleras de este planeta que se nos permite visitar y que merecen la pena por la altura de sus picos y la belleza de sus valles, sufrí un accidente, quedé desconectado en mitad de una apabullante nevada, y perdí el conocimiento. Desperté en una gran cueva donde se habían refugiado una manada de hembras caeros con sus niños. La mamá líder me estaba lamiendo la cara. No sé cómo conseguiría librarme del casco protector, o tal vez fui yo el que me lo quité en un último gesto de lucidez automática.  Allí fui cuidado como un nene más de la manada hasta que me recuperé. Por eso mi agradecimiento y amor hacia estos admirables animales será eterno y no paré hasta cumplir mi promesa de adoptar a unos cuantos, o a muchos, o a todos, si fuera posible…

-Esto no nos lo había contado, Sr. Artotis, precisamente el episodio de su vida que más le honra.

-Si quieres, Arminido, hacemos un programa especial sobre este incidente, pero ahora déjame continuar. Cuando me recuperé y pude restablecer la comunicación y fui rescatado, me dije que intentaría adoptar a la líder de la manada, a sus nenes y a otros miembros de aquel grupo de caeros que me habían salvado la vida. Para ello los marqué con pintura ultrasónica, que me permitiera reconocerlos si mi mezquindad permitía que me olvidara de ellos. Y así inicié el largo proceso burocrático, complejo, doloroso, agónico que supone la adopción de una mascota en esta sociedad tan artificial. Cuando se lo planteé a “H” sufrí un severo interrogatorio. Luego tuve que realizar un largo cursillo sobre la vida de los caeros, su biología, usos y costumbres, para terminar con unos ejercicios prácticos consistentes en vivir entre ellos. Por suerte pude localizar a mis salvadores. “H” me permitió vivir entre ellos, adaptarme a su forma de vivir y acabar siendo como uno más. Cuando recibí el aprobado general, vino lo peor, ya que nuestra amable inteligencia artificial me pidió un elevado número de créditos por adoptar, de momento a la lideresa y sus nenes, para el resto tuve que esperar a conseguir más créditos.

“Fue la etapa más laboriosa de mi vida. Me hice con el manual de créditos y fui realizando todas las tareas que proporcionaban créditos, empezando con la primera. Me casé con mi amante virtual más querida por el rito de la Mente Cósmica, que como saben es la religión de los granjeros rebeldes. Debo agradecer a “H” que nos permitiera viajar, a Arleína y a mí, hasta las montañas Negras, donde superamos todo el ritual previo y la ceremonia nupcial, y regresamos casados y bien casados. Decidimos tener un hijo biológico –un montón de créditos- y cuidarlo a la manera tradicional –créditos suficientes para adoptar a casi toda la manada de caeros de la cueva, liderados por mi buena amiga Caerina- y así nos encontramos, casi de la noche a la mañana, con una familia numerosa. Mi esposa y yo nos habíamos planteado abandonar la vida tradicional en Vantis, El Omostrón, sin duda el peor invento de “H”.

-No estoy de acuerdo…

-Vale Elielina, luego podrá defender su postura, ahora déjeme continuar. Tuvimos que renunciar a nuestras casas y con los créditos obtenidos le pedimos a “H” que nos construyera una nueva cerca de la cueva de los caeros. Nos queda un poco lejos. Lo peor es el gasto en transporte. No podríamos con él si no fuera porque este programa nos paga los viajes con sus créditos. Así iniciamos una vida aislada, casi monacal, renunciando a casi todas las supuestas ventajas que dice habernos proporcionado nuestra inteligencia artificial…

-Vaya, vaya, Artotis, no sabíamos nada de esto. Nos lo ha ocultado todo este tiempo. Creo que bien podríamos hacer un programa dedicado a su vida y milagros.

-Estoy dispuesto a negociar, pero ya le adelanto, Arminido, que una condición indispensable será duplicar el presupuesto de créditos para viajes.

-Todo se andará, querido Artotis, todo se andará.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

DICCIONARIO ECONÓMICO-HUMORÍSTICO VI

 


DICCIONARIO ECONÓMICO-HUMORÍSTICO VI




EL GRAN APAGÓN

COMUNICADO DE PRENSA DE PIRÚLO FÍSICO TEÓRICO ESPAÑOL

La oscuridad es el estado normal de las cosas. Si estás en invierno y son las seis de la tarde, tienes que encender la candela, a no ser que dispongas de una saneada cuenta corriente y puedas pagar a las eléctricas lo que pidan. Si estás en invierno y te has levantado a las doce de la mañana, antes de abrir las contraventanas, arrodíllate y reza para que el sol no se haya apagado, es decir, sufrido El Gran Apagón. Para estar a oscuras no necesitas hacer nada, en todo caso cerrar los ojos mientras se termina de consumir la energía cósmica, que no se sabe muy bien de dónde ha salido. Antes del Big Bang todo era oscuridad. La gran explosión tuvo que ser muy grande para iluminar todo el universo. Detrás de ella no pudieron estar las eléctricas, porque el Cosmos no nos ha cobrado por la luz, que es totalmente gratis, al menos por ahora. A pesar de mis grandes conocimientos de física teórica y práctica, no soy capaz de imaginarme nada que pueda iluminar todo un universo infinito, ni una central nuclear, de fusión o de fisión, ni las placas solares, ni los molinos de viento, ni las presas hidroeléctricas, ni mucho menos a todos los ciudadanos del mundo pedaleando en bicicletas estáticas. Ni siquiera quemar toda la basura del planeta, aunque acelerara la contaminación y el calentamiento global. Por lo tanto, en un día como hoy, he decidido hacerme creyente -justo antes de este instante era un agnóstico de tomo y lomo- porque solo Dios ha podido iluminar todo un Universo. Me arrodillo sobre la fría baldosa, junto las manos, cierro los ojos y comienzo a rezar. Solo Dios nos puede librar del Gran Apagón. Tengo la certeza de que las empresas eléctricas no han comprado esa energía gratuita en el gran mercado libre porque Dios no se deja comprar. no necesita dinero para comprar nada, porque todo es suyo. Si la luz es gratis, rezaré para que no se apague el sol, para que ilumine a todo el planeta a todas las horas del día y deje de haber noche. Rezaré para que los efectos del Big Bang no desaparezcan antes de que llegue mi hora. Si la luz ha estado iluminando el Universo millones y millones de millones de años, no creo que ahora, justo ahora, se apague para pillarme a mí sin candil, sin camping gas para calentar los botes de comida que he acumulado. A pesar de mi agnosticismo no soy un negacionista. Creo que las eléctricas dominan el mercado global, creo, aunque no lo entienda, que el Gran Apagón puede producirse, si no hoy, mañana y si no pasado. Creo que la energía no puede agotarse de la noche a la mañana, así, por arte de bibirloque. Algo está pasando, aunque no lo entienda, y no es nada bueno. Creo que las eléctricas se harán ricas y todos los demás seremos pobres, hasta los ricos. Desde que soy creyente, apenas hace unos minutos, no dejo de rezar a Dios, porque es el único que puede enfrentarse a las eléctricas con éxito, el único que puede iluminar mis noches invernales y calentar a mis gatitos, que no han hecho nada para merecer esto.

Me gustaría pensar en una estrategia razonable y posible para evitar el Gran Apagón. Como físico teórico asumo que hasta ahora hemos vivido en un perpetuo milagro, porque la oscuridad es el estado natural de las cosas, lo que no me convence es que las eléctricas sean las únicas que se aprovechen de este milagro. Me gustaría saber qué buscan las eléctricas, quién está detrás de las eléctricas, qué van a hacer los gobiernos para evitar el Gran Apagón, si debo comprar un camping gas, velas, mecheros, encender la chimenea, llenar la casa de legumbre seca, de legumbre cocida en tarros, de latas de conserva, de tarros de verduras, de leche en cartones con la caducidad más lejana posible, si debo comprar pilas, cargadores de pilas, pilas en conserva, cargadores de móviles autorrecargables para comunicarme con otros a los que se le haya ocurrido lo mismo; si debo comprar un transistor a pilas, suponiendo que las emisoras de radio tengan generadores que duren lo que dure el apagón; si debo adiestrar a mis gatitos para que me traigan toda clase de animalitos y buscar recetas para comer de todo. Soy solo un humilde físico teórico, no estoy preparado para enfrentarme al Gran Apagón. ¡Buaaaa! Por favor que alguien lo evite…De momento sigo rezando.

domingo, 7 de noviembre de 2021

UN INFORME EXTRATERRESTRE DE LA ESPECIE HUMANA III

 


UN INFORME EXTRATERRESTRE SOBRE LA ESPECIE HUMANA III

 

 

Ejem...ejem...Ya veo que están ustedes muy impacientes por conocer cómo me fue en el primer contacto con la especie humana. Tanto que algunos colegas salieron conmigo y aún no han regresado. El agua de fuego debe tener hoy un atractivo especial o tal vez la especie humana les trae al pairo. Pues que me permitan un consejo: no deberían adoptar esa actitud de sabelotodos, no, porque ello les hará perderse las historias más regocijantes que se han oído nunca en este viejo hemiciclo.

 

Se preguntarán ustedes qué criterios científicos utilicé para elegir el lugar del primer contacto. La respuesta no puede ser más sencilla. Con la mano izquierda de mi cuerpo terrestre (tan perfecto que ni la hembra humana -mi cuerpo era de macho- más experta en observar a su contrario hubiera descubierto en mí a un extraterrestre)  inicié un proceso secuencial muy sencillo. Conté con los dedos de mi mano derecha: pito, pito, gortorito, dónde vas tú, tán bonito....

 

Sí, sí, no se pongan ustedes de esa manera. ¡No son capaces ni de aceptar una broma inocente!. Si no fueran tan emocionales descubrirían que la lógica les estaba advirtiendo contra el engaño de que eran objeto. ¿Cómo podía yo saber de estos divertidos juegos terrestres cuando ni siquiera había pisado el planeta Tierra?. Lo que quiero decirles ( y no me abrasen con la telepatía, ya sé que ustedes no son idiotas), es que dejé que el azar eligiera mi destino. Puse mi índice humano sobre el plano que la inteligencia artificial de a bordo había fabricado siguiendo mis instrucciones expresas y me dije: sí, aquí tomaré tierra por primera vez. A continuación leí el nombre con el que bautizaron los terrestres ese lugar: Kansas city Kansas.

 

Mucho más tarde, con tiempo ya para el aburrimiento, vería un cuantioso número de lo que ellos llaman películas clásicas. Para que ustedes me entiendan, queridos colegas, el cine no es otra cosa que grabar en un pedazo de celuloide, en un principio, luego utilizarían otros materiales, unas determinadas escenas ordenadas por alguien al que llaman director, interpretadas por humanos a los que denominan actores, y que bien miradas tienen plena sentido. Aunque mal miradas la coordenada tiempo aparece muy distorsionada y el espacio está recortado aquí y allá, como si sobrara. En una de estas películas clásicas, titulada La Diligencia, y dirigida por un tal John Ford, el tuerto, que llegaría a ser mi director terrestre favorito, aparece un divertido personaje que repite una y otra vez su frase favorita: soy de Kansas city Kansas. Se lo dice a un doctor borracho que busca sus muestras de un delicioso licor, whisky -el de Kansas es vendedor de este apreciado licor- más que conocer la vida del anómino vendedor. Y en la película trabaja un joven actor, John Wayne, que ...

 

Vale, vale, dejen ya de patear que no voy a seguir con el resto del reparto. Mi énfasis en el detalle ha sido solo para poner de manifiesto esta casualidad y los escondidos designios que el azar tenía preparado para mi periplo terrestre. Así pues en Kansas city Kansas tomé tierra por primera vez con mi nave monoplaza. Como saben ustedes, la nave intergaláctica no puede acercarse a estrella alguna puesto que se produce un cortocircuito muy peligroso. La nave nodriza (utilizo el nombre que ellos han puesto a estas naves que dicen observar con frecuencia, muchos colegas de otras civilizaciones deben de estar visitando el planeta cada dos por tres) quedó a las puertas del sistema solar y yo salí a cien por hora (expresión popular terrestre muy anticuada) hacia el planeta, no sin antes poner el himno de esta prestigiosa academia: "Aventurero estelar, busca, busca, busca, la inteligencia remota...De galaxia en galaxia algún día encontrarás...la horma de tu zapato".

 

Bueno, bueno. No es para tanto que haya modificado una frasecita de nada en el conmovedor himno que ustedes conocen tan bien. Y aunque no tenga una voz excelente, admitan que peores voces se han oído en este hemiciclo y nadie ha protestado hasta ahora. Que conste en acta. Reconocerán ustedes, dilectos académicos, que mis conferencias son las más divertidas de todas las que se han visto obligados a soportar en esta cámara, que si hablara...¡uy lo que diría, si hablara!... Por lo tanto permítanme que de vez en cuando me tome estas libertades que ustedes tanto detestan.

 

¡Jesús! -perdonen de nuevo la expresión terrestre, me encanta este rico idioma- ¡vaya la que están ustedes montando!. Creo que no es para tanto. Como castigo voy a tomarme un nuevo receso a pesar de que veo en sus rostros el interés máximo que se han tomado por esta historia. ¿Cómo me fue en Kansas city Kansas?. Lo sabrán ustedes, si son buenos, dentro de unos instantes.

 

Continuará.

miércoles, 27 de octubre de 2021

UN INFORME EXTRATERRESTRE SOBRE LA ESPECIE HUMANA II



UN INFORME EXTRATERRESTRE SOBRE LA ESPECIE HUMANA II

Apreciados colegas: Aún con el delicioso sabor de la proteína mineral, extraída de la roca Grano de Néctar, en el paladar, me dispongo, de muy buen humor, a contarles cómo llegué al planeta Tierra y cómo se produjo el primer contacto con un nativo terrestre.

Cuando me sugirieron un estudio de la raza terrestre, raza inteligente según los parámetros consensuados por todas las especies inteligentes, me encontraba terminando un ensayo sobre la especie cuatrópeda aratorna, del planeta Ératon. Les confieso que nunca abandoné con mayor placer un estudio. Los aratornos serán inteligentes, que no lo niego, pero su conducta carece del menor interés para quien considera el humor la más alta manifestación de la inteligencia. Esta especie es tan sumamente pragmática que no se encuentra en ella la menor contradicción, razón por la cual su sentido del humor está aún por descubrir.



Elegí viajar al planeta Tierra utilizando medios convencionales. Para ello me hice instalar en una nave intergaláctica, concretamente la Galax II, renunciando al viaje instantáneo de nuestro transformador mental. Como saben se trata del último ingenio de nuestra muy ingeniosa tecnología. El TM transforma nuestras partículas físicas en mentales y zís-zás!, basta un simple pensamiento para llegar al tiempo y lugar que previamente has elegido. En cambio en un viaje convencional tienes tiempo sobrado para estudiar sin prisa los numerosos datos, enviados por sondas no tripuladas, sobre los terráqueos. Puedes hacerte tus propios diseños corporales con el fin de pasar desapercibido entre sus nativos y probártelos ante el espejo, dando pequeños retoques aquí y allá. Así mismo estudias con calma sus numerosas lenguas, idiomas y dialectos, intentando desvelar la profunda filosofía de la vida que late necesariamente en todo lenguaje. Les confieso que me divertí mucho repitiendo las lecciones de nuestra máquina parlante, profesora de idiomas titulada. Buenos dias, good morning, bon jour…etc, etc.

Me apasiona el estudio e interpretación de los datos recopilados por nuestras eficientes sondas, que tal vez merecerían una medallita al trabajo. Tal vez apasionante no sea la palabra adecuada para describir la emoción que me produjo estudiar una especie inteligente que lo posee todo y en grandes cantidades, excepto tal vez una adecuada dosis de inteligencia. ¡Hermosa contradicción!

Como ustedes saben, nada resulta más sencillo que adaptar la forma física de cada especie inteligente a estudiar. Ellas aún ignoran, ¡pobres!, que no es preciso conectar neurona con neurona, siguiendo su peculiar diseño, para que un extraterrestre pueda expresarse a través de un cuerpo físico. Poniendo una comparación muy querida por los terrestres, es como si alguien se introdujera en uno de sus vehículos motorizados y, una vez aprendido para qué sirve cada pedal, se pusiera a conducir tan campante por sus autopistas. Ellos son tan inteligentes que ni siquiera saben diferenciar la parte valiosa de su individualidad, su mente consciente, de un simple trozo de carne que ha moldeado su consciencia en una larga evolución de milenios, para lograr satisfacer su necesidad elemental, propia de seres poco evolucionados, de seguir manteniendo contacto con el mundo material. ¡Riánse ustedes!. Y sigan riéndose puesto que nosotros hacemos tres cuartos de lo mismo.¿O no me acabo yo de zampar un stranwich de proteína mineral?

Nuestra tecnología, casi milagrosa, y sobre todo nuestra mente, evolucionada hasta extremos que la especie humana consideraría divinos, me hizo fácil hacerme con el cuerpo humano más adecuado para pasar desapercibido entre ellos y que menos problemas me diera, porque era inevitable que me diera algunos. Tuve que probar varios cuerpos, de infantes, de ancianos, de mujeres y de hombres, hasta elegir el que me pareció menos problemático. La computadora de Galax II creó un entorno virtual donde pude experimentar con ellos a gusto y gana hasta decidirme a encargar al sastre el que me pareció más interesante.

Paso a delimitar someramente las conclusiones a las que llegué en la probatura de cuerpos: 1º)El cuerpo de infante sería un engorro, puesto que las crías de la especie no tienen papel relevante alguno que desempeñar en su sociedad. 2º)El cuerpo del anciano me marginaría automáticamente del centro social más activo. 3º) El cuerpo de la mujer me daría una estética muy apreciada entre los nativos terráqueos, pero a cambio me vería excluido de los grandes centros de poder, aún en manos del macho aunque yo diría que no por mucho tiempo.



Así pues mi conclusión fue sencilla: elegir un cuerpo de macho adulto, ligeramente atractivo, de una edad que ellos consideran ideal ( la mitad de su vida estándar, más o menos). El resto de adminículos resultaron sencillos de diseñar: una tarjeta de crédito sin restricciones, toda la documentación necesaria para demostrar que había nacido en un lugar concreto de su planeta, en un día determinado de su calendario, que tenía unos padres X e Y, que había realizado estudios ( no quise abusar y convertirme en un genio, puesto que ser un genio en su sociedad es aceptar un riesgo demasiado elevado) y el resto del papeleo imprescindible para tener libertad de movimientos en su compleja organización social. Les advierto que no tuve otro remedio que mandar fabricar un maletín como el que llevan sus ejecutivos o yupis, para guardar toda la documentación necesaria. ¡Menos mal que nuestra tecnología permite hacer virguerías con estas cosas!

Y con esto pasaré a contarles a continuación -en cuanto haga un breve receso para beberme un litro de agua, de sabor múltiple, burbujeante y convenientemente preparada para facilitar la digestión del stranwich de alga y proteína mineral- el primer contacto con los terráqueos o terrestres.

Permítanme que les diga algo: no nos vendría mal desprendernos de una vez por todas de estos cuerpos de cristal carbónico energetizado hasta la décima potencia al cuadrado. Tienen su encanto, puesto que nos permiten saborear un stranwich y darnos lingotazos de toda clase de líquidos, pero me temo que dan más problemas que otra cosa.

Y ahora, con su permiso, me tomaré un receso, que se me está secando la boca.

Continuará.

miércoles, 13 de octubre de 2021

UN INFORME EXTRATERRESTRE SOBRE LA ESPECIE HUMANA I




UN INFORME EXTRATERRESTRE SOBRE LA ESPECIE HUMANA I




INFORME EXTRATERRESTRE SOBRE LA ESPECIE HUMANA I

– COMUNICACIÓN DEL INTELIGENTÓLOGO DR. MCHCOK A LA ACADEMIA DE LAS ARTES Y LAS CIENCIAS DEL PLANETA STRANVIROV –



Muy estimados amigos y colegas:

Como bien sabéis, puesto que fue idea vuestra el enviarme, he pasado una larga temporada en el planeta al que sus nativos denominan Tierra, con un vocablo muy pedrestre y poco espiritual como es toda su cultura.

El planeta Tierra ha sido el primer descubrimiento del nuevo telescopio-escaneador de formas inteligentes o sea del T.E.F.I. o tefito como nos gusta llamarle. Como ustedes no ignoran se trata de una auténtica maravilla de la nueva tecnología mentalista que está invadiendo nuestra sociedad. Y tiene que serlo dada la distancia en siglos luz a que se encuentra Tierra de Stranviron y de la escasa energía inteligente que se desprende de los cráneos terrestres. Es un auténtico milagro que llegara a encenderse el pilotito verde, ese que nos avisa de la existencia de hasta un solo átomo inteligente en una galaxia.

Ejem…ejem… A pesar de la poco abundante inteligencia de sus nativos, con cráneos duros como pedruscos y tan vacuos como lo está en estos momentos mi estómago ( estoy en ayunas para evitar que el nerviosismo que me embarga habitualmente en estos casos me haga vomitar) creo estar en condiciones de confirmarles lo larga y divertida que será esta comunicación. Les hará reír como nunca hasta ahora lo habían hecho, razón por la que les aconsejo sujeten sus ingles con el cinturón risitas para evitar accidentes por descoyuntamiento inguinal.

Nos veremos obligados a parar en repetidas ocasiones para alimentarnos, dormir o estirar las piernas, pero eso no será un grave inconveniente, puesto que ustedes no tienen nada mejor que hacer y yo tampoco. Voy a dividir esta comunicación en varias partes y un prólogo. Me disculparán que aún ignore el número de partes, esto dependerá de su paciencia, y en cuanto al prólogo consistirá en una breve historieta sobre cómo llegué al planeta Tierra y el primer contacto con un especimen humano.

Y ahora, lo quieran o no, me van a permitir un breve receso para echarme al diente un stranwich de algas con proteina mineral. Continuaré la comunicación en cuanto tenga el stranwich en el estómago. Nosotros estaremos muy adelantados en el plano inteligente pero nos vemos precisados a alimentarnos como las especies más tontas.



Apreciados colegas: Aún con el delicioso sabor de la proteina mineral, extraída de la roca Grano de Néctar, en el paladar, me dispongo, de muy buen humor, a contarles cómo llegué al planeta Tierra y cómo sucedió el primer contacto con un nativo terrestre.

Cuando me sugirieron un estudio de la raza terrestre, raza inteligente según los parámetros consensuados por todas los seres inteligentes, me encontraba terminando un ensayo sobre la especie cuatrípeda aratorna, del planeta Áraton. Nunca abandoné con mayor placer un estudio. Los aratornos serán inteligentes, que no lo niego, pero su conducta carece del menor interés para quien considera el humor la más alta manifestación de la inteligencia. Esta especie es tan sumamente pragmática que no se encuentra en ella la menor contradicción, razón por la cual su sentido del humor está aún por descubrir.

Elegí viajar al planeta Tierra utilizando medios convencionales. Para ello me hice instalar en una nave intergaláctica, concretamente la Galax II, renunciando al viaje instantáneo de nuestro transformador mental. Como saben se trata del último ingenio de nuestra muy ingeniosa tecnología. El TM transforma nuestras partículas físicas en mentales y ¡zás!, basta un simple pensamiento para llegar al tiempo y lugar que previamente has elegido. En cambio en un viaje convencional tienes tiempo sobrado para estudiar sin prisa los numerosos datos, enviados por sondas no tripuladas, sobre los terráqueos. Puedes hacerte tus propios diseños corporales con el fin de pasar desapercibido entre sus nativos y probártelos ante el espejo, dando pequeños retoques aquí y allá. Así mismo estudias con calma sus numerosas lenguas, idiomas y dialectos, intentando desvelar la profunda filosofía de la vida que late necesiaramente en todo lenguaje. Les confieso que me divertí mucho repitiendo las lecciones de nuestra máquina parlante, profesora de idiomas titulada. Buenos dias, good morning, bon jour…etc, etc.

Me apasionó el estudio e interpretación de los datos recopilados por nuestras eficientes sondas, que tal vez merecerían una medallita al trabajo. Tal vez apasionante no sea la palabra adecuada para describir la emoción que me produjo estudiar una especie inteligente que lo posee todo y en grandes cantidades, excepto tal vez una adecuada dosis de inteligencia. ¡Hermosa contradicción!.

Como ustedes saben, nada resulta más sencillo que adoptar la forma física de cada especie inteligente a estudiar. Ellas aún ignoran, ¡pobres!, que no es preciso conectar neurona con neurona, siguiendo su peculiar diseño, para que un extraterrestre pueda expresarse a través de un cuerpo físico. Poniendo una comparación muy querida por los terrestres, es como si alguien se introdujera en uno de sus vehículos motorizados y, una vez aprendido para qué sirve cada pedal, se pusiera a conducir tan campante por sus autopistas. Ellos son tan inteligentes que ni siquiera saben diferenciar la parte valiosa de su invididualidad, su mente consciente, de un simple trozo de carne que ha moldeado su consciencia en una larga evolución de milenios, para lograr satisfacer su necesidad elemental, propia de seres poco evolucionados, de seguir manteniendo contacto con el mundo material. ¡Riánse ustedes!. Y sigan riéndose puesto que nosotros hacemos tres cuartos de lo mismo.¿O no me acabo yo de zampar un stranwich de proteína mineral?.

Nuestra tecnología, casi milagrosa, y sobre todo nuestra mente, evolucionada hasta extremos que la especie humana consideraría divinos, se me hizo fácil hacerme con el cuerpo humano más adecuado para pasar desapercibido entre ellos y que menos problemas me diera, porque era inevitable que me diera algunos. Tuve que probar varios cuerpos, de infantes, de ancianos, de mujeres y de hombres, hasta elegir el que me pareció menos problemático. La computadora de Galax II creó un entorno virtual donde pude experimentar con ellos a gusto y gana hasta decidirme a encargar al sastre el que me pareció más interesante.

Paso a delimitar someramente las conclusiones a las que llegué en la probatura de cuerpos: 1º) El cuerpo de infante sería un engorro, puesto que las crias de la especie no tienen papel relevante alguno que desempeñar en su sociedad. 2º) El cuerpo del anciano me marginaría automáticamente del centro social más activo. 3º) El cuerpo de la mujer me daría una estética muy apreciada entre los nativos terráqueos, pero a cambio me vería excluido de los grandes centros de poder, aún en manos del macho aunque yo diría que no por mucho tiempo.

Así pues mi conclusión fue sencilla: elegir un cuerpo de macho adulto, ligeramente atractivo, de una edad que ellos consideran ideal ( la mitad de su vida estandar, más o menos). El resto de adminículos resultaron sencillos de diseñar: una tarjeta de crédito sin restricciones, toda la documentación necesaria para demostrar que habia nacido en un lugar concreto de su planeta, en un día determinado de su calendario, que tenía unos padres X e Y, que había realizado estudios ( no quise abusar y convertirme en un genio, puesto que ser un genio en su sociedad es aceptar un riesgo demasiado elevado) y el resto del papeleo imprescindible para tener libertad de movimientos en su compleja organización social. Les advierto que no tuve otro remedio que mandar fabricar un maletín como el que llevan sus ejecutivos o yupis, para guardar toda la documentación necesaria. ¡Menos mal que nuestra tecnología permite hacer virguerías con estas cosas!.



Y con esto pasaré a contarles a continuación – en cuanto haga una pequeña pausa para beberme un litro de agua, de sabor múltiple, burbujeante y convenientemente preparada para facilitar la digestión del stranwich de alga y proteína mineral – el primer contacto con los terráqueos o terrestres.

Permítanme que les diga algo: no nos vendría mal desprendernos de una vez por todas de estos cuerpos de cristal carbónico energetizado hasta la décima potencia al cuadrado. Tienen su encanto, puesto que nos permiten saborear un stranwich y darnos lingotazos de toda clase de líquidos, pero me temo que dan más problemas que otra cosa.

Y ahora hagamos otro receso, que se me está secando la boca.