domingo, 12 de junio de 2022

LA VENGANZA DE KATHY IX

 




Imaginé que me llevaría a algún lugar secreto, escondido en la biblioteca, por ejemplo, habría un mecanismo que pondría en movimiento un trozo de estantería al sacar un libro concreto y dejaría al descubierto una puerta oculta, con unas escaleras por las que descenderíamos a un sótano. Para ser un amnésico poseía una viva imaginación. No recordaba ninguna película en la que sucediera algo parecido, aunque sí tenía la sensación de que aquellas imágenes habían llegado de alguna parte, tal vez se abrió una puertecita del subconsciente, ellas salieron bailando como bailarinas de ballet clásico, me soplaron algo a la oreja, regresaron rápidamente, sobre sus puntillas y la puerta se cerró de golpe. Todo puede ocurrir en la mente de un amnésico. No había tenido mucho tiempo para reflexionar sobre las cosas extrañas que sucedían en mi cabeza desde mi llegada a Crazyworld, ni tampoco existía un estado, al que se podría llamar normal, para comparar, todo era posible. Tomé nota para preguntar a mi interlocutor, cualquiera que fuese, sobre sus pensamientos, si es que en algún momento se detenía aquel tiovivo infernal y era capaz de bajarme y sentarme en algún sitio.

Pero no fue así. Me pidió que la ayudara a mover la cama de agua, de aire comprimido, gas neón o xenón o lo que fuera. El lecho estaba pegado al suelo, por lo que parecía ser algo sencillo, a no ser que el agua pesara mucho, lo que no sabía. No fue sencillo, la cama se estiraba y encogía como un chicle, pero al final logramos descubrir un trozo de suelo de madera, igual que el resto de la habitación, pero a ella le pareció bien, y a mí también. Se puso de rodillas, tanteó con la mano hasta encontrar algo que no se apreciaba a simple vista. Oprimió con un dedo algún botón que solo ella veía y dejó que el suelo se deslizara sin cambiar de postura. Yo me puse tras ella para observar el mecanismo y lo que lo activaba, fuera lo que fuese. Solo entonces fui consciente de que ambos estábamos desnudos, y ella arrodillada con el culo en pompa. La tentación acarició mi espalda, pero no la hice caso, lo que estaba ocurriendo era tan interesante que solo tenía ojos para el movimiento del suelo. Aunque debo decir que mi biología –la de un amnésico es como las demás- sí reaccionó ante el estímulo y mi pene comenzó a tener una erección que me pilló de improviso. El hueco que se hizo en el suelo dejó ver una escalera de madera que se adentraba en las profundidades. Alice se activó por completo y tocando en algún sitio encendió luces atenuadas que iluminaron la escalera. Se puso en pie y fue bajando con cuidado, sin invitarme. Yo la seguí con una curiosidad que me superaba. Mientras bajaba no podía dejar de observar toda su parte posterior, desde la cabeza a los pies. Era una mujer muy hermosa, tanto que deseaba casarme con ella a cualquier precio. ¡Vaya mierda de obsesión! No podía quitármela de la cabeza, no sabía por qué. Llegó abajo y ni me miró, por si tropezaba y le caía encima. Estábamos en una especie de habitación, pequeña, aunque suficiente, con una mesa de madera sobre la que había dos monitores y mandos y botones propios de una nave espacial. El resto eran sillas, alfombras, cuadros en las paredes y estatuas en las esquinas, una decoración somera, aunque interesante. Alice ni miró la mesa, se dirigió a una pared, levantó un pequeño cuadro y tocó algo. La pared se deslizó dejando ver el interior de un armario con ropa. Me acerqué dispuesto a cubrir mi desnudez a la mayor velocidad posible, pero entonces ella se volvió, me miró la cara y luego más abajo. Entonces tuvo una reacción inesperada y peligrosa. Me puso una zancadilla, caí sobre la alfombra y ella se arrojó sobre mí. Luego se me pondría el vello de punta al observar lo cerca que había estado de dar con mi nunca contra la esquina de la mesa.

-No se puede desperdiciar nada, la vida nos quita todo al instante, si es que nos lo da.

No supe a qué se refería hasta que introdujo mi pene que ya tenía una erección completa dentro de su vagina. Se regodeó un rato hasta que algo la activó de nuevo y el galope fue imparable. Yo me dejé ir, mi libido no parecía ser capaz de satisfacerse por completo. Llegó a donde quería llegar, y yo también. Descansó sobre mí un buen rato. Cuando se recuperó suspiró aliviada y mordisqueó cariñosamente mi oreja izquierda.

-No voy a dejarte así como así, aunque tenga que pelear con todo tu harén.

-Alice, quiero casarme contigo.

No sé de dónde salió aquella voz, desmayada y anhelante, ni siquiera lo había pensado. Ella se dejó llevar por una risa tonta y destemplada y luego me arreó un formidable mordisco en mi oreja derecha. Grité con ganas. Ella volvió a reírse, esta vez con una risa sádica. Se levantó y comenzó a hurgar en el armario empotrado. Yo me levanté casi de un salto, estaba deseoso de vestirme y salir de allí corriendo. Pero la que corría era mi mente. Me preguntaba qué hora sería, si ya se habría hecho de noche, si Kathy nos había estado espiando, si al final abandonaría su búsqueda y me iría tranquilamente a cenar o me quedaría el resto de la noche en el bosque, a merced de las alimañas. Se me ocurrieron muchas más preguntas delirantes en los segundos que Alice tardó en tirarme unos calzoncillos.

-Creo que son de tu talla. Pruébalos.

Luego me arrojó unos pantalones, una camisa, unos calcetines y hasta un chubasquero. Me lo puse todo en un santiamén y observé, pasmado, que todo me quedaba bien.

-Oye, Alice, ¿cómo hay tanta ropa aquí y además de mi talla? Y ya puestos. ¿Cómo sabías tú que la ropa estaba aquí?

-Deja de hacer preguntas y vístete.

Ya estoy vestido.

Ella me miró y sonrió. Se puso a correr perchas hasta que encontró algo.

-Espero que no te molestes, pero ¿no crees que deberíamos haber mirado antes si Kathy estaba en la casa?

-Olvídate de esa puta.

Encontró todo lo que buscaba y se puso a vestirse con tanta rapidez como había hecho yo. Una blusa verde, unas bermudas muy ajustadas en color vino y sobre todo unas braguitas y un sujetador en color negro, que realzaban su cuerpo espectacular. En cuanto estuvo vestida se acercó a la mesa, tocó unos botones y las pantallas se encendieron.

-No había nadie más en la casa, excepto nosotros. Si hubiera sido de otra manera habría saltado la alarma y ahora podríamos ver al intruso o intrusa.

-Vale, pero eso no lo sabías cuando entramos.

-Mira, me estás hartando. Si Kathy nos ha visto, mejor, que rabie hasta morderse. Pero no ha sido así. La alarma no ha saltado, si lo hubiera hecho ahora podríamos verla en algún punto de la casa. Aquí todo está automatizado y controlado por una inteligencia artificial. Te lo voy a mostrar.

Se acercó a la mesa grande y maciza que parecía dormitar en el centro de la habitación. Observé que era mucho más grande de lo que en un principio me pareció y no tenía patas, reposaba su panza en el suelo. Apenas un hueco en su centro permitía colocar las rodillas en su interior, una vez alguien se hubiera sentado en la silla anatómica con ruedas que permanecía pegada a la madera. Alice se sentó como si estuviera acostumbrada, como si lo hubiera hecho muchas veces. Ni siquiera tuvo que regular la silla a su estatura. Abrió un cajón a la derecha, oprimió varios botones y la mesa crujió, comenzaron a brotar cosas de su interior, un monitor grande que ascendió de un hueco que se había formado en su superficie, un teclado, un ratón, un artilugio pequeñito con antena, cuyas luces comenzaron a parpadear como si se hubieran vuelto locas. Me pidió que me acercara. El monitor se encendió y el sistema operativo pidió una contraseña que ella introdujo sin vacilar. Eso me hizo pensar en cómo podía conocerla y en su sospechosa facilidad para manejarlo todo sin tantear. Solo encontré una explicación. Alice se había acostado con Mr. Arkadin en aquella cama y le había comido el coco para que le enseñara todos los secretos de la casa. No quise preguntar para no estropearlo todo.

-Ves. Si hubiera saltado la alarma aparecería una ventana en rojo en la pantalla. Ahora vamos a retroceder hasta nuestra entrada en la casa. Nada. Y para que quedes contento pongo en marcha el escáner de rayos infrarrojos que también puede detectar cualquier calor biológico que se mueva por la casa o permanezca en reposo en cualquier sitio. Ahora vamos a ver las imágenes de todas las dependencias. Ves nada.

La pantalla se había dividido en numerosas pantallitas que mostraban habitaciones y más habitaciones. En efecto, todo estaba vacío. Tampoco el escáner mostraba ninguna fuente de calor.

-Oye, tampoco aparecemos nosotros. ¿Cómo es eso?

-Todo lo quieres saber. No funciona en el dormitorio de Mr. Arkadín ni aquí. El no necesita saber quién está en su dormitorio porque ya lo sabe. ¿Lo entiendes?

Iba a decir algo cuando se produjo un ruido horrísono que parecía venir de fuera, pero que también podía haberse producido en el interior. Nos sobresaltamos. Alice apagó todo con prisa, oprimió los botones en el interior del cajón y lo cerró. Pude comprobar que todo volvía a su sitio. Y nos lanzamos por las escaleras, asustados, apresurándonos para hacernos una idea de lo que significaba aquel extraño retumbar. Enseguida me hice una idea, porque se volvió a repetir, esta vez con más fuerza aún. Estuve a punto de soltar una gran carcajada. Era un trueno. Fuera debía de estar produciéndose una tormenta de aúpa. Mi primer impulso fue lanzarme a la puerta y ver lo que estaba sucediendo, sin duda un espectáculo terrorífico. Alice corrió en cambio hacia una pared. Tocó algo invisible y la pared comenzó a moverse, mejor dicho, su parte interior, porque la exterior era una gran cristalera doble o triple, imposible de romper, o mejor dicho la parte central, porque la exterior era también una pared de madera que se estaba descorriendo al mismo ritmo de la interior. Me quedé con la boca abierta. Aquella casa parecía algo mágico. Recordé que Kathy me había hablado del profesor Cabezaprivilegiada. Todo tenía una explicación, hasta la inteligencia artificial de la que Alice me había hablado abajo. Ya le preguntaría por el tema en otro momento. Tenía mucha lógica, dado que en Crazyworld existían robots, si bien yo no había visto ninguno hasta el momento.

Nos quedamos patidifusos, con las manos apoyadas en el cristal, observando ahora con gran claridad lo que ocurría fuera puesto que las paredes habían llegado al tope, dejando al descubierto toda la cristalera. La oscuridad era absoluta, como en la noche más cerrada. De vez en cuando un relámpago diabólico, porque en el cielo no creo que los haya, marcaba la oscuridad como el tridente de Satanás. A continuación se escuchaba un trueno, cada vez más horrísono, como si quisiera dejarnos sordos.

-Alice, ¿qué hora es?

-Casi las siete de la tarde. ¿Por qué?

-Por nada. Me pregunto cuándo habrá empezado la tormenta y cuándo terminará.

-Tú eres tonto, chiquillo. ¿Crees que no habríamos oído estos truenos cuando estábamos en la cama?

-Yo no. Te aseguro que no me habría enterado, ni aunque hubieran caído sobre mi cabeza.

lunes, 30 de mayo de 2022

LA VENGANZA DE KATHY VIII



Por lo visto no lograba desabotonarme con suficiente rapidez para satisfacer el ansia viva de poseerme que la embargaba, así que dejó de desabotonar y se limitó a tirar con fuerza hasta que todos los botones cayeron al suelo, la camisa se rasgó. Me la quitó de encima a fuerza bruta y continuó con los pantalones. Es curioso lo que puede hacer la amnesia, y más si se junta a una actividad desenfrenada que no te deja ni tiempo para pensar. Porque en aquel momento fui consciente de muchas cosas, o puede que solo de algunas, pero para mí muy importantes y sugestivas. No había caído en la cuenta de la ropa que llevaba, ni quién me la había facilitado, ni cuándo, ni de lo que había sido de la ropa que llevaba cuando aterricé, inconsciente, en Crazyworld. Aunque esto último podía suponerlo. Seguramente estaría manchada de sangre después del accidente y la habrían tirado a la basura o la habrían quemado, porque no me parecía lógico que allí se reciclara nada, dado lo bien abastecido que estaba Crazyworld. ¿Cómo era la ropa que portaba cuando conducía mi coche deportivo, seguramente de marca muy conocida y último modelo? Semejante pensamiento era una idiotez, pero me pareció un buen ejercicio para ir recobrando la memoria poco a poco. No pude dedicarme al ejercicio porque Alice estaba intentando aflojar mi cinturón, pero no de la forma habitual, quería romperlo, como la camisa, pero aquel no era de tela, si no de cuero, como es habitual y con sus esfuerzos solo conseguía apretarlo más y más alrededor de la cintura. Me estaba haciendo realmente daño. Bajé las manos y saqué la piececita metálica del agujero y yo mismo me bajé los pantalones, que eran unos vaqueros que me quedaban bastante bien y parecían caros, de una marca de postín. ¿De quién era la ropa que portaba? Era una pregunta interesante. Pero otra más interesante acudió a mi cabeza y entró sin llamar a la puerta. No recordaba haberme cambiado de calzoncillos en todo el tiempo que llevaba allí. No es que aquello me hubiera importado hasta el momento, ni siquiera había pensado en ello, pero sentí una especie de vergüenza de que Alice los viera sucios. Pero no fue así, ni siquiera le dio tiempo a mirarlos, porque me los bajó de un tirón y entonces… se quedó quieta mirando y remirando. ¿Qué estaba pasando? La luz se fue abriendo camino en mi mente oscurecida donde no había dejado de ser de noche desde mi llegada a aquel oscuro lugar. Estaba mirando mi sexo, miembro viril, pene o como se llamara, que las palabras acudían en tropel a mi mente, como si empezara a recordar todo a la vez, aunque solo lo referente al sexo, al erotismo, al diccionario de términos sexuales o eróticos o erotómanos o como diablos se denominara todo aquello. Por un momento pensé que mi sexo la había decepcionado, por eso estaba bloqueada. ¿Tal vez era pequeño, para su gusto, o en general, o por bajo de las estadísticas convencionales, o puede que fuera grande, de acuerdo a estos mismos criterios o incluso descomunal? ¿Cómo podía saberlo yo que no había visto más penes que el mío y a éste ni siquiera lo había mirado? Seguramente en mi pasado tuve que ver otros penes, en películas, en vestuarios, donde fuera que uno pudiera ver penes, pero no recordaba nada al respecto. De nuevo Alice cortó mis elucubraciones porque se arrodilló e introdujo mi miembro viril en su boca y lo chupó y masajeó con muchas ganas. ¿Significaba eso que le gustaba?

Me sentí tan excitado que no pude controlarme. La tumbé sobre la alfombra y busqué su cueva, su venusberg, o como lo denominaran en los diccionarios eróticos. Ni siquiera fui consciente de si ella llevaba pantalones o faldas, aunque me inclinaba más por lo primero, teniendo en cuenta que eran más cómodos para caminar por el bosque. No supe cómo eran las braguitas que llevaba ni si fui capaz de llegar hasta sus pechos desnudos porque sus manos introdujeron con maña y fuerza el miembro viril en sus entrañas, húmedas, cálidas, acogedoras. Me hubiera gustado disfrutar de una buena visión de su cuerpo desnudo, pero ni siquiera era consciente de que ella estuviera desnuda. Ni siquiera recordaba cómo había actuado con Kathy, con Heather, con Dolores, si había tenido tiempo o no de observar su desnudez, de explorarla, de deleitarme con ambas cosas. Ahora no podía recordar nada, porque ya estaba galopando como un caballo salvaje. Ella me animaba con grititos, suspiros, gemidos y toca clase de sonidos animadores. No supe el tiempo que pasó hasta la explosión y si ella había explotado al mismo tiempo, o antes o después. Lo cierto es que exploté y ella se volvió loca moviendo la cabeza de un lado a otro y gritando que no lo dejara y más y más. Caí rendido sobre su cuerpo y éste no se movió, como si estuviera tan agotada como yo lo estaba.

Finalmente nos recobramos un poco, lo que aproveché para besarla con ansia, con delectación, con placer y sobre todo con amor, con mucho amor, porque yo la amaba y me hubiera casado con ella en aquel momento si un cura o presbítero o lo que fuera anduviera por allí cerca. Entonces me di cuenta de que no me había quitado el calzado adecuado para caminar por un bosque que aún oprimía mis pies. Me daba igual. Estaba bien, me sentía feliz y así hubiera permanecido largo tiempo si ella no se hubiera quejado de mi peso. Me aparté a un lado, suspiré relajado, aliviado, feliz. Ella me abrazó y me besó. Luego se puso en pie y me arrastró hasta el lecho redondo, cama de agua o colchón neumático, o lo que fuera. Dejó que me detuviera a quitarme el calzado y ella aprovechó para bajarse los pantalones por completo, quitarse la blusa, el sujetador y todas las prendas que acariciaban su cuerpo. Entonces pude contemplarla desnuda a mi sabor.

-¿Te gusta mi cuerpo, te gusto yo, te ha gustado?

Solo pude asentir con la cabeza porque no me salían las palabras. Los dos caímos sobre el lecho, que se hundió, produjo un boquete que luego se rellenó lanzándonos al aire, como si tuviera muelles. Nos reímos con ganas hasta el histerismo. Luego nos fuimos calmando y probamos aquella mágica cama redonda.

-Seguro que Mr. Arkadin la encargó con todos los mecanismos inimaginables para satisfacer sus perversiones. ¿No crees?

-No lo sabía, nunca la había probado y me alegro de haberlo hecho contigo. Pero seguro que tienes razón.

Me alegré de que no la hubiera probado antes con nadie, aunque podía estar mintiendo.

-Me imagino la cara que pondrá Jimmy cuando le enseñe la grabación.

-¿Cuándo activaste el sistema de grabación? No recuerdo que lo hicieras.

-Jaja, claro, el idiota del Pecas no sabe que hay un sofisticado y ultramoderno sistema de grabación que se activa con el movimiento. En cuanto alguien entra en la casa y se mueve comienza a grabar. Ese payaso cree saberlo todo de esta casa y de Crazyworld pero ignora más que sabe.

-Perdona, pero entonces tú has tenido que estar aquí muchas veces para conocer todos sus misterios.

-No te sientas celoso, mi bebé. Yo no conocía la existencia de este antro de perversión hasta que Jimmy me trajo aquí. Sí, lo hizo con la intención de disfrutar de mi bello cuerpo, pero yo no tendría sexo con ese imbécil ni aunque fuera el único hombre de Crazyworld, ni aunque fuera el último hombre sobre el planeta. En cuanto intentó propasarse le di un rodillazo en sus huevitos, lo arrastré fuera y cerré la puerta. Debió de irse cuando se recuperó. Yo tuve tiempo sobrado para explorarlo todo. Él te habrá enseñado el antiguo sistema de grabación con cintas, el moderno está bien escondido. Luego me llevaré un pendrive con la grabación para verla una y otra vez. Tienes que prometerme que ésta no será la última vez. Vale que otras te asedien y caigas en la tentación, pero a mí no me abandones.

-No Alice, no te abandonaré nunca. Si anduviera por aquí un presbítero le pediría que nos casara. Te amo con locura.

-Jajá. Presbítero. De dónde sacas esas palabras.

-No lo sé, soy amnésico.

-Eres increíble. ¿Te casarías conmigo? ¿Y también con Kathy, con Heather, con Dolores y con todas las mujeres de Crazyworld? ¿Vas a fundar un harén?

-No lo sé, cariño. Me has dejado turulato. Eres adorable.

-Pues demuéstramelo.

-Creo, salvo que esté equivocado que los machos necesitamos tiempo para que nuestro pene se recobre.

-¿No has oído hablar del sexo oral? Nos divertiremos hasta que vuelvas a estar en forma.

Y así lo hizo. Esta vez no hubo prisas, y sí mucha exploración, muchas caricias, mucho sexo oral. No me acordé de mis elucubraciones, no me acordé de nada. Ni siquiera del tiempo que seguía corriendo en algún reloj invisible. Descansamos, hablamos, reanudamos, hasta que mi mente entró en bucle. ¿Qué hora sería? ¿Y si Kathy nos estaba espiando? Alice también recobró la cordura. Bueno, vamos a vestirnos, ya debe ser tarde. Me haré con el pendrive y regresaré para la cena, tú puedes hacer lo que quieras, te mereces un descanso.

-¿Con qué nos vamos a vestir? Veo que nuestras ropas están en el suelo, desgarradas, inservibles.

-¿En algún momento has supuesto que ese cabrón de Mr. Arkadín no lo tiene todo previsto? Ahora te enseñaré los armarios ocultos donde hay ropa de todas las tallas, masculina y femenina.





jueves, 19 de mayo de 2022

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XIX

 

-Y ya hemos vuelto. Antes de restablecer sonido e imagen debo decirles que tenemos grabado todo lo que ha ocurrido en directo durante la publicidad, pero no vamos a mostrárselo, no al menos de momento porque Alierina se enfadaría mucho y queremos que este programa continúe y termine bien, todos alegres, todos felices y pasando un buen rato, que es de lo que se trata. Ya hemos dado el aviso a nuestra intrépida reportera y ustedes, los holovidentes, pueden cantar con nosotros la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres, dos uno y dentro.


-Alierina, aquí estamos de nuevo, deseando que nos cuentes lo que ha pasado y lo que prevés que va a ocurrir durante ese almuerzo al aire libre que todos envidiamos, hasta el punto que si no tienes inconveniente vamos a dejar que asumas el protagonismo absoluto mientras nosotros trasegamos los alimentos que nos ha preparado producción, porque como sabes en un programa de veinticuatro horas hay que comer y atender a nuestras necesidades físicas que son las que son, para qué nos vamos a engañar. Vamos a cortar la imagen y el sonido en el plató y te dejamos con los holovidentes, que son todos tuyos desde este momento. Volvemos en cuanto hayamos finalizado el refrigerio. Que os aproveche.


-Gracias, Arminido, igualmente os deseamos. Y ahora que no nos escucha puedo decir que estoy segura de que ha grabado nuestra conversación durante la publicidad. Lo que él no sabe es que poseo partidarios en el equipo de producción a los que he sugerido que también graben su conversación durante el refrigerio. Si él falta a su palabra y difunde lo que ha ocurrido aquí, que no ha sido gran cosa, yo también lo haré con lo que ocurra allí. Vosotros, los holovidentes, podéis pensar que Arminido y una servidora somos enemigos mortales, que nos llevamos a matar, que siempre estamos a la greña y que cualquier día de estos acabaremos muy mal. No es así, o al menos no es para tanto. En realidad somos amigos, compañeros, nos profesamos el afecto normal en estos casos, pero un poco de gresca de vez en cuando intriga a nuestros espectadores, hace más entretenida la transmisión y les divierte, que es de lo que se trata. No creo que los programas oficiales de “H” sean tan divertidos y tan humanos. Lo digo sin saber muy bien lo que digo, porque apenas veo esos programas, casi nunca, por lo que hablo por hablar. A todos los que trabajamos en este canal nos gustaría atraer a los espectadores del resto de canales, que son muchos, y no porque nuestra vida fuera a cambiar mucho, sin embargo nada me satisfaría más que cambiar la mentalidad de los omeguianos y convertirlos a nuestra causa.


“Dicho esto, continuemos con la transmisión. Este simpático koori sigue dormidito entre mis pechos. Es tan deliciosamente tierno que estoy pensando en adoptarle y llevarlo a mi casa como mascota. Si dudo es porque no se permite la adopción de un solo koori, no sobreviviría sin su familia. Y toda una familia de kooris en casa puede convertir mi vida en un caos, que ya lo es, pero más, mucho más. Nuestro mayordomo robótico está manteniendo a raya al resto de la tribu, ha disparado una serie de diminutas sondas que expiden un olor muy peculiar, que vuelve locos a estos divertidos animalillos. Como pueden ver están siguiendo a las sondas por todo el claro. Mientras dure el efecto podemos disfrutar de este almuerzo campestre tan delicioso. Nuestros invitados han pedido los platos que más le gustan del dispensador que posee nuestro transporte. Algo que hacen todos los días en su casa, por lo que la única novedad es poder hacerlo al aire libre, tomando el sol o la sombra y mirando los árboles y el cielo. En cambio Rosalindra y yo disfrutamos de alimentos naturales y ecológicos suministrados por la producción del programa y por la propia Rosalindra que ha traído de los huertos de los cuidadores del zoo. La mayoría de ellos viven en él, no por obligación si no por devoción, adoran vivir entre estos animalitos y aquí tienen sus casas y sus huertos. ¿No es así, Rosalindra?


-Así es, entrañable amiga. Los cuidadores somos vocacionales, amamos a los animales y hemos solicitado este puesto que estaría perfectamente cubiertos por los cuidadores robots. No queremos caer en la molicie y degeneración que “H” ha propiciado entre los omeguianos, con la mejor de las intenciones, por supuesto, pero así es y así será hasta que esto cambie algún día. Ya veo que has probado la ensalada, querida Alierina. ¿Qué me dices?


-Deliciosa, amiga, realmente deliciosa. ¿Qué me dice, Elielina, no quiere probar la ensalada?


-No, gracias. La comida no es precisamente uno de mis placeres preferidos. Te confieso, aunque ello sea desvelar mi intimidad más íntima, algo de lo que soy bastante celosa, que a veces descuido los horarios de comida y “H” debe recordármelo bajo la amenaza de inyectarme en vena todos los elementos que necesita mi cuerpo. Si no estoy equivocada –tú lo sabrás mejor que yo- ese es un problema serio que afecta a gran parte de la población. La vida en el metaverso es tan completa que nos cuesta desconectar, incluso para comer, hasta para dormir, mucho más para salir de casa y ver el mundo que ahí aquí fuera. Esta es una experiencia nueva para nosotros y reconozco que tiene su encanto e interés, pero mucho me temo que si fuera posible no desconectarse, poder vivir sin comer, sin dormir, sin necesidad de saber lo que hay en el mundo que vosotros llamáis real, muchos lo haríamos, sin dudar.


-Pero eso es terrible, Elielina. ¿Para qué necesitáis entonces vuestros cuerpos?


-Me gustaría acompañaros a ver a “H” si al final conseguís el permiso. Le pediría que congelara nuestros cuerpos y nos dejará para siempre en el metaverso. No quiero que los destruya porque nunca se sabe, tal vez algún día nos podamos llegar a aburrir de esa vida, aunque no lo creo.


-Disculpadme, pero observo que los kooris parecen haberse cansado de seguir el olor, o puede que las sondas se hayan vaciado. Ahora nos invadirán y se pondrán a jugar con nosotros, gastándonos toda clase de bromas pesadas. ¿No es así, Rosindra?


-Mucho me temo que estás en lo cierto. Vamos a intentar terminar el almuerzo a la mayor velocidad posible. Rara vez los kooris permiten hacerlo en estas excursiones diarias. Comer con ellos zumbando a nuestro alrededor puede resultar una pizca desagradable.


-Ya los tenemos aquí, están saltando desde los árboles más cercanos y los más atrevidos olisquean nuestros alimentos y juegan con ellos. Querida Rosindra, antes de que despierten a mi bebesito, ¿Puedes hacer algo para marcarlo, tal vez, solo tal vez, me decida a adoptarlo a él y a su familia?


-Por supuesto, Alierina. En este bolsillo de mi traje llevo un marcador invisible e indoloro. Si me permites, puedes sacarlo con cuidado de entre tus senos y le dejaré marcado. No es necesario que lo haga con el resto de su familia, que no sabemos cuántos y cuáles son, porque si te decides a adoptarlo ya acudirán a su rescate.

martes, 26 de abril de 2022

LA VENGANZA DE KATHY VII

 




Y eso hicimos. Yo notaba ya una erección un tanto molesta que se agudizó cuando ella tomó la delantera y yo la seguí con la mochila a la espalda. No podía apartar mis ojos de su trasero, hasta el punto que en un momento determinado se volvió y me preguntó si le gustaba su popa. Me puse un poco colorado, la verdad, e inquirí si tenía ojos en la nuca. Se limitó a echar una mirada prolongada a mi entrepierna y a reírse con ganas. Aceleró el paso como si le corriera mucha prisa llegar a la cabaña, deteniéndose tan solo de vez en cuando para observar sus señales, sus códigos, que continuaban siendo totalmente invisibles para mí. Habíamos salido del bosque de secoyas, más despejado, con grandes espacios entre los árboles que permitían un fluido caminar, y nos encontrábamos de nuevo en el bosque más tupido con árboles menos altos, más cercanos entre sí, atiborrados de maleza y zarzas que los rodeaban, haciendo tan difícil moverse por allí que sólo la fijeza de mi mirada en la popa de Alice me impedía perderme, evitando quedar enganchado en algún espino. Ella parecía seguir un sendero, invisible para mí, que apenas era suficiente para dejar pasar un cuerpo humano, y ello con suma dificultad. Maldije mi dejadez y falta de prudencia al trasegar el contenido íntegro de la botella de vino. Tenía la cabeza como embotada y de vez en cuando sentía una curiosa sensación como de agradable mareo que aumentaba su intensidad cuando contemplaba la popa de Alice a plena satisfacción. Mi exaltada imaginación la iba desnudando y ya sentía su cuerpo desnudo entre mis brazos. Fantasía que generaba una molestia, más bien un curioso dolor en mi entrepierna, mezcla de placer no satisfecho y deseo frustrado que al aumentar en intensidad expandía mis gónadas, atraía más sangre al miembro viril, que crecía hasta descoyuntarse, haciendo que su roce contra el pantalón se hiciera insoportable por momentos.

Para evitarlo, en la medida de lo posible, decidí pensar en cualquier otra cosa que entretuviera mi mente, alejándola de aquel tormento que se iba haciendo cada vez más insoportable. Así se me ocurrió pensar en el bosque que atravesábamos a velocidad desmedida. Parecía extrañamente caótico. Una mezcla insólita de bosque de secoyas, rodeado por otro bosque más convencional y salvaje, tal vez debido a la falta de cuidado. Parecía que nadie lo hubiera desbrozado nunca, aunque la lógica me obligaba a pensar que hubo un tiempo en el que aquello debió de ser un paraíso natural, con senderos bien cuidados y marcados, bancos de madera para descansar en el camino y claros con mesas y hasta cabañitas y columpios para los niños. Intenté controlar aquel desvarío que me llevó a otro. ¿Cómo sería aquel entorno antes de que Mr. Arkadín lo eligiera como sede de su disparatado Crazyworld? Seguramente se trataba de un parque natural con numerosos visitantes. Pertenecería a algún organismo público. ¿Lo había comprado todo aquel millonario loco? La cabeza comenzó a irse de paseo, por lo que cambié de tema. No recordaba muy bien cómo había sido el camino que realizara con Jimmy cuando me llevó a la cabaña. Tenía la impresión de que todo había resultado más fácil y hasta más corto. ¿Era el camino del Pecas más fácil que el de Alice? ¿Existía fauna salvaje en aquel bosque? No se me ocurrió preguntárselo a aquel idiota, tal vez porque con la luz del sol no procedía pensar en semejantes temeridades. ¿Habría lobos, jabalíes, pumas, yo qué sé qué más animales salvajes?

No podía hacerme una idea, ni siquiera vaga, del tiempo que llevábamos caminando, de la hora solar… por cierto que parecía haber oscurecido, todo era mucho más gris ahora. A lo lejos sonó un trueno como amordazado y una gota de lluvia cayó sobre mi nariz. No me quedó otro remedio que fijarme en el culito de Alice y tratar de seguir sus pasos, ahora casi al borde del galope o la carrera. Me pregunté cuánto más quedaría y supliqué al cielo que se aguantara hasta que llegáramos. Lo que ocurrió de repente, tal vez porque el cielo me oyera o porque había llegado el momento de llegar a la cabaña. Salimos al claro que recordaba y allí Alice, sin mediar palabra, me tomó de la mano y corrimos juntos hacia donde ella me dirigió. La cabaña estaba escondida. Como cuando me guió El Pecas solo alguien que supiera de su existencia la podría encontrar. Nos refugiamos bajo un saledizo que ocupaba toda la fachada, oculta por hiedra y otros vegetales y ramas, porque había comenzado a llover con ganas. Un formidable trueno, ahora nítido, estalló sobre nuestras cabezas. Alice se movió a toda prisa rodeando la fachada, la perdí de vista y cuando regresó llevaba una llave en la mano, con la que abrió la puerta. Nos refugiamos a toda prisa en el interior. Entonces se me ocurrió una idea elemental.

-¿No deberíamos buscar a Kathy primero?

-Esa psicópata es demasiado lista para refugiarse donde sabe que la buscaríamos primero.

-¿Entonces crees que andará por el bosque con esta tormenta, como un animal salvaje?

-Me importa una mierda Kathy y toda su parentela. Ya habrás deducido que si te he acompañado no ha sido para buscarla, si no para tenerte solo para mí. Y ahora te tengo, guapo.

Cerró la puerta con la llave y me arrastró hasta una puerta de madera que abrió como si supiera qué nos íbamos a encontrar. Era un dormitorio enorme, decorado todo en maderas preciosas –al menos es la impresión que me dio, yo no sabía nada de maderas, ni de casi nada, continuaba siendo un amnésico- armarios de madera, mesas y sillones de madera, paredes de madera, lámparas de madera, un enorme lecho en madera, redondo, formando una rueda gigantesca y sobre él lo que me pareció un colchón de agua. Había cuadros de caza, bastante brutales para mi gusto y lo peor de todo eran aquellas cabezas de animales disecados, algunos con cuernos, otros con colmillos, todos con ojos transparentes. Yo no iba a poder tener sexo con Alice bajo la mirada de aquellos pobres animales, trofeos de caza de cazadores sin entrañas. Me desprendí de ella y me dirigí al primer armario, lo abrí con rabia. Nada que me sirviera. Abrí el segundo. Sí, allí había sábanas, mantas, colchas, edredones y toda la parafernalia de un dormitorio para millonarios. Comencé a sacar un montón de sábanas, perfectamente dobladas y colocadas en una estantería. Fui tapando cabezas a toda prisa. Entonces miré hacia Alice para pedirle que me ayudara, así terminaríamos antes. Ella a su vez me estaba mirando con ojos como platos, tan asombrada que no era capaz de decir palabra.

-Vamos, ayúdame. No sería capaz de hacer nada con los ojos vidriados de estos pobres animalitos mirándome.

-Pero, pero… tú estás completamente loco. Me entrego a ti, pongo este maravilloso cuerpo a tu disposición y tú… y tú solo piensas en tapar estos malditos trofeos. Estás majara, tío, completamente majara.

-Como casi todos en este frenopático que llaman Crazyworld. Lo que es perfectamente lógico. Claro que como tú eres la única cuerda en este antro, te puedes permitir el lujo de llamarme loco.

-Perdona, tío, perdona. Es que me has pillado por sorpresa. Entiendo que seas tan sensible a estas cosas, yo también lo sería si no estuviera tan ansiosa.

Me ayudó a tapar todos aquellos espantosos trofeos que solo a un auténtico loco como Mr. Arkadin se le ocurriría poner precisamente allí, en el dormitorio de sus orgías y depravaciones. Me sentí un poco idiota, pero yo amaba a los animales, o al menos así debería ser en cuanto recobrara mi perdida memoria. No supe hasta ese momento lo mucho que odiaba a Mr. Arkadin, aquel cerdo multimillonario que nos tenía allí encerrados de por vida. Y ahora, además, le odiaba aún más por aquella carnicería llevada a cabo con animales que no molestaban ni se metían con nadie. No podía recordar nada de mi pasado que se refiriera a mascotas o animales en general, pero aquel sentimiento era algo visceral que brotaba de mis entrañas como una ola dispuesta a arrasarlo todo. Y entonces se me ocurrió la gran idea. Puede que la amnesia fuera la causa de mi idiotez, o tal vez tan solo me hiciera aún más idiota de lo que ya era, el caso es que ni siquiera había pensado en la posibilidad de matar a aquel cerdo y librarnos a todos de la jaula de oro que era Crazyworld. Nada de seguir buscando delirantes e imposibles formas de fugarnos. La solución al problema había estado ahí todo el tiempo, frente a mis narices, y no la había visto. Aquel cabrón vendría, antes o después, a solucionar el asesinato del director, y entonces… Sí, porque por muchos guardaespaldas que trajera, no podía ser tan difícil pegarle un tiro, y más si todos nos poníamos de acuerdo, conspirábamos para llevar a cabo lo que todo el mundo estaría dispuesto a hacer para alcanzar la libertad. No pude seguir elucubrando al respecto, porque Alice se abalanzó sobre mí y comenzó a intentar desabotonar mi camisa.

domingo, 24 de abril de 2022

EL TODO

 Budismo



MICRORRELATOS METAFÍSICOS

EL TODO

El filósofo Manual Canto, un filósofo que es un encanto, dicta una conferencia sobre filosofía en el paraninfo de la universidad Complotense de Madrid. Ha llegado a las siguientes conclusiones: La individualidad no tiene futuro, puesto que ningún individuo puede permanecer para siempre y aún en el supuesto de que pudiera alcanzar la inmortalidad no sería posible poseer todo lo que se desea. Ergo la infelicidad está servida. Un individuo infeliz no tiene otro futuro que luchar para ser feliz, hasta cansarse. Te pierdes en el Todo, como piensan los orientales o Dios te premia con el Todo, como de alguna manera predican las religiones cristianas, o simplemente te mueres, te conviertes en polvo y permaneces insensible como una piedra, para siempre.

Le interrumpe una jovencita, quien a voz en grito proclama que si al final todos vamos a formar parte del Todo, ella no tiene inconveniente en ser toda suya, en ese mismo momento.

Otras jovencitas la apoyan y se lanzan hacia Manuel Canto, intentando desnudarle. Este encanto de hombre no pierde la calma y dirigiéndose a la concurrencia da por finalizada la conferencia con estas palabras:

La felicidad absoluta no es posible, pero merece la pena luchar por una partícula de felicidad. El Todo es el mar donde nos ahogaremos, pero mientras tanto merece la pena intentar flotar.

Y diciendo esto se aleja con las jovencitas. En la universidad Manuel Canto tiene fama de ser un encanto.



galaxias

sábado, 2 de abril de 2022

EL VERDUGO DEL KARMA XII

 






No se me ocurrió ninguna apuesta interesante para mí, porque era seguro que la iba a ganar de todas-todas. El iniciado guardó silencio porque algo ocurría en la sala que llamó su atención. En efecto, el juicio iba a empezar. No se puede decir que se hizo un silencio ominoso, porque el silencio era casi absoluto desde que entramos. Nadie había hablado entre los testigos -que eran muchos- sentados religiosamente en sus asientos y no había nadie más en la sala, de momento. Tampoco había más espectadores que nosotros dos. No se puede decir que fuera algo curioso, porque el tiempo es aún más prolongado que el espacio, y además, por experiencia, me consta que no hay mucho interés en los juicios a los genocidas, salvo los que han sufrido en sus carnes ese ansia sádica que tienen aquellos de acabar con todo el mundo y de la forma más dolorosa posible, y éstos o sus familiares son testigos por imperativo legal.

Como por ensalmo aparecieron los tres jueces de turno del tribunal del karma en sus sillas sobre la tarima, tras la mesa del tribunal que no tiene otro sentido que hacer que el decorado no desentone de lo que todos esperan en un tribunal, porque es lo que han visto estando vivos, o mejor dicho, reencarnados. Como en un acto reflejo todos los testigos se pusieron en pie y bajaron la cabeza. Es imposible que los dioses del karma pasen desapercibidos allí donde estén y aunque no sean visibles para los sentidos humanos o astrales o dicho de otra manera, los que poseemos quienes estamos en esta dimensión paralela. El iniciado debió de atisbar su presencia, aún sin verles, lo que indica bien a las claras el impacto que aquellos habían tenido sobre su consciencia desde que les conoció en presencia, porque supongo que alguna idea teórica o imaginativa se había formado en su realidad carnal. A mí ya no me afectan tanto, debo haber formado callo de tanto verles y temerles. Sería tonto por mi parte describirles o darles nombre porque solo quien les ha visto en persona, personalmente, se puede hacer una idea de su naturaleza. Decir que parecen venerables ancianos con luengas barbas y túnicas blanquísimas, que parece desprenderse de ellos un poder que aterroriza tus entrañas y que su majestad nada tiene que ver con la de los reyes, emperadores y demás jerifaltes que en el mundo han sido, no es una descripción que se acerque mucho a lo que los reencarnados llaman “realidad”. Baste pues con las frases anteriores para pasar a la narración de los hechos.

En el tribunal del karma no hay secretarios, ni fiscales, ni abogados defensores ni cualquier otra figura que conocen los reencarnados por haber asistido a sus tribunales de justicia o por haber oído hablar de ellos. No es preciso un secretario porque en la gran pantalla de video kármico aparecerán todos los hechos que sean necesarios, sin necesidad de ser narrados por un falible secretario de tribunal. No hay fiscales porque los hechos en sí son tan demoledores que no se necesita una acusación, los hechos acusan con total contundencia y en forma exacta. Tampoco se requieren abogados defensores porque la única defensa posible es la admisión de la culpa o la apelación a un tribunal superior que solo puede ser el Padre Universal, quien da otra oportunidad o aniquila la existencia. Lo mismo que ocurre con los cascos virtuales kármicos que utilizamos los verdugos del karma, los hechos que se presentan lo tienen todo, desde la realidad física percibida por los sentidos de los reencarnados, hasta los pensamientos, emociones y consecuencias kármicas de cada acto. No queda si no asumir las consecuencias de nuestros actos y quien se niegue a ello sufrirá el castigo correspondiente dictado en la sentencia del tribunal.

El tribunal no tuvo que hacer indicación alguna al ujier, agente judicial o fuerzas de seguridad adscritas a los tribunales. Aquí no es necesario presencias interpuestas, cada acusado, testigo o lo que sea recibe con contundencia mental la orden del tribunal y si se resiste… Mejor no decir nada sobre los que se resisten…Bueno, en este caso sí hay que decir algo. Porque el acusado, el conocido en su tiempo como Heil Hitler, asomó su conocido cuerpo físico por una esquina, vestido con uniforme militar, como no podía ser menos, y con su famoso mostacho. A los acusados, testigos y por supuesto espectadores, se les permite escoger la apariencia del cuerpo físico que han usado en cualquiera de sus reencarnaciones, como si fuera una carcasa. Aquí cada uno elige su apariencia, sea la que fuere, y si alguno tiene poder suficiente, hasta puede configurar un cuerpo a su medida, aunque no lo haya habitado nunca. Pero para eso se requiere tal poder que nadie lo consigue. Los dioses del karma podrían hacerlo pero a ellos les tiene sin cuidado su apariencia, aparecerían ante nuestros ojos como payasos de circo si así lo eligieran pero nosotros no seríamos capaces de verles como tales payasos porque su naturaleza divina y poderosa nos haría verles como tales dioses del karma, ancianos venerables y majestuosos.

Como decía, debo narrar un incidente gracioso que ocurrió tan pronto como el genocida apareció por una esquina. Y fue que debió de resistirse a personarse ante el tribunal porque sin que se escuchara voz alguna o los jueces del karma demudaran la expresión de sus rostros, y mucho menos llamaran a nadie en su ayuda, nuestro personaje salió despedido como si le hubieran dado un puñetazo cósmico y volando por el aire cayó de culo a los pies del tribunal. Muy erguido y orgulloso se puso en pie, pasó las manos por los pantalones, para quitar supuestas arrugas y se atusó el bigote. Se plantó rígido como una tabla, mirando al tribunal y para sorpresa de todos los presentes hizo el saludo hitleriano y nazi con el brazo derecho estirado. No se oyó un oh clamoroso porque aquí los sonidos son más bien mentales, pero todos lo percibimos como tal sonido clamoroso. Un tribunal de reencarnados hubiera llamado al orden y ordenado a las fuerzas policiales que lo pusieran, no digo firme, porque ya lo estaba, pero en su sitio. Aquí sencillamente salió levitando, firme como estaba y con el brazo en alto, hacia el sillón del acusado, donde permaneció un segundo de pie, luego sus rodillas se doblaron y quedó sentado, eso sí muy rígido. Como no me he cansado de repetir, aquí no existe el tiempo, pero de haber existido nos habríamos aburrido de verle levitar, como a cámara lenta. Simplemente lo percibimos y a todos nos pareció muy gracioso, como en una de esas películas del cine mudo de los reencarnados.

El orgulloso genocida intentó volver a ponerse en pie, firme, con el brazo en alto, pero cada vez que lo hacía se veía sentado en su silla, como si algún poderoso robot estuviera dispuesto a descoyuntarlo una y otra vez, hasta que asumiera que el tribunal kármico merecía un respeto. En el tiempo de los reencarnados o en sus películas mudas esto hubiera durado un tiempo inaceptable, aquí todos lo percibimos como si ese tiempo hubiera transcurrido sin hacerlo. La escena era tan divertida que todos los testigos soltaron una estentórea carcajada, mental, por supuesto, porque aquí los sonidos no son lo mismo que en la realidad de los reencarnados. Hasta noté que el iniciado se doblaba de la risa y que a mí se me saltaba la carcajada a pesar de haber visto ya este juicio unas cuantas veces. Los dioses del karma ni se inmutaron o si se estaban riendo de lo lindo, era por dentro, y no se les notaba.

Al final se dio por vencido y quedó sentado, tan rígido, que parecía de palo. Entonces se escuchó una gran voz, formada por los tres dioses del karma, que sonó en nuestras mentes como si se hubiera producido en un espacio físico.

-¿Cómo se declara el acusado?

-Inocente.

Su voz sonó como sonaba en las películas grabadas de sus discursos, ni más ni menos. El tiempo no parecía haber pasado por él. Para hacerlo se puso en pie, firme, e intentó colocar el brazo rígido en saludo nazi. El resultado fue que al parecer se le permitió permanecer firme pero cada vez que el brazo se estiraba, una poderosa mano invisible se lo bajaba. Al final renunció también al saludo nazi y permaneció firme esperando lo que dijera el tribunal.

-Puesto que no se arrepiente de sus actos, puesto que los niega, puesto que ni el sufrimiento de la muerte ni su estancia en esta dimensión, donde tantos abjuran de su pasado y aceptan el karma necesario para purificar sus personalidades han conseguido doblegar su naturaleza megalómana, sádica y brutal, vamos a proceder a documentar el genocidio que llevó a cabo. De ser necesario documentaremos todos y cada uno de los actos de su vida, de sus pensamientos, de sus emociones, pondremos al descubierto toda su intimidad, hasta vaciar el retrete de su alma. Prosigamos.

miércoles, 23 de marzo de 2022

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA FAMILIA VANTIANA XVIII

 


-Muchas gracias, Artemoisa. Ha sido una exposición larga, pero muy instructiva. Y ahora damos paso a nuestra intrépida reportera  Alirina, porque ya están llegando al bosque de los kooris y en cuanto lleguen no tendremos respiro porque estos monitos armarán un gran alboroto en cuanto los descubran. Creo que tenéis previsto almorzar en un claro para así atraer a estos simpáticos amiguitos. ¿No es así?

-Intrépida reportera el holograma de tu madre, Arminido. Que es que no espabilas. Aquí te quería yo ver, siendo objeto de las bromas pesadas de estos simpáticos amiguitos. Que la idea de almorzar aquí fue tuya y nos la impusiste. Que no sé cómo te aguantan nuestros anfitriones. Paciencia que tienen los pobres. ¿No es así, querida Elielina?

-No sabría decirte, simpática Alirina. Este día está siendo especialmente entretenido. Nunca imaginé que uno se pudiera divertir tanto sin el casco virtual, sin el sexo virtual y sin viajar por el Omostron, nuestro Internet holovisivo. Creo que de ahora en adelante saldré más al mundo real, como decís vosotros, y también veré vuestro canal, que antes apenas veía. Sé que eso os puede ofender, pero las cosas son así. Cuando nos propusisteis este programa tuve que informarme de quiénes erais. Creo que os merecéis sinceridad después de este maravilloso día que nos estáis proporcionando.

-Sinceridad por sinceridad. Vuestro adorable esposo no parece estar disfrutando tanto como tú. ¿No es así, Oloviris?

-Si tan adorable te parece, te lo regalo. Jajá.

-Ella siempre tan divertida y dicharachera. Bueno, ahora que puedo hablar diré que para mí está siendo toda una experiencia, aunque confieso que no salgo de un susto para caer en otro. Me dan miedo los animales y me da miedo un entorno que no puedo controlar. En cuanto a dejar nuestro mundo mental y virtual por esta realidad, debo decirte, adorable Alirina, que hubiera preferido encontrarte en Omostron que aquí.

-Olvídese de ello, Oloviris, no pienso convertirme en una durmiente a tiempo completo.  Y ahora, mientras ven las imágenes de nuestro aterrizaje en el claro Rosindra nos explicará los planes para las próximas horas.

-Pues son unos planes muy sencillos, Alirina. A través del monolito de nuestro transporte recibiremos a un robot doméstico que instalará una mesa de camping, sillas ergonómicas y una red electrificada que dará pequeñas sacudidas a los kooris que pretendan penetrarla. De esta forma podremos jugar con los kooris cuando nos apetezca y comer tranquilamente cuando se vuelvan pesados. Cada uno pedirá el menú que quiera y hablaremos de nuestras cosas.

-Buen plan, Rosindra. En cuanto empecemos a comer puedes ir a publicidad, Arminido, que a nuestros espectadores no les va a divertir vernos comer como hace todo el mundo. Y ahora, mientras los holovidentes ven las interesantes imágenes de la instalación del merendero y de los primeros kooris que se están acercando, te devuelvo la conexión para que comentéis lo que os plazca.

-Muchas gracias, Alirina. Para los holovidentes que hayan decidido apagar la imagen y quedarse con el sonido, como hacían nuestros ancestros cuando solo podían disfrutar de ondas sonoras a través de un aparato que al parecer llamaban radio, no sé por qué, les describiré someramente lo que está ocurriendo.

“Habrán visto el suave aterrizaje de nuestro vehículo en el hermoso claro de este bosque que se extiende casi hasta el infinito. Si han apagado la imagen, les diré que un robot doméstico MX ha sido teletransportado hasta el interior del vehículo y ha esperado que fuera apareciendo el mobiliario desplegable. Lo ha trasladado hasta el exterior sin ninguna prisa, lo ha desplegado y colocado con mimo y luego, tras instalar un enorme parasol para proteger a nuestra expedición del sol, ha extendido una red electrificada sobre el techo del vehículo y en un círculo de varios metros. Aún no ha electrificado la red para permitir que los primeros koories se puedan acercar a nuestros invitados y jugar con ellos. De hecho estamos viendo a un diminuto koori, seguramente una cría de la última camada, por eso es tan pequeño, que ha levantado la red y se ha colado por debajo. Sin pensarlo un instante ha trepado por el cuerpo de Alirina ha intentado quitarle su casco donde están situadas varias cámaras y su cabecita ha aparecido en una de ellas. Habrán visto –los que no han apagado la imagen- que sus ojos son enormes y tan expresivos que da risa. Se ha tocado con un dedito su bigotito de cerdas muy sensibles, como pensando, y visto que no podía arrebatarle el casco se ha colado por el escote de Alirina. ¡Simpático koori! No, no se preocupen por la bronca que me voy a llevar, porque nuestra intrépida reportera ha cortado totalmente el sonido, de ida y de vuelta, por lo que no puede oírnos. Como cariñosa amante de los animales que es, ha tomado con delicadeza al koori con sus manos y le ha dado un besito. Seguro que le gustaría adoptarle, pero si lo hace tendrá que hacerlo también con toda su familia, como nos han explicado antes.

“Observen la gran inteligencia y astucia de este animalito que se ha hecho el dormido. Alirina se ha sentado con él en brazos, acunándole como un bebé. En cuanto nuestra intrépida reportera se ha descuidado un segundo ya lo tenemos otra vez en su escote. Ha buscado una postura cómoda entre sus senos y se ha quedado dormidito como un ángel. Puede que no lo esté, lo sabremos si hace alguna de las suyas. El resto de intrépidos aventureros se ha ido sentando alrededor de la mesa conforme nuestro simpático robot-mayordomo ha situado las sillas. Ha servido unos vasos con refresco de frutas que los sedentes se han apresurado a apurar. Debe hacer mucho calor en ese claro, a pesar de que el gigantesco parasol no deja pasar ni un rayo de sol. Tampoco parece que sople la menor brisa agradable. Una vez que todos han saciado su sed parece que se acaba de iniciar una jugosa conversación que van a escuchar en directo porque acabo de hacer un gesto a control para que restablezcan el sonido de llegada, no así el de ida, porque no queremos que Alirina sepa que les estamos escuchando. ¡Qué pillines somos! Escuchemos su conversación a hurtadillas.

-Bueno, ahora que no nos escuchan, podemos hablar como buenos amigos que celebran una merienda campestre. ¿Lo está pasando bien, Elielina?

-Muy bien. Es algo novedoso. Reconozco que la vida que ustedes llaman real tiene también sus encantos.

-¿Tantos como para renunciar al casco virtual y probar nuestra forma de vivir?

-Eso no, Alirina. El mundo real tiene algunas cosas interesantes que viene bien probar de vez en cuando, pero el encanto del mundo virtual es incomparable. No se puede comparar.

-Esta noche la vamos a seguir con un avatar para conocer cómo es ese mundo. ¿Pero ahora puede adelantarnos algo? Aparte del sexo promiscuo y sin restricciones ¿qué otros alicientes tiene ese mundo para quienes aún no lo hemos probado?

-Solo con el sexo ya sería suficiente, pero es que además uno puede viajar a donde quiera, a la playa de una isla desierta, por ejemplo, tomar el sol, bañarse y si te sientes sola puedes contactar con alguno de tus amigos o amigas que vendrán a hacerte compañía, a charlar, a pasar el día contigo. Los que gustan de practicar deportes pueden hacerlo en el sitio que elijan. Puedes ir a un hotel de lujo para celebrar un cumpleaños o sin motivo alguno, con tu grupo de amigos y disfrutar de un spa de lujo. No hay nada que sea imposible, jugar en un casino y ganar o perder, según prefieras. Incluso hacer un viaje espacial a cualquier planeta habitado y deshabitado y correr todo tipo de aventuras. Hay quienes prefieren el riesgo, otros la placidez de no hacer nada. Te pueden crear una película a tu medida, siguiendo tus instrucciones, y vivirla como si fuera absolutamente real. Puedes hacerlo de día o de noche, despierta o dormida. Sí, porque está permitido elegir sueños o pesadillas. Una de las cosas que elegiré esta noche seré tener a esta simpático koori entre mis pechos.

-Si quieres puedo pasártelo.

-¡Oh, no! En la vida real te pueden pasar las cosas más inesperadas y nadie controla eso.

-Bien, qué me dice usted, Oloviris. ¿Lo está pasando bien? Perdone que se lo diga, pero no ha abierto la boca, parece muy aburrido.

-No, en absoluto, Alierina. Como ha dicho mi esposa, esto tiene su encanto, especialmente si está usted, y me disculpo por la sinceridad. No estoy acostumbrado a relacionarme. Imagino que ustedes, los que viven de continuo en el mundo real deben mentir más que hablan.

-¡No lo sabe usted bien, Aloviris! Jajá. ¿Y usted, Rosindra, también prefiere el mundo virtual cuando no está trabajando?

-Sí confieso que me lo paso bien, aunque prefiero este mundo mientras pueda simultanear los dos.

-Perdone la intromisión en su intimidad, ahora que no nos oyen, ¿puedo preguntarle si está soltera, si tiene familia, si se relaciona con otras personas en el mundo físico, si visita a sus padres o demás familiares, si piensa tener niños?

“Disculpen los oyentes y holovidentes, pero esta conversación puede convertirse en cualquier momento en un cotilleo sin sentido, de hecho ya está ocurriendo. Vamos pues a aprovechar para endilgarles nuestra ración de publicidad y enseguida volvemos. Ni se les ocurra cambiar a otro canal del bueno de “H” por mucho que se haya publicitado. Volvemos enseguida.