lunes, 14 de febrero de 2022

VARIACIONES CLIMÁTICAS VI

 




Al parecer la alarma ha sonado por un nuevo virus y todos los filtros, defensas y lo que sea, se han activado. Yo he quedado enclaustrado con un grupo de científicos, perdón “cientificaos” porque también hay mujeres, bastantes, aunque no hay paridad total. No se ponen de acuerdo en si el virus procede de un animal, parece que no volador, sino sería otra vez la gripe aviar, o incluso de alguna planta, porque al parecer las plantas pueden tener también virus, algo novedoso, porque bacterias sí se sabía que había, y sino recuerden las bacterias de los alimentos que producen diarrea. Incluso se habla de minerales que generan extraños virus. Su discusión me ha llevado a la risa tonta, que es la peor de las risas. Los, digo “laos” “cientificaos” se han enfadado mucho, casi hasta darme de sopapos. Que si yo era un inconsciente por reírme mientras se estaba iniciando el apocalipsis, que si tal o que si cual. He tenido que sacar a relucir mi carácter, que lo tengo, a pesar de ser un repartidor de bocatas, y les he dicho de todo, entre otras cosas que yo prefería que el apocalipsis me pillara riendo a mandíbula batiente en lugar de llorando a lágrima viva. Si voy a morir, como todos “vosotraos”, les rematé, prefiero morir riendo que llorando. Cada uno es como es, y yo soy así.

Creo que me han entendido, a pesar de que todos hablan inglés y yo no (¡Uy! Perdón, ya he desvelado otro secreto de Estado). Supongo que se debe a que el spanglish, en el año 2051, es cosa corriente, tal vez debido a que hay muchos latinos, porque no les gusta que les llamen hispanos, y muchos castellano parlantes, porque no les gusta que les llamen “españolaes”. Pero sobre todo hay muchos spanglish, así que todos me entienden bien o casi bien. No sé si en spanglish existen los plurales inclusivos, porque no hablo spanglish, tampoco, solo hablo español, perdón castellano, y eso que tengo una gran cultura. Sí, a pesar de ser un repartidor de bocatas, he leído mucho y estoy a punto de escribir también mucho, aunque no tanto como un escritor aficionado, muy prolífico, que llenó el espacio virtual con sus textos allá por las dos primeras décadas del siglo XXI, en el que aún seguimos estando, luego dejó de hacerlo, creo que porque estiró la pata y que me perdone el interfecto, que sé que me va a perdonar porque tenía mucho sentido del humor. Al parecer tenía un adorable gatito, llamado Zapi, al que metía en todos sus textos, viniera a cuento o no. Les voy a confesar algo que no es secreto de Estado. Yo también tengo un gato, llamado Zapi, que es posible sea nieto, tataranieto o Tarantino de aquel gato mítico. Si bien aquel autor dijo que su gato estaba operado, yo no me lo creo y aunque me lo creyera, las ciencias han adelantado que es una barbaridad y estoy seguro de que aquel Zapi tuvo hijos y estos más hijos. Yo me hice con uno de ellos, al que he tenido que abandonar en mi pueblo para venir aquí. Espero que por mucho que se haya asilvestrado me siga queriendo. Un instante para una lagrimita…

Sirva este interludio para intentar controlarme un poco y dejar de temblar. A mí el miedo me produce temblores, en cambio a otros, hambre. “Laos” “cientificaos” no dejan de pedirme bocatas. He repartido los que me quedaban entre las científicas, adorables, e incluso he puesto extra de todo lo más rico, pero se han enfadado mucho –¡vaya por Dios! Que si pretendía que engordaran, etc-. Yo lo único que pretendía era quedar bien con ellas, incluso seducirlas, porque como ya dije amo a todas las mujeres y aquí me siento muy solo porque no he podido traer a mi familia, si la tuviera, a mi pareja, si la tuviera, a mis amigos, si los tuviera, a Zapi, que lo tengo, pero que no hubiera podido soportar el viaje.

Déjenme que les diga que el lenguaje inclusivo alarga los discursos, algo que no importa, estamos acostumbrados, pero sí nos importa a los escritores, que tendríamos que escribir señoras y señores cuando hablamos de un grupo multigénero, por ejemplo, y eso alargaría mucho las novelas, que ya son largas, incluso demasiado. Digo esto para darme unos segundos, a ver si dejo de temblar y puedo ir a la cocina para preparar más bocatas para los científicos que se han quedado sin ellos porque los he repartido todos entre las científicas. De eso les hablaré cuando deje de temblar.

Continuará.

jueves, 10 de febrero de 2022

MICRORRELATOS III

 






CUMPLEAÑOS FELIZ

Se despertó con la boca reseca y un espantoso dolor de cabeza. Tardó en hacerse una idea de dónde se encontraba. Lo consiguió después de que le saliera un chinchón en la testa al intentar ponerse en pie. Recordó la juerga de la noche anterior y la tremenda cogorza que cogieron todos para celebrar su cumpleaños.

Intentó moverse pero estaba como encajonado, aquello olía mal y no encontraba la llave de la luz. Cuando después de intentarlo todo tuvo que admitir que se encontraba en un sepulcro se le erizaron los pelos del cogote. Con la desesperación del que lucha por su vida logró correr la lápida y salir a un deslumbrante sol mañana. Allí le esperaban todos sus amigos, con matasuegras en la boca y botellas de licor en las manos. Incluso habían contratado una orquestina compuesta por tamborilero y dulzainero. Alguien le ofreció la botella de orujo y entonces recordó que la noche anterior los cafres de sus amigos le llevaron a hombros, jugando al entierro de la sardina y terminaron sepultándole en una tumba vacía del pequeño cementerio de la localidad.

Imperturbable como un buda, rompió la botella de licor que le habían ofrecido sobre la cabeza de Romualdo, el autor confeso de la espantosa broma.

EL PERISCOPIO DEL FBI

En el gigantesco cementerio está sonando una orquesta de jazz traída expresamente de New Orleans. El espiritual negro tiene un ritmo endiablado y los pies de los asistentes al sepelio se están moviendo con disimulo. Una lápida en algún lugar se mueve apenas unos centímetros y por la rendija asoma una especie de periscopio.

En el fondo de la tumba John Smith, agente especial del FBI, aplica el ojo al periscopio, al tiempo que susurra por el intercomunicador: Están todos, tomen nota, el gordo Carnicero-Joe, el pequeño Cucaracha-Jim… Cuando termina de recitar el largo santoral cierra la comunicación y no puede evitar escupir en el suelo de la tumba, al tiempo que maldice en silencio: ¡Maldita sea mi estampa! Siempre me tocan los peores trabajos. ¡Ni que los sortearan a dedo!

LAS PRISAS DEL HOMBRE MODERNO.

El viejecito se enjugó una lágrima furtiva y salió corriendo del cementerio en una de cuyas tumbas acababa de enterrar a su amada esposa. Jadeando llegó hasta el coche y arrancó como si lo persiguieran los demonios. Apretó el acelerador con tantas ganas que el coche derrapó y a punto estuvo de chocar contra el furgón funerario. Entró en la ciudad como una exhalación entre pitidos y maldiciones de los tranquilos domingueros que abandonaban la urbe. Le faltaban apenas un par de kilómetros para llegar a la meta cuando estampó el coche contra el único árbol de la calle. Salió indemne e intentó parar un taxi que pasó de largo, mientras en una ventana una mujer chillaba histérica. El taxista ni le vio por lo que jadeó con más ganas y continuó corriendo.

Entró como una exhalación en el apartamento donde le esperaba su amante, una jovencita desnuda sobre la cama, un cigarrillo en la boca. El viejito se puso enseguida a la faena pero el corazón falló estrepitosamente. ¡Las prisas del hombre moderno!

martes, 1 de febrero de 2022

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XVII

 


-Querido Arminido, deberías dar paso a nuestra tertuliana y experta la doctora Artemoisa, para que nos hablara de los caeros y nos adelantara un poco lo que nos vamos a encontrar cuando lleguemos al bosque de los kooris. Aún no le has permitido abrir la boca, no sé si porque es mujer, porque te cae mal o porque no te gustan los animales.

-Todo se andará. De hecho ha llegado su momento. Por lo que encantado le cedo la palabra, no sin antes matizar que ya han hablado otras mujeres en este programa, que me gustan las mujeres y me gustan los animales, aunque no tengo mascotas. Ella me cae bien, como no podía ser menos, me gusta, y aprovecho para invitarla a cenar un día de estos.

-Jajá, Arminido, lo tuyo no tiene cura. Que hable Artemoisa y deja que se explaye.

-Gracias Arminido, lo de la cena ya se andará. Gracias Alierina, por defender a una congénere. No sé qué pensaran los holovidentes al respecto, que lo digan por Omostrón. Espero que luego Arminido nos haga saber qué están diciendo nuestros holovidentes, que parece tenga miedo de las críticas. Me permitiréis que antes de hablar de los caeros y luego de los kooris haga una pequeña introducción sobre la fauna de este planeta. Como sabéis Omega es un planeta de formación suave, casi hecho a medida, de ahí la teoría de la terraformación extraomeguiana, que se expone con gran extensión y todo cúmulo de detalles en los documentales que “H” pone a nuestra disposición. Allí se habla también de la fauna anterior al advenimiento del omeguiano inteligente, que unos consideran descendiente de una especie concreta de monos y otros creado específicamente por naves sembradoras de vida inteligente que pasaron por el cuadrante hace eones, sembrando todo tipo de vida, más o menos inteligente, porque toda vida es inteligente “per se”. “H” se inclina por esta última hipótesis en base a las razones que esgrime en sus documentales. De una u otra forma lo cierto es que la fauna de los primeros tiempos del planeta era de un tamaño desmesurado, lo mismo que la flora. Se supone que los ejemplares grandes, tanto de fauna como de flora, tienen más posibilidades de sobrevivir a los avatares de la evolución que las criaturas diminutas. No estoy de acuerdo como pueden comprobar si solicitan a la biblioteca de “H” mis libros y documentales. Lo cierto es que las grandes criaturas que poblaron la corteza de nuestro planeta, se extinguieron, por las razones que fuere. Se alimentaban de la enorme y gigantesca población de árboles y toda clase de plantas que brotaban de la corteza de Omega, un planeta ideal para toda clase de vida.

“No me voy a extender sobre la fauna y la flora de aquellos tiempos porque está muy bien expuesto en los hologramas de “H”, donde estos animales y plantas están recreados con un fantástico realismo que pueden ver también en el museo de historia natural existente en el palacio de “H”. Por cierto que yo también me apunto a la visita que estáis programando. Quiero hablar directamente con nuestra querida IA y hacerle un montón de preguntas al respecto. Pero antes hablemos de los caeros, una especie tan resistente como sociable. Se dice que son herederos de una especie gigantesca y brutal que dominó Omega en los primeros tiempos de la vida animal. Este planeta posee unas características muy especiales, como hemos visto cuando se podía viajar por todo el cuadrante, antes de que “H” nos pusiera en cuarentena y prohibiera salidas y entradas. La hipótesis de nuestra inteligencia artificial es que Omega fue terraformado y sembrada la vida por las primeras naves sembradoras de la galaxia. Algo que no parece tan inverosímil teniendo en cuenta lo acreditado que está la llegada de la nave en la que viajaba quien luego sería llamado El Mesías de Omega. Teniendo en cuenta cómo son los planetas habitados del Cuadrante parece que con Omega se esmeraron, tal vez porque todo cabrón tiene un momento de debilidad o porque estaban muy cansados en su largo periplo y celebraron una fiesta en la que se pusieron hasta el culo de sus bebidas alcohólicas, artificiales, químicas, que producían en sus organismos de sembradores, extraños, raros, un efecto especialmente placentero. Así debió salir aquel proyecto de planeta, donde se evitó en lo posible la evolución caótica y demoledora que parece necesaria, imprescindible, para que un planeta alcance la madurez y pueda ser habitado.

“El caeros es un buen ejemplo del mimo y cuidado con que terraformaron este planeta. Es un animal suave, dulce, tranquilo, hasta cariñoso, y al mismo tiempo lleva en sus genes el instinto más brutal, capaz de romper, despedazar, aniquilar a sus enemigos con una saña insólita. La visita a la manada de caeros ha sido demasiado breve para que hayan podido percibir las dos caras del caeros, su cariño infinito hacia sus crías y su saña con los depredadores que las atacan, algo muy poco frecuente en estos tiempos, aunque pueden verlo en los documentales de “H”.  Su vida gregaria es bastante simple, comen toda clase de vegetales, incluso los más indigestos, cuidan en manada de sus crías, se rascan mutuamente por la noche, antes de dormir y dejan pasar el tiempo como si no existiera, viven en un eterno presente. Son las hembras las que viven gregariamente con sus crías, los machos se limitan a seguir al rebaño y comer lo mismo ellas, defendiéndolas cuando llega la oscuridad, formando un círculo defensivo a su alrededor. Los machos se alternan, mientras unos vigilan, otros duermen y a mitad de la noche cambian de turno. Procuran no acercarse al rebaño, dejando siempre una distancia de seguridad que nosotros no percibimos pero que para ellos parece estar muy claro. Solo durante los ciclos de celo las hembras dejan aproximarse a los machos. Estos no pelean entre sí para hacerse con el harén, se limitan a pasear tranquilamente entre ellas, lanzando berridos lastimeros. Son las hembras las que eligen, sin llegar nunca a pelear por un macho concreto, parece existir un sutil acuerdo entre ellas. Cada una tiene sus gustos, que curiosamente, no coinciden, al menos no del todo. Los machos son menos numerosos que las hembras. Debe haber en ello una razón genética, aunque tal vez también se deba a que la tarea defensiva de éstos tuvo que producir muchas bajas en los tiempos en que sus depredadores eran más numerosos y terribles de lo que son ahora. Las caeros comparten a los machos de una forma tan ordenada que podría parecer ridícula. En la primera etapa del celo cada grupo de hembras escoge a su macho preferido, lo atraen con berridos dulces y establecen unos turnos en los que el macho nada tiene que decir. Sus coitos son prolongados, a veces durante un día entero no dejan de repetir una y otra vez el curioso ritual que no deben perderse visualizando los documentales de “H”. Pueden tener una docena de coitos en un solo día, tan largos que los machos tienen que descansar mientras montan a las hembras, quedándose encaramados s sus grupas, con la cabeza descansando, puede incluso que duerman. El macho queda tan exhausto que procura alejarse para dormir sin ser molestado, aunque si la hembra tiene un celo especialmente intenso puede buscarle y obligarle a repetir algún coito más durante la noche. Al día siguiente otra hembra se hace cargo del macho y así sucesivamente, todo depende del número de machos disponibles para las hembras en celo. Por suerte el celo no dura para siempre, porque de otra forma los machos se hubieran extinguido hace ya tiempo.

“Terminado el celo los machos se quedan atrás, descansando. Forman un círculo defensivo para evitar el ataque de los depredadores y se pasan días y días descansando. Las hembras siguen su camino, más atentas que de costumbre, defendiendo a las crías del anterior celo en el centro del rebaño. No voy a comentarles mucho más porque estaríamos aquí varios días. Además el Sr. Artotis puede hablarles luego de su experiencia en la domesticación de caeros. Si quieren ver la diferencia entre caeros salvajes y domésticos, nada mejor que una excursión a las Montañas Negras, allí los granjeros rebeldes han aprendido el arte de la domesticación del caeros durante siglos. Los utilizan para el transporte y la agricultura. También como mascotas, especialmente para los niños. Es curioso pero estos animales sienten una rara atracción hacia los niños como si fueran crías especiales. En cuanto a los salvajes están en su hábitat natural, las montañas y los bosques donde la nieve es algo habitual a lo largo de todo el año. Apenas son molestados por los granjeros, salvo cuando necesitan carne. Prefieren matar caeros salvajes que los propios, y no solo porque luego tendrían que domesticar otros, lo que supone un arduo trabajo, sobre todo lo hacen porque acaban sintiendo un gran cariño hacia ellos.

“Antes de terminar mi exposición me gustaría adelantarles lo que nos vamos a encontrar en el bosque de los kooris. Estos son unos monitos muy extraños. Casi diminutos. Su característica más llamativa es su instinto lúdico. Se pasan la mayor parte del tiempo jugando, incluso cuando comen. Creo que hasta en sueños juegan. De ahí nace su creatividad para el juego. Al menos esa es mi teoría que espero confirmar algún día. Por cierto que a mí me gustaría acompañarles en esa expedición a las Montañas Negras de la que han hablado antes, si es posible, algo que dudo. Debo avisar a los expedicionarios que van a establecer contacto con ellos en unos minutos sobre el instinto lúdico de los kooris. Son bromistas por naturaleza y les encantan las bromas pesadas, sobre todo. Disfrutan tanto con ellas que cuando les visitan intrusos se ceban con ellos hasta el punto de que pueden correr algunos riesgos. Seguro que de esto podrá hablarles mejor Rosindra. Si alguno no se siente preparado para soportarlas es mejor que se quede en el vehículo. Los kooris viven en los árboles donde hacen sus nidos familiares. La familia es su sociedad básica. No son gregarios como los caeros, aunque las relaciones entre familias así podrían darlo a entender, especialmente entre familias que habitan árboles cercanos. Es la razón por la que no se permite la adopción como mascota de un solo koori, debe ser adoptada la familia completa o de otra forma el koori acabará muriendo de tristeza. No tengo datos sobre los kooris adoptados en todo el planeta, pero me temo que son muy pocos. Su sentido del juego exige un sentido del humor muy elevado y una paciencia infinita. Y aquí termina mi exposición. Gracias Arminido y si es posible me gustaría que la producción del programa se pusiera a la busca de una estadística de los kooris adoptados, si es que hay alguno.

 

 

viernes, 21 de enero de 2022

LA VENGANZA DE KATHY IV

 




Caminamos en silencio. Yo había tomado la iniciativa y me dirigía en la dirección que Jimmy había seguido cuando me enseñó la cabaña en el bosque. Al acercarnos a los primeros árboles caí en la cuenta de la enormidad del bosque y que buscar allí a Kathy iba a ser como encontrar una aguja en un pajar. Aquello más parecía un picnic con chica guapa, para el que había encontrado la excusa perfecta.

-Perdona, Alice, se me acaba de ocurrir que buscar a Alice en este bosque sin saber los lugares que frecuentaba es una pérdida de tiempo.

-Vaya, ¿No se te había ocurrido antes?

-¿Y a ti sí?

-Claro. Vengo más por acompañarte que porque piense que vamos a encontrar a esa zorrita. De todas formas imagino que Jimmy te habrá enseñado la cabaña de refocile del señor Arkadín y sus amigotes.

-¡Cielos! Me hizo jurar que no se lo diría a nadie y el muy capullo ha debido de llevar allí a todas las mujeres de Crazyworld. ¿También a ti?

-Por supuesto. Solo que en mi caso le salió el tiro por la culata, porque después de habérmelo enseñado todo con pelos y señales intentó aprovecharse de mí, pero le di un rodillazo en las ingles y salí corriendo. ¿Por qué crees que me odia de esa forma desaforada que has visto?

-¿Crees que Kathy estará allí?

-Si Jimmy ha buscado en todos los edificios sin encontrarla y te ha mandado al bosque es porque piensa que es lo más probable.

-¿Y por qué ese cabroncete no me pidió directamente que fuera a la cabaña?

-Es así de retorcido y vengativo. Seguro que imaginó que te perderías y pasarías varios días y noches en este maldito bosque. A mí me produce un repeluzno muy desagradable, tanto de día como de noche, pero especialmente de noche. Tiene algo malvado que no podría definir. Aunque tal vez solo sean los efluvios de los pedos de ese gordo tragón y pervertido de Mr. Arkadín.

Y comenzó a reírse con una risa cantarina que me puso los pelos de punta. No sé si me estaba tomando el pelo, pero a mí también me producía ese repeluzno más bien aterrorizante que no confesaría nunca.

-Si conoces tan bien el camino sería prudente que te pusieras delante. Yo solo estuve una vez y no creo que pudiera encontrar la cabaña salvo por un golpe de suerte.

-Yo en cambio me lo conozco a pies juntillas, incluso he marcado con señales todo el recorrido. No te las voy a decir porque esa cabaña no me parece un buen sitio para nadie, y en tu caso seguro que llevarías a tus conquistas. Yo te quiero solo para mí.

De nuevo su risa cantarina. Se puso en vanguardia, algo que le agradecí, no solo porque me facilitaba mucho las cosas, también porque podía contemplar su esplendorosa vanguardia a mi gusto. Ella debió de tenerlo también en cuenta porque juraría que movía sus caderas y su popa con más gracia salerosa de lo que correspondía a un sendero lleno de piedrecitas y ramitas.

-Perdona Alice, pero el camino va a ser largo. Se me haría más corto si continuáramos hablando. ¿Puedo hacerte algunas preguntas?

-Sí, por supuesto, pero siempre que tú también contestes a las mías.

-Ya sabes que me he quedado amnésico, no podría contarte mucho de mi pasado, más bien nada.

-Pero sí del presente. Por ejemplo, ¿Has pasado la noche con Dolores?

-Nos has visto besándonos.

-No, estaba muy atareada poniendo las cosas en el lavavajillas. Pero salta a la vista. No sé qué le encuentras a esa mujer. Entiendo lo de Kathy, con ese coño mágico que tiene no hay hombre que se le resista. También entiendo lo de Heather, es muy hermosa. ¿Pero Dolores?

-Es una mujer muy bondadosa, una verdadera madraza y yo necesito una madre, me siento como un niño perdido. En cuanto al sexo siempre es delicioso cuando es cariñoso. Y por cierto, ¿cómo puedes saber lo de Kathy? No creo que ella lo fuera pregonando por ahí.

-Yo también puedo hacer de madre, aunque sea joven. Me gustaría que lo tuvieras en cuenta. Y en cuanto a Kathy todo el mundo sabe en Crazyworld su peculiar anatomía. Todos los hombres con los que se ha acostado aquí, que son muchos o todos, o casi todos, lo han comentado luego, como no podía ser menos. Los hombres sois así. También sabemos todos que Kathy tiene por norma tirarse la primera a los hombres que pisan por primera vez Crazyworld. No se le ha escapado ni uno. En tu caso lo tenía difícil porque estabas encerrado en tu habitación, como no podía ser menos, porque la señorita Ruth es un perro de presa y la habitación está muy alta. Pero todos sabemos de sus proezas circenses. Si te lo ha contado a ti, piensa que se lo ha podido contar a los demás. Kathy no se caracteriza precisamente por su discreción. Bueno, dejemos el tema. Me has contestado y tienes derecho a hacerme las preguntas que quieras.

sábado, 8 de enero de 2022

LA VENGANZA DE KATHY III

 




Recorrí el pasillo a buen paso, admirándome del silencio que reinaba en todo el edificio, parecía un monasterio. ¿Era posible que todos los pacientes continuaran en las celdas de aislamiento? Que se encargara el idiota de Jimmy, yo iba a desayunar. Suponiendo que el comedor estuviera abierto, que hubiera alguien en las cocinas. ¿Dónde estaba el personal? Al menos Dolores debería estar en las cocinas. Entré en el comedor con una sensación de apocalipsis, el vacío del lugar me golpeó en el estómago, que se encogió. Alguien movió la puerta y escuché una voz muy dulce que recordaba muy bien. Era la de Alice, la dulce camarerita que tanto me había impresionado.

-¿Hay alguien ahí?

-Soy yo, Alice.

-¿Y quién eres tú?

Escuché una risita y la puerta se abrió.

-Vaya, vaya, el guapo que no recuerda nada.

Me acerqué con cierto comedimiento, pensando que tal vez ella pensara que yo era un amigo de verdad de Jimmy, su bestia negra. Estaba dispuesto a hacer todos los esfuerzos necesarios para sacarla de su error.

-Bueno, aún no recuerdo mi nombre, puedes llamarme Johnny si quieres, pero voy recordando algunas cosillas.

-¿Cómo cuales?

-Bueno… En fin, puede sonar a chirigota, pero creo que antes de llegar aquí yo era un gigoló.

Su estrepitosa risa me molestó. Podía haberle dicho cualquier otra cosa, pero no, tenía que sacar a colación lo más ridículo. Mi ingenuidad no tenía límites. Me llamé idiota y esperé a que se le pasara su atragantón de risa.

-Bueno, bueno, con tu aspecto no resultaría tan extraño. ¿Cuánto me cobrarías por una noche?

-Te lo haría gratis.

Esta vez casi se ahoga. Tuve que colocarme por detrás y darle palmaditas en la espalda. Al hacerlo noté su culo bajo su uniforme y tuve una erección. Me aparté como si de entre sus nalgas pudiera salir un escorpión. Mucho me estaba temiendo que aquel no iba a ser mi día. Y todo porque el gilipollas de Jimmy me había sacado de mis casillas.

-Te tomo la palabra. ¿A qué has venido?

-Tengo hambre.

-Pobre nene. ¿Nadie te ha dado de desayunar?

Y se coló en la cocina. Yo me senté a la mesa más cercana. No tuve que esperar mucho. Alice salió don dos bandejas que colocó sobre la mesa.

-No son las dos para ti, nene, yo tampoco he desayunado.

Y se sentó frente a mí. Miré mi bandeja y sin poder controlarme tomé el tenedor y el cuchillo y comencé a cortar el beicon y los huevos. Me tragué un buen bocado.

-Vaya, vaya con el nene. Pues sí que tienes hambre. Ni siquiera eres capaz de esperar a que esta bella dama haga los honores.

-Perdona, perdona, es que ese cabrón de Jimmy me ha puesto de los nervios.

-Y también te ha dado algún que otro mamporro. Tienes un cromo en la cara. ¿Ya habéis descubierto al asesino?

-Ya te contaré esa historia en otro momento. Ahora estoy demasiado cabreado para hablar de ello. En cuanto al asesino, que lo siga buscando Jimmy. Yo tengo que encontrar a Kathy.

-Pues es cierto, yo tampoco la he visto. Pensaba que estaría en las celdas de aislamiento, con los demás.

-Al parecer no es así. Allí es donde ha debido mirar primero El Pecas. Si me ha encomendado que la busque es porque no está.

-¿Tienes que buscarla tú?

-Lo que diga el jefe. Ambos pensamos que ha podido caer en manos del asesino y podemos tener otro asesinato en Crazyworld. Aunque yo aún no he descartado que pueda ser una asesina. Al parecer todas las mujeres de esta mierda de sitio tienen sobrados motivos para cargarse a ese cabrón que en paz descanse en el infierno.

-Yo no. Lo intentó, como con todas, pero lo solté un buen rodillazo en salva sea esa parte que tanto apreciáis los hombres y no me ha vuelto a dirigir la palabra. Ya no lo hará más. No siento ninguna pena por ese cabrón idiotizado. Es cierto que aquí hay muchas mujeres que tenían sobrados motivos para cargarse a ese malnacido, pero yo pienso también que tiene que ser un hombre.

-No sé qué pensar. Al parecer los psicópatas no suelen cambiar de género, si comienzan con hombres siguen con hombre, si con mujeres, continúan con mujeres. No me digas de dónde lo he sacado, porque aunque he comenzado a recordar, eso es algo que no aparece en mi memoria. Es preciso encontrar a Kathy. Si está viva será un gran alivio. En cuanto termine el desayuno comenzará a buscarla en el bosque, es el único lugar donde aún no ha buscado Jimmy.

-Esa estúpida nunca me cayó bien, pero me gustaría acompañarte. Hoy me temo que va a ser un día muy aburrido y aquí no tengo nada que hacer.

Yo había terminado ya de desayunar, más bien diría que de trasegar, incluso había comido con la boca llena, pero ella apenas había picoteado su desayuno.

-Agradecería la compañía, pero puede ser peligroso.

-Teniendo a mi lado a un mocetón como tú, no temo a nadie. Por cierto, lo de tu pasado como gigoló es una broma. ¿Es así?

-No sabría decirte. He tenido un sueño muy raro al respecto, parecía muy real.

-Pues si es así tienes que ser todo un experto en la cama, eso no se olvida, como el andar en bicicleta.

-¡Ojalá recordara! Al menos eso. Bueno, si quieres acompañarme al menos deberías cambiarte el uniforme y el calzado.

-No te preocupes por mí. Sé manejarme bien en el bosque.

Callé para que ella terminara su desayuno. En cuanto lo hizo se dispuso a recoger las bandejas.

-Si vamos a pasar el día en el bosque deberíamos pedirle a Dolores que nos haga un buen almuerzo. Así podremos hacer un picnic en la hierta.

-¿Está Dolores en la cocina?

-¿Dónde iba a estar sino?

-Te ayudo.

Tomé mi bandeja y la seguí. Las cocinas estaban casi desiertas, solo se escuchaba ruido de cacerolas al fondo. En efecto, Dolores estaba fregando unas cacerolas en un gran fregadero. Mientras Alice colocaba el contenido de las bandejas en el lavaplatos yo me acerqué por detrás a Dolores, que no se había apercibido de nuestra presencia, la tomé por la cintura y besé su nuca. Se volvió sorprendida y al ver que era yo me estampó un largo beso en la boca. Luego vio a Alice y me guiñó un ojo. Yo hice lo mismo. En un primer momento había pensado en ser comedido, pero el afecto que sentía por Dolores y la intimidad que ahora nos unía me hizo mandar todo a la mierda. Puede que eso me quitara chance con Alice que me gustaba mucho, aunque lo más probable es que ya supiera en qué camas había estado, al fin y al cabo Crazyworld era un gigantesco mentidero donde todo el mundo sabía todo de todo el mundo.

-¿Qué te trae por aquí, mi niño?

-Verás, necesito que prepares una mochila con comida. Me voy a pasar el día en el bosque, buscando a Kathy a la que nadie ha visto. Jimmy cree que el asesino ha podido hacer de las suyas. Por cierto, comida para dos. Alice me acompaña.

-¿Cómo es eso?

Preguntó tras echarle una mirada aviesa a la dulce camarerita que acababa de poner el lavaplatos en marcha y ahora miraba a Dolores con cierta sorpresa. Como si hubiera visto nuestro saludo, que seguro que lo había visto.

-Alice dice que aquí no tiene nada que hacer y me vendrá bien un poco de compañía.

-Si no fuera porque soy un tonel andante yo también te acompañaría. Estoy haciendo algo de comida por si alguien viene a almorzar, aunque no lo creo. El doctor Sun tiene a los pacientes en ayunas en las celdas de aislamiento, no sé si como castigo o porque cree que si están en ayunas le resultará más fácil acceder a su subconsciente. Ahora mismo os preparo un buen picnic.

Y mientras lo hacía Alice se quitó el mandil y me dijo que iba a buscar un calzado más adecuado a su vestuario. Me esperaba fuera. Cuando quedamos solos Dolores se me acercó y volvió a besarme.

-No te voy a decir que seas un chico bueno y te alejes de esa zorrita, porque entre nosotros no hay ningún compromiso y sé muy bien que aquí hay muchas mujeres guapas y no vas a poder resistir la tentación, pero al menos prométeme que buscarás a Kathy y no te pasaras el día retozando con ella. Kathy es una buena chica, aunque tenga el problema que tiene y no se merecería un mal final.

-Te lo prometo.

Y esta vez fui yo quien la besó con apasionamiento. Lo tuvo todo listo en cinco minutos. Me despedí de ella con otro beso, me eché la mochila a la espalda y de pronto recordé que se nos podía hacer de noche. Le pregunté si tenía una buena linterna y se fue al almacén. Regresó con una linterna, una brújula y un machete en su correspondiente funda, con su correspondiente cinturón para atármelo a la cintura. No quise preguntarle nada al respecto. Ni se me había ocurrido la posibilidad de tener que enfrentarme a un supuesto asesino armado. Dolores me deseó buena suerte, no sin antes preguntar por el walkie. Se lo enseñé.

-Preguntaré a Jimmy de vez en cuando si sabe algo de ti. Regresa antes de que se haga de noche.

-Sí mamá.

Y volví a besarla. Salí al exterior donde me esperaba Alice y nos pusimos en marcha.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

MICRORRELATOS II


 


EL HOMBRE-PRACTICO

 

No cesaba de repetir a todo el mundo la misma cantinela. Era el lema de su vida en la que el pragmatismo ocupaba el primer lugar en todo.

“Deseo la felicidad para todo el mundo, incluso para mis enemigos, porque mientras sean felices no se romperán la cabeza pensando cómo perderme”.

El destino escuchó su súplica: a todas las personas de su entorno les tocó el “gordo” de la lotería aquella Navidad. Menos a él que nunca jugaba a nada por no impedir que a los demás les rozara la felicidad que a él se le negaba.

EL BUDA

 

Era un hombre sorprendente, no quería nada, no deseaba nada, aceptaba impertérrito lo que le deparara el destino. Sus amigos le llamaban en secreto “El Buda”. Realmente había logrado alcanzar el estado búdico. Pero él creía que nadie lo sabía, esa era su gran desgracia.


  LA PRÁCTICA DE LA REENCARNACIÓN  

 

 Tras pasar por durísimas sesiones de regresión hipnótica, Honorato recordó haber sido faraón en Egipto. Eso explicaba su dificultad para relacionarse con su entorno. Ya desde niño padeció la manía de considerar paletos a todos sus semejantes. Ahora sabía la causa de aquella irreductible obsesión, pero saberlo no mejoraba su situación, al contrario, la empeoraba. Intentó olvidar de nuevo, pero no lo consiguió.

 El terapeuta se limitó a encogerse de hombros ante su ruego. Con tono muy irónico le dijo: Santa Rita, Rita, lo que se recuerda ya no se olvida.  

      EL TRIUNFADOR

 

  Se le consideraba un dios en el universo del futbol galáctico. Podía hacer con la pelota lo que se le antojara, sin limitación alguna, ni siquiera de  leyes físicas.

 Terminó jugando solo en un maravilloso estadio repleto de gradas vacías. No cesaba de tirar penalti tras penalti sobre una inmensa portería que había construido con inmensos fajos de billetes nuevecitos.


viernes, 3 de diciembre de 2021

LA VENGANZA DE KATHY II

 




-Yo tampoco la he visto en los monitores. Puede que esta vez el payaso de Jimmy no ande muy descaminado. También me preocupa su ausencia.

-Cierto. Sería muy preocupante que el asesino hubiera vuelto a matar, y que además nos destrozara el perfil. No suele ser habitual que un asesino de hombres se pase a matar también mujeres. Eso me preocuparía mucho más, me temo que los hombres de Crazyworld son muy prescindibles.

-Te olvidas que tú eres hombres y que estás en Crazyworld. Parece que no lo acabas de creer. ¿O has recobrado la memoria? ¿En serio que ya tenéis un perfil del asesino?

-Ha sido un lapsus extraño. No obstante me temo que yo también soy un hombre prescindible aquí.

-No digas tonterías, cariño. Puede que la mayoría de hombres en Crazyworld sean prescindibles, empezando por Jimmy, pero tú no. ¿Has pensado que el asesino te puede tener en el punto de mira?

-Eso me preocupa bastante menos que ahora le haya dado por las mujeres. Prométeme que tendrás cuidado. Perfil, lo que se dice perfil no tenemos, pero nos estábamos centrando en las mujeres que podrían tener motivos para matar al director.

-En ese caso todas, hasta yo. Si todo quedará así, el asesino nos habría hecho un gran favor. Ese cabrón sobraba aquí, nadie le echará de menos. Vete con Jimmy, encontrad a Kathy, yo intentaré dormir un poco. Si cuando despierte aún no la habéis encontrado, os ayudaré. Déjame que mire la frecuencia de tu walkie, te llamo en cuanto descanse un poco.

Regresó a la cama, me mandó un beso con los dedos y quedó frita ipso facto. La gatita, ya iba haciendo a la idea de que se trataba de una gatita, salió disparada de su cesta y se subió a la cama, ronroneando se acomodó entre las piernas de Heather. Envidié su suerte. Procuré no olvidarme nada esencial, incluido el walkie, y sin hacer ruido salí del apartamento.

Encaminé mis pasos de forma automática hacia el despacho del doctor Sun. No sé si porque allí había quedado con Jimmy –no lo recordaba- o porque necesitaba hacerme una idea de cómo estaban las cosas en Crazyworld, si el caos había remitido, si los pacientes habían regresado a la rutina de su vida cotidiana o continuaban en las celdas de aislamiento, asediados por el doctor, y sobre todo, si había noticias de la esperada visita de Mr. Arkadin. El cielo se estaba nublando, aunque el sol asomaba su redonda cara por una rendija. Era un día raro, ni optimista ni pesimista. No se veía un alma fuera de los edificios, y mucho menos cuerpos, parados o en movimiento. Por un momento se me ocurrió que no me vendría mal que lloviera a moco tendido y mojarme hasta el vello. Había caído en que llevaba tres días sin cambiarme de ropa. La mía había sido tirada a la basura debido a las rasgaduras y los rastros de sangre del accidente. No recordaba si la que portaba me había sido facilitada por Kathy -¡pobre Kathy!- o por cualquier otra alma caritativa. Tenía que haber toda una industria textil en Crazyworld para vestir a tanto paciente y profesional, a no ser que fuera confeccionada fuera de allí y traída en helicóptero junto con las provisiones. En ese caso todos los residentes habrían sido convenientemente manoseados por un sastre o similar y sus medidas deberían constar en alguna agenda o tabla de datos. No recordaba haber sido manoseado, salvo por Kathy, y salvo que ella fuera la señorita sastra, estaba claro que debería realizar ciertas gestiones sobre la confección de mi guardarropa. ¡Kathy, pobre Kathy! Era preciso encontrarla cuanto antes. Ya casi había llegado al edificio de los pacientes sin pensar en Jimmy. Puede que todos aquellos pensamientos insólitos fueran un subterfugio de mi subconsciente para evitar pensar en él. Era curioso, pero ya no sentía el menor deseo de liarme a tortazos con él, para vengarme de la paliza que me había propinado por sorpresa. Mi única preocupación era encontrar a Kathy cuanto antes, para saber que estaba bien y que nuestro asesino no la había emprendido con las mujeres, o aún peor, que teníamos otro asesino en Crazyworld, y como no hay dos sin tres, bien podían estar surgiendo asesinos como champiñones en el fango. El sudor empapó mi frente.

Traspasé la puerta principal, eché un vistazo al comedor, escuché con atención, pero no pude captar ni el tenue deslizarse de un ratón, un silencio absoluto lo cubría todo, como un gran manto de nieve. Subí al primer piso, me deslicé como una bailarina de ballet sobre sus puntas y abrí la puerta del despacho del doctor Sun, que conocía muy bien tras los test y las sesiones que sufriera tras mi llegada. Por un momento me vino a la cabeza el celador que tan mal me había tratado. No conseguía recordar su nombre. No tuve mucho tiempo para forzar a mi memoria, porque su imagen desapareció tras abrir la puerta. En su lugar dos imágenes lo acapararon todo. El doctor Sun permanecía sentado tras la mesa de su despacho, la cabeza, más bien la frente, apoyada sobre sus manos que descansaban sobre la mesa. Parecía dormir con placidez. Frente a él estaba Jimmy, sentado en el sillón orejero, en una postura relajada. Su mirada se perdía muy lejos, al otro lado del gran ventanal del despacho. No me esperaba aquella visión apocalíptica, porque eso era la inmovilidad absoluta de aquellos dos seres hiperactivos, el fin del mundo.

Permanecí de pie, paralizado por la sorpresa. Luego exhalé el consabido Ejem. Nada. Ejem, Ejem y Ejem. La mirada perdida de Jimmy realizó una panorámica hasta detenerse en mi figura. Juraría que no me estaba viendo. Su mente era incapaz de procesar los datos que sus ojos mandaban a su cerebro. El doctor Sun no se había movido, permanecía en la misma postura, como la estatua de un pensador apoyado sobre la mesa, suponiendo que esa estatua existiera en alguna parte. De pronto Jimmy salió disparado, como si se hubiera roto un muelle del sillón orejero, poniéndole en pie contra su voluntad. Me miró, abrió la boca pero de ella no salió ninguna palabra. Levanto su mano derecha y su dedo índice me señaló. Su pie derecho se movió de forma refleja. Un terrorífico gruñido salió de su boca, como el de un perro peligroso, avisando del inminente ataque. Continuó caminando como un sonámbulo, exhalando aire que durante el recorrido se transformaba en un ominoso aviso amenazante. No fui capaz de reaccionar, no lo vi venir. Cuando estuvo frente a mí, por sorpresa, de forma imprevista, alzó su brazo derecho y su mano diestra me asestó tal bofetón que a punto estuvo de dar con mi cuerpo en tierra. Juro y perjuro que mi reacción fue automática, refleja, para nada consciente. Alcé mi mano derecha y le asesté un bofetón terrible, de una intensidad superior a la suya. Tampoco lo esperaba porque su cuerpo se inclinó como empujado por un ciclón. De pronto reaccionó y se lanzó sobre mí. Sus manos agarraron mi cuello. Antes de apretar con saña, la consciencia se apoderó de su mente y dejó caer los brazos, no su lengua.

-¡Maldito cabrón! Mientras yo me dejo los cuernos buscando al asesino y registrando palmo a palmo los edificios, buscando a Kathy, este dandy apestoso se pasa las horas en posición horizontal, acostándose con todas las mujeres de Crazyworld. Debería matarte ahora mismo.

-Vamos, Jimmy. El que debería matarte soy yo. ¿O ya no te acuerdas de la traicionera paliza que me propinaste? No te voy a matar, porque ahora lo importante es encontrar a Kathy. ¿Qué le pasa al doctor Sun?

-Ha quedado en estado catatónico tras recibir la noticia de que Mr. Arkadin aparecerá por aquí en unos días, en cuanto remate algunos negocios urgentes. No solo no hemos encontrado aún al asesino, hasta es posible que haya vuelto a matar y además a la adorable Kathy, lo mejor de este antro.

-¿Qué hacemos?

-Tú buscarás en el bosque y yo volveré a registrar todos los edificios. Pero antes voy a despertar a Sun para que nos firme unas autorizaciones.

Dicho y hecho. Se acercó al doctor, lo sacudió por los hombros, lo pellizcó, le gritó a la oreja. Nada. Entonces, con la total desvergüenza que la caracteriza, comenzó a darle de tortas con tal entusiasmo que sentí un vivo deseo de acompañarle, solo que en lugar de vapulear a Sun, me hubiera gustado emprenderla con Jimmy. Me vi obligado a hacer un gran esfuerzo de voluntad para controlarme. Al pobre doctorcito no le quedó otro remedio que salir de su estado catatónico. Lo hizo mirando alrededor como si no supiera dónde estaba. Miró al Pecas como si no lo conociera. Me miró a mí como si le resultara conocido de algo. Balbuceó algunas incongruencias, pero Jimmy no le dio tregua.

-Doctor, tiene que firmar esta autorización para que todos los pacientes salgan de las celdas de aislamiento. Usted no está para ponerse a buscar ahora el subconsciente colectivo, y menos para recabar información sobre el asesino…

-¿Las celdas de aislamiento?

-Sí. ¿No se acuerda de que encerró allí a todos los pacientes? Es hora de que vuelvan a su vida normal.

-¿Asesino?

-¿Tampoco se acuerda del asesino? ¿Dónde guarda su güisqui escocés de veinte años? Necesita un lingotazo para espabilarse.

El doctor Sun señaló el cajón de arriba de su mesa de despacho y continuó firmando todo lo que Jimmy le ponía a mano. Estaba claro que el Pecas lo había preparado todo concienzudamente. Sacó la botella de güisqui y un vaso limpio. Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo le dio un lingotazo terrible.

-¿Quieres?

-No gracias. No he desayunado.

En cuanto Sun terminó de firmar Jimmy le sirvió el vaso hasta arriba. Me quedé de una pieza cuando se lo trasegó entre pecho y espalda sin parpadear. Tosió, los ojos se le aclararon y agarró al Pecas por la solapa.

-¿Habéis encontrado ya al asesino?

-Aún no, doctor, pero con estas autorizaciones que acaba de firmar vamos a avanzar mucho.

-¿Me necesitas para algo?-pregunté, ansioso por librarme de lo que iba a suceder.

-No. Puedes ir a desayunar. Yo pondré en libertad a los pacientes. En cuanto termines te quiero ver en el bosque. No te olvides de llevar el walkie. Me informarás cada dos horas.

-Sí, jefe.

Y salí echando chispas.