A cargo de Slictik, escritor autodidacta y coordinador en Internet durante más de cinco años de un taller de creación de personajes humorísticos: “El hotel de los disparates”.
viernes, 12 de febrero de 2016
UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO V
UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO IV

Vosotros os reserváis siempre las mejores carnes desnudas y a mí se me ofrecen las sobras, condenadas, feas y beatonas de tres al cuarto, y a menudo ni eso. En cuanto a los banquetes que se me prometieron son indigestos y asquerosos. En el infierno nunca se comió bien, todos los alimentos quemados o churruscados, las bebidas calientes, hasta las cervezas en verano, y qué decir del género, estropeado, maloliente. ¡Alguien ha podido pensar que un gourmet como yo podría satisfacerse con tan poco! Y en cuanto a mi asignación a los tormentos de los condenados nunca se aceptaron mis peticiones. No se me ha permitido torturar a Hitler, Stalin y los suyos. No he podido tocar a los millonarios más canallas, porque a pesar de no servir de nada el dinero en el infierno son unos lameculos profesionales de primera categoría y a cambio de besaros el culo a vosotros les habéis proporcionado lo mejor del infierno y librado de mis garras. Alguno hasta se ha dejado sodomizar por altas jerarquías, cuyo nombre no voy a mencionar aquí. Sí, porque entre vosotros hay sodomitas, y a pesar de que en el Infierno eso no es pecado, se avergüenzan de serlo. Ni siquiera se ha contestado a mis informes sobre la necesidad de un tormento psicológico, sutil y efectivo, y no esta mierda de calderas que solo calientan el cuerpo y a veces ni eso. Mi petición para que se formara una comisión, con el fin de estudiar la posibilidad de reimplantar la reencarnación, único tormento que me parece justo y rehabilitador, no solo no fue tenida en cuenta, sino que apareció en el boletín mensual de chorradas infernales y todo el mundo se burló de mí hasta que le vino en gana…
Y aquí Sloctik no pudo contener la emoción y se echó a llorar como un bendito, porque en el Infierno nadie llora. Lo que le sirvió al mismo tiempo para tomar resuello tras la larga parrafada. Satanás tenía el rostro como un tomate, no se sabe si por el calor o por la vergüenza, y los demás rechinaban dientes y daban pezuñazos en el suelo. Lo hubieran torturado allí mismo, de no ser por Miradiél, que había desenvainado la espada y les miraba muy fieramente.
Todo el Consejo demoniaco entrecruzó miradas de resignación. Hasta los tontos comprenden alguna vez que es inútil darse de cabezazos contra las ollas de Pedro Botero o enfrentarse por segunda vez a un arcángel con espada de fuego, y los demonios no eran tontos, aunque pudieran parecerlo a un visitante poco avezado. Satanás y Luzbel susurraron en voz muy bajo y al fin parecieron ponerse de acuerdo.
-Está bien. Vamos a aceptar lo inevitable sin poner el más mínimo obstáculo, pero queremos garantías de que al demonio Sloctik no se le ha lavado el cerebro ni está siendo arrebatado con astucias angélicas. Te rogamos, Miradél, que nos dejes estampar en su frente el sello infernal. Si no le asciende al Paraíso su libre voluntad, por cada puerta angelical que pase vomitará sapos y culebras y así hasta el habitante más beatífico del cielo y hasta el ángel más tontorrón sabrá que aquí hay gato encerrado. De otra forma estamos dispuestos a rebelarnos una tercera vez (la primera nos condujo al Infierno) y una cuarta y las que sean necesarias…Y a declararnos en huelga para siempre y todos los ángeles y arcángeles y serafines y demás huestes celestiales tendrán que bajar aquí y atormentar ellos mismos a los condenados. Tendrán que mancharse las manos. Y además dejaremos de pagar las hipotecas al Banco Central Celestial, el BCC, y nos declararemos en quiebra y el Infierno deberá ser subastado y…
-No es necesario. Estoy autorizado para aceptar estas condiciones.
Todo el Consejo infernal se quedó de piedra. Esperaban un largo regateo, una llamada a consulta, un tiempo de toma y daca que ellos aprovecharían para convencer a Sloctik de que como el Infierno no hay nada y que por mucho que te ofrezcan como en casita no se está en ninguna parte… y en el caso de que todas aquellas argucias fracasaran todos y cada uno de los miembros del Consejo estaba dispuesto a ofrecer su esposa a la lujuria del paupérrimo demonio de ultimísima clase y si ni aún así el demonio arrepentido se arrepentía una vez más y regresaba al redil…entonces, entonces aceptarían todas y cada una de sus condiciones: autorización para atormentar a Hitler y demás dictadores a su gusto y gana, para cambiar la estructura del Infierno de acuerdo a sus preferencias, contratando a arquitectos vivos o muertos de su cuerda, incluso a Santiago Calatrava y a Moneo. Por si esto fuera poco los condenados estarían bajo su supervisión desde principio a fin, es decir nunca, porque en el Infierno no hay final y todo es para siempre, como el matrimonio católico. Y… Las miradas de aquellos demonios sin corazón, de aquellas bestias pardas, lo decían todo. Estaban dispuestos a llegar a cualquier transacción, con tal de que Sloctik permaneciera con ellos. Todos sabemos lo terribles que son los precedentes. Basta con que algo suceda una vez para que todo el mundo se aferre a ello…Según el precedente de… Kramer contra Kramer… y la j…Donde hay un demonio arrepentido puede haber cientos, y se acabó el negocio. Satanás y Luzbel se miraron acongojados. ¿Tan bien les conocían ya en el Cielo que eran capaces de adelantarse a sus maniobras más astutas? Pues bien, de esta sacarían todo lo que pudieran y más.
-De acuerdo, Miradél, Sloctik, ese demonio cochambroso y repelente, el más vil de los demonios, es tuyo. Pero queremos algo más…
-Ni una palabra más. No hay más chantajes. Esto es todo lo que se me ha permitido concederos y sería inútil volver a comunicarme con la Sede central. Me llevo a Sloctik, este bendito y angelical arrepentido y quien se oponga sufrirá las consecuencias del fuego divino.
Todo el Consejo demoniaco se levantó como una piña, llevaron el puño derecho al corazón, que está en el costado izquierdo también en los demonios (hay cosas que nunca cambian) y a voz en grito se pusieron a cantar el himno infernal:
“Lasciate omnia speranza, voy chi intrate,
Lasciate, lasciate, condenati del averno,
Aquí esperati tuta clasi di tormento.
Lasciate il corpo materiale
Raiche del pecato originale.
Il fuoco eterno calentará vostro inverno.
Y vostro corpo espirituale
Sirá sodomizato a la brava
Y lascerato con látigo de sieti punti.
Alé Madrid… etc
Continuará
viernes, 5 de febrero de 2016
METRÓPOLIS VIRTUAL III
METRÓPOLIS VIRTUAL III
EL PUB
DE MARTINA LA DIVINA
Viejos-verdes City es una de las ciudades piratas más
caóticas que conozco y tan peligrosa como Las Vegas City. Los muñequitos no
tienen el menor control, pueden arrojarse bajo tu coche con total desvergüenza
y no sirve frenar porque se ríen en tus narices. Si alguna vez llegan a ella
les aconsejo que pisen el acelerador de su coche a fondo y se olviden de las
consecuencias. Los corchos de champán francés rebotaban en los cristales, en la
carrocería y armaban un ruido de mil demonios al caer sobre el techo. Era una
tormenta de granizo, pero de granizo francés del caro. Me encomendé a
Santernete, nombrado recientemente patrón de los internautas, y aceleré todo lo
que pude, procurando mantenerme en el centro de la calle porque nunca sabes lo
que puedes encontrarte en sus orillas. Si tenía suerte podría llegar sin más
tropiezos al pub de Martina, la divina, justo al final de la calle, en un
callejón mugriento y oscuro, según se mira a la izquierda. Allí me esperaban
los coleguillas de siempre, aquellos viejos verdes con los que había vivido y
revivido tantas aventuras.
En el mundo virtual todo es tan fugaz como la propia
vida, solo que la aceleración es mucho mayor, debemos estar en un tris de
alcanzar la velocidad de la luz. Con lo que todo se ralentizaría, se
producirían extraños fenómenos temporales y puede que los viejos verdes
alcanzásemos una segunda juventud que nos vendría muy bien. Las amistades son
fugaces. Los muñequitos que te encuentras hoy por la calle y con los que trabas
amistad eterna mañana ni te conocerán. Así es la vida virtual y hay que
aceptarla como es o dejarla. No hay término medio. Por eso tengo suerte de
haber conservado durante tantos años a mis viejos amigos del club de la
comedia. Nos conocímos hace muchos en
una de aquellas páginas antiguas donde era preciso registrarse, luego pasabas
al foro e intentabas hacer reír al personal con alguna gansada. Allí fue donde
conocí a Slictik, a Smyte04, a Smart 25, a Lunaroja01 y tantos otros. Mientras
los demás se enzarzaban en insultos y recriminaciones sin fin, nosotros íbamos
a nuestra bola y bien que lo pasábamos. Decidimos crear una sociedad secreta y
hasta prestamos juramento: Uno para todos y todos contra todos.
Hemos aguantado carros y carretas mientras el universo
virtual evolucionaba. Nada ni nadie pudo separarnos. Muchos han caído por el
camino. Llevamos tatuados en nuestros pechos, a la altura del corazón, sus
nombres sobre una crucecita. Nunca los olvidaremos. Ahora nos reunimos en el
pub de Martina, un delicioso lugar donde nos podemos poner de buena cerveza
hasta la nariz y fijarnos en la bulla que montan un grupito de jóvenes que caen
por allí de vez en cuando. La cerveza, en realidad, se la toma Martina. En
cuanto recibe la correspondiente trasferencia de créditos se sirve unas cuantas
cervecitas, las que sean, y se las bebe al ritmo que le vamos marcando los
muñequitos. Como estamos conectados virtualmente con ella los efectos de las
cervecitas los repartimos entre todos. Menos mal porque de otra forma Martina
no hubiera podido sobrevivir ni mantenerse tan joven, atractiva y dicharachera.
¿Se imaginan a Martina bebiéndose unos doscientos tanques de cerveza todos los
días sin el derivador electrónico que nos hace llegar la euforía del alcohol y
las ganas de hacer pis, con perdón?. Martina evacua la cerveza por un tubito
que le han acoplado al riñón. Es molesto pero compensan los créditos que se
ingresan en este negocio.
No pude llegar hasta el final de la calle. Hoy
Viejos-verdes está más congestionada que nunca. Se celebra el milenio-nuevo.
Estaremos en el año 3000 a las doce y un segundo de esta noche. Ahora son las
22,10 por lo que espero llegar al pub de Martina a tiempo. Encontré un
huequecito en el arcén derecho. Cinco metros libres, con tan solo dos filas de
coches, unos encima de otros. Esta es la mía, me dije. Paré el vehículo, tomé
lo necesario, casi todo, porque los cacos suelen dejarte hasta sin frenos si
ven algo en el interior que pueda interesarles, e insertando mi tarjeta de
créditos en el buzón más cercano contemplé el espectáculo siempre divertido de
ver salir del pavimento una grua enorme que se apoderó de mi vehículo colocándolo en tercera fila, en
el huequecito que había visto. Recibí el correspondiente ticket que guardé en
la cartera y me dispuse a seguir andando hasta el pub de Martina. Junto a una
farola observé a un inconfundible empleado del ayuntamiento pirata con su mono
azul celeste de los aparca-coches, fumándose tranquilamente un pitillito. Me
acerqué hasta él y le solté una propinilla.
-Vaya. Creí que hoy no llegaba. He tenido cuatro peleas y
dos heridos por reservarle el sitio de costumbre.
Le entregué las llaves del vehículo por si surgia algún problema
y dándole una palmadita en el hombro le deseé un buen milenio entrante. Antes
de dar un paso más introduje todo aquello de valor que encontré en mi persona
en el bolsillo oblongo de la camisa que sellé con la contraseña para hoy:
"Soy un viejo verde, no me rasques que hoy no me pica". Caminé por la
acera con agilidad impropia de mi edad, me deslicé a través de los grupos como
un fantasma y en pocos minutos me encontré a la entrada del oscuro callejón
donde Martina ha situado su pub.
METRÓPOLIS VIRTUAL II
LA CIUDAD PIRATA
Desde
luego las ciudades piratas son actualmente lo más divertido de la Red. Todo lo
marginal, lo pirata, ha sido lo más divertido a lo largo de la historia. Lo
establecido, el stablishmen, el statu quo, será lo que sea, que no me voy a
meter en juicios de valor, pero de divertido tiene poco. Con la seriedad de entierro que acostumbran a
exhibir los que van montados en ese burro, con perdón, no es extraño que todo
el mundo se lance de cabeza a lo prohibido. Que no digo yo que no sea algo
serio mantener a la bendita sociedad al margen de piratas y macarras pero una
cosa es una cosa y otra ir por la vida con cara de entierro. Que ya sabemos que
todos nos vamos a morir pero tampoco es cuestión de recordarlo todos los días y
a todas horas. Vamos, digo yo.
La
ciudad a la que me dirijo en mi cochecito virtual tiene el atrevido nombre de
Viejos-verdes-City. Allí he quedado con el resto de la pandilla. Los que
quedamos de aquellos heroicos tiempos de chats, foros, correos electrónicos y
tortugas en la Red. Que no exagero nada con lo de tortugas porque simplemente
en encender el ordenador y buscar una página te tirabas medio fin de semana.
Algunos de ellos se han encontrado con la Parca virtual en cualquier esquina y
se han colado por el agujero del cementerio de internautas donde recibes un
entierro de primera si has cotizado la mitad de tu sueldo a las Cias de seguros
virtuales que son unas verdaderas lobas. He tenido la desgracia de asistir a
varios de estos sepelios con música de banda y muñequito orador con disfraz del
Ejército de Salvación que está en todas partes, lo mismito que la divinidad.
Otros colegas están demasiado doloridos ya para permitir que les trasladen del
lecho del dolor al casco virtual del sudor. Ni siquiera las dulces y potentes
enfermeras que nos ha puesto la S.S. consiguen animarles para este viaje
infernal. ¡Quién nos iba a decir a nosotros, los jóvenes carrozas, que la S.S.
no solo aguantaría el tirón del futuro sino que incluso llegaría a ser la
multinacional por excelencia, más sólida que Fort Knox donde los yanquis siguen
teniendo sus cuantiosas reservas de oro!
A
mi me duelen todos los músculos -suponiendo que me quede alguno- y todos los
huesos, que me quedan muchos, de este
cuerpo serrano que aún conservo, por llamarle de alguna manera. Pero os aseguro
que nada ni nadie podrá evitar que moribundie bajo este casco virtual de
nuestros dolores, que es un verdadero engorro, creánme. Sudaba como un bendito
cuando a la entrada de la ciudad un muñequito vestido de policía federal me dio
el alto. No me sorprendió lo más mínimo puesto que las autoridades de
Metrópolis velan con ahinco por que se cumplan las normas. Una de las más importantes
es no llevar nunca droga debajo de la ropa interior. Ya sé que les puede
extrañar que unos simpáticos muñequitos actúen de manera tan incorrecta pero
las drogas de diseño continúan haciendo furor y algún listillo ha inventado una
droga-virus que oculta bajo la ropa interior y activada en el momento adecuado
contamina el casco virtual del internauta real llevándole a curiosos mundos
encuadrados dentro de un universo de saga de ciencia-ficción donde todos acaban
perdiéndose en fantasías futuristas sin pies ni cabeza. Nadie que se sepa ha
vuelto nunca de esos mundos por lo que las autoridades están aterrorizadas por
el bajón de natalidad en Metrópolis, los internautas cada vez son menos y más
viejos.
Dejé
que el policía hurgara en mi ropa interior sin ningún miedo. Acostumbro a
llevar siempre unos marianos viejos y remendados que antes utilizaba solo en
invierno pero con los años uno va sintiendo más y más frío, incluso cuando
suda. Le bastó el tacto de la vieja prenda de lana y un rápido vistazo para darse
cuenta de que un servidor era inocuo por naturaleza. Son los jóvenes con su
manía de llevar ropa interior de colorines y de andar probando siempre
cualquier novedad que se les ponga al alcance los que más les preocupan. Alcé
mi gorra en un saludo amistoso y puse el cochecito en marcha adentrándome por
la calle principal de "Viejos-verdes-city".
Suena
raro que justo a la entrada de una ciudad pirata nos espere un policía federal
de Metrópolis. Es como si en un puti-club de los de antes un policía de
uniforme vendiera entradas pero es que los tiempos han cambiado mucho y la
tecnología ha avanzado tanto que cualquiera puede hoy construirse una ciudad
pirata en el primer arrabal o desierto que se encuentre al paso y hay muchos.
La posibilidad de controlar estas ciudades piratas es una entelequia a la que
las autoridades renunciaron hace tiempo, incluso las más recalcitrantes. De
esta manera se conforman con poner un miembro de las fuerzas del orden a la
entrada de cada ciudad pirata para que se cumplan las normas más elementales.
La principal es no llevar droga-virus que pueda acabar con la mínima tasa de natalidad
capaz de mantener Metrópolis dentro de unos límites aceptables. Se dice que
apenas nace un internauta por cada uno que muere. Un verdadero desastre que
nadie sabe cómo remediar.
La
ciudad pirata más famosa es "Las-Vegas-sueño-de-ludópatas", en inglés
"Dream-ludopatín". Está controlada por las diferentes mafias piratas
que se mueven por Metrópolis como Pedro por su casa. Cada una de ellas tiene su
trozo de pastel muy bien delimitado y a nadie se le ocurriría comerse algo
ajeno o sufriría una terrible indigestión virtual. Se la distingue muy
fácilmente de las otras porque las fuerzas del orden son muñequitos de anchos
hombros, sombrero caído sobre los ojos y trajes a la vieja moda de los años
veinte del siglo del mismo guarismo. La moda retro sigue haciendo estragos y
cada vez son más los que buscan en un pasado remoto la pátina de individualidad
que todos hemos perdido en numerosas hemorragias virtuales.
Hace
algún tiempo que no voy a Las Vegas porque el juego no ha sido nunca una de mis
adicciones. De vez en cuando junto con la pandilla hacemos una escapada porque
las muñequitas de los espectáculos musicales están de toma pan y moja. Alguna
que otra vez merece la pena escuchar a un viejo cantante, de los de antes, que
nos deleita con los viejos éxitos. La música de ahora es una especie de
machaqueo insufrible a base de los más modernos instrumentos, sintetizadores de
ensueño, que sólo se utilizan para encontrar el vellocino de oro del ritmo
supermachacante. Tiene algunas otras atracciones divertidas que algún día les
contaré.
Estaba
deseando llegar al pub de Martina "La divina", una portorriqueña que
quita el hipo a pesar de su edad provecta. Allí me estaría esperando toda la
panda a la que tanto quiero y tanto me quiere. ¡Oh Dios mío qué recuerdos más deliciosos
cada vez que veo sus viejas y feas caras!. Seguramente faltaría alguno ya
demasiado dolorido para ser trasladado desde su lecho hasta el sillón
superanatómico. Cada vez somos menos y es que ni en Metrópolis uno se libra de
empalmar el cochecito al carro fúnebre de la Parca virtual que aún utiliza el
viejo medio de transporte de la carroza tirada por caballos. ¡Pero vaya lo que
corren los viejos percherones!. Me puse triste pensando que a mí también me
llegaría la hora y gruesas gotas de sudor perlaron mi casta frente de viejo
verde. Y eso que ya era de noche en "Viejos-verdes-City" porque aquí
puedes salir de casa con un sol espléndido y pillarte una granizada en mitad de
la autopista o hacerse de noche justo en lo que tardas en echar un pis ecológico
en el arcén.
Estaba
a punto de llegar al pub de Martina cuando apenas tuve tiempo de frenar para no
cargarme a un muñequito que estaba gesticulando como un loco en medio del
asfalto. Observé su uniforme y me puse a temblar. Se trata de un guardia de seguridad
de la ciudad pirata. Son los peores, los más meticulosos y los más cencerros.
No hay quien les aguante en cuanto se ponen a hacer tolón-tolón. No me atreví a
bajar el cristal de la ventanilla, no me fío de que se acabe calentando y me
suelte un sopapo. Di orden a mi casco virtual de que encendiera los altavoces
exteriores del cochecito. El guardia gritaba como un energúmeno sin lograr
hacerse entender y es que los cristales están hechos a prueba de bombas
virtuales y de estrépitos no deseados. Los altavoces no solo me sirven para
comunicarme con el exterior sino que recogen todos los sonidos del entorno
hasta el límite que tú quieras, incluso la raspadura de un fósforo contra la
cajetilla de tabaco de los fumadores empedernidos que no han sido capaces de
dejarlo ni a tiros y las autoridades han tenido el detalle de permitirles fumar
en público.
>>Pare
el motor, amigo, tengo que registrar el coche.
Me
había olvidado de advertirles que otra de las normas esenciales es llevar
programas de contrabando en el maletero. Los hackers siguen haciendo de las
suyas y no resulta especialmente gracioso quedarte paralizado en cualquier
parte incluso en mitad de un beso a tornillo con una muñequita de las Vegas.
Siguen pretendiendo apoderarse de Metrópolis y de todas las ciudades piratas
que encuentren a su paso. Son como los caballos de Atila donde pisan ellos no
vuelve a crecer el chip. Lo cierto es que llevan un tiempo tranquilos porque
las autoridades de Metrópolis han decidido pagarles un canon por cada visitante.
Guardan sus créditos en las cuentas cifradas de la banca-suiza-virtual (B.S.V.)
que sigue siendo el inconmovible paraíso fiscal de la historia. Algunos rumores
pretenden que los gobiernos virtuales empiezan a tener miedo de un golpe de
estado virtual de los hackers pero es solo un rumor porque qué haría un hacker
en el gobierno si precisamente lo suyo es hacer la puñeta al statu quo a
cualquier precio.
A
todos nos gustaría que se acabara de una vez el paraíso fiscal del B.S.V.
porque cualquier tipo de guerra virtual termina siempre con las armas
nucleares-víricas escondidas en sus cajas fuertes. Así no hay manera de acabar
de una vez por todas con el armamento. Estas guerras son como ciclos
climatológicos a los que uno se acaba acostumbrando. Que toca lluvia, pues
lluvia, que toca guerra de hackers, pues qué le vamos a hacer. En este momento
nadie sabe si estamos en primavera o en otoño y ¡maldito lo que nos importa!
A
la orden del guardia respondí con una sacada de lengua de total desvergüenza. A lo que respondió aquel
con otra sacada de lengua mucho más larga y de color verde, supongo que ya
había descubierto que se trataba de un viejo verde aunque no crean que algunos
jóvenes y sobre todo jovencitas se dejan caer por aquí. Supongo que es el morbo
que nunca muere. Mano de santo, pueden creerme, el guardia pasó de registrarme
el coche y es que para mi suerte aún seguían conservando la contraseña de mi
última visita. El guardia bajó la mano, esbozo una sonrisa de oreja a oreja y
me hizo señas de que podía continuar mi accidentado camino.
La
ciudad bulle de muñequitos que saltan como cabritillas locas y descorchan
botellitas de champagne francés con un entusiasmo digno de la celebración de un
nacimiento. Los viejos verdes somos así, alocados, llenos de vitalidad, todo lo
queremos celebrar, sea lo que sea, y con champagne del bueno. Un corcho rebotó
en el parabrisas y me preparé para lo peor porque nadie escapa indemne a estas
celebraciones.
Continuará.
EL PALETO Y LA ECOLOGÍA
POLIEDRO
NOTA: Este texto es muy viejo, casi tanto como yo, lo escribí hace ya muchos años, cuando comencé a conocer Internet y se publicó en el Poliedro, uno de mis primeros blogs que me facilitó mi entonces operadora telefónica, hoy desaparecida. Como no quiero morirme y que mis textos humorísticos más viejos permanezcan en el eterno olvido, como no quiero que una sola risa se pierda por mi culpa, he decidido buscar y subir aquellos viejos textos de una época, no sé si gloriosa, pero sí pasada, muy pasada.
E L P A L E T O Y L A E C O L O G Í A
El hueso del albaricoque está ahora en eso del
crecimiento sostenido. Algo que no comprendo muy bien, tal vez porque la
señorona Economía y quien les habla no nos llevamos... ni bien ni mal. Carece
de esos atractivos que me ponen... es gorda, bien vestida, más bien fea si se
la mira detenidamente y huele a putrefacto a pesar de las capas de fuertes
perfumes que la cubren de los pies a la cabeza.
Digo, y puede que no me equivoque, que eso del crecimiento
sostenido dependerá del techo de nuestro hogar. En mi caso, que soy bajito,
podría seguir creciendo un centímetro cada año y me moriría de viejo antes de
alcanzar el techo. Pero aunque la señora Economía sea muy bajita, casi todas
las gordas lo son, tiene ínfulas de inmortalidad, y claro, así no se puede,
porque aunque dicha señora -que tiene todos mis respetos- sea muy bajita y el
techo de su hogar muy alto -pongamos las estrellas- si va a vivir para siempre,
aunque solo creciera un milímetro anual, terminaría por darse un buen coscorrón
contra el techo. No es que me importe mucho, entre otras cosas porque no estaré
aquí para soportar sus chillidos histéricos, pero puede que a algún retoño de
mi simiente se le horaden los tímpanos ante esos gritos destemplados y no es
por nada pero tengo un especial afecto por esos hipotéticos retoños, ustedes me
disculparán.
Si el hogar donde vivimos es de todos, me temo que o la
señorona Economía adelgaza un poco poniéndose a dieta o pronto no cogeremos ni
los más delgados. Ademas, no es por nada, pero sus desechos inundan nuestro
retrete y sus olores, con perdón, atufan a leguas de distancia. Cada vez que me
toca ir al retrete detrás de tan digna señora me persigno y me pongo una pinza
en las narices.
Los desechos son naturales, forman parte de la
humillación a que nos somete la naturaleza biológica humana, pero podríamos
tener un poco más de cuidado, digo yo. O al menos que no me pongan siempre
detrás de esa gorda a la hora de ir al retrete. Ahora, encima, a tan digna
señora se le ocurre pasear por todas partes cada tres por cuatro. Debe de ser
por esa moda de la globalización.
Con ello atasca los retretes de medio mundo y encima pone
los dientes largos a tanto ciudadano tercermundista que no ha visto algo gordo
en toda su vida y menos una señora tan gorda. Y dejemos los chistes soeces para
otra ocasión que no está el horno para bollos. Porque no me negará usted,
señorita o señorito, que después de unos días de ayuno y abstinencia ni ustedes
ni nadie estaría por la labor; ni siquiera por labores muy placenteras, ustedes
me entienden y yo me comprendo.
Que los delgaduchos esos sí están por la labor; bueno,
hijos míos, si no tenemos para comer procuremos que al menos una parte del
cuerpo engorde aunque solo sea un instante. ¡Que luego nacen retoños como hojas
de árbol frondoso!, y qué van a hacer esos delgaduchos si nadie les enseña el
baile de un pasito "palante" y otro "pa tras". Me temo que
eso que está pensando usted señorona Economía no está ni medio bien, eso de
castrar o convertirse en clitoricida, no es digno de tan gran señora. Imagínese
usted que la clitoricidan y ya no vuelve a tener orgasmos en su vida, vea usted
los niños guapos, musculosos y bien vestidos que vea. Ya sé que a usted eso no
le preocupa mucho pero imagínese que la paladizan, o como se diga que soy
"mu burro" para esto del lenguaje, y pierde el paladar a la primera
de cambio. ¿Cómo va a seguir disfrutando de tan exquisitos manjares como llegan
a su boca?. Puede seguir engordando como una elefanta "preñá" y no
disfrutará nada, lo que es nada. Ni orgasmos ni paladasmos, va usted buena,
digna señora...
A lo mejor, tal vez, si no me equivoco -como soy tan
burro me paso el día pidiendo disculpas- una dieta suave permitiría que dejara
unas toneladas de fofa carne que se podría repartir entre los delgaduchos que
dejarían de pensar en engordar esa parte del cuerpo tan
"poblemática". Aparte de que la contaminación disminuiría, vamos digo
yo, al menos dejaría de sufrir durante un ciclo, aunque sea cortito, esas
ventosidades suyas, digna señora -y no se ofenda- pero hay días que ni todo el
perfume del mundo podría ocultar semejante putrefacción.
¿Y qué me dice del derritimiento, o como se diga, de los
polos?. Que no parece sino que ha ido usted allí a ventosear para que nadie la
oiga ni la huela. ¿Y eso de los diluvios universales que ahora actúan en plan
zonal, como si odiaran la globalización?. Pues no parece sino que usted se ha
tronchado de risa por allí en una de sus visitas globalizadoras y se ha orinado
-con perdón- en sus enormes bragas. Y todavía hay a quien le extraña que el
Danubio venga "crecío". El mozo "tié" que venir furioso, se
ha tragado todo el líquido cuando usted se ha puesto a escurrir esa prenda íntima
en sus orillas.
Sí ya sé que no es "pa reirse" cuando a uno le
quitan la vida, lo único que realmente tiene -¡y "pa lo que dura"!-
pero si no me tomase las tragedias de mi hogar a risa ya me habría
"suicidiado", que están las cosas muy mal por nuestro querido hogar
ahora que usted se ha marchado a dar vueltas como un satélite espía alrededor
del mundo.
Por cierto, digna señora, que no me parece ni medio bien
que ande usted por ahí siempre del brazo de señorones gordos y encopetados que
si viniera alguna vez conmigo, bajito y delgaducho como soy, ya le habría
puesto a dieta y hasta "enseñao" la danza de un pasito palante y otro
patrás. ¡Que vá usted en "mu malas" compañías, digna señora.
Y ahora a ver si llego al correo que quiero que esos del
"Griinpeace" me publiquen este manifiesto, a ver si entre
"tós" podemos arreglar nuestro hogar que no hay mas que uno a no ser
que nos visiten los marcianitos y confiesen que eso del planeta rojo era una
engañifa, un enorme toldo rojo que ponen cubriendo su planeta en cuanto
"qui se" enteraron de que mandábamos los cohetes al espacio. Que no
se porqué me da en la nariz que eso de mundos deshabitados en la Galaxia es una gran
manipuleision o como se diga de sus habitantes en cuanto "qui se" enteraron
de que la raza humana iba a salir al espacio. Porque no me negará usted, digna
señora, que somos los más guarros de la Galaxia y tal vez los más malos, que ni los flims
de holligood han podido inventar malos más malos que nosotros.
A pesar de ello le mando un suave abrazo, digna señora,
que no "pue" ser fuerte porque no abarco su cintura de avispa -y esto
va con retranca- pero a pesar de ello la quiero no en vano me da de mamar
"tós " los días a sus ubres enormes de matrona robusta, que ya ha
conseguido que me ponga a cien solo de pensarlo. Me voy "disparao" al
retrete y espero que sus olores ya se hayan "atenuao".
Que me acabo de enterar que otro petrolero se ha
"escoñao" y perdón por la expresión en la Costa de la Muerte , que no parece sino
que aquello sea el cementerio de los petroleros y como esto siga así me voy a
ir a Marte y me meto debajo el toldo, que me han dicho que las marcianitas son
bocaíto de nata, oigan. Que esto se acaba, oiga, que nunca venderé más barato.
Dos manifiestos a un rial (uy, perdón, que como soy tan mayor se me ha
"quidiao" lo del rial, que ahora son euros o economeuros o lo que
sea).
Adiós y no os descuidéis mucho porque la próxima postal
va a ir desde Marte.
Y que perdonen las señoras por meterlas en esta danza
macabra pero como en nuestra lengua Economía es femenino "pues" se me
ha "ocurrío" que el "señor Economío" no pegaba mucho aunque
los que manejen el "cotarro" sean los señores políticos y los señores
economistas y los señores... que todos son señores y así nos va, que las
señoras tienen otra manera de hacer las cosas, más dulce, más suave...y no es
por "na" pero más inteligente. Desde aquí hago un llamado a las
señoras a ver si se ponen al tajo y nos gobiernan lo suficiente para que esto
cambie (me acabo de acordar de la señora Tacheer o como se diga y es que en
"toas" partes hay algún garbanzo negro).
Que "na" más. Que este paleto será
"mu" paleto pero en mi pueblo cuidábamos mejor las cosas...hasta que
llegó la globalización, que no sé qué será pero "too" lo está
"istropiando".
EL FUTURO DA RISA
Nota: Me apasioné por la ciencia-ficción cuando leí La Fundación de Isaac
Asimov en mi primera juventud. Luego descubriría nuevos autores y nuevos
textos. Desde entonces no puedo pasarme sin leer al menos un par de novelas de
ciencia-ficción al año. Mi opinión personal es que a este género aún le queda
un poco para alcanzar la calidad literaria que lograra el género negro con los
grandes clásicos como Hammet, Chandler y tantos otros. Hay algo que echo a
faltar sobre todo: el humor. No suele ser muy frecuente en este género hasta el
punto que ahora mismo apenas se me ocurre un solo nombre, Stanislaw Lew. Estoy
convencido: el humor podría darle nuevas alas a uno de mis géneros favoritos.
Claro que no seré yo quien consiga esta empresa, pero al menos lo voy a
intentar. Al menos será divertido. Por cierto que este relato me vino a la
mente pensando en la ola de frío que nos invade por estos pagos. Es un
\"poco\" apocalíptico, pero es que los tiempos son propicios para la
negrura.
I
OLA DE FRIO
La mercenaria voz de una locutora de radio intenta
convencer a los habitantes de la casa de las grandes ventajas que ofrecen los
almacenes \"Stock-pour-toujours\".
\"No se preocupe usted de la ola de frío y compre
edredones \"Sueños de oro\". Sueños arropados, sueños cálidos,
mientras en el exterior el aire se congela. Espere la llegada de la próxima
primavera con edredones \"Sueños de oro\" y reciba como regalo una
mantelería decorada por el gran diseñador Andy Jorjol. Hermosos soles harán
cálidas y apasionadas sus cenas junto al fuego del hogar\".
El anuncio se repite cada media hora, de forma machacona,
incordiante, plena del encanto de la publicidad diseñada para idiotas. Luego
sobreviene un silencio frío, ominoso, en la radio digital a prueba de las más
bajas temperaturas. Diseñada por la empresa \"Electronic
Anticongelator\".
Los silencios son debidos a que todo el equipo de
\"Onda Fuego\" permanece en sus puestos...congelados hasta los
huesos. La publicidad sale a las ondas puntualmente gracias a la solidez y
perfección de los ordenadores fabricados por Electronic. Los habitantes de la
casa en cuestión han sufrido la misma suerte: el padre permanece en el retrete
con una revista de \"Venus de fuego\" entre las manos y una gran
sonrisa satisfecha en su rostro de hielo; la madre, con la plancha de
Electronic en su congelada mano derecha, mira con ojos yertos cómo el calor,
que sigue conservando esta pequeña maravilla doméstica, ha hecho un agujero en
forma de plancha en la camisa de su marido (la mesa de madera humea con la
lentitud con que ascendería el humo de un cigarrillo que empezara a
congelarse); el hijo mayor demuestra una gran alegría gélida frente al video
juego, en el ordenador de Electronics, en cuya pantalla aún siguen matándose
figuras virtuales de gran realismo y en cuanto se refiere al hijo menor se ha
congelado en su habitación, en una postura indescriptible, frente a la consola
mágica de \"Electronics Anticongelator\".
Por toda la ciudad de Metrópolis se pueden observar
escenas similares: una familia frente al televisor Electronics, por supuesto,
en el que continúan programando películas por cable. En un coche, parado ante
un semáforo, que pasa del verde al ambar y de éste al rojo con puntualidad
Electronics, el conductor tiene la mano, congelada, bajo la falda, congelada,
de su acompañante. Ambos sonríen glacialmente, mientras por la radio, marca
Electronics naturalmente, se oye una canción de Leonard Cohen. Ha fallado
estrepitosamente la calefacción, que no es precisamente de nuestra marca
favorita.
En el campo un grupo de vacas congeladas, en una granja
de última generación, se ha quedado con el mugido en la boca, en protesta por
la música que sigue expandiéndose desde los altavoces JX-124, de Electronics, a
prueba de congelación. Y en el Polo Norte la última familia de osos polares
permanece congelada, de pie sobre el hielo, con las fauces abiertas en señal de
protesta.
¿Cómo es posible que alguien pueda estar narrando los
efectos de la última y definitiva ola de frío? Se preguntarían ustedes en el
caso de que no estuvieran plácidamente congelados. Voy a satisfacer su gélida
curiosidad: yo soy el ingeniero jefe de \"Electronics
Anticongelator\". El último y definitivo golpe de frío me pilló embutido
en un traje experimental, diseñado para soportar las temperaturas más bajas que
podría generar el universo en primera fase de glaciación.
Sigo vivo, es cierto, ¿pero ahora quién me calienta a
mi...? Ustedes me entienden.
Fin.
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